El presupuesto de la Unión Europea rara vez prende una conversación pública fuera de Bruselas, pero de él dependen demasiadas cosas concretas: agricultores, regiones, pescadores, infraestructuras, seguridad, innovación o estudiantes. Por eso la negociación del próximo marco financiero plurianual no es solo una discusión técnica entre instituciones, sino una prueba sobre qué quiere ser Europa en los próximos siete años. Como resume el eurodiputado Siegfried Mureșan,
"Europa tiene que hacer más, y no podemos hacer más con un presupuesto más pequeño".
Mureșan, miembro del Partido Popular Europeo y uno de los coponentes del Parlamento Europeo en esta negociación, defiende que la Comisión ha acertado al reforzar competitividad, investigación, innovación y seguridad, pero se ha equivocado al debilitar las políticas tradicionales. Su idea es clara:
"No existe contradicción entre competitividad y cohesión". Para él, la cohesión debe evolucionar, financiar más proyectos verdes, digitales, energéticos o incluso de doble uso civil y militar, pero no perder su base territorial ni el papel de las regiones.
La conversación también resuelve el cómo pagar todo eso. Mureșan descarta que los Estados miembros estén dispuestos a aumentar de forma drástica sus contribuciones y mira hacia los
"recursos propios", incluida una tasa a los gigantes tecnológicos. Sobre la deuda común, en cambio, es mucho más prudente. NextGenerationEU sigue pesando sobre las cuentas europeas y, recuerda,
"si acumulas demasiada deuda, acabas pagando a los mercados financieros en vez de invertir en hospitales, en mejoras de la red energética o en agricultores".
Buenos días, señor Mureșan, y gracias por dedicar este tiempo a hablar sobre el nuevo presupuesto de la Unión Europea. Mi primera pregunta es: ¿cuáles son los principales problemas de la propuesta de la Comisión sobre el marco financiero plurianual (MFP)?
Ahora estamos trabajando en la elaboración del presupuesto de la Unión Europea para los próximos siete años. El presupuesto siempre se organiza en periodos de siete años porque necesitamos previsibilidad a largo plazo. Los beneficiarios de los fondos europeos deben saber cuánto dinero va a llegar, en qué condiciones y en qué áreas. Además, los grandes proyectos de infraestructura requieren una planificación plurianual: no se puede construir una autopista en un solo año. Por eso siempre planificamos a siete años.
Estos ciclos son importantes porque muestran con claridad las verdaderas prioridades de la Unión Europea. Ahora está claro que, para los próximos años, las prioridades serán, por un lado, la seguridad y la defensa y, por otro, una economía fuerte, competitiva y
adaptada a la era digital y a la inteligencia artificial. Estas son las nuevas prioridades.
Al mismo tiempo, las prioridades tradicionales de la Unión Europea —la política agrícola común (PAC), que financia a los agricultores y el desarrollo rural, y la política de cohesión— han demostrado con el tiempo su valor y su importancia, y deben continuar. La política de cohesión se ha convertido en la principal herramienta de inversión de la Unión Europea. Muchas infraestructuras se construyeron precisamente con esta política de cohesión en España y en otros Estados miembros.
Estamos ahora en este proceso. La Comisión Europea, que es el poder ejecutivo europeo, ha presentado un proyecto de presupuesto. En ese proyecto propone más dinero para competitividad, investigación, innovación y seguridad. Eso es correcto y, como Parlamento, lo apoyamos.
Sin embargo, también propuso debilitar la política agrícola común y la política de cohesión, reduciendo la financiación para agricultores y regiones. Creemos que eso es un error, no lo apoyamos y estamos intentando corregirlo. Hace tres semanas adoptamos la posición oficial del Parlamento Europeo, señalando que el proyecto de presupuesto de la Comisión es insuficiente. Queremos aumentarlo un 10% para que haya dinero suficiente también para agricultores y regiones.
