Martes, 28 de julio de 2026
CONVERSACIONES

Camille Grand, secretario general de la patronal de defensa europea: "Es posible construir un gran campeón europeo"

En Barcelona, quien fuera uno de los máximos responsables de la OTAN en materia de inversión en defensa, Camille Grand, conversa con el director y editor de 'Agenda Pública', Marc López Plana. Durante la conferencia internacional 'War and Peace in the 21st century' de CIDOB, Grand, que es secretario general de la patronal europea de la industria aeroespacial, de seguridad y de defensa (ASD), destaca el momento convulso que atraviesa este sector, pero matiza parte del relato político: "Nadie quiere que la OTAN deje de existir ni que desaparezca la alianza con Estados Unidos", asevera.

Marc López Plana Marc López Plana 19 de abril de 2026
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Camille Grand, secretario general de la ASD (derecha) y Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública' (izquierda). | CIDOB
Camille Grand, secretario general de la ASD (derecha) y Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública' (izquierda). | CIDOB
Europa discute cómo rearmarse, cómo coordinar su industria y hasta qué punto puede ganar autonomía sin romper su vínculo con EE. UU. De todo ello conversé en Barcelona, en el marco de la conferencia internacional War and Peace in the 21st Century de CIDOB, con Camille Grand, secretario general de la Aerospace, Security and Defence Industries Association of Europe (ASD) y antiguo secretario general adjunto de la OTAN para inversión en defensa: cómo reforzar su seguridad sin perder de vista ni sus límites industriales ni su vínculo con EE. UU. A lo largo de la entrevista, Grand rebaja algunos lugares comunes sobre la fragmentación del sector, defiende que entre la UE y la OTAN está surgiendo "una división natural del trabajo" y sitúa el foco en la necesidad de coordinar mejor la demanda, acelerar la producción y pensar con más ambición las capacidades europeas.

Al mismo tiempo, no se pueden olvidar los cambios que está imponiendo la guerra de Ucrania, el papel creciente de la inteligencia artificial y la tensión entre autonomía estratégica y dependencia atlántica. Grand, que también es profesor en la Sciences Po de París, insiste en que Europa tiene base industrial y tecnológica para adaptarse, pero avisa de que el debate solo será útil si va acompañado de inversión, planificación y una idea más clara de qué defensa quiere construir en los próximos años.
 

Camille Grand durante su intervención en la conferencia internacional 'War and Peace in the 21st century' de CIDOB. Foto: CIDOB


¿Qué haría falta para que la industria europea de defensa estuviera menos fragmentada?

La fragmentación es una herencia histórica, por lo que no es fácil de superar. La mayoría de los países europeos tienen sus propios arsenales y sus propios campeones nacionales y, ahora que están aumentando su gasto en defensa, también esperan que esas empresas se beneficien de esa inversión. Es comprensible: los políticos quieren que el dinero de los contribuyentes, ya sea nacional o europeo, apoye a la industria nacional.

"La imagen no está tan fragmentada como a veces se sugiere, y además la competencia también tiene valor, porque puede ayudar a bajar los precios"
Dicho esto, ya han pasado muchas cosas. Ha habido consolidación en varios ámbitos. En el terreno militar, Europa solo cuenta con un puñado de fabricantes de aviones y un puñado de fabricantes de carros de combate. Así que la imagen no está tan fragmentada como a veces se sugiere, y además la competencia también tiene valor, porque puede ayudar a bajar los precios.

Donde hace falta más consolidación es en la demanda y, en cierta medida, en la oferta. En algunos casos, una única convocatoria o una única oferta común puede ayudar a reducir costes y permitir que la industria se concentre en un solo producto en lugar de en varios paralelos. Ya lo hemos visto en el ámbito de los misiles, donde Europa cuenta ahora con un campeón claro, y con el tiempo podríamos ver una evolución parecida en otros campos.

En última instancia, el objetivo debe ser avanzar más rápido y de forma más barata, porque eso es lo que los ministerios de Defensa necesitan de la industria. La Unión Europea puede desempeñar aquí un papel útil creando incentivos para la contratación conjunta, especialmente en los sistemas de armas más complejos, donde un solo cliente nacional sencillamente no basta. En esos casos, hacen falta varios países actuando juntos, pero ya existen precedentes como la flota multinacional de aviones cisterna, operada conjuntamente por ocho países europeos. El reabastecimiento en vuelo es un buen ejemplo de una capacidad costosa pero crítica: hace unas décadas no existía una verdadera opción europea, mientras que hoy sí la hay, y hasta los países más pequeños pueden participar en ese tipo de proyectos.

¿Qué opina de este debate sobre una "europeización" de la OTAN? El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dicho que Europa necesita sus propias fuerzas militares. En términos de defensa y de industria de defensa, ¿qué tiene más sentido?

