Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

La experta valenciana en extrema derecha: "Vox se ha desdemonizado para el votante conservador"

La DANA ha dejado tras de sí un paisaje desolador: una población desencantada con sus instituciones y un presidente autonómico, Carlos Mazón, señalado incluso por sus propios votantes. La politóloga y periodista Anna López afirma que se está reconfigurando el espectro de la derecha, con un Vox reforzado por la inoperancia popular.

Anna López Ortega Anna López Ortega 13 de diciembre de 2024
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El presidente del PPCV y presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón y el portavoz del PP en el Congreso, Miguel Tellado, durante la Junta Directiva Autonómica del PPCV. | Eduardo Manzana / Europa Press / ContactoPhoto
El presidente del PPCV y presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón y el portavoz del PP en el Congreso, Miguel Tellado, durante la Junta Directiva Autonómica del PPCV. | Eduardo Manzana / Europa Press / ContactoPhoto
Uno de los sinónimos de magro es, según la RAE, seco. De hecho, el otro nombre del río Magro es, precisamente, seco. Se trata de una cuenca fluvial de unos 1.543,7 km² que nace al norte de Utiel, donde el aciago 29 de octubre empezó a llover ya por la noche y las precipitaciones acumuladas hasta las 14.00 horas fueron de 173,4 litros por metro cuadrado. "Está todo inundado. Si sigue lloviendo así no sabemos qué puede pasar", alertaba una vecina de Utiel al mediodía, cuando el río ya se había desbordado en la propia cabecera. La palma se la llevó, sin embargo, Turís, otra población por la que discurre un cauce que en la mayoría del año transita apenas un hilo de agua: en 24 horas, se acumularon nada menos que 772 litros por metro cuadrado. Algo inaudito.

No solo los ríos como el Magro fueron los funestos protagonistas de una catástrofe que pasará a la historia reciente de España: en la Rambla del Poyo, un lecho pluvial por el que desaguan los aguaceros intensos y en la que vierten sus aguas otras rieras concomitantes hasta desembocar en La Albufera, no se produjo una riada —como en Algemesí, donde el Magro cede su caudal al Xúquer—, sino un auténtico tsunami que arrambló casi por completo poblaciones en las que, curiosamente, apenas llovió ese día.

"Las localidades en torno a la Rambla del Poyo son "el hub industrial de la provincia de València", donde se concentra la mayor parte de la población metropolitana de la capital del Turia"
La propia ciudad de València no tiene tantos habitantes, algo más de 750.000. Es la conurbación de la ciudad la que permite al Cap i Casal del antiguo Reino de València alcanzar el millón y medio de habitantes efectivos. La mayoría de esa población se concentra, precisamente, en las localidades afectadas por el repentino aluvión que la Rambla del Poyo ya no pudo encauzar. Hay una particularidad añadida más. Y es especialmente importante para atisbar la magnitud de la hecatombe: hablamos de uno de los territorios con mayor concentración de empresas, polígonos, almacenes, concesionarios y otros equipamientos industriales. Podría decirse que es el hub industrial de la provincia de València, situado a mitad de camino entre la Ford de Almussafes y una ciudad de servicios eminentemente terciarios como es la capital del Turia.

Suele decirse que la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana. Pero, a tenor de los datos de un Barómetro realizado por 40DB, el padre del indiscutible fracaso en la prevención y gestión de aquella DANA hiperbólica de finales de octubre pasado tiene un nombre concreto: Carlos Mazón, el presidente de la Generalitat Valenciana, cuya actitud aquel día ha sido calificada, incluso por los suyos, como "frívola". Los datos son inapelables: casi el 90% de la población lo considera "el más ineficaz". Para que se dé un consenso tan clamoroso es necesario que haya una transversalidad ideológica poco habitual en un país tan polarizado como el nuestro. Y la hay: el 68,2% —es decir, casi 7 de cada 10 votantes del PP en la Comunidad Valenciana— consideran que el Gobierno de Mazón no actuó eficazmente. Cifra que alcanza el 82% de los votantes de Vox, hasta hace poco socio de Gobierno y ahora único apoyo parlamentario del que dispone en las Corts valencianas. Las conclusiones de una encuesta de Sigma Dos realizada para el diario El Mundo son aún más desalentadoras: casi la mitad de los propios votantes del PP (un 47%) pedía que Mazón dimitiera. Tanta unanimidad en dos cabeceras de periódicos tan ideológicamente discordantes como El País —que publica la de 40DB— y El Mundo, es algo más que excepcional: es un hito histórico. 

"El 68,2% —es decir, casi 7 de cada 10 votantes del PP en la Comunidad Valenciana— consideran que el Gobierno de Mazón no actuó eficazmente" y "casi la mitad de los propios votantes del PP (un 47%) pedía que Mazón dimitiera"
Lo único que puede aliviar un poco la actual aflicción política de Mazón es que las culpas están algo más repartidas. La ciudadanía considera que quienes han actuado peor son, por este orden, la Generalitat Valenciana (más del 87%) y el PP nacional (79%). Por su parte, y en el caso del Gobierno central, un 75,3% de la población general y un 76,9% de los residentes en la Comunidad Valenciana creen que ha sido poco o nada eficaz. Dicho con nombres propios, los peor valorados son Mazón, Feijóo, Teresa Ribera y Pedro Sánchez. 

