

"Von der Leyen se encuentra en los últimos compases del tiempo en el que todavía puede dar forma a su legado antes del final de la legislatura"Sin embargo, el consenso es que el discurso de Von der Leyen fue relativamente plano, con algunas ideas recicladas de la intervención de 2025, cuando centró el objetivo de la UE en lograr ser independiente, y muy pocas propuestas concretas para el próximo curso político. Este último punto es, en cierta medida, bienvenido: de poco sirven muchos anuncios que luego no pueden aplicarse en la realidad. La mala noticia es que la ausencia de propuestas nuevas no se traduce en que las que ya estaban sobre la mesa estén avanzando de manera más decidida. De las cientos de recomendaciones que Mario Draghi, antiguo primer ministro de Italia y antiguo presidente del Banco Central Europeo (BCE), realizó en su informe sobre la competitividad de la economía europea, la Comisión solamente ha seguido algo más del 15%, según el European Policy Innovation Council, que hace un monitoreo del progreso realizado sobre lo que se vendió como la hoja de ruta de la actual Comisión Europea. La ambición del Ejecutivo comunitario parece haber quedado limitada a la agenda de simplificación y desregulación.
"La ausencia de propuestas nuevas no se traduce en que las que ya estaban sobre la mesa estén avanzando de manera más decidida"La respuesta que ofreció Von der Leyen tiene que ver con una contribución al rediseño de la arquitectura de la seguridad europea. Propuso una especie de artículo 4, como existe en la OTAN, y un Consejo Europeo de Seguridad, que vaya más allá de la actual UE, cubriendo también Noruega, el Reino Unido, Ucrania o el propio Canadá. Los vientos del futuro de Europa y de su forma institucional soplan por ahí. Pero en el discurso era solamente un punto más en una larga enumeración de ideas relativamente vagas y generales. Si la presidenta de la Comisión Europea busca su legado en forma de palabras, ese es "seguridad". Seguridad en general: la creación de una nueva dimensión de la seguridad en la Unión, pero también la incorporación de elementos de seguridad en las relaciones comerciales y económicas, en el despliegue de tecnologías o en las relaciones con países terceros.
"Aunque esas ideas están ahí, los líderes, Von der Leyen entre ellos, están fracasando a la hora de trasladarlas con claridad"La realidad es que los eurodiputados y cualquier ciudadano europeo despistado que estuviera mirando hacia Estrasburgo habrán encontrado más inspiración en la intervención que el jueves realizó Mark Carney, primer ministro de Canadá, que en la que realizó Von der Leyen o en cualquier discurso que haya hecho un líder europeo en la Eurocámara en los últimos años. Un discurso con raíces en Goethe, en el siglo XX, en los límites de la soberanía y en la necesidad de crear alianzas basadas en las cuestiones que se defienden, no en aquellas a las que uno se opone. El primer ministro canadiense sacrificó hablar demasiado de programas y datos económicos a cambio de ofrecer un cuadro completo del momento actual. Eso habla bien de Carney, pero sobre todo habla bastante mal de los líderes políticos de la Unión.
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