Creímos que el verano sería fatal. Pero no fue así. Pedro Sánchez aguantó. El verano fatal fue el escaparate de los gobiernos PP-Vox en Extremadura, Castilla y León y Murcia. El fuego, la xenofobia y, sobre todo, la fuerza de la gravedad política lograron que el presidente del Gobierno llegara vivo a septiembre. En España rige el principio numantino: resistir es vencer.
El que resiste, gana, afirmó Cela en más de una ocasión, incluida la entrega del Nobel de Literatura. Hoy, la frase podría estar acuñada en el frontispicio de la Corte de los Leones, el portal de la Moncloa y la sala de juntas del PSOE en la calle Ferraz.
"El punto agónico y trágico de la vida encanta: Sánchez ha demostrado una gran capacidad de resistencia y en estos momentos está más fuerte que en 2023"
Toda la pintura española, de Velázquez a Solana, de Goya a Genovés, nos habla de esa pulsión como algo presente en los genes de la sociedad española desde el principio del verbo. El tipo que resiste gusta. El punto agónico y trágico de la vida encanta, seduce, legitima. Sánchez ha demostrado una gran capacidad de resistencia y en estos momentos está más fuerte que en 2023. Ya hemos dicho aquí que el PSOE está acostumbrado a arrancarse el corazón, permitir que lo apuñalen, recolocarlo en su costado y, aun así, lograr que vuelva a latir con más fuerza que antes.
Además, el partido ha demostrado tener una recuperación espectacular en los sondeos. El 35% ha dejado de ser un mito y ha pasado a convertirse en un reto, siempre que no se pierdan de vista los 900.000 votos que
bailan como una moneda que no se decanta por PSOE o PP hasta el día del juicio final. Pero
la política tiene sus inercias, cada partido gravita en una determinada órbita y hoy, la astrofísica política nos indica que la fuerza gravitacional del PSOE es
inversamente proporcional a la debilidad del PP.
La competición de las cuatro derechas
Orden y libertad (La esfera de los libros, 2025). En la derecha está cristalizando un problema, nos dice en su último libro José María Aznar, que sigue apostando por la democracia liberal frente a los populismos. Orden y libertad. Sin orden, es imposible que haya libertad, afirma Aznar, que cita el último libro de Robert Kaplan, Tierra Baldía (RBA, 2025). Conviene embridar a esa derecha —viene a decir el fundador del PP— que se escapa del orden y de la libertad, cuando el liderazgo de Feijóo llega a sus límites y Vox se acerca cada día más a los populares. El sorpaso se conjuga todos los días en la séptima planta de la sede popular en la calle Génova.
En ese contexto, Junts reclama su papel en la obra shakespeariana de esta legislatura. Orden y libertad. Junts celebrará una consulta entre su militancia para decidir si rompe con el PSOE y es capaz de construir su propio sistema electoral para ganar en Catalunya algún día. La fortaleza de Sánchez es también la debilidad de Junts, abrasado por el crecimiento de Aliança Catalana.
La serenidad ha sido la primera reacción de Pedro Sánchez. Resistencia y serenidad son buenas armas de contención frente a las amenazas de Junts. Serenidad y resistencia que tumban día sí y día también cualquier aviso de Míriam Nogueras emitido desde su escaño, cualquier despecho expresado en el Congreso de los Diputados,
incluido el cambio de hora o la hora del cambio.
"Este mes, Trump ha nombrado a Sánchez en tres ocasiones. Tres avisos que son tres espaldarazos al PSOE de cara a las próximas elecciones"
Los de Junts se han reunido con Carles Puigdemont en Perpiñán este fin de semana para dirimir los pasos a dar antes de que el Gobierno de coalición presente los próximos presupuestos generales del Estado. El que resiste gana. Pedro Sánchez ha vuelto a mudar de piel tras la última cumbre de la OTAN y la mesa de paz
en Egipto. Ha sido reconocido por el emperador Trump como un adversario con un crecimiento del PIB envidiable.
El presidente de EE. UU. le da más oxígeno ante la oposición, ungiéndolo con la espada del valor, cada vez que cita su nombre en una rueda de prensa. Este mes, Trump
ha nombrado a Sánchez en tres ocasiones. Tres avisos que son tres espaldarazos al PSOE de cara a las próximas elecciones.
El apoyo de Junts durante la investidura del presidente se ha convertido en el abrazo del oso de Sánchez a Junts: un partido convergente con una anomalía intermitente y titilante llamada Carles Puigdemont. En la correlación de fuerzas que mueve el péndulo de la política catalana, hay quien cree que romper con Sánchez es liberarse de Aliança Catalana. Pero el argumentario de la alcaldesa de Ripoll se declina desde la xenofobia antes que desde el independentismo; desde la economía iliberal antes que desde las políticas de la identidad.
Junts no sabe cómo desentenderse del PSOE para volver a ocupar el poder que ahora detenta el
PSC. Por ello, Carles Puigdemont
agoniza en un laberinto y no puede observar el rostro de Silvia Orriols —la gorgona catalana—, sin caer antes petrificado.
El pospujolismo primero y el procés después han dado paso, en Catalunya, a una guerra de poder que se juega entre cuatro partidos de la derecha
cuya sola existencia impiden que uno de ellos —Junts— pueda retornar a la Generalitat durante mucho tiempo. Mientras Míriam Nogueras acumula dividendos de
agresividad parlamentaria, su partido pierde escaños en Catalunya,
a favor de potenciales y agresivos independentistas residentes en las masías de Olot, encantados de desacreditar el constitucionalismo catalanista de Salvador Illa.
Un nuevo escenario
Estamos ante una nueva fase de la legislatura, con presupuestos o sin ellos.
La debilidad parlamentaria de Sánchez ya no es obstáculo para gobernar. Se ha convertido en un complemento circunstancial. El vector político que marca el nuevo rumbo es más humano y menos sofisticado de lo que algunos se imaginan. El que resiste gana. Y para resistir no es necesario tener miedo. E
l PSOE se ha desentendido del miedo. Del miedo a Trump, al PP o a Junts.
Un Gobierno se hace más fuerte cuanto más gobierna, día a día, ya sea desde el Congreso o desde la Moncloa. La apuesta decidida por una legislatura larga ha restado presión al ejecutivo. La fortaleza del Gobierno ya no procede de una brújula, sino de un mapa donde está escrito el 2027 como año de referencia. El mapa ha restado presión judicial y mediática al gobierno y con un 3% de crecimiento de su PIB, ni siquiera Donald Trump puede poner muchas trabas a Pedro Sánchez. Y ese es el mensaje que transmite el Gobierno hacia dentro y hacia fuera, hacia sus socios de investidura, incluida Junts, y hacia los Veintisiete. Tras un verano fatal, el PSOE se reconduce con más señales de fortaleza.
Y de lo que haga Junts, qué más dará.