Jueves, 6 de agosto de 2026
CONVERSACIONES

La directora de Chatham House: "Es el tipo de momento que exige a los gobiernos definirse y definir dónde se sitúan sus países"

Bronwen Maddox, directora y consejera delegada de Chatham House, conversa con Marc López Plana, director y editor de 'Agenda Pública', sobre España, Trump, China, la defensa europea y el futuro de la Unión Europea. "Sería imprudente confiar en que Trump defenderá Europa", afirma, mientras pide al continente que dé un paso al frente para "defender sus industrias".

Marc López Plana Marc López Plana 17 de mayo de 2026
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Bronwen Maddox, directora y consejera delegada de Chatham House, y Marc López Plana, director y editor de 'Agenda Pública', | Agenda Pública / Mark York
Bronwen Maddox, directora y consejera delegada de Chatham House, y Marc López Plana, director y editor de 'Agenda Pública', | Agenda Pública / Mark York
España vive un momento singular de exposición internacional. Sus posiciones sobre Gaza, Irán o la autonomía estratégica europea han colocado al Gobierno español en una conversación global atravesada por amenazas, realineamientos y una creciente incertidumbre sobre el papel de Estados Unidos. Bronwen Maddox, directora y consejera delegada de Chatham House, observa el presente con atención y eleva el debate en una escala más amplia: Europa ya no puede actuar como si el viejo orden siguiera intacto.

En la sede del Chatham House, en Londres, su consejera delegada plantea un escenario de gran exigencia para las democracias europeas. La presión populista, la fragilidad industrial, la dependencia tecnológica y las dudas sobre Washington convergen en un mismo momento. Para ella, el ascenso de fuerzas como AfD es el resultado de tensiones sociales a las que los partidos tradicionales no han sabido responder.

La directora del think tank británico también apunta al desafío exterior. Mientras que Rusia obliga a repensar el modelo de seguridad europeo, China amenaza sectores enteros de la industria. Por su parte, Estados Unidos, incluso más allá de Trump, ya no ofrece las mismas certezas. "Europa tiene un enorme incentivo para ponerse las pilas en economía y en defensa", sostiene.
 

Fundado en 1920, el Chatham House también es conocido como el Instituto Real de Asuntos Internacionales. Foto: Agenda Pública / Mark York


Me gustaría preguntarle, en primer lugar, por España, porque está en un momento bueno en términos de exposición internacional. ¿Cuál es su opinión acerca de lo que España y el Gobierno español están haciendo ante el escenario global?

España está dejando huella y diciendo: tenemos una serie de posiciones. No estamos de acuerdo con la acción contra Irán. No estamos de acuerdo con lo que está ocurriendo en Gaza. Y lo está dejando muy claro. Existe la posibilidad de represalias por parte de EE. UU.; el presidente Trump ha hablado de expulsar a España de la OTAN. Pero habrá que ver hasta qué punto esas amenazas se llevan a cabo.

"Este es el tipo de momento que exige a los gobiernos definirse y definir dónde se sitúan sus países"
Siempre es difícil para cualquier líder saber si a la gente en casa le importa y cómo se van a recibir esas palabras en el plano internacional. Pero este es el momento adecuado para que los líderes digan: esta es nuestra posición. Mark Carney, en Canadá, ha hecho algo parecido al señalar que, ante todos estos desafíos, esta es la posición de su país. Es valiente que un líder salga con tanta claridad. Depende, por supuesto, de entender lo que quieren sus votantes en casa, pero este es el tipo de momento que exige a los gobiernos definirse y definir dónde se sitúan sus países.

¿Cree que las élites europeas están bien preparadas para entender y sobrevivir a esta situación global?

Deberían estar preparadas. Donald Trump no apareció de la nada. Surgió de fuerzas políticas que llevaban mucho tiempo gestándose en Estados Unidos y que tienen ecos en otros países. Muchos países europeos se enfrentan a las mismas presiones: la migración, la sensación de haber perdido empleos manufactureros o unas guerras culturales que quizá sean más agudas en Estados Unidos, pero que también resuenan en Europa. Trump reflejó todas esas fuerzas. Tiene su propio carácter, pero representa dinámicas que también aparecen en los países europeos.