"No queremos que Madrid y Bruselas decidan por cada región de España. Queremos que las decisiones se tomen cerca de los ciudadanos, por eso proponemos reforzar la agricultura y la política de cohesión"
Queremos que
el papel de las regiones sea vinculante y obligatorio. Queremos que los fondos europeos se gestionen y se decidan en los niveles regional y local, porque están más cerca de los ciudadanos. Las regiones son las que mejor saben dónde se necesita el dinero. No queremos que Bruselas y las capitales nacionales decidan políticamente adónde va el dinero. No queremos que Madrid y Bruselas decidan por cada región de España. Queremos que las decisiones se tomen cerca de los ciudadanos, por eso proponemos reforzar la agricultura y la política de cohesión.
Hay dos cuestiones más que son vitales para España. La Comisión Europea propuso un recorte drástico de la política pesquera, pasando de 6.000 millones de euros en el presupuesto actual a solo 2.000 millones en el próximo. Eso sería inaceptable. Como Parlamento, lo rechazamos por completo. Defendemos que necesitamos 7.000 millones de euros para los pescadores en el próximo presupuesto. Los pescadores contribuyen a la seguridad alimentaria igual que los agricultores; son una parte vital de nuestra economía y debemos apoyarlos. Como uno de los dos coponentes del Parlamento, he luchado mucho por esto.
El segundo asunto
crucial para España son las regiones ultraperiféricas. En el presupuesto actual existe un fondo especial para las regiones ultraperiféricas: las islas de España y Portugal, como Azores y Madeira, y las regiones de ultramar de Francia. La Comisión Europea propuso eliminar este programa especial, diciendo a países como España, Portugal y Francia que, si quieren apoyar a estas regiones, lo hagan con sus fondos ordinarios de cohesión.
Creo que es un error. Las regiones ultraperiféricas son esenciales para toda la Unión Europea, especialmente en el contexto geopolítico actual, en el que son vitales para nuestra seguridad. Por eso el Parlamento Europeo propone recrear el programa especial para estas regiones y dotarlo con 7.000 millones de euros. En el presupuesto actual había 6.000 millones; hace falta algo más para que financiar zonas como las islas Canarias no se convierta en una carga injusta para el Gobierno español. Toda Europa debe contribuir a ello, y eso es lo que defendimos en la posición del Parlamento, consiguiendo el apoyo de la mayoría de los eurodiputados.
Mureșan detalla las prioridades del Parlamento Europeo para el nuevo marco financiero plurianual. Foto: Agenda Pública
Permítame preguntarle cómo piensan asegurar esa financiación. Tenemos opciones como la deuda común o los recursos propios. ¿Qué vías están explorando en ese sentido?
Sí, Europa
tiene que hacer más, y no podemos hacer más con un presupuesto más pequeño. Eso es una fantasía; sencillamente, no funcionará en la práctica. Así que está claro que el presupuesto tiene que aumentar, aunque, por supuesto, ese aumento debe ser responsable y moderado. No podemos gastar más en absolutamente todas las áreas.
"Es muy difícil decir a los votantes: «Miren, estamos pagando más desde nuestros presupuestos nacionales a Europa». Un gran aumento de las contribuciones nacionales es poco realista"
Hay dos formas de aumentarlo. La primera posibilidad es que cada Estado miembro aporte más al presupuesto de la UE. Personalmente, no creo que eso vaya a ocurrir, porque muchos Estados miembros están afrontando déficits enormes y niveles de deuda elevados. Políticamente, no existe voluntad para ello, y es muy difícil decir a los votantes: "Miren, estamos pagando más desde nuestros presupuestos nacionales a Europa". Un gran aumento de las contribuciones nacionales es poco realista.
Así que queda la segunda posibilidad: introducir los llamados "recursos propios" de ingresos para la Unión Europea, lo que haría que el presupuesto de la Unión fuera mucho más previsible, transparente, automático y objetivo. Como Parlamento Europeo, tenemos tres ideas, una de las cuales es mucho más amplia y significativa que las otras.
La primera idea es introducir un recurso propio basado en gravar a los gigantes tecnológicos globales.
Lo que, desde luego, no va a ser fácil.
Tiene toda la razón. Volveré a ese punto. La segunda es una contribución digital basada en los beneficios obtenidos con las criptomonedas. Y la tercera es un recurso propio basado en el juego y las apuestas en línea.
