Martes, 28 de julio de 2026
DANA VALÈNCIA

El análisis del principal experto valenciano en energía y cambio climático: "Esto volverá a pasar"

Pedro Fresco, exdirector de Transición Ecológica de la Generalitat Valenciana, escribe sobre el trágico impacto de la DANA en València. Fresco expresa su deseo de que esta tragedia impulse un cambio real en la conciencia y las acciones colectivas frente a la crisis climática: "Ojalá este fatídico 29 de octubre, entre tanto daño y sufrimiento que va a dejar, nos sirva al menos para reaccionar como sociedad".

Pedro Fresco Pedro Fresco 31 de octubre de 2024
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Un coche afectado por la DANA, a 30 de octubre de 2024, en Utiel, Comunitat Valenciana. | Diego Radamés / Europa Press / ContactoPhoto
Un coche afectado por la DANA, a 30 de octubre de 2024, en Utiel, Comunitat Valenciana. | Diego Radamés / Europa Press / ContactoPhoto
En septiembre del año pasado, una DANA de características históricas asoló la región de Tesalia, en el centro de Grecia, provocando una destrucción desconocida hasta ese momento por un fenómeno de esas características. Llegaron a caer más de 900 litros por metro cuadrado en algunas zonas, dejando durante algunos días decenas de miles de hectáreas sepultadas bajo el agua.

En aquel momento, se avisó que el Mediterráneo tenía una temperatura muy elevada después del año más cálido que había vivido la civilización humana y que era una bomba de relojería. Las DANA son habituales en el Mediterráneo, pero un mar y una atmósfera más caliente extreman su virulencia, algo que, por cierto, ha sido avisado y proyectado durante décadas por los informes del IPCC y los científicos del clima. Solo el calentamiento que ya hemos provocado ponía a las regiones mediterráneas en riesgo de eventos catastróficos incrementados como el que vimos en Grecia. Lamentablemente, ahora ha sido el turno de España.

Como valenciano, la tragedia ocurrida me es especialmente cercana y dolorosa. En lo personal, creo que me libré de una potencial situación muy difícil por escasamente dos horas. Probablemente, el desvío del río Turia a un nuevo cauce al sur de la ciudad ha librado a casi toda la capital de vivir una riada como la del año 1957. Aun así, la cifra de muertos resulta intolerable y nos hace pensar cuál sería esa cifra si no viviésemos en una época hiperconectada y con tecnología que, seguro, salvó numerables vidas.

Los próximos días serán difíciles en la Comunitat Valenciana y en España, a todos los niveles. La cantidad de muertos confirmados en el momento que escribo y la velocidad con la que aumentan hacen presagiar días dolorosos. Habrá mucho urgente que tratar y reparar. Pero después de esta urgencia seguirá habiendo cuestiones importantes, estructurales y muy trascendentes que tendremos que abordar y que entroncan claramente con la emergencia climática y cómo debemos abordarla. 

"Un estudio de atribución al cambio climático de un evento nos dice si este ha sido una de las causas y lo ha hecho mucho más probable o intenso, pero no que sin cambio climático no hubiese existido en grado alguno"
Ahora mismo, hay dos cuestiones que me inquietan particularmente. La primera cuestión tiene que ver con la comunicación sobre el cambio climático relacionada con eventos como este. Siempre me han parecido inconvenientes las atribuciones simples de los eventos al cambio climático, creo que operan en sentido contrario a lo que se pretende y que al final solo vale para reducir el debate a un nivel dicotómico que es precisamente en el que los negacionistas de la ciencia se sienten cómodos. Un estudio de atribución al cambio climático de un evento nos dice si este ha sido una de las causas y lo ha hecho mucho más probable o intenso, pero no que sin cambio climático no hubiese existido en grado alguno. Hemos abusado de atribuir todo el cambio climático sin matices ni explicaciones, entrando en debates absurdos frente a quienes niegan su influencia, diciendo que estas cosas han pasado toda la vida. 


Creo que es importante hacer una comunicación un poco más compleja de esta cuestión, aunque no sea fácil hacerlo en esta época de titulares y memes. Es fundamental explicar los fenómenos físicos que operan, por qué el calentamiento está extremando esos procesos y explicar la probabilidad y la estadística incrementada de que ocurran. Hay que evitar la tentación de la fácil sentencia y pensar que eso es mejor que la explicación compleja y razonada. 

