Desde el comienzo de la Revolución Industrial, la sociedad moderna ha dependido de
su capacidad para extraer y usar energía para su propio beneficio. Ahora, el mundo se enfrenta al
cambio energético más radical en más de cien años, la
"era de la electrotecnología":
la aparición simultánea de nuevas formas de producción y consumo de energía eléctrica que permiten desplazar a los combustibles fósiles (dominantes hasta hoy) en la mayoría de los usos.
Estas tecnologías de consumo eléctrico (como bombas de calor para calentamiento y motores eléctricos para movilidad) son
unas tres veces más eficientes que sus equivalentes fósiles (calderas de gas y motores de combustión), reduciendo a alrededor de un tercio
el consumo de energía necesario para lograr el mismo efecto.
Por supuesto, estas tecnologías
no emiten gases de efecto invernadero, y gracias a la sustitución de flujos constantes de importación de combustibles fósiles por energías renovables,
la economía se protege de los vaivenes del mercado energético internacional. Los equipos de energía solar se pueden producir domésticamente e incluso, si se importan, duran varias décadas, pudiéndose reciclar al final de su vida para
fabricar la siguiente generación de equipamiento de manera local.
"La revolución de la electrotecnología no es solo política climática, sino que es también geopolítica y una medida de seguridad nacional"
Por estos motivos, la revolución de la electrotecnología no es solo política climática, sino que es también
geopolítica y una medida de seguridad nacional, especialmente en un momento de mercados energéticos convulsos por el cierre del estrecho de Ormuz. Ya en 2025, la nueva instalación de fotovoltaica y eólica esencialmente
cubrió todo el aumento de la demanda eléctrica mundial, y por primera vez
las energías renovables superaron al carbón como fuente energética a nivel mundial. Y
la crisis en Oriente Medio no ha hecho sino reforzar la tendencia.
En este contexto, España está en una posición privilegiada: su abundancia de recursos energéticos solares y eólicos está convirtiendo al país en una gran potencia renovable.
Esto logra reducir en paralelo las emisiones de gases de efecto invernadero y los precios de la electricidad, tanto para los ciudadanos como para las empresas,
mejorando la calidad de vida y la competitividad de la economía española. Pero para proseguir con esta revolución, España se enfrenta a múltiples problemas en su sistema energético que deberá enfrentar con políticas acertadas.
El problema de la demanda
En primer lugar, en cierto modo
las renovables españolas están muriendo de éxito. La caída de costes de los equipos de energía renovable, unida al gran potencial energético renovable del país, ha llevado en los últimos años a
una avalancha de instalaciones (principalmente solares) que ha cambiado completamente el panorama energético.
"España está en una posición privilegiada: su abundancia de recursos energéticos solares y eólicos está convirtiendo al país en una gran potencia renovable"
Debido al
funcionamiento marginalista de precios del sistema eléctrico español,
la conexión masiva de fuentes de generación renovable está causando fuertes variaciones en el precio del megavatio-hora (MWh). Por un lado, en las horas centrales de los meses con más luz,
el precio mayorista se desploma por debajo de los veinte euros por MWh, llegando a veces incluso a precios cero o negativos. Esto es muy positivo para los consumidores, que
disfrutan precios mucho más bajos en las horas centrales del día.
Sin embargo, entre el atardecer y el amanecer, y en los meses de menos horas de luz,
los precios suben rápidamente por encima de los setenta euros por MWh (y muchas veces superan los cien euros), al ser el gas natural la tecnología que todavía aporta el último MWh de la demanda (y que, por tanto,
marca el precio para todo el sistema).
Así, el mercado español es cada vez más barato, pero cada vez más volátil, con menor estabilidad de precios tanto intradía como a lo largo del año. Los precios cercanos al cero de cada vez más horas del año están
frenando ya la instalación de renovables por el hundimiento de su rentabilidad, y
el freno en las instalaciones renovables impide desplazar a los combustibles fósiles en las noches y los días invernales.
Por tanto, es urgente acelerar la instalación de
almacenamiento energético en la red eléctrica:
sistemas que absorban energía en los momentos del día de mayor producción renovable y menores precios (aportando demanda durante esas horas y elevando algo los precios) y la emitan a la red en las horas de menor producción y mayor demanda (
reduciendo así los precios).
