Martes, 28 de julio de 2026
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Controlar el pánico y golpear fuerte: Bruselas intenta aprender a relacionarse con China

La Comisión Europea trabaja en nuevas herramientas para abordar la amenaza de China, pero hacer frente a los desequilibrios llevará probablemente a un choque con Pekín. El corresponsal en Bruselas Nacho Alarcón recuerda que China "tiene muchas maneras de provocar importantes disrupciones en las cadenas de suministro de la industria europea" y repasa la estrategia europea para intentar equilibrar la balanza.

Nacho Alarcón Nacho Alarcón 1 de junio de 2026
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António Costa, presidente del Consejo Europeo, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, junto al presidente de la República Popular China, Xi Jinping. | Comisión Europea
António Costa, presidente del Consejo Europeo, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, junto al presidente de la República Popular China, Xi Jinping. | Comisión Europea
El pasado viernes, la Comisión Europea celebró una reunión especial de sus comisarios dedicada en exclusiva a China. La esperanza del Ejecutivo comunitario es que las próximas semanas ayuden a que la Unión Europea elabore una nueva estrategia para gestionar su relación comercial con el gigante asiático, que es ya una amenaza directa para la industria europea. La oportunidad de elevar este debate a una urgencia política está en la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea de mediados de junio, cuando está previsto que el Consejo Europeo aborde la cuestión.

En 2019, la Comisión de Jean-Claude Juncker elaboró una nueva estrategia para China que sigue marcando la agenda europea con Pekín siete años después. En ella se señalaba al gigante asiático como "socio en materia de cooperación, competidor económico y rival sistémico". Los líderes europeos, a pesar de sus muchas y diferentes sensibilidades y relaciones con China, decidieron bendecir unánimemente esa definición, que mantenía un equilibrio entre todas las dimensiones de los lazos con el gigante asiático. En una relación muy marcada por el miedo de muchos líderes europeos a las represalias que China pueda tomar, ese movimiento marcaba un antes y un después.

"Los líderes europeos decidieron bendecir unánimemente esa definición, que mantenía un equilibrio entre todas las dimensiones de los lazos con el gigante asiático"
Pero desde entonces, la situación ha empeorado. A ojos de la Comisión, esos tres elementos de la relación con China se han desequilibrado, especialmente a partir de la pandemia. China sigue siendo un competidor económico, pero con 800.000 millones de euros al año en subsidios, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta es una política diseñada para evitar que el yuan se aprecie y también una negativa de Pekín a fomentar la demanda interna, volcando toda la producción subvencionada hacia las exportaciones; no está siendo un competidor leal.

A lo largo de estos últimos años, la Comisión ha ido endureciendo su postura. Políticamente, la anterior Administración estadounidense, bajo Joe Biden, influyó activamente en Bruselas para que fuera más exigente con Pekín y se tomara muy en serio su amenaza. Pero el Ejecutivo comunitario necesitaba pocos empujones desde Washington para hacer saltar las alarmas. Su presidenta, Ursula von der Leyen, ya era escéptica respecto a China, y a su alrededor había colaboradores y técnicos que compartían esa visión. Eso se tradujo a lo largo de su primer mandato en el despliegue de una agenda de seguridad económica inédita para la UE. En primavera de 2023, Von der Leyen estableció su primera posición clara respecto a la cuestión, su propia "doctrina china": llamaba a la UE no a desacoplarse (decoupling), que era la tendencia en EE. UU., pero sí a reducir riesgos (de-risking). Está siendo un trabajo lento de cambio de mentalidad que se aplica a todos los ámbitos, tratando de proteger cadenas de suministro y el made in Europe en propuestas como la Ley de Aceleración Industrial (IAA).

Pero todas esas medidas son lentas y requieren un tiempo que Europa no tiene. Debe empezar por asegurarse de que su industria no desaparece en los próximos años. "Es mucho más barato proteger la capacidad industrial ahora que reconstruirla más adelante, una vez que las industrias se hayan derrumbado", explican los economistas Sander Tordoir y Brad Setser, que han elaborado un documento para el Centre for European Reform (CER) sobre el shock chino 2.0 y la "complacencia alemana" ante una revolución china que está centrándose precisamente en el corazón de su modelo de negocio: maquinaria, productos químicos, fármacos y, por supuesto, coches. Hasta ahora, la UE trata de proteger estas industrias con herramientas de otro tiempo: aranceles que se imponen por antidumping y por subvenciones extranjeras a través de un nuevo reglamento. Son procesos muy complejos, que exigen pruebas, investigaciones en profundidad producto a producto y, sobre todo, tiempo.