Prácticamente todos los líderes europeos tienen que lidiar con presiones presupuestarias: cómo pagar las expectativas de un país en sanidad, educación y pensiones sin suficiente dinero. Los empleos manufactureros están desapareciendo; las empresas tecnológicas están por todas partes y tienen muchísimo dinero, pero es muy difícil recaudar impuestos de ellas. Sin impuestos, no hay Estado. Y, aun así, hay que volver ante los votantes y decir: es muy difícil; ahora, vótenme otra vez. Todos los países democráticos tienen este problema en este momento. Jean-Claude Juncker lo expresó muy bien hace años cuando dijo aquello de "sabemos exactamente qué hay que hacer; lo que no sabemos es cómo volver a ganar las elecciones después de hacerlo".

"Quiénes son las élites es una gran pregunta. Son distintas en cada país y no estoy segura de que hayan seguido siendo las mismas"
Por tanto, las élites deberían entender esas presiones sobre los países. Ahora bien, quiénes son las élites es una gran pregunta. Son distintas en cada país y no estoy segura de que hayan seguido siendo las mismas. Había mucha ira entre muchas poblaciones —desde luego en el Reino Unido desde la crisis financiera de 2008— hacia las élites, fueran los bancos o las élites políticas, que llevaron a los países a este problema. La gente corriente sufrió y, sin embargo, no le parece que quienes tomaron esas decisiones hayan sido castigados de ninguna manera ni hayan sufrido ellos mismos.

Así que no estoy segura de que las élites —si puedo usar esa palabra— hayan acabado de asumir eso. Pero deberían hacerlo. Han tenido tiempo de sobra para mirar bien por qué la gente está tan enfadada.
 

López Plana se interesa por la capacidad de las élites europeas para entender el nuevo escenario global. Foto: Agenda Pública / Mark York


Porque, si no, ¿qué pasará? ¿Qué podría ocurrir si las élites europeas no son capaces de entender la situación real? En las encuestas más recientes, AfD aparece en primera posición.

Esa es la consecuencia: que partidos de derecha y de izquierda que ofrecen soluciones mucho más simples y más radicales suben, suben y suben. Lo estamos viendo en el Reino Unido, especialmente en la izquierda con el Partido Verde, que ahora ya no es principalmente un partido ecologista. Está haciendo campaña sobre la economía y sobre Gaza, y está consiguiendo un voto joven enorme.

Estamos viendo todo esto. Si AfD llegara al poder en Alemania, cambiaría por completo la forma en que funciona la Unión Europea. Nadie debería caer en la complacencia ni pensar que el statu quo continúa. Lo que esos partidos populistas están abordando es un reto que todos los partidos deben afrontar ahora, incluidos los centristas: cómo dar a la gente una sensación de esperanza, de crecimiento, sin que las respuestas sean perfectas, simples y rápidas.

¿Es posible construir más Europa ahora mismo con esa población enfadada en nuestras sociedades? Porque parece que no es fácil tener una Unión Europea más poderosa y unificada.

Sí, es difícil. Pero tener presiones externas ayuda mucho. Por un lado, está Rusia, una amenaza para toda la UE —aunque España esté más lejos, es una amenaza para toda la UE—, y la guerra cibernética silenciosa, la desinformación, todo lo que está ocurriendo ahí. Hay una gran amenaza física, el conflicto no resuelto en Ucrania, y luego está EE. UU. diciendo: no vamos a garantizar la defensa europea y se la dejamos a ustedes, con la incertidumbre sobre lo que pueda venir.

Después está China, con una política muy enérgica de vender todos sus productos al mundo y no estar muy interesada en comprar nada. Eso supone una amenaza enorme para las empresas y la industria europeas. Todas estas son razones por las que la Unión Europea tiene un enorme incentivo para ponerse las pilas en economía y en defensa.

