Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Crisis de la DANA: la negligencia del PP de Mazón ha relanzado a Vox

"El desafuero y la negligencia de Mazón, tanto a la hora de focalizar sus prioridades como de elegir a su equipo de Gobierno, permitirán que un partido político como Vox salga reforzado en València". Ana López, doctora en Ciencia Política por la Universitat de València, advierte que la gestión de la crisis provocada por la DANA ha dado alas a la extrema derecha. En su opinión, el impacto de estos sucesos ha llevado al PP nacional a temer que Vox pueda "fagocitar el espacio político y electoral conservador de tintes liberales".

Anna López Ortega Anna López Ortega 14 de noviembre de 2024
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Santiago Abascal llega a Les Corts de València junto al extorero, Vicente Barrera, quien fuera vicepresidente de la Generalitat hasta ser cesado por Carlos Mazón el pasado verano. | Rober Solsona / Europa Press / ContactoPhoto
Santiago Abascal llega a Les Corts de València junto al extorero, Vicente Barrera, quien fuera vicepresidente de la Generalitat hasta ser cesado por Carlos Mazón el pasado verano. | Rober Solsona / Europa Press / ContactoPhoto
Han pasado solo cuatro meses, pero parece que haya sido mucho más tiempo. Cuando Vox tomó la decisión, en julio de este mismo año, de abandonar los gobiernos de coalición que mantenía con el PP en las Comunidades Autónomas, nadie entendió muy bien las razones. 

Sí, es cierto que se arguyó como justificación el reparto de inmigrantes pactado entre el PSOE y un renuente PP, pero aquello parecía una excusa para tapar los verdaderos móviles de una defección de tamaña magnitud. En aquel momento, ya apunté la más que probable posibilidad de que aquella deserción obedeciera más bien a una directriz que venía de más allá de los Pirineos. Una consigna que vendría acompañada de una suculenta oferta de ingresos alternativos provenientes de distintas —y muy seguramente opacas— fuentes de financiación de una extrema derecha que lleva tiempo organizándose internacionalmente.

"Poner todo el foco en el problema de la inmigración parecía entonces un magro beneficio comparado con lo que el partido de Santiago Abascal perdía"
Poner todo el foco en el problema de la inmigración parecía entonces un magro beneficio comparado con lo que el partido de Santiago Abascal perdía. Pero apenas unos meses después, la inmigración escaló al segundo puesto de las preocupaciones de los españoles, según detectaron los sismógrafos del CIS. Ahora, la victoria incontestable de Trump, cimentada en buena parte en la demonización del inmigrante ilegal, ha venido a sancionar aquella estrategia separatista de Vox que parecía extemporánea y, sobre todo, muy arriesgada.

El inmigrante ha sido y seguirá siendo todavía más ahora el
chivo expiatorio de todos los males que aquejan a unas clases medias que no han dejado de perder poder adquisitivo desde que la crisis del 2008 desnudó al rey y puso en evidencia que la supuesta prosperidad general se sustentaba en los pies de barro de una irresponsable desmesura crediticia: teníamos dinero —y coches y casas— simplemente porque lo debíamos. Luego, además, llegó una inflación que, aunque vaya remitiendo lentamente, ha elevado el nivel freático de las aguas largamente estancadas en las que chapotean a duras penas las economías familiares de todo el mundo. 

Decía Maquiavelo que un príncipe —un gobernante— debía tener dos características para mantenerse en el poder: virtú y fortuna. Todo parece indicar que la suerte ha acompañado a la tercera fuerza parlamentaria española desde que decidió desprenderse de los lazos de Gobierno autonómico que mantenía con el PP.

Sin ir más lejos, en el Consell de la Comunidad Valenciana los de Abascal fueron, durante aquel primer y único año de Gobierno compartido, responsables de la cartera de Justicia e Interior, de la que dependía el Servicio Valenciano de Emergencias. Es fácil imaginarse cuánto habrá deseado en estos momentos Carlos Mazón, que las cosas hubieran continuado como estaban: ahora tendría un —cierto— escudo con el que protegerse de una gestión a todas luces calamitosa en el mayor desastre del siglo en Europa propiciado por causas naturales.

Una de las consecuencias de aquella desbandada de Vox fue que dejó en minoría a los mismos gobiernos autonómicos a los que abandonó. El de Mazón, que reaccionó rápidamente cesando a los consellers de Vox, fue uno de ellos. Hasta que su propia respuesta a la DANA destrozó los planes de uno de los barones del PP más dicharacheros y activos en redes sociales —que ha sido calificado como presidente instagramer—.

