Los nubarrones que se ciernen sobre Europa ya no provienen únicamente de Rusia. Ahora el anticiclón de las Azores también da paso a las borrascas en el Atlántico norte.
El cambio en el panorama global está modificando los paradigmas europeos durante al menos una generación, sobre todo en lo que a políticas económicas y sociales se refiere. Para muchos, la tendencia proteccionista sale fortalecida en los Estados Unidos con
el retorno de Donald Trump a la presidencia, y puede provocar una serie de reacciones en cadena en Europa. Estas reacciones se sentirán en Francia (que ha comprado algo de tiempo tras las elecciones de este año), pero sobre todo en Alemania y, por extensión, en la Unión Europea.
La situación actual de Alemania es particularmente crítica. El país germano está inmerso en una crisis estructural dado que buena parte de sus apuestas estratégicas no están dando el resultado esperado. La primera consecuencia tras las elecciones americanas es una crisis de Gobierno que puede suponer el final de la coalición semáforo (SPD, Liberales y Verdes). Scholz ha anunciado una moción de confianza para enero y si no la supera habrá elecciones a finales de marzo.
"Desde la invasión rusa a Ucrania, las contradicciones y deficiencias se acumulan en Alemania"
Desde la invasión rusa a Ucrania, las contradicciones y deficiencias se acumulan. El periodo de bonanza económica de la década pasada enmascaró problemas profundos que ahora salen a la luz. La lista es larga: infraestructuras colapsadas, un sistema educativo que arroja resultados mediocres (último informe PISA); el cierre de plantas nucleares, la complicada transición energética, el aumento de las desigualdades sociales, el crecimiento de la inmigración que ha alimentado la xenofobia y la deslocalización industrial hacia Asia, (con el consiguiente traspaso de tecnología a China, sobre todo en el sector del automóvil); hasta la actitud austera en la crisis del 2007 que agotó la capacidad de las clases medias del sur de Europa de ser sus clientes de proximidad.
Hoy, en España los coches que más se venden no son Volkswagen y SEAT, son los Dacia fabricados en Tánger. La guerra ha reventado las costuras al país germano. Ahora sus paradigmas se están derrumbando.
Alemania, que alguna vez fue la locomotora económica de Europa, parece estar atrapada en una tormenta perfecta que amenaza con socavar su estabilidad.
Aunque con más amortiguadores, la crisis que viene tiene la envergadura estructural de la que se vivió en el sur de Europa hace quince años. Ahora, parece que una nueva reconfiguración está a la vista, un cambio de época, Zeitenwende, quizás mayor que el que anunció su canciller Scholz al comienzo de la guerra en Ucrania. Un cambio de paradigma impulsado por la compleja clase media alemana.
"A lo largo de los últimos dos siglos, Alemania ha cambiado radicalmente de rumbo en respuesta a crisis profundas"
A lo largo de los últimos dos siglos, Alemania ha cambiado radicalmente de rumbo en respuesta a crisis profundas. Esto se debe a su forma idealista de concebir el mundo. De hecho, la Realpolitik, aparece precisamente cuando los paradigmas disfrazados de verdades terminaban por desmoronarse de forma pasmosa y desconcertante. Y cuando eso ocurre, el resultado político y social del país es un giro de timón de 180 grados. Bandazo tras bandazo. Del "lugar bajo el sol" prusiano a la República de Weimar, el totalitarismo del Tercer Reich; y sin solución de continuidad a la utopía socialista de la RDA y el patriotismo constitucional de la RFA y, tras la caída del muro de Berlín —el último de esos momentos catárticos de fin de época— llegó el "Fin de la Historia" la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales. ¿Y ahora qué? Ahora los paradigmas vuelven a derrumbarse y Alemania vive el fin de su "Fin de la Historia".
