Martes, 28 de julio de 2026
POLÍTICA DE VIVIENDA

Propiedad asequible frente a alquiler social: el salvavidas de Europa para un futuro incierto

El arquitecto Fernando Caballero propone mirar a las políticas europeas en materia de vivienda. Nuestros vecinos europeos han asumido que "el futuro no será tan próspero como lo fue el pasado" y ante tal escenario se asume que "la vivienda se convierte en mucho más que un techo". Repasando ejemplos de otras políticas públicas, pone sobre la mesa la necesidad de pasar del alquiler a la propiedad, porque "en un escenario de decrecimiento económico, ¿quién tendrá derecho a subir al bote salvavidas de la propiedad asequible?".

Fernando Caballero Mendizabal Fernando Caballero Mendizabal 15 de octubre de 2025
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La vivienda en propiedad puede ser como un bote salvavidas ante tiempos inciertos. | Unsplash / Ivo Marinkov
La vivienda en propiedad puede ser como un bote salvavidas ante tiempos inciertos. | Unsplash / Ivo Marinkov
Hace apenas unas semanas, el Reino Unido anunció un ambicioso plan de construcción de 100.000 viviendas en propiedad. No hablamos de promociones de lujo ni de torres financieras: se trata de vivienda asequible, destinada a jóvenes y trabajadores que, en un mercado cada vez más hostil, tienen enormes dificultades para emanciparse. La paradoja es que esta medida la impulsa un Gobierno laborista, heredero de una tradición de defensa del parque público de alquiler, pero que hoy reconoce que el futuro de Europa no se puede construir únicamente sobre el alquiler social.

"En España seguimos atrapados en el debate de si hay que reforzar el parque público en alquiler o promover la vivienda protegida en propiedad"
La noticia ha pasado relativamente desapercibida en la prensa española, donde seguimos atrapados en un debate circular: ¿hay que reforzar el parque público en alquiler o promover la vivienda protegida en propiedad? Lo que ocurre en otros países europeos, sin embargo, debería abrirnos los ojos. Desde los Países Bajos hasta Alemania, pasando por Dinamarca, la tendencia apunta en una dirección clara: reforzar la propiedad asequible como mecanismo de estabilidad social frente a un horizonte de creciente incertidumbre económica.

Un futuro menos próspero

Las sociedades europeas están interiorizando un diagnóstico incómodo: el futuro no será tan próspero como lo fue el pasado. El encarecimiento estructural de la energía, los enormes gastos de rearme militar en un continente que vuelve a sentir la amenaza en sus fronteras, la disrupción laboral que supondrá la inteligencia artificial… todo ello configura un escenario en el que las clases medias y bajas, particularmente los jóvenes y los inmigrantes, verán precarizadas sus condiciones de vida.

¿Quién se atrevería hoy a firmar que dentro de veinte o treinta años ningún político volverá a poner sobre la mesa una reforma de las pensiones? Mario Monti en Italia lo hizo no hace tanto, y la generación millennial sabe bien que el pacto social europeo tiene grietas cada vez más profundas.

"La propiedad se ve como el patrimonio mínimo que puede garantizar cierta estabilidad"
Ante ese panorama, la vivienda se convierte en mucho más que un techo, pasando a ser es un seguro —o un salvavidas—. La propiedad se interpreta como el patrimonio mínimo que puede garantizar cierta estabilidad cuando los demás mecanismos del Estado del bienestar flaqueen.

La fragilidad del alquiler social

Pensemos por un momento en el modelo de vivienda pública en alquiler. Sobre el papel, tiene todas las virtudes: garantiza el acceso a un techo asequible, evita la especulación y mantiene bajo control los precios del mercado. Sin embargo, ¿qué ocurrirá dentro de treinta años, cuando esas promociones requieran mantenimiento intensivo? ¿Podrá un Estado endeudado hasta el 100% de su PIB —como ya ocurre hoy en España, Francia o Italia— seguir sosteniendo un parque público de millones de viviendas?