Todavía es pronto para sacar conclusiones electorales —quedan dos años y casi medio para las siguientes autonómicas— pero las encuestas ya detectan interesantes movimientos de placas tectónicas en las transferencias de voto del espacio de la derecha: si hace apenas un año, el PP perdía 200.000 votos a manos de Vox, después del desastre natural —y de gestión— la cifra de disidentes ha crecido hasta los 450.000.

Según Sigma Dos, el PP apenas conseguiría retener a la mitad de sus votantes de 2023: un 11,4% emigraría a Vox, que es —además— la formación que mantiene una mayor fidelidad de voto: un 83,3%, por un 57,4% del PP. El daño —humano, sobre todo, y económico— infligido por la pigricia de Mazón no afecta solo a los valencianos, sino también a su propio partido, sobre el que ha dejado caer una nueva losa reputacional: la de la mala gestión. Hemos pasado de la cleptocracia a la
kakistocracia. Del Gobierno de los corruptos —muchos con condenas ejemplares, incluyendo al mismo Zaplana— al de los incompetentes, encarnados en el propio Mazón, la consellera Salomé Pradas y un secretario autonómico de emergencias, Emilio Argüeso, convertidos en epítomes de negligencia técnica, indecisión política y quién sabe si hasta de omisión de socorro.

"València ha pasado de la cleptocracia a la kakistocracia. Del Gobierno de los corruptos —muchos con condenas ejemplares, incluyendo al mismo Zaplana— al de los incompetentes, encarnados en el propio Mazón"
Lo peor, con todo, es que la mitad de la población ha perdido la confianza en las instituciones públicas, cifra que alcanza el 57% en la Comunidad Valenciana. Y esta desafección política beneficia, inequívocamente, a Vox.

La comprensible, pero capciosa idea de que "solo el pueblo salva al pueblo" ha conseguido calar en el imaginario social. Y eso es muy preocupante para las instituciones democráticas. De la misma manera que a Vox también le ha favorecido el choque institucional en materia de atribuciones competenciales sobre emergencias entre Gobierno central y autonómico: no en balde, desde que nació como partido a finales de 2013, no se ha cansado de repetir que la descentralización autonómica no es operativa ni rentable.

Así que Vox está consiguiendo —con la ayuda, esta vez de un cambio climático que niega una y otra vez—
lo que ya pretendía cuando se desvinculó hace poco menos de medio año de los gobiernos de coalición con el PP: cooptar el espacio de la derecha española. Un entorno ideológico que, ante la manifiesta incompetencia demostrada por el PP valenciano, se está reorganizando a marchas forzadas, reforzando el espectro de la extrema derecha.

"Vox, como ya logró Marine Le Pen hace años, se ha desdemonizado (dédiabolisé) para el votante conservador, que ya no tienen remilgos ni dudas a la hora de votarles"
Ahora los de Abascal están un poquito más cerca de conseguir el objetivo que se propusieron en su momento: sustituir al PP como fuerza hegemónica conservadora. Lo tienen difícil y sigue siendo altamente improbable, pero ya ha ocurrido en Francia, Italia, Países Bajos, Hungría y hasta en Estados Unidos. Vox, como ya logró Marine Le Pen hace años, se ha desdemonizado (dédiabolisé) para el votante conservador, que ya no tienen remilgos ni dudas a la hora de votarles. Ya tiene mérito que Mazón y Feijóo consigan quedar, en la lista de responsables en la gestión del desastre, por delante de un personaje tan demonizado como Pedro Sánchez. 

En conclusión, y por acabar con otro refrán, podría decirse que a río revuelto —o rambla desbocada—, la ganancia es de Vox, como ya vaticinamos aquí y ahora confirman diferentes encuestas. Un Vox que fue responsable —no lo olvidemos— de las emergencias en el primer año de Gobierno de Mazón y que se opuso a la creación de una Unidad Valenciana de Emergencias por considerarla un chiringuito más, calificativo preferido de los de Abascal para referirse a multitud de organismos de la administración pública.

Puede que Dios no juegue a los dados, como aseguraba Einstein cuando criticaba a la mecánica cuántica, pero parece que —si es que existe— debe ser un contumaz bromista. Quizás es que estemos asistiendo al nacimiento de la política cuántica, esa en la que el azar juega un papel preeminente y las partículas —los votos— cambian de posición a una velocidad impredecible.
Anna López Ortega
Anna López Ortega
Doctora en Ciencia Política por la Universitat de València (UV, España) y licenciada en Periodismo y Ciencia Política por la misma Universidad.
Autora del libro 'La extrema derecha en Europa' (Tirant, 2025). Ha sido becaria en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Cuenta con más de 15 años de experiencia profesional en asesoría política y parlamentaria en diferentes gabinetes e instituciones públicas. Sus principales líneas de investigación abordan temas vinculados a la nueva extrema derecha, los delitos de odio y el análisis y comportamiento electoral. Desde 2016, imparte docencia en la UV en áreas de conocimiento de ciencia política, periodismo y sociología, en la Universidad Internacional de Valencia y en el Instituto Valenciano de Administración Públicas.
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