Miércoles, 16 de septiembre de 2026
INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Bombardear centros de datos o sentarse a hablar

China y Estados Unidos buscan contener los riesgos de la inteligencia artificial sin renunciar a competir por su liderazgo. Emilio García, experto en tecnología y política digital, sostiene que "el paralelismo más útil sigue siendo el de los acuerdos nucleares de la Guerra Fría" para entender qué puede salir de un diálogo entre las dos potencias.

Emilio García Emilio García 16 de septiembre de 2026
Añadir AgendaPública en Google
El presidente chino, Xi Jinping,  y su homólogo estadounidense, Donald Trump. | Casa Blanca / Daniel Torok
El presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo estadounidense, Donald Trump. | Casa Blanca / Daniel Torok
Cuando Donald Trump visitó Pekín en mayo de 2026 y se reunió con Xi Jinping, ambos gobiernos anunciaron un compromiso: un diálogo intergubernamental sobre inteligencia artificial entre China y Estados Unidos. El portavoz de Exteriores chino, Guo Jiakun, resumió el objetivo con la fórmula habitual —dos potencias líderes en IA que deben trabajar juntas para mejorar su gobernanza en beneficio de la humanidad—, la clase de frase que cabe en cualquier comunicado y no compromete a nada en concreto. Cuando restan unas semanas para el viaje del mandatario chino a la capital estadounidense, no se conocen la fecha, el lugar ni la agenda de las conversaciones sobre IA.

Urgencia de negociación sin una arquitectura institucional

El único indicio de algún posible desarrollo de la voluntad política expresada hace cuatro meses se produjo en los primeros días de septiembre. En la conferencia ministerial sobre innovación del G20, ambas partes estamparon su firma al pie de los objetivos de prosperidad del G20 en materia de IA. Se trata de una hoja de ruta que refleja el compromiso de los miembros del grupo para aprovechar la IA como motor de crecimiento económico, industrialización y creación de empleo de alta calidad. Es decir, una lista de principios para informar la creación de las políticas nacionales en cada país que no introduce compromisos sobre gobernanza global. Un resultado magro para el tiempo transcurrido, pero con la importancia de ser el primer convenio relevante sobre IA con la firma de responsables políticos de Pekín y Washington desde la ya lejana reunión de Bletchley en noviembre de 2023.

Desde mayo, sin embargo, ha crecido la urgencia de un acuerdo sobre el desarrollo global de la IA entre las dos superpotencias. Se acumulan razones para establecer un marco global que al mismo tiempo embride e impulse la implantación de esta tecnología. Por un lado, los incidentes desencadenados por los modelos de frontera. Primero, los ciberataques por parte de modelos de investigación interna, derivados de posibles negligencias en los entornos de prueba. Posteriormente, la detección del posible uso de modelos de lenguaje en servicio comercial para crear armas biológicas. Por otra parte, la industria demanda una estabilidad regulatoria global. Ya no son solo los controles a la exportación los que obstaculizan el desarrollo de la IA, sino también la incertidumbre sobre los límites de la intervención pública en el sector privado.

"Ha crecido la urgencia de un acuerdo sobre el desarrollo global de la IA entre las dos superpotencias"
Al mismo tiempo que la necesidad del diálogo se hace más perentoria, se mantienen los obstáculos estructurales para desarrollarlo. En primer lugar, el liderazgo en cada una de las partes es difuso. Ni Washington ni Pekín han desarrollado la arquitectura institucional necesaria para sostener este diálogo de forma rutinaria. En ambos lados existe una lucha interna entre las unidades diplomáticas, las responsables de la seguridad nacional y aquellas con capacidades para evaluar los modelos de frontera. En segundo lugar, existe una desconfianza mutua fomentada por los halcones de cada Administración. Mientras los de EE. UU. analizan cómo eliminar el desafío chino bombardeando los centros de datos, los del país asiático juzgan inútil la negociación con quien no puede —o no quiere— controlar a su propia industria.

La agenda posible

Para entender qué cabe realmente en la mesa, el paralelismo más útil sigue siendo el de los acuerdos nucleares de la Guerra Fría. Washington y Pekín comparten un interés genuino en controlar la difusión de la tecnología, pero ninguno está dispuesto a ceder terreno en su propia carrera particular. El camino hacia un acuerdo tendrá, necesariamente, que recorrerse en pasos sucesivos.

Aquel marco heredado de coexistencia en el enfrentamiento define tres niveles posibles de diálogo sobre la gobernanza global de la IA. En el primero —evitar el desastre— caben la no proliferación de modelos potentes hacia actores no estatales, los protocolos ante riesgo biológico o ciberataques a infraestructura crítica causados por IA y líneas de comunicación directas para incidentes ambiguos. En el segundo —límites al desarrollo— entran los modelos de peso abierto, la destilación entre laboratorios rivales, los sistemas autónomos letales y los umbrales de capacidad que deberían disparar mayor escrutinio en ambos lados. El tercero —cooperación y competencia— es el más aspiracional: investigación conjunta de seguridad o aplicaciones de beneficio compartido en salud o clima.

La viabilidad de un pacto entre las dos potencias se reduce al primero de los ámbitos. Pero las expectativas sobre los puntos concretos que pueden llegar a convenirse difieren entre diplomáticos y expertos. Los primeros reducen las posibilidades de un acuerdo a los riesgos de guerra nuclear, el uso de nuevos modelos para cerrar vulnerabilidades de código abierto y el establecimiento de líneas de contacto para incidentes. Los segundos lo extienden a algún punto más, como los riesgos biológicos o el control de actores no estatales.

"La viabilidad de un pacto entre las dos potencias se reduce al primero de los ámbitos"
Más allá del diálogo sobre la gobernanza de la IA, es necesario también un acuerdo entre China y EE. UU. sobre los límites en los controles de exportación. En noviembre finaliza el acuerdo alcanzado en Busan en 2025 que ha pausado la escalada en la armamentización de la cadena de suministro tecnológica, limitando el alcance de la guerra comercial en materias críticas y semiconductores. Los negociadores harían bien en explorar la propuesta de algún analista de incluir bajo el mismo paraguas ambos acuerdos, institucionalizando un Consejo de Estabilidad Tecnológica.

Finalmente, la agenda negociadora debe incluir los mecanismos para hacer partícipe del acuerdo a la comunidad internacional. China y EE. UU. han optado hasta la fecha por mantener sus alianzas disjuntas de cooperación, respectivamente, la Organización Mundial de Cooperación en IA y Pax Silica. Acudiendo de nuevo a la referencia de la Guerra Fría del siglo XX, la membresía de este Consejo debería ir más allá de los dos gigantes mundiales, de forma similar a la del Tratado de No Proliferación Nuclear. Al menos, dando cabida a potencias de arbitraje tanto de los países industrializados como del sur global.

"La membresía de este Consejo debería ir más allá de los dos gigantes mundiales, de forma similar a la del Tratado de No Proliferación Nuclear"
Crecen las advertencias sobre los riesgos de todo tipo derivados de la IA y las llamadas a frenar su desarrollo, aunque algunas desplieguen el aroma de intereses espurios. La capacidad de entenderse de las superpotencias para evitar una eventual escalada en un desarrollo de la IA sin controles aportaría un primer ladrillo de tranquilidad al mundo.
Emilio García
Emilio García
Exdirector de gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales (2020-2021)
Es asesor en el Instituto de Astrofísica de Canarias y funcionario del Cuerpo Superior de Tecnologías y Sistemas de la Información. También es coautor del libro 'Chips y Poder' (Ed. Libros de la Catarata, 2025) y activista por los derechos trans.
Participación