La tasa digital —o impuesto digital— sería la que más ingresos generaría. Pero tiene usted toda la razón; no soy ingenuo. Afectará a empresas digitales estadounidenses y, en el contexto transatlántico, no será fácil aplicarla. Sin embargo, los mayores gigantes tecnológicos del mundo disfrutan de acceso a nuestro mercado único de casi 500 millones de consumidores. Ganan miles de millones de dólares aquí y, sin embargo, no pagan ni un euro en impuestos a la UE. Eso es profundamente injusto.
"Es injusto que las grandes corporaciones globales obtengan beneficios enormes de nuestro mercado sin aportar ni un céntimo"
La elección a la que nos enfrentamos es sencilla: o
recortamos la financiación para los agricultores españoles, las regiones españolas y comunidades de toda Europa —es decir, reducimos el dinero para agricultura, desarrollo regional, innovación, energía y seguridad—, o gravamos a Elon Musk. Cada uno puede valorar las opciones, pero yo preferiría mucho más no penalizar a nuestras propias empresas, agricultores y regiones, y encontrar una solución estructural. Es injusto que las grandes corporaciones globales obtengan beneficios enormes de nuestro mercado sin aportar ni un céntimo. Si dejamos que esto continúe mientras recortamos fondos para beneficiarios europeos, cometeríamos un error grave. Estos gigantes deberían pagar por acceder al mercado europeo.
Hay un debate en curso sobre las prioridades presupuestarias, centrado específicamente en si es más importante la cohesión o la competitividad. Aunque quizá no tengamos que elegir una sobre la otra, muchas regiones están muy preocupadas por la propuesta de la Comisión para la política de cohesión. Parece que la Comisión prefiere invertir mucho en competitividad. ¿Cuál es su opinión sobre este debate?
Sí, es un punto fundamental. Invertir más en competitividad es necesario y correcto, pero la cohesión forma parte esencial de esa ecuación; no es una carga. La Comisión Europea propuso reducir la política de cohesión y garantizar financiación solo a las regiones menos desarrolladas de Europa. Creemos que eso es un error; la financiación debe estar garantizada para todos los tipos de regiones, y el papel de los gobiernos locales debe ser obligatorio.
"No existe contradicción entre competitividad y cohesión. La política de cohesión solo tiene que evolucionar, como ya ha hecho en los últimos años"
Hemos trabajado estrechamente con la Comisión Europea durante los últimos meses y ha modificado algo su posición, así que hemos avanzado. Pero
todavía no es suficiente. Necesitamos un compromiso vinculante con las regiones, una política de cohesión clara con financiación específica y una base jurídica sólida para que los beneficiarios tengan seguridad regulatoria durante los siete años completos. Por supuesto, dentro de la política de cohesión necesitamos flexibilidad. Si surgen crisis inesperadas —como la crisis energética que acabamos de afrontar—, debemos poder financiar nuevos tipos de proyectos de forma dinámica.
Mi idea es que no existe contradicción entre competitividad y cohesión. La política de cohesión solo tiene que evolucionar, como ya ha hecho en los últimos años financiando más proyectos verdes, ambientales, de eficiencia energética y digitales. De cara al futuro, el vínculo entre la política de cohesión y las nuevas prioridades presupuestarias debe quedar explícitamente claro. La mayoría de los futuros proyectos de cohesión tendrán que contribuir de manera natural a la competitividad económica. Construimos una autopista porque mejora la competitividad. Invertimos en proyectos energéticos porque reducen los precios de la energía y hacen nuestra economía más competitiva.
Por tanto, deberíamos diseñar una política de cohesión orientada al futuro junto con los gobiernos, la Comisión, el Parlamento y las regiones. Tiene que servir a nuestros grandes nuevos objetivos: competitividad y seguridad. Por ejemplo, incluso podemos financiar movilidad militar a través de la política de cohesión, apoyando proyectos que tengan un doble uso civil y militar. La cohesión no es una política obsoleta del pasado; es una inversión vital para el futuro.
