Esta semana la República de Irlanda asume
la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea, por lo que llevará las riendas de la institución que aúna a todos los Estados miembros hasta finales de año. Se trata de
un semestre clave, con tres grandes dosieres en los que Dublín tendrá que jugar
un papel muy activo y que marcarán buena parte del éxito o fracaso de la actual legislatura.
"Irlanda llevará las riendas de la institución que aúna a todos los Estados miembros hasta finales de año"
Por un lado, está
la negociación del próximo marco financiero plurianual (MFP) para el periodo 2028-2034. António Costa, presidente del Consejo Europeo, tiene el objetivo de alcanzar un acuerdo antes de que termine el año. Eso significa que los irlandeses tienen
un papel central en conseguir cerrar el pacto. Una fuente diplomática explica que
todavía las negociaciones se encuentran en un punto "duro, táctico", con muchos rechazos frontales. Irlanda tendrá que ir suavizando los ánimos y preparando el terreno para
tres cumbres que serán fundamentales.
La primera será la cumbre de octubre, cuando el equipo de Costa ha marcado que Dublín presentará una nueva
caja de negociación o
negobox,
que sustituirá a la que ha sido presentada por la presidencia chipriota e inmediatamente destripada por las capitales de forma casi despiadada. Como tiene que ser, explica otra fuente. Es el destino de las primeras
cajas de negociación: ser odiadas públicamente.
Irlanda tiene el trabajo de unir posiciones. Los recortes son inaceptables:
demasiado pequeños a ojos de los frugales, los países ricos del norte, que critican que la presidencia chipriota haya recortado únicamente un 2% la propuesta inicial de la Comisión Europea.
Dublín sabe que tiene que
navegar con cuidado entre las oposiciones actuales. Recortar más para ganarse al norte puede llevar a la firme oposición del grupo más grande de Estados miembros, los llamados "amigos de la cohesión", que defienden las partidas clásicas del MFP y que se encuentran bastante cohesionados y organizados. Varias fuentes diplomáticas apuntan a que
la única solución posible es presentar de cara a esa cumbre de octubre una nueva propuesta de recursos propios, es decir, impuestos europeos que van directos a financiar el MFP. Una fuente sueca ya se ha mostrado
más que escéptica respecto a que eso pueda resolver el actual choque.
"Recortar más para ganarse al norte puede llevar a la firme oposición del grupo más grande de Estados miembros, los llamados «amigos de la cohesión»"
El presupuesto que ha planteado la Comisión es
mucho mayor que el actual si no se tiene en cuenta el impacto económico del Fondo de Recuperación que se creó durante la pandemia de coronavirus, y si no se tiene en cuenta
el pago de intereses de la deuda que se emitió para financiar ese Fondo. Eliminando ese pago de la deuda,
el futuro MFP es solamente un 0,02% mayor que el actual. Sin embargo, resolver esta ecuación es extremadamente difícil.
Más allá de octubre,
la presidencia irlandesa tendrá dos intentos más: una reunión informal de jefes de Estado y de Gobierno que se celebrará en la isla a principios de noviembre y el Consejo Europeo formal de finales de diciembre,
la cita clave.
Reformas económicas
El otro ámbito en el que
la presidencia irlandesa tiene mucho trabajo es la reforma del mercado de capitales, con la presión añadida que ejerce el grupo
E6 de grandes economías europeas, es decir, Alemania, Francia, Italia, España, Países Bajos y Polonia, que tienen
una clara hoja de ruta y exigen avanzar en las reformas. La semana pasada, en una entrevista con el
Financial Times, Micheál Martin, primer ministro irlandés, aseguró que
hay un 80% de acuerdo respecto a los planes del E6. Pero el 20% restante es lo que ha justificado el bloqueo durante muchos años.
De hecho, y aunque Martin ha explicado que hay
"formas de aterrizar" el acuerdo, Dublín ha ejercido un papel muy activo en el bloqueo de cualquier acuerdo de la Unión de los Mercados de Capitales, hoy rebautizada como Unión de Ahorros e Inversiones (SIU), que, como piedra de toque, tendría
una centralización de la supervisión en manos de la ESMA en París, algo que Irlanda nunca ha querido
por miedo a perder el control y no poder seguir siendo una auténtica meca de la inversión financiera extranjera.
"Micheál Martin, primer ministro irlandés, aseguró que hay un 80% de acuerdo respecto a los planes del 'E6'"
Dublín ha ofrecido
un regulador ágil, flexible y rápido, e impuestos muy bajos. El SIU eliminaría
uno de los pilares de su modelo de negocio. No ha sido únicamente un problema para Irlanda: muchos otros Estados miembros pequeños consideran que, si no tienen la capacidad de ser atractivos por la vía de su regulador,
perderán posibles clientes en favor de las grandes economías de la Unión Europea.
Ampliación, energía e inmigración
Más allá del dosier económico,
la presidencia irlandesa tiene el objetivo de alcanzar acuerdos en otros ámbitos importantes. Por ejemplo, en energía, tiene el objetivo de concluir las negociaciones respecto al Paquete de Redes Europeas,
una ambiciosa reforma de las infraestructuras energéticas de la Unión, para el que Bruselas y Dublín quieren tener
un acuerdo antes de que termine el año.
La presidencia irlandesa también tendrá
un papel activo en el dinámico debate sobre la ampliación, donde están ocurriendo muchas cosas: se han abierto ya
negociaciones con Ucrania y
Moldavia, mientras Montenegro se encuentra prácticamente a las puertas del club. Mientras tanto, se acumulan ideas para hacer
la ampliación más viable políticamente para los habituales
ampliófobos, aquellos Estados miembros menos entusiastas por agrandar la UE. Por ejemplo, el Gobierno alemán ha planteado
un rol especial de observador para Ucrania, mientras se avanza también en ideas como un periodo transitorio en el que
los nuevos miembros no tengan poder de veto en algunos ámbitos que requieren unanimidad, como, por ejemplo, la política exterior y de seguridad.
"Todo el sistema descansa sobre la confianza mutua entre Estados miembros que se quebró durante la crisis migratoria de 2015 y 2016"
Por último, Dublín presidirá
los primeros meses de aplicación del Pacto de Migración y Asilo, que analistas y fuentes involucradas coinciden en identificar como una etapa clave. Todo el sistema, que se acordó durante la presidencia española en 2023, descansa sobre
la confianza mutua entre Estados miembros que se quebró durante la crisis migratoria de 2015 y 2016. Para asegurar el buen funcionamiento
del nuevo Pacto, es fundamental mantener
una cooperación leal entre las capitales, un trabajo en el que
la presidencia irlandesa se tendrá que aplicar a fondo al mismo tiempo que los Gobiernos se dividen por el corrosivo debate respecto a los centros de deportación fuera de territorio comunitario y la intención de diecinueve Estados miembros de que
la iniciativa sea financiada con fondos europeos.