Déjeme preguntarle por las próximas elecciones de medio mandato en Estados Unidos. Parece que en Europa, Von der Leyen, por ejemplo, está esperando el momento en que Trump pueda perderlas. Pero ¿no podríamos tener, quizá, a un Trump más peligroso después de perder esas elecciones?

Es un punto interesante. Estará enfadado. Muy, muy enfadado. La cuestión será saber si estará enjaulado por la Constitución de Estados Unidos o no, algo que ahora mismo desconocemos. Supongamos que pierde la Cámara de Representantes y que cada semana parece que hay más escaños del Senado en juego. ¿Qué pasa entonces? Es difícil decirlo. Si perdiera ambas cámaras, intentarían someterlo a un impeachment, y eso lo enfadaría muchísimo.

"Trump ha demostrado que está dispuesto a intentar ser presidente simplemente a golpe de rotulador Sharpie, mediante órdenes ejecutivas"
Ha demostrado que está dispuesto a intentar ser presidente simplemente a golpe de rotulador Sharpie, mediante órdenes ejecutivas. Ya ha firmado más en un año que en todo su primer mandato: más de 220. Es muy difícil que cualquier límite pueda seguir ese ritmo, ya sea el Congreso o los tribunales, aunque pueden empezar a hacerlo. Eso es exactamente lo que los demócratas en el Congreso empezarían a hacer de inmediato. Además, sentirían menos miedo.

Sigue siendo muy llamativo lo silencioso que está el Congreso en este momento. Este es un año electoral, pero tienen mucho miedo de que el dinero de las tecnológicas vaya contra ellos. Tienen miedo de que las personas que sienten que están del lado de Trump se sientan autorizadas a atacarlos. Hay mucho miedo ahí, y eso me llamó mucho la atención hace un par de semanas en Washington.

Él estará enfadado. No sé cuánto podrá hacer si pierde todo eso. La pregunta más importante es qué se asume ahora mismo. ¿Se espera a que vuelvan los demócratas? Eso es arriesgado. Cualquier país o empresa que trate con EE. UU. debería asumir que la mayor parte de lo que ha hecho Trump se mantendrá. Él tiene una personalidad muy particular, vengativa y marcada por los ataques personales.

Pero asumamos que se queda: que el próximo presidente mantiene los aranceles —algo probable—; que puede haber palabras más conciliadoras sobre Europa y la defensa, aunque seguirá habiendo una incógnita sobre la OTAN.
 

Maddox responde sobre las elecciones de medio mandato en Estados Unidos y el margen de acción de Trump ante un Congreso adverso. Foto: Agenda Pública / Mark York


¿Es Irán el verdadero error de Trump?

Sí, ha cometido otros errores, y algunos de los aranceles podrían acabar siéndolo. Pero Irán es el error más inmediato. No parece que pueda salir de él. Es una guerra que quizá no tenga final, porque Irán tiene incentivos para mantenerla viva. Ha afectado a todo el mundo, y todo el mundo está enfadado con él y quiere que la cierre, pero no puede. Es un gran error.

Su error mayor es no encontrar una forma coherente de tratar con China. Solo hay una cosa que un presidente estadounidense, en este momento, tiene que hacer bien: cómo tratar con China. Y aquí tenemos una imagen muy confusa. Hay personas en su Administración que dicen que China es la gran amenaza, mientras Trump dice que Nvidia puede vender sus segundos mejores chips a China y lanza mensajes muy confusos sobre Taiwán.

"Estados Unidos nunca ha tenido un rival como China: en tecnología, economía, ejército e ideología. Y lo único que un presidente tiene que hacer realmente bien es eso"
Probablemente, el mensaje que China extrae de Irán es que Estados Unidos no defendería, quizá no podría defender, Taiwán. Así se podría leer la Estrategia de Seguridad Nacional de finales del año pasado. ¿Por qué definir su interés por la longitud geográfica? Parece estrecho. Esa estrategia puede leerse como una retirada frente a China. Pero Estados Unidos nunca ha tenido un rival como China: en tecnología, economía, ejército e ideología. Y lo único que un presidente tiene que hacer realmente bien es eso. Él no lo ha hecho. Si busca un error técnico ahora mismo, Irán lo es.

