Martes, 28 de julio de 2026
TRANSICIÓN ENERGÉTICA

La Unión Europea rebaja su principal herramienta para reducir emisiones (y China se frota las manos)

La Comisión Europea propone dar diez años más de margen a la industria para completar su descarbonización. Linda Kalcher y Andrés Pelayo, de Strategic Perspectives, 'think tank' europeo especializado en política energética, advierten de que este alivio puede resolver tensiones inmediatas, pero también debilitar los incentivos que convirtieron el mercado europeo de carbono en una referencia mundial. Están en juego el empleo, la inversión y un liderazgo tecnológico en el que China ya parte con una ventaja considerable.

Linda KalcherAndrés Pelayo Alfonso
Linda Kalcher, Andrés Pelayo Alfonso 28 de julio de 2026
Añadir AgendaPública en Google
Proyectos financiados por la Comisión Europea como el de esta fábrica en Setúbal (Portugal) apuestan por la inversión industrial para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. | Comisión Europea
Proyectos financiados por la Comisión Europea como el de esta fábrica en Setúbal (Portugal) apuestan por la inversión industrial para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. | Comisión Europea
A Napoleón se le atribuye la máxima de no interrumpir a un adversario mientras comete un error. China ha tomado nota. El gigante asiático observa en silencio cómo Europa debilita su principal herramienta de descarbonización industrial con la mirada puesta en el liderazgo tecnológico de las industrias y tecnologías limpias.

La Comisión Europea ha esperado hasta la víspera del parón veraniego para presentar su reforma del mercado de carbono, el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE, más conocido por sus siglas en inglés, ETS). Este mercado guía la descarbonización del sector eléctrico y de la industria europea al tiempo que persigue que las empresas ganen competitividad en unos mercados globales de tecnologías limpias que no dejan de crecer. El problema es que la propuesta ha perdido fuerza en un momento especialmente crítico.

"El gigante asiático observa en silencio cómo Europa debilita su principal herramienta de descarbonización industrial"
Pensemos en el ETS como en las entradas de un festival: Bruselas emite un número limitado de derechos de emisión, uno por cada tonelada de CO2 liberada, y solo quien tiene entrada puede acceder al recinto, es decir, al mercado de carbono. Cada año la oferta se reduce a un ritmo fijo, anunciado con antelación, así que cada vez circulan menos derechos y, en consecuencia, los precios suben (igual que las entradas de un festival). Las centrales eléctricas y las industrias más intensivas en energía (acero, cemento, química, aviación, transporte marítimo) necesitan un derecho por cada tonelada que emiten. Cuanto más escasa es la oferta, más sube el precio de reventa, lo que empuja a las empresas a invertir en tecnología baja en carbono antes que seguir pagando por los derechos.


Los resultados positivos del sistema son medibles. Desde 2005 ha recaudado más de 270.000 millones de euros y ha recortado en un 50% las emisiones de los sectores cubiertos sin frenar ni la producción ni el crecimiento. China, el Reino Unido, Corea del Sur y California han adoptado su propia versión del modelo y, según el Banco Mundial, en torno al 30% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero están cubiertas por unos ochenta instrumentos de fijación de precios al carbono.

Entonces, ¿qué lleva a la Comisión Europea a debilitar sus políticas de emisiones justo cuando otras grandes economías refuerzan las suyas? La razón es una mezcla de preocupaciones legítimas y de oportunismo político a corto plazo que ha llevado a los responsables políticos a convertir el ETS en el chivo expiatorio de los problemas que ellos mismos han causado. Vamos a verlo por partes.

Es cierto que las empresas europeas afrontan un cúmulo de incertidumbres: los aranceles, las normas comerciales cambiantes o la volátil geopolítica son solo algunos ejemplos. A esto debemos sumarle que los precios de la energía repuntan con cada guerra que deja al descubierto la fuerte dependencia europea del petróleo y el gas importados, algo que golpea de lleno nuestra competitividad. En ese contexto, las normas vigentes del ETS obligaban a descarbonizar por completo el sector eléctrico y la industria antes de 2039, un calendario muy exigente para algunas empresas electrointensivas.

Ante tal paradigma, era esencial una salida pragmática; pero en su lugar las empresas han obtenido diez años de margen adicional, un colchón que diluye los incentivos a innovar y a no quedarse rezagadas frente a la industria china.

"Los responsables políticos han convertido el ETS en el chivo expiatorio de los problemas que ellos mismos han causado"
Al mismo tiempo, algunos Estados miembros, como Italia o Polonia, han convertido el ETS en la cabeza de turco de sus problemas. Culparon al ETS de la subida de los precios de la energía, cuando el verdadero motivo fue el encarecimiento del gas por la guerra, que disparó los precios y alimentó la inflación. Los mismos responsables políticos también han fingido que el ETS era el responsable de que las siderúrgicas vieran caer su demanda y peligraran puestos de trabajo cuando lo que había y hay detrás es la sobreproducción de acero chino que inunda el mercado europeo.


Para ser claros: la propuesta de reforma del ETS funciona como un caballo de Troya. Parece un regalo porque da a las empresas europeas más tiempo para recortar emisiones, pero las deja en desventaja frente a una industria china que no para de acelerar. Hemos visto el mismo patrón con el vehículo eléctrico: Europa baja el ritmo mientras los fabricantes chinos ganan cuota de mercado global año tras año. La industria pesada y el sector eléctrico corren ahora el riesgo de ser los siguientes, aunque son precisamente los segmentos en los que la descarbonización sale más barata y es más fácil de lograr.