"Ya no hablamos de proyecciones a futuro, sino de algo que estamos sintiendo en carne propia, y hay que explicar cómo ya se sabía desde hace décadas que el aumento de probabilidad y virulencia de estos fenómenos era una de las primeras consecuencias del cambio climático que íbamos a experimentar"
No lo es. Ya no hablamos de proyecciones a futuro, sino de algo que estamos sintiendo en carne propia, y hay que explicar cómo ya se sabía desde hace décadas que el aumento de probabilidad y virulencia de estos fenómenos era una de las primeras consecuencias del cambio climático que íbamos a experimentar. Creo honestamente que la gente va a querer entender por qué están pasando estas cosas y que este es el momento para darle un salto de nivel a la comunicación climática.


La segunda cuestión ya no es de comunicación, es de profundidad. Siempre he defendido que las zonas como la nuestra, que son especialmente vulnerables al cambio climático, debíamos tener una acción colectiva ejemplar respecto a su mitigación. La sociedad valenciana o española no va a frenar el cambio climático por sí misma, pero sí tiene la obligación moral de dar ejemplo, de hacer todo lo que esté en su mano y debe cumplir sin ambages con su parte de responsabilidad. Bajar los brazos, desentenderse o excusarse en que otros van más despacio, no es una acción aceptable ni que nos dignifique como sociedad.

Cuando, en días como hoy, pienso en esos debates enraizados sobre si las renovables alteran el paisaje, si las peatonalizaciones son incómodas o si cargar un coche eléctrico 25 minutos es un fastidio, no puedo hacer otra cosa que un llamamiento a contener nuestra frivolidad. La resistencia al cambio es natural y puede ser entendible, pero cuando estamos recibiendo las primeras señales de la evidencia en forma de aplastantes avalanchas de agua, llega un momento en que determinados comportamientos no pueden ser socialmente aceptados. 

"Cuando, en días como hoy, pienso en esos debates enraizados sobre si las renovables alteran el paisaje, si las peatonalizaciones son incómodas o si cargar un coche eléctrico 25 minutos es un fastidio, no puedo hacer otra cosa que un llamamiento a contener nuestra frivolidad"
Creo que la sociedad valenciana debe hacer una reflexión muy profunda sobre cómo encarar su desarrollo a partir de este momento. La perspectiva climática debería ser parte central de todo lo que hacemos, desde las infraestructuras hasta las políticas públicas, pasando por cómo vemos, analizamos y comunicamos los conflictos sociales derivados de una transición ecológica inexcusable. Y destaco la sociedad valenciana por el momento en el que estamos, pero es una reflexión perfectamente extensible a cualquier sociedad.

Creo que debemos ser claros: esto va a volver a pasar. Necesitamos prepararnos desde el punto de vista adaptativo, pero también preventivo, aplicando protocolos y normas que minimicen los riesgos y creando infraestructuras que los resistan. Aun así, eso será un dolor perpetuo si no nos impliquemos en la mitigación.

El aumento de probabilidad de lluvias extremas en el Mediterráneo pasará de un 10% con un calentamiento de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales a un 21% con 2 °C de aumento. La probabilidad de fenómenos extremos irá creciendo drásticamente si no frenamos la emisión de gases de efecto invernadero derivada de la quema de combustibles fósiles, y esto es solo uno de los problemas que vamos a tener que enfrentar. No podemos seguir pretendiendo que no nos va a afectar.


Asistimos continuamente a la tensión entre la batalla climática, que es global, con los intereses o inercias sociales, que operan a nivel local. La tentación de desentenderse es poderosa. Pero no podemos permitirlo y menos cuando has visto la cara de lo que viene. La lucha contra el cambio climático también tiene una dimensión moral y de dignidad, de saber que estás haciendo lo correcto, independientemente de que eso no te garantice el éxito. Nuestra sociedad tiene que reaccionar y demandar acciones y comportamientos coherentes con la emergencia climática. Ojalá este fatídico 29 de octubre, entre tanto daño y sufrimiento que va a dejar, nos sirva al menos para reaccionar como sociedad.
Pedro Fresco
Pedro Fresco
Especialista en regulación y transición energética. Ex director general de Transició Ecològica de la Generalitat Valenciana (España).
Licenciado en Química por la Universidad de València. Profesor-colaborador en el máster en Energías Renovables de la Universidad Internacional de València (VIU). Autor de 'El futuro de la Energía en 100 preguntas' (2018), 'El Nuevo Orden Verde' (2020) y 'Energy Fakes' (2024). Director general de la Asociación Valenciana de Empresas del Sector de la Energía (AVAESEN).
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