Aunque cierto despliegue de almacenamiento ya está sucediendo, urge acelerar estas instalaciones, a fin de recuperar la rentabilidad de las instalaciones renovables para poder continuar la senda de la descarbonización de la red y la caída de los precios promedio. En primer lugar, la rápida
caída de precios de las baterías hace que las instalaciones híbridas (baterías más renovables)
ya sean más baratas que los combustibles fósiles en muchos lugares, permitiendo llevar energía de las horas de sol a las noches.
"Es urgente acelerar la instalación de almacenamiento energético en la red eléctrica"
Mientras, la
hidroeléctrica de bombeo permite aprovechar la montañosa orografía de nuestro país y
almacenar energía durante más tiempo (hasta semanas) para equilibrar los precios entre días de mayor y menor demanda. Junto a la reciente
aprobación por la Unión Europea de las ayudas españolas al almacenamiento de energía (el "mercado de capacidad"),
España está lista para un despliegue de sistemas de almacenamiento que contribuya a reducir y estabilizar los precios eléctricos y a continuar con la descarbonización del sistema eléctrico.
La rápida implantación de las renovables y sus bajos precios, además, es
el detonante ideal para el siguiente círculo virtuoso: la
electrificación de la economía. Como se ha discutido, el cambio de sistemas fósiles por sus equivalentes eléctricos no solo reduce emisiones de dióxido de carbono, sino que
es mucho más eficiente energéticamente y reduce las importaciones de combustibles fósiles, mejorando la competitividad de la economía española y su resiliencia a choques energéticos externos.
"España está lista para un despliegue de sistemas de almacenamiento que contribuya a reducir y estabilizar los precios eléctricos, y a continuar con la descarbonización del sistema eléctrico"
Aquí,
los dos grandes objetivos deberían ser el consumo residencial de calefacción y el transporte. Por la parte residencial, la instalación de bombas de calor y redes comunitarias de calor permitiría sustituir consumo fósil por eléctrico, mientras que la
rehabilitación de edificios antiguos permitiría reducir de base la necesidad de calefacción y
refrigeración. Finalmente,
la producción de biometano renovable permitiría la descarbonización del consumo remanente de gas natural.
El avance del vehículo eléctrico, por otra parte, dependerá de
la bajada continua de precios de las baterías (que está llevando ya a los vehículos eléctricos a la paridad de precios con los de combustión) y del
despliegue de la red de carga,
con retraso en España frente a otros países.
Una red eléctrica preparada para el futuro
Sin embargo,
la electrificación de la economía española también presenta nuevos retos. La expansión de las plantas de energía renovable y de biometano está encontrando cada vez más oposición en las zonas rurales, cuyos habitantes frecuentemente no ven suficientes beneficios económicos, pero sí
un cambio radical en su paisaje (renovables) y se ven afectados por
malos olores y
enormes aumentos del tráfico rodado (biometano).
A fin de evitar frenar la expansión de estas nuevas fuentes de energía (claves para nuestra descarbonización y competitividad),
urgen medidas que repartan más equitativamente los beneficios de estas iniciativas. En ese sentido, es muy positiva la reciente
ley gallega que obliga a las nuevas plantas eólicas de esa región a vender la mitad de su producción a consumidores locales y a precios reducidos, además de obligar a repotenciar (
sustituir molinos eólicos antiguos por modernos, que producen más energía con muchos menos molinos).
Por su parte,
las empresas de biometano deberían realizar mayores esfuerzos por explicar sus proyectos y escuchar a los vecinos de las zonas donde se pretendan instalar, además de cumplir la legislación ambiental a rajatabla, dada la mala fama y falta de transparencia de su industria sobre sus impactos ambientales. También se debería priorizar
un modelo de plantas pequeñas y descentralizadas, frente al actual, que concentra los residuos, el tránsito de vehículos y el impacto ambiental (pero también el empleo generado) en unos pocos puntos que se ven excesivamente afectados.
"Es muy positiva la reciente ley gallega que obliga a las nuevas plantas eólicas de esa región a vender la mitad de su producción a consumidores locales y a precios reducidos"
Pero
el gran problema actual de la red eléctrica española viene de los bajos precios eléctricos, que están catalizando una explosión de nuevas instalaciones de producción de hidrógeno verde y de centros de datos (alimentados también por la fiebre de la inteligencia artificial), lo cual, unido al naciente
resurgir industrial y a la necesidad de acelerar la construcción de vivienda, está llevando a la red eléctrica al límite:
no hay suficiente capacidad de red para mover toda la energía demandada.
