Martes, 1 de septiembre de 2026
GUERRA HÍBRIDA

El último milímetro antes de la guerra

El intento de ataque con drones explosivos en Leipzig ha convertido la guerra híbrida rusa en una cuestión más difícil de encajar bajo esa etiqueta. El analista de defensa Antonio Legaz explica que, mientras Berlín se prepara para señalar responsabilidades y la OTAN refuerza el flanco oriental, Europa afronta un problema: "El atacante trabaja a velocidad táctica y el Estado democrático a velocidad probatoria".

Antonio Legaz Antonio Legaz 1 de septiembre de 2026
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El secretario general de la OTAN, Mark Rutte (izquierda), en una rueda de prensa junto al canciller alemán, Friedrich Merz (centro) y su ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius. | Bernd Elmenthaler / Zuma Press / Europa Press
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte (izquierda), en una rueda de prensa junto al canciller alemán, Friedrich Merz (centro) y su ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius. | Bernd Elmenthaler / Zuma Press / Europa Press
El 4 de agosto, un trabajador del aeropuerto de Leipzig encontró un dron junto a un Antonov ucraniano dedicado al transporte de material militar; llevaba explosivos y un detonador. Diez días más tarde apareció otro aparato y unos cincuenta gramos de hexógeno de uso militar. La investigación alemana sigue abierta y Berlín todavía no ha atribuido formalmente la operación a Rusia, si bien se prevé que lo haga inminentemente. Sin embargo, esto es lo que sucedió. Ahora vamos a centrarnos en lo que pudo haber sucedido. Si el artefacto no hubiera fallado, Europa podría haber amanecido con un avión destruido, una terminal cerrada y quizá muertos.

Ese margen es la explicación de cómo ha evolucionado la guerra híbrida rusa en estos años. La etiqueta "híbrido" sirvió para reunir ciberataques, campañas de influencia, sabotajes, interferencias electrónicas, espionaje y operaciones mediante intermediarios años atrás. Sin embargo, en 2026, el término conserva utilidad descriptiva, pero empieza a crear un problema político. Una cosa es combinar instrumentos distintos y otra cosa bastante distinta es utilizar la palabra como si describiera también la intensidad. Cuando un dron transporta explosivos junto a un avión militar, un incendio alcanza una empresa de defensa o un servicio de inteligencia recluta a terceros para atacar personas, su apellido sigue siendo "híbrido" independientemente del tipo y las consecuencias. Camille Grand, antiguo secretario general adjunto de la OTAN, lo ha resumido este verano diciendo que Europa se encuentra en una guerra híbrida que cada vez tiene menos de híbrida.

"Una cosa es combinar instrumentos distintos y otra cosa bastante distinta es utilizar la «guerra híbrida» como si describiera también la intensidad"
La diferencia con 2025 se aprecia mejor donde existen series comparables. El regulador finlandés Traficom recibió 1.704 informes de interferencias GPS en aviación durante todo el año pasado. A finales de julio de 2026 ya acumulaba 1.755. Siete meses han superado a doce. Por otro lado, Lituania ha observado una transformación en la infraestructura que hace posible esa presión. Según su regulador, Rusia habría pasado de 3 antenas de spoofing (un tipo de ciberataque de suplantación de identidad) en Kaliningrado a comienzos de 2025 a 36 en mayo de 2026, con capacidad para falsear señales hasta unos 450 kilómetros. La guerra electrónica empieza a funcionar como una capacidad territorial permanente, capaz de degradar navegación aérea, tráfico marítimo, redes móviles y servicios civiles en buena parte del Báltico.


El salto de 2026 aparece también en los objetivos. En agosto ardió una instalación utilizada por Milrem Robotics en Estonia, fabricante de vehículos terrestres no tripulados empleados en Ucrania. Tallin investiga una posible implicación rusa. En Eslovaquia, la policía frustró un ataque contra una fábrica de drones y detuvo a tres extranjeros con material incendiario. En el mar Negro, Rumanía destruyó un dron naval cargado con explosivos a pocos cientos de metros de Neptun Deep, el proyecto gasístico que aspira a convertir al país en el principal productor de gas de la Unión Europea. Días antes, un F-18 español desplegado en la policía aérea de la OTAN derribó sobre Rumanía otro dron que, según la evaluación preliminar aliada, parecía ruso. Aunque los grados de atribución varían, existe una convergencia en su lógica. La presión se acerca a la industria militar, la logística de apoyo a Kiev, la energía y las fuerzas aliadas del flanco oriental.