Mureșan defiende que cohesión y competitividad deben avanzar juntas en el presupuesto europeo. Foto: Agenda Pública
En esa línea, ¿qué piensa del supuesto plan de la Comisión para eliminar la DG REGIO?
Mire, no sé qué están planeando a puerta cerrada. Para ponerlo en contexto, la Comisión Europea está dividida en varias direcciones generales, para agricultura, presupuesto, etc. Una de ellas es la de política regional, la DG REGIO, y yo también estoy leyendo informaciones en la prensa según las cuales la Comisión quiere disolverla. Puedo decirle directamente que nadie nos ha consultado en el Parlamento Europeo sobre esto.
Me lo imagino.
Para ser justos, nosotros tampoco consultamos a la Comisión cuando organizamos nuestras propias estructuras parlamentarias internas; el poder ejecutivo decide su organización y el Parlamento decide la suya. Sin embargo, eliminar esa dirección general a nivel europeo enviaría una señal terrible a las regiones, como si se les dijera que ya no son importantes.
No sé cuál sería exactamente el razonamiento de la Comisión, porque solo he leído las informaciones públicas, pero puedo confirmar que no ha habido ninguna discusión sobre este asunto con los eurodiputados.
Como mencionábamos antes, quiero preguntarle por la deuda común. ¿Cuál es su opinión? Por ejemplo, figuras como Friedrich Merz parecen estar estrictamente en contra de la idea.
La deuda común puede sonar atractiva sobre el papel, pero estamos viendo riesgos importantes a nivel europeo. Permítame ser completamente concreto y honesto con sus lectores. Justo después del inicio de la pandemia de COVID-19, lanzamos el mayor paquete de apoyo económico de la historia europea: NextGenerationEU y el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. En total fueron 700.000 millones de euros, la mitad en préstamos y la mitad en subvenciones para los Estados miembros.
Esto solo fue posible porque dimos permiso a la Comisión Europea para emitir deuda común. El acuerdo en aquel momento fue que afrontábamos una crisis única y sin precedentes. La economía estaba congelada, estábamos confinados y países como España e Italia estaban sufriendo enormemente. Acordamos que la solidaridad es parte esencial de lo que somos como Unión Europea, así que fue la decisión correcta. De hecho, yo fui uno de los tres coponentes del Parlamento Europeo responsables de establecer el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Lo hicimos y fue la respuesta adecuada.
Sin embargo, para hacerlo tuvimos que asumir una deuda enorme, casi 700.000 millones de euros, que ahora hay que devolver. Y, en este momento, todavía no está del todo claro quién la paga y cómo.
De hecho, ese es exactamente uno de los mayores desafíos para el presupuesto.
Exactamente. No está claro cómo se devolverá. La parte de préstamos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia es sencilla: son créditos concedidos a los Estados miembros, y esos gobiernos devuelven el dinero directamente a la Comisión. Pero 350.000 millones de euros de ese paquete se concedieron como subvenciones, y tenemos que pagar intereses por ese dinero cada año. Ese es el verdadero problema.
"Si acumulas demasiada deuda, acabas pagando a los mercados financieros en vez de invertir en hospitales, en mejoras de la red energética o en agricultores"
Mientras el mecanismo de devolución siga sin aclararse, esto supone un riesgo grave para el presupuesto ordinario de la UE, porque, por ahora, los intereses tienen que salir de nuestros fondos operativos anuales. Ni siquiera empezamos a devolver el principal hasta 2028, pero llevamos pagando intereses desde 2022. Al principio, los intereses eran manejables: 1.000 millones de euros el primer año, 2.000 millones el segundo y luego 4.000 millones. Este año han subido hasta 8.000 millones. Son 8.000 millones de euros que salen cada año del presupuesto de la UE solo para pagar intereses.
Asumir deuda es fácil; devolverla es la parte difícil, y los intereses son una carga pesada. Si acumulas demasiada deuda, acabas pagando a los mercados financieros en vez de invertir en hospitales, en mejoras de la red energética o en agricultores. Creo que emitir deuda común adicional a nivel europeo será políticamente imposible hasta que hayamos resuelto por completo el marco de devolución de NextGenerationEU. Como he señalado, existe el riesgo de que devore el presupuesto. Ahora mismo pagamos 8.000 millones de euros anuales en intereses. Después de 2028, tendremos que empezar a devolver 25.000 millones de euros de principal cada año. Eso representa alrededor del 15% del presupuesto total de la UE.