"En ciudades europeas, el deterioro de barrios enteros de vivienda social ha convertido esas promociones en focos de conflictividad"
No hay que irse muy lejos para ver los riesgos.
En Madrid, hace apenas una década, cinco mil viviendas del parque público fueron vendidas a fondos buitre a golpe de decreto. En Berlín, incluso con gobiernos de izquierda, hace dos décadas esa cifra se elevó a más de 200.000. En Reino Unido, el programa de Right to Buy iniciado por Margaret Thatcher en los años ochenta convirtió en propietarios a cientos de miles de inquilinos sociales, pero al precio de desmantelar buena parte del parque público, lo que ha generado un déficit estructural hasta hoy. Y de paso, dobló el espinazo electoral del laborismo desde esa década. En otras ciudades europeas, el deterioro de barrios enteros de vivienda social ha convertido esas promociones en focos de conflictividad.

¿Qué nos garantiza que las viviendas públicas de alquiler seguirán siendo públicas, asequibles y habitables dentro de veinte o treinta años?

Centro y norte de Europa: propiedad como colchón social

En los Países Bajos, un país históricamente identificado con la vivienda social en alquiler, el giro hacia la propiedad asequible es ya evidente. Desde 2015 se han reducido los incentivos al parque público y se ha abierto un debate nacional sobre cómo facilitar la compra de vivienda a los jóvenes. La visión detrás de esto es la de que la propiedad es un estabilizador social frente a la creciente volatilidad económica.

En Baviera, como en buena parte de Alemania, las cooperativas y programas de propiedad compartida han ganado protagonismo. El modelo bávaro no renuncia al alquiler social, pero promueve un esquema híbrido en el que muchas de las nuevas promociones se destinan a la venta en condiciones protegidas. Como en Países Bajos, se otorgan avales y ayudas que aumentan de cuantía según el número de hijos para fomentar la natalidad. Debemos recordar que Baviera, con sus políticas socialcristianas, es posiblemente la región europea con mayor estabilidad política del continente, donde la CSU ha gobernado casi ininterrumpidamente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y esto se debe a un cóctel que busca el equilibrio de permitir que quienes acceden a la vivienda tengan un activo patrimonial sin caer en la trampa de la especulación.

"En Dinamarca, las cooperativas permiten acceder a una propiedad colectiva a costes muy inferiores al del mercado libre"
Dinamarca también ofrece un ejemplo interesante. Allí, las cooperativas de vivienda (
andelsboliger) permiten acceder a una propiedad colectiva con costes muy inferiores al del mercado libre. Aunque jurídicamente no son una propiedad plena, funcionan como un colchón patrimonial para amplias capas de la sociedad.

Además, Dinamarca lleva casi una década inmersa en planes muy agresivos de asimilación cultural de sus inmigrantes de origen musulmán. Los sucesivos gobiernos están interviniendo en los barrios de las afueras de Copenhague, creando un estatus jurídico diferenciado —que llegó a denominarse oficialmente gueto— para sus habitantes, y cambiando el mix social a base de privatizar parte de las viviendas sociales y construir nuevas promociones en régimen de propiedad.

Reino Unido tras el Brexit: amortiguadores sociales

La apuesta británica por la propiedad asequible no es casualidad. Tras el Brexit, Reino Unido ha experimentado una degradación económica acelerada, con una inflación persistente, una productividad estancada y crecientes desigualdades sociales. El recuerdo de la crisis del sur de Europa entre 2007 y 2012 planea sobre Londres, Manchester o Liverpool.

"Una hipoteca asequible es vista como un bote salvavidas, mientras que el alquiler público se percibe como un chaleco más inestable"
Por eso, el nuevo Gobierno busca amortiguadores sociales: si los jóvenes y trabajadores acceden a la propiedad, estarán mejor preparados para resistir un futuro incierto. Una hipoteca asequible es vista como un bote salvavidas, mientras que el alquiler público se percibe como un chaleco más inestable, dependiente de la voluntad política y de la capacidad presupuestaria de un Estado cada vez más presionado.


Antes de gritar "sálvese quien pueda", los gobiernos del norte de Europa están construyendo todos los botes salvavidas posibles en forma de pisos en propiedad asequible.
 

El primer ministro británico, Keir Starmer, junto a la secretaria de Estado de Vivienda, Angela Rayner. Foto: Oficina del primer ministro (Number 10)

España: setenta años de VPO

En España, esta discusión resulta paradójica. Llevamos siete décadas construyendo vivienda de protección oficial en propiedad, un modelo que se inició en los años cincuenta y que ha permitido a millones de familias acceder a un piso en condiciones reguladas. Sin embargo, en las últimas décadas hemos girado obsesivamente hacia el alquiler, bajo la influencia del discurso europeo sobre la necesidad de ampliar el parque público.