Moscú ha encontrado además una manera de abaratar ese acercamiento. El think tank International Institute for Strategic Studies (IISS) la llama la gig economy de los operativos de inteligencia. En junio, dos hombres fueron condenados en el Reino Unido por incendios contra propiedades vinculadas al ex primer ministro Keir Starmer. Habían sido reclutados a través de Telegram por una persona relacionada con el Gobierno ruso. Las expulsiones de centenares de oficiales rusos de embajadas europeas hicieron más difícil operar con personal profesional. De esta forma, la respuesta ha sido sustituir parte de esa infraestructura por adolescentes vulnerables, delincuentes, simpatizantes y terceros reclutados a distancia, pagados para una tarea concreta y prescindibles después.

El modelo cambia la economía del sabotaje. Mientras que un oficial de inteligencia requiere formación, cobertura, comunicaciones seguras y años de inversión, a un proxy le basta con un teléfono, algunas instrucciones y dinero. Un pequeño dron comercial puede obligar a cerrar un aeropuerto cuya protección exige radares, sensores electroópticos, guerra electrónica, inhibidores e interceptores. Tras Leipzig, Alemania aceleró el despliegue de medios móviles antidron en sus ocho grandes aeropuertos. En este sentido, el atacante compra escala barata y el defensor compra seguridad cara. Y es justo esa relación de costes la que permite multiplicar intentos a pesar de que una parte fracase.

"Tras Leipzig, Alemania aceleró el despliegue de medios móviles antidron en sus ocho grandes aeropuertos. El atacante compra escala barata y el defensor compra seguridad cara"
Asimismo, la tecnología amplía la ventaja. Algunos aparatos pueden operar mediante redes móviles 4G o 5G, reduciendo la utilidad del jamming clásico. Los proxies añaden más incertidumbre, ya que pueden equivocarse de objetivo, exceder las instrucciones o producir víctimas imprevistas. El método que abarata y distancia al patrocinador también eleva el riesgo de escalada accidental. Cuanto más fácil resulta lanzar una operación, más difícil resulta controlar el resultado. El sabotaje por encargo se parece, en ese sentido, al dron kamikaze: una vez lanzado, se pierde y es reemplazado.


Europa reacciona a estas injerencias a su propio ritmo. Mientras un incendio tarda minutos, investigar quién compró el material, quién abrió una cuenta de Telegram, quién pagó y qué servicio ruso estaba detrás puede llevar meses. El atacante trabaja a velocidad de río y el Estado democrático a velocidad de glaciar, asentando una diferencia temporal que debe ser entendida como una capacidad estratégica. Durante el intervalo, el incidente se discute como delito, vandalismo, terrorismo, espionaje, sabotaje, etc., y cada etiqueta activa autoridades, leyes y respuestas diferentes. Entre esas costuras administrativas, la ambigüedad rusa campa a sus anchas.

Por ello, la OTAN ha empezado a cerrarlas. En 2026 ha mantenido Baltic Sentry y Eastern Sentry, ha creado su noveno grupo de fuerzas terrestres avanzadas en Finlandia y ocho aliados del Báltico han llevado Task Force X-Baltic a una segunda fase para integrar sistemas marítimos no tripulados y sensores persistentes. A finales de agosto, los países de la región acordaron preparar una fuerza conjunta de defensa contra drones. La arquitectura mejora sobre todo la negación, es decir, detectar, proteger, interceptar y recuperar. No obstante, el castigo sigue siendo menos automático: la UE sancionó en julio a nueve ciudadanos rusos y cuatro entidades del ecosistema cibernético y señaló públicamente al 16.º Centro del FSB por operaciones contra varios Estados miembros. La atribución y la respuesta ante cada ataque concreto continúan siendo lentas y negociadas.

"Mientras un incendio tarda minutos, investigar quién compró el material, quién abrió una cuenta de Telegram, quién pagó y qué servicio ruso estaba detrás puede llevar meses"
Por eso es fundamental resaltar el valor del artículo 4 de la OTAN. Suele entenderse como la antesala diplomática del artículo 5, aunque su utilidad es más precisa. Este permite transformar una amenaza todavía discutible en un problema colectivo antes de que exista acuerdo sobre si ha ocurrido un ataque armado. La propia Alianza admite que una operación híbrida o un ciberataque de suficiente gravedad puede activar la defensa colectiva y que esa valoración se hará caso por caso. Moscú conoce esa fórmula, pero el problema operativo consiste en averiguar qué significa exactamente "suficiente gravedad".


