Viernes, 14 de agosto de 2026
LA AMENAZA RUSA

Los drones de Rusia y la hipótesis Narva

Las recientes incursiones de drones rusos en territorio polaco y rumano certifican que "Rusia juega con la escalada híbrida en plena economía belicista". Para el experto en seguridad Alberto Bueno "la credibilidad del compromiso de defensa mutua" de Europa es lo que está en entredicho con la "hipótesis Narva". Esta idea se usa como ejemplo para plantear cómo reaccionaría Occidente ante "una operación híbrida o una ocupación rápida al estilo del Dombás en 2014" en este municipio estonio.

Alberto Bueno Alberto Bueno 18 de septiembre de 2025
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El secretario general de la OTAN, Mark Rutte junto al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. | NATO/OTAN
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte junto al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. | NATO/OTAN
Los episodios de penetración de drones rusos en el espacio aéreo de Rumanía y, reiteradamente durante la última semana, de Polonia son parte de la estrategia en zona gris del Kremlin para tensionar las líneas de defensa y política europeas. Rusia juega con la escalada híbrida en plena economía belicista, China no va a permitir que Moscú pierda la guerra y el apoyo estadounidense está quebrado. La respuesta occidental exige coherencia y unanimidad. Es necesario ser conscientes, por un lado, de que los refuerzos aliados —a los que se ha sumado España— para robustecer las defensas aéreas, marítimas y terrestres en el este son imprescindibles y deben perdurar en el tiempo, y, por otro, de que las carencias estructurales en materia militar debilitan su posición.
 
"Con su entrada en la zona gris, Moscú pretendería conocer los mecanismos de respuesta militar y comprobar el grado de cohesión entre aliados"
Operar en la
zona gris implica hacerlo en un terreno donde las acciones ejecutadas —violaciones del espacio aéreo, ciberataques, sabotajes contra infraestructuras o campañas de desinformación— no alcanzan el umbral de un ataque armado convencional, sino que buscan probar los límites del adversario, testar sus capacidades de respuesta, erosionar su retaguardia o desestabilizar social y políticamente. Se trata, en definitiva, de una forma de coerción por tanteo, donde se mide la actitud del adversario paso a paso. La ambigüedad, en términos de atribución y voluntad del atacante, es determinante en esta estrategia. Por tanto, Moscú pretendería conocer los mecanismos de respuesta militar, comprobar el grado de cohesión entre aliados, así como transmitir a los europeos que su retaguardia no es invulnerable y que el riesgo de escalada está siempre presente. Si esta estrategia está envuelta además de una retórica que disfraza estas acciones de errores exagerados por el militarismo occidental —o incluso mapas que señalan la imposibilidad física de alcanzar desde suelo ruso el interior polaco, burda falsedad—, el marco gris está planteado. Persigue un objetivo militar inmediato en los niveles táctico y operacional, pero sobre todo uno estratégico en lo político y psicológico.
 
Los sucesos de esta semana no son aislados. Un reciente informe del IISS ha mapeado todos los ataques híbridos en territorio europeo por parte de Rusia. El gráfico es elocuente de la intensidad, diversidad y amplitud de la campaña; España también ha sido identificada. La conciencia sobre esta circunstancia es vital, pues confronta con hechos y datos las exclamaciones de que la guerra "no va a llegar aquí" o que, puesto que fue incapaz de tomar Kiev, cómo insinuar que Moscú quiere invadir Europa hasta París. Esta campaña de guerra híbrida en zona gris discute por completo ese primer argumento pretendidamente naif, mientras que el segundo forma parte de una falacia del "hombre de paja" que elude por completo la hipótesis Narva.
 

Narva es una pequeña ciudad estonia situada en el extremo noreste del país, a orillas del río Narva, que marca la frontera con Rusia y separa a Estonia de la ciudad rusa de Ivangorod. Este enclave fronterizo, con una población mayoritariamente rusoparlante, simboliza de forma paradigmática la vulnerabilidad del flanco oriental de la OTAN. Moscú, sin necesidad de desencadenar una guerra continental, podría intentar golpear el verdadero centro de gravedad europeo: la credibilidad del compromiso de defensa mutua. De la misma manera que el apoyo a Ucrania se ha convertido en una prueba de solidez aliada, un movimiento limitado sobre Narva —una operación híbrida o una ocupación rápida al estilo del Dombás en 2014— serviría para poner a prueba la cohesión occidental.

La eventual falta de respuesta firme por parte de la OTAN o de la UE, ya sea por inacción o por vacilación política, supondría una derrota estratégica sin necesidad de una gran campaña militar. El libro
Wenn Russland gewinnt (Si Rusia gana) del politólogo y profesor de la Universidad de las Fuerzas Armadas Alemanas Carlo Masala explora esta idea, en un ejercicio de ficción prospectiva que subraya los dilemas de seguridad del escenario actual.
 