Así que afrontamos una realidad dura: o recortamos el presupuesto europeo en un 15%, o los Estados miembros aumentan de forma drástica sus contribuciones nacionales —para lo que no tienen ni dinero ni voluntad política—, o avanzamos de verdad en los "recursos propios" para generar nuevas fuentes de ingresos con las que cubrir nuestras deudas. Hasta que resolvamos cómo pagar lo que ya debemos, más deuda común queda fuera de la mesa.
El eurodiputado aborda los riesgos de la deuda común y la negociación presupuestaria antes del ciclo electoral europeo. Foto: Agenda Pública
De cara a 2027, veremos elecciones importantes en Europa: en España, Francia, Polonia e Italia. ¿Es preocupante que haya tantas elecciones críticas cuando el presupuesto de la UE aún no se ha negociado ni aprobado?
Sí, creo que será excepcionalmente difícil cerrar un presupuesto europeo a siete años mientras cuatro de nuestros cinco mayores Estados miembros están inmersos en campañas políticas intensas. El nuevo presupuesto debe entrar en vigor el 1 de enero de 2028. El escenario ideal es alcanzar un acuerdo antes de finales de este año, 2026. Si cerramos el en ese plazo, los gobiernos nacionales, las autoridades regionales y los beneficiarios privados tendrán un año completo para preparar los marcos administrativos, elaborar programas y garantizar una puesta en marcha fluida. Entonces, desde el primer día de 2028, el dinero fluye inmediatamente y produce resultados.
Si no logramos un acuerdo antes de finales de 2026,
las elecciones presidenciales en Francia y las elecciones parlamentarias en España, Italia y Polonia probablemente congelarán todos los avances durante 2027. Acabaríamos bloqueados y solo alcanzaríamos un acuerdo apresurado en diciembre de 2027. Nada estaría preparado para enero de 2028, lo que provocaría grandes retrasos en la financiación, y eso sería perjudicial para todos.
Si puedo seguir con ese punto: piense en alguien como Giorgia Meloni, por ejemplo. Puede ser políticamente arriesgado para ella respaldar un presupuesto europeo justo antes de unas elecciones. Puede temer que aprobarlo antes le genere problemas electorales en casa.
Cualquier primer ministro tendrá enormes dificultades para defender ante sus votantes un mal presupuesto, pero es muy fácil para un primer ministro apoyar un presupuesto fuerte y justo. Si el presupuesto es demasiado pequeño y obliga a recortar fondos para agricultores locales, infraestructuras regionales o estudiantes, entonces sí, ese primer ministro tiene un problema electoral serio. Sin embargo, si conseguimos un presupuesto suficiente, realista y de apoyo, se convierte en una excelente noticia para cualquier líder que se presente a la reelección.
Como miembro del PPE, ¿le resulta difícil cuestionar a una Comisión Europea compuesta en gran medida por miembros de su propia familia política?
Mire, nunca debemos olvidar el deber fundamental de los miembros del Parlamento: supervisar y exigir responsabilidades al poder ejecutivo. A nivel europeo, la Comisión responde directamente ante el Parlamento. No se debe esperar que el Parlamento y la Comisión estén de acuerdo absolutamente en todo; así no funciona la democracia.
Lo que necesitamos son objetivos centrales compartidos, y creo que esos objetivos comunes existen claramente entre la Comisión y el Parlamento en este momento. Ambos queremos reforzar la seguridad, mejorar la competitividad y reducir de forma decidida la carga burocrática durante este mandato. En la visión general, estamos alineados. En la aplicación diaria y en las líneas concretas de financiación, debatimos intensamente —a veces con posiciones muy enfrentadas—, pero siempre negociamos para encontrar soluciones europeas comunes. Eso es exactamente Europa.
Gracias.