El primer ministro holandés, el independiente
Dick Schoof, recibió el pasado 25 de agosto una invitación del rey para tratar la excepcional situación política que atraviesa el país.
Por primera vez en la historia parlamentaria holandesa, un Gobierno en funciones afronta la salida de un socio de la coalición. Una doble caída en apenas un año. Lejos queda el tiempo en que los líderes neerlandeses, a pesar de las diferencias ideológicas, eran capaces de crear acuerdos y formar coaliciones estables. ¿Qué ha pasado en el país que durante tanto tiempo podía presumir de su modelo
polder?
Volvamos primero a las abruptas elecciones de noviembre de 2023. El adelanto electoral se producía como consecuencia de la caída del Gabinete Rutte IV, Gobierno encabezado por los liberales de Mark Rutte (VVD) y apoyado por progresistas (D66), democristianos (CDA) y conservadores (ChristenUnie). El detonante de la crisis fue el desencuentro entre los socios sobre las medidas para limitar la concesión de solicitudes de asilo. Los nuevos comicios hicieron ganador al PVV (Partido por la Libertad, derecha populista), liderado por el polémico Geert Wilders. Con su victoria, los liberales del VVD dejaron de ser el partido más votado por primera vez en
veintidós años, viéndose
obligados a dejar la iniciativa para formar un nuevo gobierno en manos del PVV de Wilders.
Tras un largo periodo de
223 días de investidura, en julio de 2024
arrancaba el nuevo Gabinete Schoof I, formado por la derecha populista (PVV), una escisión de los democristianos (NSC), el movimiento campesino de corte conservador (BBB) y los liberales (VVD), estos últimos los únicos hasta entonces con experiencia en un gobierno. Pese a convertirse en el gran triunfador de las elecciones, Geert Wilders
no lograba el apoyo de los socios para liderar el nuevo Gabinete. En su lugar, el independiente Dick Schoof era elegido como primer ministro.
"Como declaración de intenciones, el Gabinete publicaba un acuerdo marco titulado «Esperanza, coraje y orgullo», en el que prometían implementar «el régimen de admisión de asilo más estricto que nunca y el paquete más extenso para controlar la migración»"
Como declaración de intenciones, el Gabinete publicaba un acuerdo marco titulado "
Esperanza, coraje y orgullo", en el que prometían implementar "el régimen de admisión de asilo más estricto que nunca y el paquete más extenso para controlar la migración" además de una reducción de impuestos para "el holandés trabajador" y "un enfoque firme contra el crimen y el terrorismo". Pese a la firmeza del manifiesto,
muchos dudaron de la estabilidad del nuevo Gabinete y criticaron su profesionalidad, no solo por la inexperiencia de los ministros (ninguno lo había sido antes) y los conflictos públicos entre los socios,
sino también por la ausencia de una evaluación jurídica y económica que avalara los planes presentados.
Las sospechas no han tardado en confirmarse.
El pasado 3 de junio, sin haberse cumplido un año de Gobierno, el PVV decidía abandonar la coalición por disputas sobre —cómo no— las políticas de asilo. El incendio se fraguaba una semana antes, cuando Wilders amenazó con una crisis de Gabinete si no se apoyaba su controvertido plan titulado "
Hemos llegado al límite". Con diez iniciativas más estrictas que las acordadas en el marco de la coalición, el plan proponía cerrar las fronteras para solicitantes de asilo, controlar las fronteras tal y como se hace actualmente en Alemania, paralizar temporalmente la reunificación familiar, deportar a la población siria, tipificar como delito la ilegalidad, expulsar a los extranjeros que delincan, y desnaturalizar y expulsar del país a aquellos criminales que tienen, además de la nacionalidad holandesa, otra nacionalidad.
Cuando la coalición rechaza la inclusión del plan al acuerdo marco,
Wilders decide retirar su apoyo haciendo caer así al efímero Gabinete Schoof I.