"La vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca correlaciona con el recrudecimiento de los ataques de Rusia contra Ucrania"
Frente a ello, la dependencia tecnológica y militar de EE. UU., cuyo paraguas de seguridad parece alcanzar ahora sólo en función de la billetera. La confianza está rota, solo aguantando sabedores de ausencia de autonomía en la práctica. Además, la vuelta de Trump a la Casa Blanca, para sorpresa de nadie excepto de quienes hicieron acto de fe en torno a su política exterior por razones de malentendido "realismo político", ha supuesto de hecho el recrudecimiento de los ataques de Rusia contra Ucrania, y un refuerzo de sus posiciones maximalistas. A este escenario, súmese cómo China mantiene viva la maquinaria económica rusa —que estas acciones de Rusia en Polonia hayan coincidido en el tiempo con los ejercicios militares
Zapad, pero también con el encuentro con Xi Jinping, no pareciera casual— dirigida por completo a sostener el esfuerzo bélico y, por ende, con ningún incentivo para retroceder. Es así como se entienden los recelos de los aliados europeos frente a quienes quieren sostener una posición ambigua, acaso intermedia, con Pekín, desde el apriorismo de que el peligro autoritario y westfaliano estadounidense se compensa con el autoritarismo revisionista chino.
 
La respuesta europea refleja estas tensiones, terriblemente complejas e inciertas. Polonia ha optado por la firmeza: interceptación de drones —y aquí se dan interesantísimas lecciones de cómo combatir el low cost de estas armas con costosísimos sistemas y plataformas, al igual que el peligro para la población local de su derribo—, cierre de aeropuertos, despliegue de cazas —también aliados— y activación de la defensa civil. La decisión marca un precedente significativo: es la primera vez que un miembro de la OTAN abre fuego contra objetivos rusos en el marco de la guerra. Rumanía ha preferido limitarse a emitir alertas y a subrayar que los drones no sobrevolaron zonas habitadas. Ambas estrategias responden a realidades distintas, pero comparten una misma preocupación: evitar que la normalización de estas incursiones erosione la credibilidad de la defensa colectiva.

"España se ha sumado a la misión Centinela Oriental, bien moviendo efectivos de la Policía Aérea en el Báltico o quizá con aeronaves adicionales"
La OTAN, por su parte, ha anunciado refuerzos en el flanco oriental, ejercicios adicionales de vigilancia y ha mantenido las maniobras (Quadriga 2025) que entrenan, entre otros, la capacidad de refuerzo militar hacia Lituania. La organización ha lanzado la misión Centinela Oriental, a las que se ha sumado España, aunque todavía no está claro —en el momento de escribir estas líneas— si lo hará con aeronaves adicionales o desplazando a Polonia algunos de los recursos destinados a la Policía Aérea en el Báltico. Es fundamental: España contribuye a la seguridad europea, sí, pero también defiende su propia credibilidad ante el resto de socios en un momento muy crítico.
 
Con todo, el dilema permanece: ¿hasta dónde responder sin provocar una escalada que desemboque en un enfrentamiento directo? La credibilidad de la disuasión depende de la claridad de la respuesta, y en este terreno ambiguo los matices son inevitables. Europa afronta una paradoja estratégica: si no reacciona, alimenta la percepción de debilidad; si lo hace con mayor contundencia, se enfrenta a la evidencia de que carece de medios suficientes para neutralizar ataques masivos con drones o para garantizar una capacidad de represalia sostenida. Rusia ha practicado con éxito durante toda la guerra una forma de disuasión ofensiva: no orientada a protegerse, sino a asegurar la no injerencia de los aliados en sus operaciones.

Esta estrategia ha condicionado de manera decisiva la guerra en Ucrania, al desalentar a Occidente de proporcionar un apoyo más robusto y limitarse a fórmulas de desgaste prolongado. La historia juzgará si no fue un error estratégico haber gestionado la escalada con una prudencia tan extrema que terminó debilitando la capacidad ucraniana de convencer a Moscú de que los incentivos para continuar la guerra eran mínimos; una reflexión quizá tardía, pero que cada vez gana más espacio en los debates estratégicos.
 

Las operaciones en la zona gris por parte de Moscú continuarán. Incluso se intensificarán si consideramos que esas debilidades estructurales europeas perdurarán en el tiempo y la configuración multipolar del escenario internacional es ya fija. Si los líderes europeos y sus opiniones públicas son conscientes de ello permanece como interrogante. Europa enfrenta un reto de largo plazo, pero de exigencias urgentes e inmediatas: combinar la firmeza militar junto con la coordinación política para evitar la fractura interna… para refutar o corroborar la hipótesis Narva.
Alberto Bueno
Alberto Bueno
Profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración en la UGR
Es profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada y miembro del Spanish Research Group on Defence, Armed Forces, and Society (RODAS). También es profesor adjunto en la Universidad de Leipzig (Alemania) y 'non-resident fellow' del UTSYN - Centre for Security and Total Defence (Noruega).
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