Mazón se encontraba preparando los presupuestos de su Gobierno para el año que viene. Unos presupuestos que necesariamente debía pactar con Vox, que desde fuera del Consell todavía podía hacer valer más sus posturas, consciente de la imposibilidad del presidente valenciano de abrirse al espacio de la izquierda una vez desaparecido Ciudadanos de la escena.

"Nunca conoceremos el precio que el PP valenciano estaba dispuesto a pagar por sacar adelante los presupuestos, porque ahora todo ha cambiado"
Aparte de que sin duda habría sido elevado, nunca conoceremos el precio que el PP valenciano estaba dispuesto a pagar por sacar adelante aquellos presupuestos, porque ahora todo ha cambiado. En la bolsa de valores, que puede ser la política, las acciones de Vox acaban de subir de valor vertiginosamente. Cualquiera de las posibles —y difíciles— salidas a la pesadilla política en que se ha convertido València para el PP pasa necesariamente por Vox: desde sostenerlo en una cuestión de confianza o moción de censura hasta facilitar el recambio de Mazón al frente de la Generalitat Valenciana por otro diputado o diputada que se siente en los escaños del PP, para lo que sería necesaria una nueva sesión de investidura. Incluso mantenerlo donde está, quemándose a fuego lento a ojos de una ciudadanía que ya le ha preparado la pira funeraria en la que lo acabará incinerado electoralmente de manera nada heroica, dependerá de los 13 parlamentarios que tiene Vox en las Cortes valencianas.

La fortuna ayuda a la virtud —a la pericia del gobernante— y sin la fortuna esa pericia puede fracasar, venía a decir Maquiavelo. Puede que eso fuera cierto en el siglo XVI, pero en el XXI el azar tiene más peso que las habilidades políticas e intelectuales de los servidores públicos. La victoria de Trump, tan temida como esperada, le brindará ahora a los de Vox un magnífico altavoz, a escala planetaria, con el que difundir urbi et orbi sus proclamas nativistas, autoritarias y xenofóbicas, que tan buena acogida tendrán en un escenario distópico como el valenciano, por ejemplo.

"El desafuero y la negligencia de Mazón, tanto a la hora de focalizar sus prioridades como de elegir a su equipo de Gobierno, permitirán que un partido político como Vox, que se caracteriza —también— por un beligerante negacionismo climático, salga reforzado en una Comunidad Autónoma como la valenciana"
El desafuero y la negligencia de Mazón, tanto a la hora de focalizar sus prioridades como de elegir a su equipo de Gobierno, permitirán que un partido político como Vox, que se caracteriza —también— por un beligerante negacionismo climático, salga reforzado en una Comunidad Autónoma como la valenciana. València tardará mucho tiempo en recuperar algo parecido a la normalidad y a su anterior brío económico. La falta de virtud de uno ha sido toda una suerte para otros. Excepto para los valencianos y valencianas, por supuesto. 

Pero no solo eso: la onda expansiva valenciana ha impactado también en un PP nacional que parece noqueado, indeciso y titubeante, porque es consciente de que lo que ha pasado tanto cerca de Madrid como al otro lado del Atlántico pueda hacer realidad el peor de sus temores: que Vox consiga lo que ya han conseguido muchos de sus homólogos internacionales, desde Georgia Meloni en Italia a Trump en Estados Unidos, pasando por supuesto por Viktor Orbán en Hungría. Esto es, fagocitar el espacio político y electoral conservador de tintes liberales. 

Aquella fue también una de las razones de aquel sorprendente desmarque de Vox: consolidar su propio espacio político. Un espacio que se le iba achicando cada vez más por las inevitables concesiones a las que siempre obliga la acción de Gobierno. Y parece que la diosa Fortuna les está echando una mano. La próxima parada en el descenso a los infiernos de la democracia liberal serán las elecciones federales alemanas que el canciller Olaf Scholz se ha visto obligado a adelantar al 23 de febrero del año que viene. Una fecha ya de por sí aciaga. Quedan solo cuatro meses. Pero seguro que nos acabará pareciendo mucho más tiempo. 
Anna López Ortega
Anna López Ortega
Doctora en Ciencia Política por la Universitat de València (UV, España) y licenciada en Periodismo y Ciencia Política por la misma Universidad.
Autora del libro 'La extrema derecha en Europa' (Tirant, 2025). Ha sido becaria en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Cuenta con más de 15 años de experiencia profesional en asesoría política y parlamentaria en diferentes gabinetes e instituciones públicas. Sus principales líneas de investigación abordan temas vinculados a la nueva extrema derecha, los delitos de odio y el análisis y comportamiento electoral. Desde 2016, imparte docencia en la UV en áreas de conocimiento de ciencia política, periodismo y sociología, en la Universidad Internacional de Valencia y en el Instituto Valenciano de Administración Públicas.
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