Las elecciones anticipadas han sido
programadas para el 29 de octubre de 2025. Con las vacaciones parlamentarias del verano por delante, todo apuntaba a que el Gobierno en funciones aguantaría sin sobresaltos hasta los nuevos comicios. Esta aparente calma se esfumó el pasado viernes, cuando el ministro de Asuntos Exteriores, Caspar Veldkamp (NSC), anunciaba su dimisión al sentirse maniatado para
tomar medidas más estrictas ante lo que está sucediendo en Gaza.
Efectivamente, tanto el VVD como el BBB (y el PVV hasta que salió de la coalición) rechazan medidas extraordinarias contra Israel. La retirada de Veldkamp podría haberse solventado, si no fuera porque
su decisión ha arrastrado al resto de ministros del NSC, quienes han secundado su dimisión haciendo lo propio. Lo que queda de Gobierno se ve forzado a repartir los cargos ministeriales por segunda vez. Actualmente,
varios ministros están asumiendo una doble cartera tras la salida del PVV. Con la renuncia del NSC la situación se complica aún más. Tal y como señala el corresponsal político Jorn Jonker, "
este Gabinete en funciones lo es ahora aún más" y la oposición, al igual que los ciudadanos, se preguntan cómo se puede gobernar el país en una situación tan precaria e inestable.
"Este lunes el rey y el primer ministro Schoof se han reunido para tratar la compleja situación que atraviesa la política nacional. Si para entonces el Gobierno no ha terminado de descomponerse, los holandeses acudirán a las urnas a finales de octubre"
Este lunes el rey y el primer ministro Schoof se han reunido para tratar la compleja situación que atraviesa la política nacional. Lo cierto es que, si para entonces el Gobierno no ha terminado de descomponerse, los holandeses acudirán a las urnas a finales de octubre. Según uno de los
sondeos más fiables,
el reparto de los 150 escaños va a experimentar importantes cambios con respecto a los comicios de 2023. El PVV alcanzaría veintiocho escaños —perdería nueve—, empatando en la primera posición con el partido verde GL-PvdA, que sacaría tres escaños más que en 2023. Al contrario que el Gobierno en funciones, el GL-PcdA apoya
medidas más estrictas contra Israel y quiere reconocer el Estado Palestino. El tercer partido más grande, según los últimos sondeos, sería el CDA de los democristianos, gracias a una remontada de diecinueve escaños desde los últimos comicios hasta alcanzar ahora los veinticuatro. El CDA defiende
una visión menos dura de las políticas de asilo y de inmigración que el PVV y el VVD.
El VVD, que durante tantos años parecía disfrutar de la hegemonía política en el país, pierde ocho escaños, quedándose en dieciocho. Los demás miembros de la extinta coalición de Gobierno también tendrán que asumir el descrédito: el NSC perdería sus veinte escaños (desapareciendo así del Parlamento), mientras que el BBB retrocedería un escaño, quedándose ahora en cinco.
Sobre el papel —que todo lo soporta—, se podría formar una coalición de derechas uniéndose el PVV, el VVD, el CDA y un partido más pequeño, como el BBB o el Ja21, llegando a unos 80-75 escaños. Dicha coalición, sin embargo, es poco probable ya que el VVD ha declarado que
no volverá a gobernar con el PVV.
Una coalición de izquierdas tampoco parece posible, pues el GL-PvdA, el D66 y el SP no llegan a una mayoría.
Una gran coalición entre GL-PvdA, CDA, VVD y D66 sí alcanzaría el mínimo de escaños requerido. Sin embargo, los líderes de estas formaciones deberían hacer un gran esfuerzo por limar las diferencias internas, encajar sus agendas individuales y, sobre todo, encontrar los intereses comunes. En resumen, trabajar como históricamente se ha hecho en el idílico modelo polder.
Buena parte de los holandeses, entre los que se encuentra la autora de este artículo, desea volver a "
la política de antes".
Sin "espectáculo parlamentario", pero con debates parlamentarios rigurosos que recuerden "más a una reunión de la dirección de una biblioteca: siempre sólido, nunca emocional". Deseamos profesionalidad, colaboración, estabilidad, tranquilidad y, sobre todo, una política soporífera. Pues como decía Frits Bolkenstein, antiguo líder del VVD y ministro de Defensa en los años ochenta, cuánto más aburrida es la política, más feliz es el país.