La propuesta podría mejorar de varias formas: reforzar la trayectoria de descarbonización para no perder los incentivos a innovar e invertir; dar prioridad a la descarbonización del sector eléctrico para darle más tiempo a la industria; redirigir el apoyo financiero hacia las propias empresas.

Por supuesto, no todos leen la reforma igual. Para una parte de la industria europea, desgastada tras años de costes energéticos altos, la flexibilidad añadida supone un alivio. También puede leerse como una victoria para los gobiernos que llevaban meses presionando por un ETS más laxo (Italia y Polonia entre ellos), que ven en la propuesta de la Comisión la prueba de que su presión ha dado resultado.

Pero conviene separar dos facturas que este punto del debate mezcla constantemente, muchas veces de forma interesada.

"Para una parte de la industria europea, desgastada tras años de costes energéticos altos, la flexibilidad añadida supone un alivio"
El primer motor de coste es la energía, que tiene un origen muy concreto: la dependencia europea del gas y el petróleo importados. Esta exposición proviene de la ruptura con el gas ruso tras la invasión de Ucrania y ahora se ha visto agravada por los vaivenes de la política exterior estadounidense, sobre todo en Irán. El ETS no es el responsable de ese coste. De hecho, mientras los precios de la energía se disparaban por esas mismas tensiones geopolíticas, el precio del carbono se mantuvo estable. La Agencia Internacional de la Energía estima que la UE ha ahorrado 51.400 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles en 2025 gracias a las renovables y a la política europea. España es un buen ejemplo: gracias al peso de las renovables en su 'mix' energético, ha pagado hasta siete veces menos por la electricidad que Italia, que sigue dependiendo en gran medida del gas para mantener su industria en marcha y sus hogares calientes.


El segundo motor de coste sí nace del ETS, aunque es mucho más pequeño de lo que suele decirse. Volvamos a la analogía del festival: diluir ahora el sistema es como si los organizadores regalaran entradas gratis entre quienes se saltaron al principio la cola. Quien compró su entrada pronto, apostando a que los precios seguirían subiendo, descubre ahora que haber llegado primero ya no compensa.

Esta reforma beneficia a las empresas que llevan años sin invertir lo suficiente en descarbonización o que ya han trasladado su capital a China, donde la mano de obra es más barata y la energía cuesta menos. Mientras tanto, los competidores europeos que se adelantaron y que empezaban a ver la rentabilidad en esa apuesta leen el movimiento de la Comisión como un paso atrás. El resultado: se da un alivio a corto plazo para los rezagados y una desventaja competitiva a medio plazo para todos los demás, un trueque del que solo sale beneficiado el único rival que de verdad cuenta en esta partida.

Alcanzar el objetivo de emisiones de 2040 puede salir ahora más caro de lo que habría salido de haber actuado a tiempo. Si la competitividad está en juego, también lo están puestos de trabajo valiosos y sectores críticos en desarrollo. Ya hemos visto en el caso de la energía solar y los vehículos eléctricos lo rápido que puede suceder.

"Alcanzar el objetivo de emisiones de 2040 puede salir ahora más caro de lo que habría salido de haber actuado a tiempo"
La propuesta de la Comisión es solo el primer paso para reformar la norma. El expediente pasa ahora al Consejo y al Parlamento, que definirán sus posiciones en diciembre, con el primer trimestre de 2027 como fecha límite para que las tres instituciones cierren un acuerdo. Será un esfuerzo considerable, aunque no imposible, sobre todo con las elecciones clave que se avecinan, no solo en España, sino también en Francia, Italia, Polonia y otros países. Los veintisiete gobiernos distan mucho de ser unánimes: unos impulsan recortes de emisiones más profundos y otros quieren aguar aún más el sistema. El Parlamento Europeo, por su parte, no ha logrado formar mayorías estables en los últimos meses.


Irlanda ocupa la presidencia rotatoria del Consejo durante el segundo semestre de 2026 y ha señalado la revisión del ETS como un expediente prioritario, por lo que presionará para lograr un acuerdo político de principio en el Consejo de Medio Ambiente de diciembre.

Mientras tanto, en Pekín no necesitan mover ficha. Basta con esperar a que Europa termine de pelearse consigo misma.
Linda Kalcher
Linda Kalcher
Directora ejecutiva de Strategic Perspectives
Es la fundadora de Strategic Perspectives en 2022. Antes pasó siete años en la European Climate Foundation, donde fue directora para Instituciones de la UE y Diplomacia del Green Deal y asesora especial de su consejera delegada, Laurence Tubiana. Fue asesora política del eurodiputado socialdemócrata Jo Leinen en la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo.
Andrés Pelayo Alfonso
Andrés Pelayo Alfonso
Analista de Asuntos Institucionales de la UE en Strategic Perspectives
Es analista de Asuntos Institucionales de la Unión Europea en Strategic Perspectives, 'think tank' con sede en Bruselas centrado en política climática, energética e industrial. Antes estuvo en el Parlamento Europeo, combinando comunicación política y análisis legislativo en distintas comisiones. Previamente fue consultor en GAD3 y periodista en 'The Objective Media'. Es máster en Análisis Político y Electoral por la Universidad Carlos III de Madrid.
Participación