Tenemos que reconocer las fortalezas de ambas organizaciones. La OTAN hoy es buena en dos cosas, dejando la política a un lado por un momento. La primera es el mando y control de operaciones. Hay 15.000 oficiales y suboficiales en las estructuras de la OTAN que son muy buenos planificando y dirigiendo operaciones. La segunda es la planificación de capacidades, es decir, pensar qué es lo que se necesita.

La UE, en cambio, es mejor en política industrial. Es mejor apoyando la investigación y la innovación. Tiene dinero, mientras que la OTAN no dispone de grandes presupuestos que pueda utilizar del mismo modo. Por eso creo que, en el contexto actual, está surgiendo una división natural del trabajo.

Lo que decía el presidente Sánchez, y creo que es realmente interesante, además de que no es el único que lo plantea, es si en el entorno político y estratégico actual necesitamos ir más allá de esta división tradicional del trabajo.
 

López Plana y Grand dialogan acerca del papel de la OTAN y la UE en la defensa de Europa. Foto: CIDOB


¿Como Macron?

Sí, pero Macron lleva unos diez años defendiendo públicamente la autonomía estratégica. Al mismo tiempo, ahora también se ha mostrado como un firme partidario de la europeización de la OTAN. Así que creo que en este momento tenemos un debate abierto, y eso es saludable, porque estamos en un entorno muy distinto.

La cuestión es que la mayoría de los europeos, e incluiría ahí a Macron y a Sánchez, no está defendiendo que la OTAN deba desaparecer. Nadie quiere que la OTAN deje de existir ni que desaparezca la alianza con Estados Unidos. Si hoy se cuestiona, es por declaraciones y decisiones tomadas en Estados Unidos.

Pero eso no significa que tengamos que abandonar la idea de una integración más profunda dentro de la UE. Probablemente no. Probablemente queremos ser también más capaces de hacer cosas en el marco de la UE.

"La parte difícil será equilibrar dos tendencias que hoy están sobre la mesa y que pueden reforzarse mutuamente o competir entre sí"
La parte difícil será equilibrar dos tendencias que hoy están sobre la mesa y que pueden reforzarse mutuamente o competir entre sí. Una es la transformación de la OTAN en una organización más europea. Eso ya está tomando forma: más puestos de mando están en manos de generales europeos y se están asignando a europeos más responsabilidades en la defensa convencional de Europa. Pero esto está ocurriendo a un ritmo relativamente lento y sin una planificación muy deliberada.

Por eso tenemos que pensar seriamente cómo sería una Europa con un Estados Unidos menos implicado. Y si podemos mantener una conversación abierta sobre ello entre aliados, Estados Unidos incluido, y decir: dentro de cinco años queremos estar aquí, dentro de diez años queremos estar allí, y para entonces probablemente Estados Unidos ya no estará tan presente en Europa como lo está hoy y como lo ha estado durante los últimos ochenta años.

Junto a eso está la vía de la UE. ¿Hay margen para que la Unión Europea añada capacidades, apoye la adquisición de armas y munición y, posiblemente, pueda planificar o desplegar una fuerza propia de la UE, especialmente si la OTAN no funcionara bien? Durante los últimos veinticinco años, desde el lanzamiento de la Política Común de Seguridad y Defensa, el foco ha estado en la gestión de crisis fuera de Europa: ayudar a países africanos a desarrollar capacidades militares, mantenimiento de la paz, lucha contra la piratería. Así que la pregunta ahora es si tiene sentido asumir más responsabilidad dentro de Europa.

Creo que ese debate es importante. Es exigente, porque la UE hoy no está plenamente equipada para ello. Pero importa, aunque solo sea para asegurarnos de que, si las cosas se complican mucho dentro de la OTAN, la UE no se vea desprevenida.

Al final, todo esto depende de que los europeos inviertan lo suficiente en defensa y desarrollen las capacidades que necesitan. De lo contrario, podemos mantener un debate teológico sobre si la OTAN o la UE es el mejor marco y fracasar por completo. Si hacemos los deberes —gastar más, adquirir las capacidades adecuadas, identificar dónde dependemos demasiado de Estados Unidos—, entonces podremos tener esta conversación sobre una base más sólida.

Por último, si no optamos por la vía de la OTAN, la UE también tendrá que pensar seriamente cómo trabajar con países como Reino Unido, Noruega y Turquía.

¿Puede Europa absorber el actual aumento del gasto en defensa sin depender en gran medida de proveedores estadounidenses?