Los últimos datos del sector indican que
el 83,4% de los nodos de la red eléctrica están saturados (entre potencia ya en uso y nuevos proyectos aprobados), afectando tanto a la instalación de nueva generación renovable como a nuevos grandes consumidores. La situación no es todavía crítica, ya que parte de la saturación se explica por proyectos todavía en trámite, pero si España quiere
mantener el impulso a su industria y competitividad y continuar atrayendo inversiones industriales estratégicas, debe expandir rápidamente su red eléctrica para atender a la nueva demanda.
En este sentido, es positivo que el Gobierno haya elevado hasta cantidades récord la autorización de inversión en redes de transporte (gestionadas por Red Eléctrica Española) y de distribución (gestionadas por las eléctricas privadas) para agilizar su despliegue. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) también ha
aumentado la retribución a las redes eléctricas en línea con las demandas de las grandes eléctricas,
aunque no tanto como planteaban.
Estas medidas deberían incentivar apropiadamente
el aumento de capacidad de la red eléctrica. Y aunque ambas revierten en un aumento de los costes por gestión de redes de la factura eléctrica de los ciudadanos y empresas, el efecto debería quedar neutralizado por el aumento del consumo eléctrico (que incrementa la base entre la que se dividen los costes de retribución de la red) y por el próximo
fin del recargo por el déficit de tarifa. Sin embargo, sí sería de interés explorar medidas que garanticen que el aumento de la retribución de las redes eléctricas lleva parejo un aumento real de la inversión
y no se convierte en una mera extracción de rentas, aunque parece que
el interés de las empresas eléctricas por las inversiones en redes es real.
"Sería de interés explorar medidas que garanticen que el aumento de la retribución de las redes eléctricas lleva parejo un aumento real de la inversión"
Pero,
como demostró el apagón peninsular de 2025, la red no solo se enfrenta a un problema de saturación, sino de estabilidad. Aunque, como mostraron los informes de peritaje,
la causa del apagón no estuvo relacionada con un problema de estabilidad de las plantas renovables (como se afirmó sin pruebas desde algunos sectores), lo cierto es que
la red eléctrica de hoy es mucho más compleja que en el pasado, y, por tanto,
exige medidas adicionales para su control y estabilidad.
En este sentido, cambios como permitir a las fuentes renovables participar en el
control de tensión de la red eléctrica permitirán tanto dotar de una mayor estabilidad a la red eléctrica como
retribuir mejor a las renovables para fomentar su instalación. Mejoras adicionales en electrónica de potencia y recogida y gestión de datos también ayudarán a tener una red más segura y barata de operar;
parte de lo que falló en el apagón fue la falta de datos en tiempo real en Red Eléctrica Española y la falta de velocidad de reacción por falta de automatización.
Pero la principal dificultad a la que se enfrenta España a la hora de estabilizar y rentabilizar su red eléctrica es
la falta de interconexiones internacionales, ya que depende de conexiones transpirenaicas con Francia para lograr conectar su red eléctrica al resto del mercado europeo. En los últimos años, Francia ha facilitado este aislamiento demorando la construcción de nuevas interconexiones, celosa de que
la energía renovable barata ibérica sea una competencia demasiado dura para su parque nuclear.
"Cambios como permitir a las fuentes renovables participar en el control de tensión de la red eléctrica permitirán dotar de una mayor estabilidad a la red eléctrica"
Esto es un serio problema para España y Portugal, ya que
aísla la red ibérica de la europea (privándola de la mayor estabilidad aportada por una red más grande) y limita enormemente la exportación ibérica de energía. Por ello, además de apoyarse en las instituciones europeas (que repetidamente reclaman la mejora de la conexión transpirenaica) para conseguir
fondos y apoyo político para la conexión con Francia,
España debe buscar alternativas para circunvalarla, como
conexiones con Irlanda o Italia.
En resumen,
el sector energético español está consiguiendo aparejar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero con las caídas de precios y de importaciones fósiles. Se enfrenta a múltiples retos, pero con la combinación apropiada de políticas públicas es posible
apuntalar el sector como una de las mejores ventajas competitivas que hoy tiene España, a la par que se avanza hacia la neutralidad climática.