Cada incidente aporta información. Un dron deja rastros como su cobertura radar, mientras que la intrusión informática muestra cuánto tarda una administración en aislar una red. Del mismo modo, un sabotaje permite observar cuándo el asunto abandona la jurisdicción policial y entra en inteligencia. Pekka Toveri, eurodiputado finlandés, dijo: "Putin decide solo, mientras el Consejo del Atlántico Norte siempre necesita tiempo". El problema híbrido empieza así a ser también un problema de latencia de decisión.

Europa detecta más e intercepta antes, pero el castigo continúa siendo menos previsible. Un dron comercial perdido cuesta poco y un proxy detenido puede sustituirse, al igual que cuando una cuenta de Telegram desaparece, aparece otra. Cuando la consecuencia llega meses después mediante sanciones o una atribución pública, la investigación puede ser impecable y su capacidad disuasoria bastante menor. La UE intenta acortar esa distancia. Francia, tradicionalmente prudente con las atribuciones, ha endurecido también su lenguaje. Sus servicios reconocieron este verano que los sobrevuelos ilegales de drones sobre instalaciones militares y empresas de defensa se habían duplicado respecto a finales de 2025.

"Un dron comercial perdido cuesta poco y un proxy detenido puede sustituirse, al igual que cuando una cuenta de Telegram desaparece, aparece otra"
Podemos ver que el atacante trabaja a velocidad táctica y el Estado democrático a velocidad probatoria. El río contra el glaciar y su consecuente ventaja estratégica. Mientras Europa discute si un incendio fue vandalismo, espionaje o sabotaje, Moscú puede haber obtenido ya la información que buscaba. Por eso merecen atención las advertencias conocidas este agosto sobre una posible operación de falsa bandera. Fuentes estadounidenses y europeas han señalado escenarios en los que Rusia podría utilizar un dron ucraniano o presentado como tal para provocar un incidente en territorio aliado. El 10 de agosto, Reuters informó de que Polonia, Estonia, Letonia y Lituania estaban reforzando físicamente presas, centrales eléctricas, instalaciones gasísticas y otras infraestructuras críticas. De esta manera, la hipótesis ha pasado del terreno de los análisis prospectivos a condicionar despliegues reales de seguridad interior.

España en las coordenadas híbridas

España entra en ese mapa con más naturalidad de la que su geografía sugiere. El 16 de agosto, un F-18 español desplegado en Rumanía derribó un dron que había penetrado en espacio aéreo rumano, la cuarta incursión registrada allí en 2026. Mientras tanto, el Informe Anual de Seguridad Nacional sitúa los cables submarinos entre las infraestructuras expuestas a amenazas híbridas y la Armada vigila regularmente buques relacionados con la dark fleet rusa. La distancia física protege cada vez menos cuando la defensa española está desplegada en el Este y comunicaciones, energía y logística dependen de redes que atraviesan todo el continente.

Rusia tampoco posee el monopolio de estas herramientas. Irán utiliza redes criminales y proxies, China recurre a intermediarios para espionaje tecnológico, influencia y represión transnacional. La singularidad rusa está en la integración con una guerra convencional abierta. El incendio de una fábrica europea, la interferencia de una señal de navegación y la destrucción de un depósito ucraniano pertenecen a categorías jurídicas distintas, pero pueden responder a una misma lógica operacional.

Quizá ese sea el cambio fundamental de 2026. Europa lleva años intentando determinar dónde termina la paz y comienza la guerra. Por otra parte, Rusia parece más interesada en medir cuánto puede deformarse el espacio que existe entre ambas. Jean Monnet escribió que "Europa se forjará en las crisis y será la suma de las soluciones adoptadas para esas crisis". La campaña rusa plantea una capa más a esta cuestión. Europa también puede acabar siendo la suma de las respuestas que no se atrevió a dar porque una línea roja que el adversario puede medir, tantear y desplazar ataque tras ataque termina pareciéndose menos a una frontera que a una invitación.
Antonio Legaz
Antonio Legaz
Analista de defensa e inteligencia en una empresa del sector de la defensa
Participación