Sí, pero tenemos que ser realistas sobre el punto de partida. Durante más de veinte años, muchas industrias europeas de defensa eran relativamente pequeñas, estaban centradas en clientes nacionales, sufrían poca presión en los plazos de entrega y a menudo estaban orientadas a los mercados de exportación. Esa realidad ha cambiado muy deprisa. Ahora necesitan producir más rápido, en mayores cantidades y cada vez más para clientes europeos.

"No dudo de que la industria europea sea capaz de responder a la demanda de los ministerios de Defensa europeos"
Ese es un escenario nuevo para muchas empresas, pero confío en que pueden adaptarse. Hay que recordar que Europa también tiene capacidades industriales de primer nivel en sectores civiles cercanos. Las capacidades existen y, en muchos casos, están presentes en las mismas empresas. Así que no dudo de que la industria europea sea capaz de responder a la demanda de los ministerios de Defensa europeos.

En algunos ámbitos, ese ajuste ya está en marcha. La munición es un buen ejemplo: Europa ha logrado encauzar la producción de proyectiles de artillería de 155 mm. En otros campos llevará más tiempo, porque no se puede aumentar la producción de cazas o misiles avanzados del mismo modo que se aumenta la de proyectiles o coches. Pero ese proceso ya ha comenzado, y creo que Europa llegará ahí en los próximos meses y años.

También hay algunas capacidades muy específicas en las que Europa aún necesita tiempo no solo para aumentar la producción, sino para desarrollar el propio producto. En esos casos, el horizonte puede ser de cinco a diez años, y no de unos pocos meses. En el corto plazo, todavía puede haber situaciones en las que se recurra a un proveedor no europeo para cubrir una necesidad urgente. Sin embargo, eso no debería llevarnos a infravalorar a la industria europea. Sus desafíos son reales, pero sus competidores afrontan limitaciones parecidas, también en Estados Unidos.
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Camille Grand, secretary general of ASD (right), and Marc López Plana, editor and director of 'Agenda Pública' (left).
Camille Grand, secretary general of ASD (right), and Marc López Plana, editor and director of 'Agenda Pública' (left). | CIDOB
Denk conversa con el director y editor de 'Agenda Pública', Marc López Plana.
Denk conversa con el director y editor de 'Agenda Pública', Marc López Plana. | Agenda Pública / Tsun Ho
¿Cómo debería combinar Europa un rápido aumento del gasto con el hecho de que la propia guerra está cambiando?

Tenemos que hacer varias cosas al mismo tiempo.

Primero, tenemos que apoyar a Ucrania, porque eso está directamente vinculado a nuestra propia seguridad y es urgente.

Segundo, tenemos que reconstruir la preparación de nuestras propias fuerzas. Eso significa munición, repuestos, formación y todos los elementos básicos de la preparación militar. Buena parte de eso sigue teniendo que ver con capacidades convencionales, pero sigue siendo absolutamente necesario.

Tercero, tenemos que construir masa y capacidad para actuar con mayor autonomía. Eso significa invertir en facilitadores críticos como el reabastecimiento en vuelo, la vigilancia aérea, los grandes drones y las capacidades espaciales. Son ámbitos caros y requieren tiempo, pero la tecnología existe en Europa y tenemos que movernos rápido.

Cuarto, tenemos que prepararnos para el futuro. La guerra de Ucrania ha cambiado el carácter de la guerra terrestre. Europa necesita comprender el papel que van a desempeñar los sistemas no tripulados y la inteligencia artificial, para no limitarse a comprar capacidades de ayer, sino innovar también para el campo de batalla de mañana.

Eso también exige una relación distinta entre los gobiernos y la industria. En lugar de comprar un número fijo de sistemas en un único ciclo de adquisición, puede que los gobiernos tengan que pensar más en términos de mantener capacidad industrial y adaptación continua.

"La verdadera pregunta puede no ser si se pueden producir 100.000 hoy, sino si se podrían producir 100.000 al mes si fuera necesario"
Con los drones, por ejemplo, la verdadera pregunta puede no ser si se pueden producir 100.000 hoy, sino si se podrían producir 100.000 al mes si fuera necesario. En Ucrania, el software se actualiza semanalmente y el hardware evoluciona casi cada mes. Europa necesita volverse mucho más ágil.

¿Las empresas de inteligencia artificial están pasando a formar parte de la industria de defensa?

Sí, de una forma u otra. Hoy en Europa hay dos grandes tipos de actores. Por un lado, están las empresas de defensa ya consolidadas, especialmente las que ya eran fuertes en electrónica y ciberseguridad, que están reforzando sus capacidades en inteligencia artificial y compitiendo por atraer a los ingenieros adecuados. Por otro lado, hay un número creciente de startups y nuevos actores que están desarrollando soluciones muy prometedoras.

