Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

El problema de Junts no es Sánchez, es Aliança Catalana

"Hasta un 5% del electorado actual de Junts se iría a Aliança Catalana". Mario Ríos, experto en comportamiento electoral, interpreta la reciente petición de una moción de confianza a Pedro Sánchez como una estrategia para evitar la fuga de votos que se estaría desplazando hacia su derecha. Según Ríos, el partido de Puigdemont afronta el dilema que desde hace años desafía a la derecha europea respecto al auge de las opciones de ultraderecha.

Mario Ríos Fernández Mario Ríos Fernández 13 de diciembre de 2024
Añadir AgendaPública en Google
Puigdemont reclamó esta semana que Sánchez se sometiera a una cuestión de confianza en el Congreso de los Diputados. | Wiktor Dabkowski / Zuma Press / ContactoPhoto
Puigdemont reclamó esta semana que Sánchez se sometiera a una cuestión de confianza en el Congreso de los Diputados. | Wiktor Dabkowski / Zuma Press / ContactoPhoto
Sánchez debe someterse a una cuestión de confianza. Esta es la última petición que Puigdemont formuló después de la reunión de su núcleo duro de cara a fijar la estrategia negociadora para los PGE de 2025 y que cayó en saco roto a las pocas horas. Lejos de ser un golpe de efecto, es el enésimo giro de guion y toque de atención que Junts le da al PSOE y al Gobierno. Su intención es forzar una mejor posición negociadora de cara a futuro, aunque el resultado sea el de generar una mayor inestabilidad política a nivel estatal y la sensación de que la legislatura vive en una auténtica provisionalidad.

Sin embargo, esta dinámica conflictiva entre el PSOE y los partidos independentistas es común desde la moción de censura que llevó a Sánchez a la Moncloa en 2018. Los años del procés, siempre se caracterizaron por una estrategia de la tensión que llevaba al independentismo catalán a poner en peligro la legislatura en cada negociación, especialmente cuando tanto Junts como ERC asumieron que debían hacer política en el Congreso de cara a defender sus posturas políticas y los intereses de Catalunya. 

"Junts, a pesar de su apoyo inicial a la investidura de Sánchez, ha decidido tensionar la legislatura en cada votación. Lo hace repitiendo el mantra de que ellos son quienes mejor defienden a Catalunya"
Pese a que la nueva etapa en Catalunya, bajo la dirección del presidente Illa, parece estar más basada en el acuerdo, la negociación y la no confrontación, además de en un cambio de prioridades políticas, económicas y sociales en el seno de la sociedad catalana, el independentismo catalán la ha encarado de manera diversa. Mientras que ERC ha asumido la correlación de fuerzas que evitó in extremis un Gobierno de la derecha tradicional con la derecha radical en España y apoya, tras negociarlas conjuntamente, la mayor parte de las iniciativas legislativas del Ejecutivo de Sánchez. Junts, a pesar de su apoyo inicial a la investidura de Sánchez, ha decidido tensionar la legislatura en cada votación. Lo hace repitiendo el mantra de que ellos son quienes mejor defienden a Catalunya y que el Gobierno central no cumple sus promesas ni tiene una agenda para la región, pero con la intención oculta de dificultar la acción de Gobierno de Illa, tan dependiente de algunas decisiones que deben tomarse en el Congreso.

¿Es acertada esta estrategia de la tensión que Junts está llevando a cabo? Repasando los últimos datos publicados en el Centre d’Estudis d’Opinió, publicados este mes de noviembre, parece una estrategia como mínimo equivocada por parte del partido de Puigdemont. Veamos algunos datos: la estimación electoral de la encuesta ofrece un descenso del porcentaje de votos de Junts tanto para el Parlament de Catalunya como para el Congreso. Los de Puigdemont seguirían siendo segunda fuerza como el 12M, pero pasando de un porcentaje de voto superior al 21% a instalarse en un 18,5% de media, bajando entre dos y cinco escaños; en unas generales Junts también bajaría y podría dejarse dos de los siete escaños que obtuvo en el Congreso. 