La devaluación interna y la falta de visión
La economía alemana está experimentando serias dificultades. Bayer, por ejemplo, no pudo desarrollar una vacuna contra la COVID-19 y se enfrenta a demandas multimillonarias en Estados Unidos tras la adquisición de Monsanto, mientras que BASF, que dependía del gas ruso para alimentar su industria, ha tenido que despedir a miles de empleados desde 2023. Lo mismo ocurre con la industria del automóvil. Volkswagen acaba de anunciar decenas de miles de despidos en el país y el cierre de varias factorías, algo que sin duda tendrá consecuencias en nuestro sector turístico el próximo verano. Además, empresas como Siemens han solicitado rescates estatales tras la crisis de Gamesa y la negativa europea a su fusión con Alstom.
"Aunque la situación en Alemania no es tan grave como la de los países del sur de Europa tras la crisis financiera de 2008, la clase media alemana está viendo cómo su poder adquisitivo disminuye y su nivel de vida se deteriora"
Por el contrario, grandes empresas como Lufthansa y Deutsche Bahn, auténticos Estados dentro del Estado, también enfrentan crisis existenciales. Lufthansa se niega a aceptar su nueva y modesta posición, pero no logra competir con la gasolina barata de las aerolíneas de los países del Golfo Pérsico. Mientras, el sistema ferroviario alemán lleva años colapsado, con decenas de retrasos y cancelaciones diarias, el transporte ferroviario de mercancías pierde miles de millones de euros y las autopistas (infrafinanciadas desde hace años) se saturan a diario con atascos kilométricos.
Aunque la situación en Alemania no es tan grave como la de los países del sur de Europa tras la crisis financiera de 2008, la clase media alemana está viendo cómo su poder adquisitivo disminuye y su nivel de vida se deteriora. Este descenso puede hacerse evidente cuando, en los próximos años, economías emergentes como la de India o Indonesia superen su producto interior bruto.
El Gobierno alemán lleva tiempo preparando un aterrizaje suave de sus clases medias hacia una realidad más modesta, pero el resultado electoral en Estados Unidos, hace probable que se intensifique el proteccionismo, lo que supone un boquete en el ala de las economías del tejido empresarial alemán, la Mittelstand y de las familias. Ahora buscan desesperadamente una pista donde realizar un aterrizaje forzoso. Y aunque esta devaluación interna sea menos dura que las vividas en el sur de Europa, el resultado será igualmente estructural. Y no solo afectará a Alemania, sino a toda la Unión Europea.
Proteccionismo, recortes y nuevas alianzas
La agenda de la clase media cambiará. Incluso si Alternativa por Alemania (AfD), no llega al poder, las políticas de "Alemania y los alemanes primero" ganarán terreno en el escenario político. Serán los partidos tradicionales quienes lo hagan por mero pragmatismo electoral. Es más, la descomposición del Gobierno alemán tiene como telón de fondo un techo de gasto que los socialdemócratas quieren elevar, mientras que los liberales exigen recortes sociales, laxitud en la transición energética y exenciones fiscales a las empresas.
"Lo que se nos viene encima es una Alemania hanseática, menos cooperativa a nivel europeo. De actitudes holandesas, irlandesas o británicas, un retorno a las maneras mercantilistas y las exigencias de austeridad a los 'derrochadores' mediterráneos"
El ministro de finanzas, Lindner, líder del partido liberal demócrata, habría exigido comenzar esos recortes por aquellas partidas que no se quedan en Alemania. La primera de ellas, las ayudas a Ucrania. Es muy probable que esos recortes lleguen. Los sufrirán los inmigrantes que viven en el país, pero también, los Estados del sur de Europa, interesados en ampliar los fondos europeos y los bonos de deuda conjuntos. Lo que se nos viene encima es una Alemania hanseática, menos cooperativa a nivel europeo. De actitudes holandesas, irlandesas o británicas, un retorno a las maneras mercantilistas y las exigencias de austeridad a los "derrochadores" mediterráneos.