El problema en España es que nunca consolidó un verdadero parque estable en alquiler público
El problema es que España nunca consolidó un verdadero parque estable en alquiler público. Los experimentos de cesión a fondos privados, el deterioro de muchas promociones y la falta de financiación han hecho que ese modelo sea poco más que una promesa. En la práctica, el 80% de los hogares españoles siguen viviendo en propiedad, y lo hacen porque históricamente ha sido la única vía real de acceso a una vivienda estable.

Propiedad o alquiler en el tecnofeudalismo. Un futuro de hidalgos o siervos

Lo que está en juego no es solo una cuestión de tenencia, sino de estructura social. En un escenario de decrecimiento económico, ¿quién tendrá derecho a subir al bote salvavidas de la propiedad asequible? ¿Cómo se repartirán las plazas entre las diferentes clases sociales?

"Quien carezca de propiedad, quedará expuesto a la volatilidad del mercado o a la coyuntura política"
Al fondo del escenario se dibuja un futuro en el que tu capitalización futura la garantizará tu casa. La vivienda se convierte en un seguro frente a la incertidumbre, en una especie de hidalguía moderna que distingue entre quienes tienen patrimonio y quienes no. Quien carezca de propiedad, quedará expuesto a la volatilidad del mercado, a la coyuntura política si vive en un edificio público o a la inestabilidad de los alquileres. En definitiva, vivirá ante la posibilidad de ser expulsado del barco en plena tormenta.


Es algo así como Los juegos del hambre: un reparto desigual de recursos en un escenario de escasez creciente, donde la lucha entre los precarios y los más precarios ya no será solo por el empleo o por la renta, sino por el privilegio a un techo estable.

¿Qué modelo queremos para Europa?

La pregunta final es política, pero también cultural. Europa se enfrenta a un debate importantísimo: ¿apostar por un modelo de propiedad asequible, que refuerce la estabilidad patrimonial de las clases medias y bajas, o insistir en un parque público de alquiler cuya sostenibilidad futura es más que dudosa?

La experiencia de Reino Unido, Países Bajos, Baviera o Dinamarca sugiere que los gobiernos están eligiendo la primera opción. No por ideología, sino por puro realismo: porque el futuro se presenta más incierto y menos próspero, y porque la propiedad parece el único seguro viable para las próximas generaciones.

España, curiosamente, lleva décadas haciéndolo sin darle valor político: la VPO ha sido el salvavidas de millones de familias, aunque nunca se haya articulado como un verdadero proyecto de país. Quizá ha llegado el momento de repensarlo, no como un residuo del desarrollismo franquista, sino como un instrumento moderno para afrontar el futuro de la vivienda en un continente en crisis.

"Las respuestas europeas a la crisis de la vivienda son consecuencia de un mundo cambiante"
Las respuestas europeas a la crisis de la vivienda son una cara del complejo prisma de un mundo que está cambiando de era. Una cara que nos muestra una constante de los cambios en la historia. Las causas subyacentes son las que mueven el mundo, desde la modernidad hacia un modelo con lógicas previas, milenaristas y feudales. Y el retorno al feudalismo lo podemos ver tanto en la crisis misma, como en las soluciones.


El giro hacia la propiedad asequible en Europa no es ni una moda ni una excepción: es una respuesta lógica a un diagnóstico cada vez más compartido de precariedad futura. Frente a un escenario de escasez, los gobiernos están construyendo botes salvavidas en forma de vivienda protegida en propiedad. La gran incógnita es si habrá plazas suficientes para todos o si, como en los peores relatos distópicos, la lucha por acceder a ellas se convertirá en el nuevo campo de batalla social.
Fernando Caballero Mendizabal
Fernando Caballero Mendizabal
Arquitecto y urbanista
Es autor del libro 'Madrid DF, por qué Madrid debe consolidarse como la gran ciudad del sur de Europa' (Arpa). Ha sido profesor en la Universidad Técnica de Darmstadt (Alemania) y escribe sobre ciudades y arquitectura en 'El Confidencial'. También ha colaborado en otros medios como 'elDiario.es', Cadena Ser, 'Jot Down' y 'Atalayar'.
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