"Sánchez aprueba entre el electorado de Junts con un cinco sobre diez y casi un 40% valora su actuación política con más de un seis"
Pero más allá de la estimación electoral, que siempre puede estar contaminada por múltiples factores políticos y sociales, otros datos, centrados en la figura de Sánchez y en la valoración del Gobierno central, apuntan a que Junts podría estar errando el tiro. Sánchez aprueba entre el electorado de Junts con un cinco sobre diez y casi un 40% valora su actuación política con más de un seis. La tasa de aprobación, es decir, porcentaje de votantes que lo valoran con un cinco o una nota superior, es del 67,4%.
 

Claramente, Sánchez es una figura popular entre el votante de Junts que además lo prefieren claramente como presidente: cuatro de cada diez votantes de Junts se inclinan por Sánchez como su líder preferido para presidir el Gobierno de España (más que el 29% que se escoge la opción
ninguno). Por último, el 55% de los votantes de Junts aprueban la gestión del Gobierno central (60% los de ERC) y lo valoran con un cuatro y medio sobre diez, una nota cercana al aprobado. La conclusión es clara: los votantes de Junts no parecen tener una opinión negativa respecto a Sánchez ni a su Gobierno, más bien al contrario.
 

¿Qué explicación puede tener entonces esta estrategia que parece ir a la contra de las preferencias de una mayoría de votantes de Junts? La explicación la encontramos en el dilema que están viviendo las derechas tradicionales a lo largo y ancho de Europa y que en Catalunya, en el seno del nacionalismo catalán, toma la forma en la competición política entre Junts y AC. Los posconvergentes intentan taponar la fuga hacia la derecha radical nacionalista catalán de Orriols y recuperar los votos que perdieron el 12M hacia ella. 

Las pasadas elecciones catalanas mostraron cómo Junts, pese a obtener la segunda posición y captar hasta 50.000 sufragios que en 2021 se inclinaron por ERC, perdió una cantidad significativa de votos, especialmente en la Catalunya interior, en Girona y en la Plana de Lleida, donde Junts es la primera opción electoral, en favor de Aliança Catalana. Esto permitió a dicha formación obtener representación electoral por primera vez en su historia. Diversos estudios poselectorales estiman que más de una cuarta parte del voto a Aliança Catalana en 2024 proviene de CiU, lo que sitúa en torno a 30.000 los votos, de los 118.000 que obtuvo Orriols en 2024, que procederían de votantes de Junts en 2021.

"La fuga de voto posconvergente hacia Aliança Catalana sigue reforzándose, según los datos demoscópicos del CEO. Hasta un 5% del electorado actual de Junts se iría a Aliança Catalana"
Esta fuga de voto posconvergente hacia Aliança Catalana, lejos de detenerse, sigue reforzándose, según los datos demoscópicos del CEO. Hasta un 5% del electorado actual de Junts se iría a Aliança Catalana si se volvieran a celebrar elecciones al Parlament de Catalunya. En números absolutos, eso significaría más de 33.000 votos. El saldo entre ambas formaciones es positivo para la derecha radical independentista, ya que, pese a que Aliança Catalana perdería también un 5% de su voto en 2024 hacia Junts, esto no es más que 5.900 votos, lo que arrojaría una diferencia de más de 27.000 votos en beneficio de los de Orriols.


Pero no solo las transferencias de voto nos muestran el problema que Junts tiene con Aliança Catalana y los vasos comunicantes existentes entre ambas formaciones. Otras variables nos consolidan esta idea: la primera de ellas es la referente a las segundas opciones de voto. Pese a que la primera segunda opción de voto para el electorado de Junts es ERC, aquellos que optarían por Orriols ascienden a un 13%, es decir, más de 60.000 votantes de 2024 piensan en Aliança Catalana como segunda opción. Además, por si esto no fuera poco, la mitad de los que votaron a Orriols en las pasadas elecciones al Parlament de Catalunya votarían como segunda opción a Junts, lo que dibuja también un contingente de voto (unos 60.000 también) a los que Junts podría apelar y a través de los cuales podría crecer electoralmente.

