Lunes, 21 de septiembre de 2026
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El discurso de una Comisión cansada y por qué no nos lo podemos permitir

El discurso de Von der Leyen muestra un agotamiento de la Comisión, centrada únicamente en la seguridad y sin capacidad de generar nuevas ideas fuertes. El corresponsal en Bruselas Nacho Alarcón hace énfasis en lo que le faltó al SOTEU y lo compara con el enfoque más acertado de Mark Carney: "Hablaba como un líder que se cree las ideas que sostienen Europa", explica.

Nacho Alarcón Nacho Alarcón 21 de septiembre de 2026
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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pronuncia el discurso sobre el estado de la Unión Europea en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo. | Justin Tang / Zuma Press / Europa Press
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pronuncia el discurso sobre el estado de la Unión Europea en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo. | Justin Tang / Zuma Press / Europa Press
El pasado miércoles, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, realizó su sexto discurso del estado de la Unión (SOTEU), la ya tradicional cita con la que comienza el curso político en la Unión Europea, una intervención ante el Pleno del Parlamento Europeo reunido en Estrasburgo donde la jefa del Ejecutivo comunitario defiende su gestión durante el último año y plantea los retos de los próximos meses. Se trata, además, de una edición especial: con un año electoral tormentoso por delante y un 2028 que dependerá por completo de los resultados de esos comicios en lugares como Francia, España o Italia, Von der Leyen se encuentra en los últimos compases del tiempo en el que todavía puede dar forma a su legado antes del final de la legislatura.

"Von der Leyen se encuentra en los últimos compases del tiempo en el que todavía puede dar forma a su legado antes del final de la legislatura"
Sin embargo, el consenso es que el discurso de Von der Leyen fue relativamente plano, con algunas ideas recicladas de la intervención de 2025, cuando centró el objetivo de la UE en lograr ser independiente, y muy pocas propuestas concretas para el próximo curso político. Este último punto es, en cierta medida, bienvenido: de poco sirven muchos anuncios que luego no pueden aplicarse en la realidad. La mala noticia es que la ausencia de propuestas nuevas no se traduce en que las que ya estaban sobre la mesa estén avanzando de manera más decidida. De las cientos de recomendaciones que Mario Draghi, antiguo primer ministro de Italia y antiguo presidente del Banco Central Europeo (BCE), realizó en su informe sobre la competitividad de la economía europea, la Comisión solamente ha seguido algo más del 15%, según el European Policy Innovation Council, que hace un monitoreo del progreso realizado sobre lo que se vendió como la hoja de ruta de la actual Comisión Europea. La ambición del Ejecutivo comunitario parece haber quedado limitada a la agenda de simplificación y desregulación.

La presidenta de la Comisión Europea hace bien en identificar un mundo que se mueve cada vez más rápido y que es, en sus propias palabras, "abiertamente hostil" al modelo europeo. Cualquier ciudadano que escuche ese análisis esperaría después una muestra de liderazgo, una respuesta más o menos firme a la pregunta obvia: vale, si eso es así, entonces, ¿qué? Hubo una única y tímida respuesta por parte de Von der Leyen, completamente enterrada en el discurso, una idea que quedó ensombrecida por la propuesta de convertir a Canadá en un "miembro asociado", un estatus que nadie sabe exactamente qué significa.

"La ausencia de propuestas nuevas no se traduce en que las que ya estaban sobre la mesa estén avanzando de manera más decidida"
La respuesta que ofreció Von der Leyen tiene que ver con una contribución al rediseño de la arquitectura de la seguridad europea. Propuso una especie de artículo 4, como existe en la OTAN, y un Consejo Europeo de Seguridad, que vaya más allá de la actual UE, cubriendo también Noruega, el Reino Unido, Ucrania o el propio Canadá. Los vientos del futuro de Europa y de su forma institucional soplan por ahí. Pero en el discurso era solamente un punto más en una larga enumeración de ideas relativamente vagas y generales. Si la presidenta de la Comisión Europea busca su legado en forma de palabras, ese es "seguridad". Seguridad en general: la creación de una nueva dimensión de la seguridad en la Unión, pero también la incorporación de elementos de seguridad en las relaciones comerciales y económicas, en el despliegue de tecnologías o en las relaciones con países terceros.

En muchas ocasiones, los presidentes de la Comisión Europea se han enrocado en su perfil burocrático y administrativo. Hasta hace no tanto, ese era, literalmente, su trabajo. De ahí se han heredado discursos que se limitan a una enumeración de propuestas legislativas y tecnicismos, renunciando a la arena más política. Eso ha ido siendo cada vez más difícil a medida que un mundo cada vez más complejo exige un mayor liderazgo a nivel europeo. Una narrativa que ayude a comprender a ciudadanos, empresas y otros actores relevantes el momento que se está viviendo.

El momento que atraviesa el mundo y Europa requiere ofrecer ese relato, esas ideas clave que ayuden a navegar el día a día. Y aunque esas ideas están ahí, los líderes, Von der Leyen entre ellos, están fracasando a la hora de trasladarlas con claridad. El SOTEU de 2025 fue, en este sentido, mucho más acertado que el de este curso.

"Aunque esas ideas están ahí, los líderes, Von der Leyen entre ellos, están fracasando a la hora de trasladarlas con claridad"
La realidad es que los eurodiputados y cualquier ciudadano europeo despistado que estuviera mirando hacia Estrasburgo habrán encontrado más inspiración en la intervención que el jueves realizó Mark Carney, primer ministro de Canadá, que en la que realizó Von der Leyen o en cualquier discurso que haya hecho un líder europeo en la Eurocámara en los últimos años. Un discurso con raíces en Goethe, en el siglo XX, en los límites de la soberanía y en la necesidad de crear alianzas basadas en las cuestiones que se defienden, no en aquellas a las que uno se opone. El primer ministro canadiense sacrificó hablar demasiado de programas y datos económicos a cambio de ofrecer un cuadro completo del momento actual. Eso habla bien de Carney, pero sobre todo habla bastante mal de los líderes políticos de la Unión.

Carney hablaba como un líder que se cree las ideas que sostienen Europa. Hablaba desde una convicción que hace tiempo que no se escucha entre la mayoría de miembros del Consejo Europeo. Porque, como recientemente defendía precisamente el presidente de ese foro, António Costa, uno de los grandes problemas actuales de Europa es de convicción. Y Europa tiene un problema de autoestima claro, pero eso no se puede notar en un discurso de la presidenta de la Comisión Europea.
Nacho Alarcón
Nacho Alarcón
Corresponsal en Bruselas y experto en política europea
Corresponsal en Bruselas de 'El Confidencial' y autor de la 'newsletter' de asuntos europeos Nexo Europa. Premio de periodismo europeo Salvador de Mariaga 2024.
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