Otro primer ministro, y es el tercero en menos de un año. La renuncia de Sébastien Lecornu ha llevado a la política francesa a un nuevo estadio de incertidumbre. Los resultados de las últimas elecciones legislativas llevaron al país a un grado insólito de fragmentación parlamentaria, que en estos momentos amenaza con desestabilizar la situación económica a través de un sistema ingobernable en el que ninguna fuerza política está dispuesta a asumir el más mínimo coste electoral. Esto se debe a que, si asumimos que Macron no va a ser destituido de su cargo —existen
ciertas dificultades añadidas para que una medida así se lleve a cabo con éxito—, las siguientes elecciones presidenciales serían en 2027, lo que hace que nadie quiera poner en riesgo sus opciones políticas a través de la aplicación de reformas impopulares. Tanto es así que las estructuras de la V República comienzan a cuestionarse de forma extensa por distintas fuerzas del arco parlamentario.
"El sistema que De Gaulle se encargó cuidadosamente de ensamblar, devolviendo a Francia a la senda de la prosperidad económica, comienza a mostrar grietas"
Partidos como La France Insoumise (LFI), el Parti Communiste (PCF), o Rassemblement National (RN) han criticado la rigidez del sistema, así como
la enorme estructura estatal elitista sobre la que se construye, con políticos que vienen de lugares comunes y replican actitudes destinadas a beneficiar tan solo a un porcentaje pequeño de la población. En consecuencia, el sistema que De Gaulle se encargó cuidadosamente de ensamblar, devolviendo a Francia a la senda de la prosperidad económica, comienza a mostrar grietas y la
población es cada vez más escéptica sobre su viabilidad, capacidad redistributiva y representación.
En el día de hoy, por tanto, lo observado en el último año trae recuerdos de la inestable IV República de posguerra, un sistema bajo que se convirtió en una trituradora de primeros ministros y políticos de amplio espectro, y que llevó al país al colapso institucional en los años cincuenta del siglo XX. Si bien el desgaste del sistema republicano es multifactorial, Emmanuel Macron y sus acciones han contribuido enormemente a incrementar la desconfianza de la población francesa hacia sus propias instituciones. Lo que comenzó en 2016 con una presidencia que se prometía brillante a cargo de una figura joven, carismática y audaz, ha terminado convertida en un ciclo político fallido, plagado de decisiones erráticas, escándalos y la sensación generalizada incluso entre sus propias filas de quedarse siempre a medio camino entre los objetivos planteados y los resultados conseguidos.
Algunos apuntan, por tanto, que la inestabilidad política va a llevar al país a un estancamiento económico prolongado por el deterioro de varios indicadores, entre los cuales destaca la deuda pública como porcentaje del PIB, que ya supera el 110% —tal y como se ve en el siguiente gráfico—. El crecimiento de la deuda pública, que no es una dificultad nueva, puede llevar a una pérdida progresiva de confianza de los mercados debido a, entre otras cosas, potenciales problemas futuros de endeudamiento y acceso al crédito. Sin ir más lejos, las —por otro lado, depredadoras y tendenciosas— agencias de calificación ya bajaron su valoración de la deuda en septiembre, atribuyéndolo a los problemas políticos y la falta de medidas tomadas en el último año. Por otro,
los nuevos acuerdos de estabilidad fiscal de la Comisión Europea incluyen revisiones anuales para alcanzar los objetivos marcados, y Francia se encuentra lejos de experimentar avances.
"La fragmentación política ha jugado un papel esencial en ese sentido, pues no ha permitido la implementación de reformas que generen consenso"
Como hemos señalado anteriormente, la fragmentación política ha jugado un papel esencial en ese sentido, pues no ha permitido la implementación de reformas que generen consenso y a la vez permitan mejorar el sistema de recaudación fiscal así como controlar el gasto. Todos los programas de reforma fiscal se han encontrado, por tanto, con la fuerte oposición de la sociedad francesa seguida de una movilización masiva. Esto provoca que, a menos de dos años de unas elecciones presidenciales, ninguna fuerza política quiera abrasarse en la parrilla en la que se ha convertido la figura del primer ministro.
El informe anual de OFCE sobre la economía francesa apunta a la ineficaz labor gubernamental en torno a la consolidación de la deuda para así facilitar su repago, así como a la inestabilidad política. Según los datos manejados, este último indicador ha lastrado el crecimiento económico debido a la ausencia de reformas sólidas destinadas a acelerar la producción, la recaudación, y a reducir el gasto público. Además, señalan que si bien la economía francesa es resiliente y el país posee un entramado industrial dinámico, la percepción general de la misma ha variado considerablemente en los últimos dos años. Finalmente, el informe indica un bajo crecimiento del empleo —una variable normalmente sólida en el país, a diferencia de España—, así como un descenso del poder adquisitivo de los hogares por el alza de precios. En conjunto, esto podría ser la chispa que prendiese la mecha de la movilización en un país altamente polarizado y con una clase política alejada de los problemas diarios de la población. Sin ir más lejos, Lecornu ha enfrentado huelgas y manifestaciones sin apenas haber tocado el cargo. Esto es una evidencia de que la sociedad francesa está alerta ante cualquier movimiento que pueda resultar agresivo o lesivo para el conjunto de la población.
Frente a esto, quedan pocas alternativas. Macron bien podría decantarse por un adelanto electoral que prevé un aumento del apoyo al partido de Le Pen (RN) y el hundimiento definitivo del centro político, o nombrar un nuevo primer ministro que sea capaz de dirigir un Gobierno con tintes de "concentración" —sorprendentemente, Lecornu está haciendo esfuerzos en este sentido—. El problema de este último escenario es que parlamentariamente no dan los números, y seguiríamos teniendo un gabinete con un margen de maniobra muy limitado. Los próximos días nos darán la clave que probablemente definirá el futuro político y económico de nuestro vecino galo durante el año 2026.