Un dato destacado está relacionado con el conocimiento y la valoración de liderazgos. Silvia Orriols es conocida por el 54% del electorado catalán, pero alcanza un nivel de notoriedad especialmente alto entre los votantes de Junts, donde ocho de cada diez afirman saber quién es. Además, estos votantes posconvergentes son los que mejor la valoran después de su propio electorado, con una puntuación promedio de 8,1 sobre 10. Aunque los votantes de Junts le otorgan una media de 4,2, la distribución de las valoraciones revela una división interesante: un 26,7% la puntúa con un seis o más, mientras que un 21,2% la aprueba con un cinco. Esto suma un índice de aprobación del 47,9%, frente a un 44,1% que la suspende con notas entre cero y cuatro.

Las valoraciones de Orriols entre los votantes de Junts contrastan con su imagen a nivel general. En el conjunto del electorado, genera un gran rechazo, con una puntuación media de 3,3 sobre 10 y el tercer índice de rechazo más alto: un 53% la suspende.

En cuanto al liderazgo de Puigdemont, los votantes de Aliança Catalana lo valoran con una media de 5,1, la segunda nota más alta después del 5 que recibe de los votantes de ERC y lejos del 8,1 que le otorgan los votantes de Junts. Además, la tasa de aprobación de Puigdemont entre los votantes de Aliança Catalana supera el 70%.
 

Por último, el votante de Orriols muestra una actitud claramente adversa a los socialistas como corroboran estas cifras. Este es un dato importante de cara a entender la estrategia de Junts en Madrid, los votantes de Aliança son de los que peor valoran a Pedro Sánchez (3,3) y a Salvador Illa (4,2), después de los de Vox, y también de los que peor puntúan tanto al ejecutivo catalán (3,8) como al Gobierno central (2,9). 

"El votante de Orriols muestra una actitud claramente adversa a los socialistas. Este es un dato importante de cara a entender la estrategia de Junts en Madrid"
Esta compleja relación entre ambas formaciones, además, se produce en un contexto en que Aliança Catalana es el único partido que crece en estimación de voto después de la investidura de Illa y de que la tensión electoral se haya disipado en Catalunya. La derecha radical independentista podría doblar su representación y pasar hasta a siete diputados con un 5% de voto estimado (dos puntos más de los que obtuvo el 12M). El resto de los partidos, Junts entre ellos, se muestran estancados o a la baja fruto de la baja movilización electoral: la apatía política y la desmovilización consiguiente no parecen afectar a la formación liderada por Orriols que surfea el espíritu de reaccionario de época que estamos viviendo. 
 

Junts tiene, por lo tanto, como cualquier derecha tradicional europea, tiene un problema real con su competidor más a la derecha. El análisis de sus votantes nos lo ha mostrado claramente: existe un grupo más proclive a mantener y apoyar el Gobierno central y los que empiezan a oír los cantos de sirena que provienen de Ripoll. Ante esto, Junts, como el PP en el caso de Vox, debe elegir entre acomodar, asimilarse o combatir a la derecha radical contra el que compite. Es el mismo dilema que afronta el PP con Vox y que vive la derecha tradicional europea en prácticamente cada país, solo que en Catalunya ha llegado más tarde.

Ante esta realidad, Junts, liderado por Puigdemont, parece haber optado por radicalizar su discurso y propuestas para frenar la fuga de votantes hacia Aliança Catalana y recuperar el terreno perdido tras las elecciones del 12M. Esta estrategia se centra en endurecer su postura en temas como seguridad e inmigración, dos de las principales preocupaciones de los votantes de Orriols y de los antiguos simpatizantes posconvergentes que han migrado hacia Aliança Catalana. Además, esta escalada discursiva se extiende al Congreso de los Diputados, donde Junts adopta un tono más confrontacional que no solo pone en riesgo la estabilidad de la legislatura, sino que también favorece el crecimiento del PP y Vox, y amenaza los consensos de país en Catalunya. Todo ello con el objetivo de atraer a un electorado antisocialista que resultó clave en su pérdida de apoyo el pasado mayo.
Mario Ríos Fernández
Mario Ríos Fernández
Analista político y profesor de la Universitat de Girona
Politólogo y analista político experto en comportamiento electoral. Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional.
Participación