Y, de nuevo: es un tiempo que Europa ya no tiene. El propio Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea y responsable de la aplicación del Reglamento sobre subvenciones extranjeras, lo explicaba esta semana: en ocasiones, "una investigación de ocho o nueve meses no nos permite salvar al sector", señalaba el francés a un grupo de medios europeos. No solamente es una cuestión de tiempo, también de efectividad. A pesar de los gravámenes comerciales a los coches eléctricos chinos, en 2025 sus importaciones volvieron a crecer un 26% y Pekín compensó cualquier posible cierre de mercado europeo a sus eléctricos con un incremento del 155% en los híbridos.

"Desde la Comisión Europea plantearon el uso de herramientas mucho más generales y rápidas, como cuotas y salvaguardias para proteger a sectores enteros"
El pasado viernes, tanto Séjourné como Maroš Šefčovič, comisario de Comercio y Seguridad Económica, además de reforzar la agenda de reducción de riesgos a lo largo de la cadena de suministro, plantearon el uso de herramientas mucho más generales y rápidas, como cuotas y salvaguardias para proteger a sectores enteros. Esa estrategia tiene dos importantes "peros". El primero es que se aplican de forma general a todos los socios y, como se vio con el caso del acero y el aluminio, hay socios comerciales leales que sienten que están, injustamente, siendo víctimas del pulso con China. El segundo es que Pekín va a tomar represalias.

Es aquí donde entra el elemento del pánico difícil de controlar. Los gobiernos de muchos Estados miembros tienen muchas reservas a la hora de ser duros con Pekín por las medidas que pueda tomar China contra sus propias exportaciones, como le ocurre a Alemania, o contra las inversiones directas chinas. España ya cambió su posición respecto a los aranceles contra los vehículos eléctricos chinos durante una visita del presidente del Gobierno a Pekín, y la semana pasada, cuando se supo que Francia había enviado a la Comisión Europea un documento de reflexión solicitando más dureza con prácticas comerciales que encajan con las de China, y que en ese texto se señalaba que España junto con otros países respaldaban la petición, el Ministerio de Economía intentó rápidamente desmarcarse del documento. Se trata de un asunto muy sensible.

El daño que puede producir China no llega únicamente por esas dos vías. Pekín tiene muchas maneras de provocar importantes disrupciones en las cadenas de suministro de la industria europea, como ya se ha visto con el caso de los chips de Nexperia después de que el Gobierno de los Países Bajos tomara el control de la compañía, originalmente holandesa pero comprada por una empresa china y con sus operaciones ya centradas en el sur del país asiático. Pero precisamente todo eso está haciendo que en la Secretaría General de la Comisión y en la Dirección General de Comercio quieran actuar cuanto antes: este tipo de prácticas no van a desaparecer; van a ir a más. Si hay una ventana de oportunidad para romper esa dinámica, es ahora, o eso piensan.

"China solamente estará dispuesta a buscar una solución negociada a los desequilibrios comerciales si ve un riesgo real de perder una gran parte de su acceso al mercado"
Para ello, en el Ejecutivo comunitario comparten una idea expresada por Tobias Gehrke, analista del European Council for Foreign Relations (ECFR): la UE tiene que estar lista para provocar una cierta disuasión económica y comercial. China solamente estará dispuesta a buscar una solución negociada a los desequilibrios comerciales, que el propio presidente español Pedro Sánchez ha calificado de "insostenibles", si ve un riesgo real de perder una gran parte de su acceso al mercado europeo, que es clave para las exportaciones chinas. Y eso, desde luego, no ocurrirá sin algo de dolor y tensión. "La coacción china y los desequilibrios sistémicos de China son dos caras de la misma moneda. Intentar abordar estos últimos provocará inevitablemente la primera", explica Gehrke.
Nacho Alarcón
Nacho Alarcón
Corresponsal en Bruselas y experto en política europea
Corresponsal en Bruselas de 'El Confidencial' y autor de la 'newsletter' de asuntos europeos Nexo Europa. Premio de periodismo europeo Salvador de Mariaga 2024.
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