Todo esto sigue evolucionando y muchas de esas soluciones aún tienen que ponerse a prueba. Algunas ya se están probando o utilizando en Ucrania. La inteligencia artificial va a transformar nuestras vidas y también va a transformar la defensa.

"Sería prudente no trazar una línea demasiado tajante entre lo viejo y lo nuevo. La mayoría de las empresas tradicionales de defensa son ya altamente tecnológicas"
Lo más difícil de prever es si los principales ganadores serán empresas completamente nuevas que escalen desde el mundo startup o firmas tradicionales de defensa que integren la IA en sus sistemas ya existentes. Mi impresión es que habrá un alto grado de colaboración. Las empresas consolidadas necesitarán la innovación de los recién llegados, y estos, a su vez, a menudo necesitarán el conocimiento industrial de los fabricantes tradicionales cuando se trate de escalar la producción de hardware.

Por eso sería prudente no trazar una línea demasiado tajante entre lo viejo y lo nuevo. La mayoría de las empresas tradicionales de defensa son ya altamente tecnológicas. Muy pocas son simplemente compañías de industria pesada en el sentido clásico; dependen en gran medida de la electrónica, el software y la integración de sistemas complejos.
 

Conocedor del ecosistema de la industria de defensa europea, Grand pide no infravalorarla. Foto: CIDOB


¿Cómo ve el papel del Estado dentro de la industria de defensa, especialmente tras los debates recientes en torno a empresas como Indra y Leonardo?

En toda Europa, la industria de defensa ha cambiado mucho, aunque no en todas partes al mismo ritmo. En muchos países, el sector estaba antes dominado por empresas estatales. Hoy, cada vez está más definido por capital privado, empresas privadas y directivos procedentes del sector privado. Los actores puramente estatales en defensa son mucho más raros de lo que solían ser.

Dicho esto, todavía hay casos, especialmente en el sur de Europa y en algunas partes de Europa central, en los que el Estado mantiene una participación y cierto grado de influencia. Eso no significa automáticamente una mala gestión. Ser nombrado por un gobierno no significa que alguien no tenga talento o capacidad. En muchos casos, estos directivos son muy buenos.

"La cuestión de fondo es que a las empresas hay que dejarles funcionar como empresas. La defensa es, por supuesto, un sector especial, pero la interferencia política nunca es ideal"
La cuestión de fondo es que a las empresas hay que dejarles funcionar como empresas. La defensa es, por supuesto, un sector especial, pero la interferencia política nunca es ideal. Si el Gobierno es accionista y tiene preocupaciones legítimas, eso forma parte de la vida normal de una empresa. Pero cuando las decisiones se toman únicamente por consideraciones políticas, surgen tensiones.

Al mismo tiempo, las empresas no pueden pedir al Estado que les resuelva todos los problemas, las proteja de la competencia o intervenga cada vez que les convenga. En conjunto, creo que Europa tiene una situación relativamente estable, aunque las fricciones recientes muestran que los gobiernos siguen queriendo vigilar de cerca a las grandes empresas de defensa.

Pensemos en Francia: no hace tanto, casi todo el sector de defensa era estatal. Hoy la propiedad pública es mucho más limitada, a menudo reducida a una pequeña participación, y no recuerdo interferencias políticas directas recientes en el nombramiento de consejeros delegados del sector. Otros países siguen en algún punto de esa transición.

¿Veremos más consolidación transfronteriza en el sector europeo de defensa?

Probablemente sí. En este momento seguimos viendo mucha consolidación dentro de los mercados nacionales, pero creo que es probable que haya más consolidación transfronteriza.

"La verdadera pregunta es si una fusión refuerza la capacidad industrial y la capacidad de Europa para suministrar capacidades, o si simplemente busca eliminar la competencia"
No tengo un caso concreto en mente, pero el sector es dinámico y es perfectamente posible que algunos de los grandes contratistas principales identifiquen empresas en el extranjero que refuercen sus carteras. El punto clave es que los gobiernos deben juzgar esas operaciones por sus méritos, no desde una perspectiva ideológica. La verdadera pregunta es si una fusión refuerza la capacidad industrial y la capacidad de Europa para suministrar capacidades, o si simplemente busca eliminar la competencia.

Históricamente, ha habido casos exitosos de consolidación y otros que no funcionaron. Las operaciones transfronterizas suelen ser más difíciles, pero ya existen ejemplos sólidos que demuestran que es posible construir un gran campeón europeo que, además, sea multidoméstico.

Ese es probablemente el modelo que debemos tener en mente. Si observa empresas como Airbus, Thales o Leonardo, verá que tienen presencia mucho más allá de sus países de origen. En algunos casos, incluso se las considera campeones nacionales en más de un país. Esa es la dirección en la que Europa puede avanzar cada vez más.

Muchas gracias.
En alianza con
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación