Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

El análisis de una lingüista: ¿qué hay detrás de la apropiación del lema 'Solo el pueblo salva al pueblo'?

La catedrática de Lingüística Beatriz Gallardo Paúls aborda en este texto el uso del eslogan 'Solo el pueblo salva al pueblo' y su intento de apropiación por parte de la ultraderecha para espolear la antipolítica. La autora defiende que aceptar esta interpretación es, precisamente, ceder terreno discursivo a las posiciones excluyentes, antidemocráticas, que simplifican la realidad y la reducen a enfrentamientos antisistema.

Beatriz Gallardo Paúls Beatriz Gallardo Paúls 21 de noviembre de 2024
Añadir AgendaPública en Google
Un voluntario realiza un graffiti en un mural del barrio de El Raval en el que se lee: 'Solo el pueblo salva al pueblo', en Algemesí, València. | Alejandro Martínez Vélez / Europa Press / ContactoPhoto
Un voluntario realiza un graffiti en un mural del barrio de El Raval en el que se lee: 'Solo el pueblo salva al pueblo', en Algemesí, València. | Alejandro Martínez Vélez / Europa Press / ContactoPhoto
En 1986, la agencia BMP elaboró un spot para The Guardian llamado Puntos de vista. En el encuadre inicial aparece una mujer apoyada en la pared de una calle y un joven de estética skin (botas, cazadora bomber, cabeza rapada, tirantes, pantalón militar) que entra corriendo en la misma calle. "Un hecho, —afirma la voz en off— visto desde un punto de vista, da una impresión". La cámara se desplaza detrás del chico y vemos que su carrera se dirige hacia un señor con aspecto convencional (abrigo, sombrero, maletín), que se gira y esgrime el maletín como escudo.  "Visto desde otro punto de vista — continúa la voz—, da una impresión bastante diferente". La cámara entonces adopta un enfoque cenital, y observamos cómo el joven, en realidad, está tratando de apartar al señor de un derrumbamiento. "Pero solo cuando obtienes toda la imagen puedes entender completamente lo que está pasando", termina el narrador.
 

Imágenes del 'spot' que BPM realizó para 'The Guardian' en 1986, resaltando la importancia de la perspectiva para el contexto.


El spot se apoya en el prejuicio que despierta en el telespectador la apariencia skinhead del joven y, con ella, la ideología neonazi asociada, lo que activa dos ideas interesantes en términos comunicativos. La primera, la que persigue el anuncio, es que los prejuicios y las connotaciones son insuficientes para interpretar la realidad. La segunda, menos evidente, que aunque en sus orígenes la estética skinkhead se asociaba con el movimiento obrero y desarrolló con los años una ingente simbología antifascista y antirracista (color de los cordones de las botas, siglas y números en clave, etc.), estos códigos quedaron diluidos en los subgrupos de esta cultura urbana y en la opinión pública se impuso la asociación de lo skin con la violencia ultraderechista, idea que asume el anuncio.

"La maleabilidad de las palabras permite que las interpretemos adaptando su significado a cada contexto de uso, acomodando su sentido. Este rasgo es explotado al máximo por el lenguaje político"
Sin entrar en los motivos de este cambio semántico, lo interesante para el discurso político es que estos desplazamientos semióticos, en los que cierto grupo se apropia de la simbología de otro, se producen también en el lenguaje. La maleabilidad de las palabras permite que las interpretemos adaptando su significado a cada contexto de uso, acomodando su sentido.

Este rasgo es explotado al máximo por el lenguaje político y afecta sobre todo a sus grandes términos, que se ven sometidos a una especie de tuneado semántico en el que diferentes voces retuercen el significado de las palabras para lograr la adhesión de sus destinatarios.
Son procesos protagonizados especialmente por las derechas, pero en absoluto exclusivos; así, la libertad se puede reducir a no cerrar la hostelería en plena pandemia, el feminismo se puede alegar para perpetuar la discriminación de las mujeres, o se puede llamar democracia, como hace Xi Jinping, al sistema político chino. 

Estos procesos se repiten con el eslogan Solo el pueblo salva al pueblo, que algunos están convirtiendo en lema de la antipolítica, sin que esa sea, necesariamente, su interpretación.

En el discurso político, el significado de pueblo (el demos griego) apunta al destinatario de las políticas gubernamentales; específicamente en las democracias, el pueblo lo integran los ciudadanos que eligen a sus gobernantes mediante elecciones. En el discurso cotidiano perpetuamos la idea de que la democracia es "el gobierno del pueblo", aunque sepamos que, entre muchos requisitos, la democracia ateniense restringía ese poder a algunos ciudadanos varones nacidos de padres atenienses y mayores de 30 años, igual que sabemos que los modernos sistemas democráticos tienen formas muy diferentes de convertir el voto en representación. 

"Los procesos de desplazamiento semiótico se repiten con el eslogan Solo el pueblo salva al pueblo, que algunos están convirtiendo en lema de la antipolítica"
Coherentemente con este significado genérico, neutro, cabría afirmar que fue el pueblo quien, con su voto —y con su abstención—, eligió al PP para gestionar, desde la Presidencia de la Generalitat Valenciana, tanto el día a día como las emergencias. Pero a partir de ahí,
el significado de pueblo se puede llenar de matices según el punto de referencia desde el que cada hablante elija interpretarlo; y si el término se incluye en un eslogan, como Solo el pueblo salva al pueblo, la interpretación será necesariamente esquemática y reduccionista, como en todo eslogan.

Así, muchos de los que estas semanas lo repiten caminando con sus cepillos hacia las zonas embarradas, o lo imprimen en sudaderas benéficas, no se refieren al concepto neutro de pueblo, sino que lo impregnan con connotaciones ideológicas propias. Su posición evoca la repetida visión idealizada de Antonio Machado en su carta a David Vigodsky, publicada en 1937 en la revista valenciana Hora de España: "Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos —nuestros barinas— invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva". En esta interpretación, la oposición a la que apunta el adverbio solo, que encabeza el eslogan, se construye en clave de clase social (los señoritos machadianos, los barinas rusos). El eslogan define un Otro, un no pueblo, asociado difusamente a los representantes del Gobierno y opuesto a la ciudadanía, a los gobernados. La inferencia básica es de cohesión entre iguales, y es netamente política.

"Cuando la ultraderecha y sus órganos de propaganda se apropian del eslogan, su intención es doblemente excluyente, de los gobernantes, pero también de los no nacionales"
Por el contrario, cuando la ultraderecha y sus órganos de propaganda se apropian del eslogan —como antes de la palabra patria—, su concepto de pueblo es otro. Su intención es doblemente excluyente, de los gobernantes, pero también de los no nacionales; así lo demuestran quienes pretendían entregar personalmente sus donaciones para asegurarse de que solo iban a manos españolas. Pero acabaron encontrándose con que ese mismo pueblo los expulsaba de sus calles.

Este uso del eslogan no surge entre iguales; busca la desafección política y arrastra connotaciones antisistema (antipolíticas), similares a las que movilizaba el PP desacreditando la manifestación contra la gestión de la DANA por ser política, como si la gestión de la catástrofe por parte del Consell no fuera acción política. Estos usos perversos del lenguaje, basados en la connotación ideológica, son herramienta fundamental de la manipulación desinformativa de todo signo.

¿Significa esto que, como algunos pretenden, han de renunciar al eslogan quienes lo utilizan como reivindicación de la solidaridad entre iguales, de la fraternidad? ¿Hay que acallarlos porque la ultraderecha esté diciendo lo mismo? No, porque no dicen lo mismo. Como tampoco una cazadora bomber de alta costura significa lo mismo que la que viste un skinhead. Nos encontramos ante un ejemplo claro —uno más— de hasta qué punto nuestra sociedad está viciada por el exceso narrativo y necesita un giro argumentativo; y ante un ejemplo más de cómo ciertos discursos descalifican cualquier discrepancia con la etiqueta de ultraderecha

"Automatizar la asociación de Solo el pueblo salva al pueblo con la antipolítica implica regalar la palabra pueblo a esa ultraderecha antidemocrática que alimenta el miedo y los prejuicios"
Es necesario diferenciar entre las afirmaciones que evocan un pueblo aferrado a la solidaridad, porque se ha sentido abandonado y muy solo en un clima de dolor y trauma colectivo, de la instrumentalización antisistema que esgrimen la ultraderecha y sus grupúsculos activistas. No se puede condenar sin más el uso del eslogan porque esto supone criminalizar a quienes lo esgrimen como lema de camaradería y conciencia de clase, y equipararlos con quienes lo espolean para desacreditar la política, agitar la opinión pública contra un presunto Estado fallido, y promover la violencia. Esa nivelación es, precisamente, el triunfo de la antipolítica. 

Se pueden desarticular las argumentaciones falaces que subyacen al eslogan Solo el pueblo salva al pueblo. Pero automatizar su asociación con la antipolítica implica regalar la palabra pueblo a esa ultraderecha antidemocrática que alimenta el miedo y los prejuicios. Ya se ha apropiado de bastantes signos que pertenecen a todos: lemas, banderas, himnos… Las palabras, todas, se interpretan en cada contexto. Recordemos que en la misma carta a Vigodsky, en plena guerra, Machado nombraba como "causa popular" la causa de la República. Y no hace falta subrayar que el partido español que no duda en hacer cesiones a la ultraderecha para gobernar se llama, qué cosas, popular.
Beatriz Gallardo Paúls
Beatriz Gallardo Paúls
Catedrática de Lingüística en la Universitat de València
Experta en análisis del discurso desde enfoques cognitivistas. Autora de 'Tiempos de hipérbole. Inestabilidad e interferencias en el discurso político' (Ed. Tirant lo Blanch).
Participación