Mientras tanto, el país se prepara estratégicamente. A medida que las zonas más productivas se ven afectadas por esta crisis, algunas ciudades y regiones están buscando nuevas alianzas para asegurarse un futuro próspero. Un ejemplo, quizás el más interesante, es la conexión creciente entre las grandes ciudades de Renania, como Colonia y Düsseldorf, con la conurbación del Randstad en los Países Bajos y las ciudades belgas. El proyecto consiste en mancomunar servicios públicos y crear sinergias económicas dentro de lo que se ha denominado Tri-State City, la Ciudad de los Tres Estados. Para así formar las bases de una mega urbe que podría llegar a contar con 40 millones de habitantes en el corazón de la Blue Banana, una de las áreas más dinámicas y ricas de Europa.
Estas nuevas alianzas entre ciudades están orientadas a competir con otras megaciudades como las de Asia, Estambul o Lagos. Para ello se necesita escala y dinero. Pero este nuevo modelo de cooperación no está exento de tensiones, especialmente con el sur de Europa, que podría verse desplazado por el crecimiento de estas megaciudades más competitivas, ricas y desacomplejadas. ¿Cómo podrá el sur de Europa competir con estas nuevas ciudades para no perder relevancia?
La importancia de Madrid y Barcelona
En este contexto, España necesita alternativas. Una de ellas pasa por fortalecer sus grandes ciudades, con Madrid y Barcelona a la cabeza, para ofrecer oportunidades al talento propio y atraer parte de las inversiones internacionales. Las grandes ciudades son multiplicadoras de oportunidades y nuestro país las necesita más que nunca para poder competir con las grandes potencias económicas del norte de Europa, Asia y Estados Unidos. Si no, nos empobreceremos, el talento se irá y con él las inversiones.
La alternativa de no hacerlo, la de quienes intentan atacar y defenderse de un gran Madrid o de quienes apuestan por decrecer, es errónea y peligrosa. Porque sin dos grandes ciudades nunca podremos competir en un mundo dominado por Asia, y los Estados Unidos trumpistas, y con un norte de Europa desacomplejado y con una clase media menguante, que además no podrá pasar sus veraneos en nuestras costas, que exigirá disciplina al "sur derrochador" y que buscará absorber su talento y riqueza vía retorno de inversiones.
"España es el problema y Europa la solución" que decía Ortega. Durante muchas décadas hemos intentado derribar los Pirineos, pero ahora es posible que los necesitemos más que nunca. Es más. Es posible que Alemania y Francia (que querrá potenciar Marsella frente a Barcelona y sus reactores nucleares frente al gas y el hidrógeno líquido que llega desde la Península) colaboren en hacerlos más altos.
"Necesitamos apostar estratégicamente por potenciar las conexiones con nuestro mundo: Italia, Portugal, Hispanoamérica y Marruecos. Solo así podremos garantizar un futuro que no pase por el decrecimiento y la emigración a esos centros del norte de Europa"
Necesitamos alianzas, conectarnos más y trabajar juntos. Multiplicar nuestras opciones y apostar estratégicamente por potenciar las conexiones con nuestro mundo: Italia, Portugal, Hispanoamérica y Marruecos. Solo así podremos garantizar un futuro que no pase por el decrecimiento y la emigración a esos centros del norte de Europa.
Entramos en un mundo en el que reaparece el dilema del prisionero. Si no lo haces, te lo harán a ti. En este contexto, España y otras naciones del sur de Europa tienen una oportunidad única para redefinir su lugar en Europa y en el mundo. La cooperación entre grandes ciudades como Madrid y Barcelona, y una mayor integración con otras regiones, debería ser la clave para garantizar un futuro económico sólido y evitar caer en la irrelevancia frente a los nuevos gigantes globales. La pregunta es si Europa y España serán capaces de adaptarse a este nuevo orden económico o si, por el contrario, se verán atrapadas en una espiral de desunión y fragmentación. Alemania marcará la pauta.