¿Y qué pasa con la política europea hacia China?

Europa tiene que tomar algunas decisiones ahora. Va a tener que tomar medidas, utilizando la legislación existente, para proteger sus industrias; de lo contrario, no tendrá ninguna manufactura. Al mismo tiempo, como ha escrito Mario Draghi, Europa necesita que el mercado único funcione mucho mejor y que sus mercados de capitales funcionen mejor, para proporcionar más capital a las empresas, de modo que sigan siendo europeas y no sean compradas por China o por EE. UU.

Ahora mismo hemos visto lo que ha pasado con la industria del automóvil y los paneles solares. Hay otras 20 industrias. La siguiente es la farmacéutica. Es casi imposible competir con China. Tienen acceso a datos hospitalarios, pueden probar cosas en días o semanas, no en meses o años. Pueden conceder licencias de inmediato. Cualquier molécula que hagamos, ellos pueden hacerla mejor, me dijo una empresa europea.

"Es urgente que Europa decida si la competencia china es desleal por las subvenciones y si debe proteger sus industrias"
Es urgente que Europa decida si la competencia china es desleal por las subvenciones y si debe proteger sus industrias. Tiene que tomar esas decisiones en semanas o meses. China está manteniendo muchas empresas funcionando con pérdidas, apoyadas por bancos estatales. Eso no puede durar para siempre, pero su política actual es inundar el mundo de productos, y eso supone una enorme amenaza para Europa.

¿Qué ocurre con la relación entre el Reino Unido y Europa? ¿Veremos noticias interesantes sobre esta relación en los próximos años?

Hay pequeñas conversaciones en marcha sobre mejoras menores, y probablemente habrá algunas, pero son agotadoras para ambas partes. Incluso pequeños compromisos —como que los estudiantes europeos paguen tasas británicas en lugar de tasas internacionales— son políticamente sensibles. Habrá algunas mejoras, pero no grandes cambios.

La presión sobre el Gobierno viene de las empresas, y también de los viajeros que se preguntan por qué están esperando dos horas para irse de vacaciones de verano por las huellas dactilares y todo eso. La presión está aumentando. Quizá tengamos que esperar a las próximas elecciones generales en el Reino Unido. Me sorprendería que uno de los partidos —Labour, Liberal Democrats o Greens— no hiciera campaña a favor de reincorporarse o de entrar en la unión aduanera.

Hay un argumento económico sólido para volver, y muchos aliados para ello. Pero los países europeos también tienen muchas otras prioridades. Las relaciones con Francia son siempre difíciles, ya sea en defensa o en pesca.
 

La conversación aborda la relación entre el Reino Unido y la Unión Europea tras el Brexit. Foto: Agenda Pública / Mark York


No solo para ustedes, también para otros países de la UE.

Sí, es interesante. Hace poco estuve en el Delphi Economic Forum, en Grecia, donde muchos países decían que negociar con Francia es un obstáculo. Si tuviera que dar un consejo al equipo de Keir Starmer, sería que pasaran más tiempo en Bruselas y menos en relaciones bilaterales. Ese es el camino de vuelta.

Hay apoyo público, aunque todavía no es abrumador. La presión se mueve en esa dirección. Otro punto clave es que las cifras de migración están cayendo de forma significativa, lo que reduce la sensibilidad en torno a la cuestión.

¿Le preocupa el papel de las principales potencias de la UE —Francia y Alemania—, que parecen incapaces de trabajar juntas?

Esto es muy interesante. Una razón por la que viajo mucho a países fuera del Reino Unido, Francia y Alemania es que otros países europeos tienen relatos muy distintos. España, Irlanda, Grecia —y de otra manera Polonia— están diciendo: hemos tenido nuestras propias crisis, ahora nos va bastante bien. Ahora podemos dar lecciones al Reino Unido, Francia y Alemania.

Los griegos tienen especial interés en dar lecciones a Alemania sobre crecimiento, después de todas las lecciones que recibieron de Angela Merkel durante años. Europa está cambiando. Los países están encontrando sus propias soluciones. Pero es un problema que Francia y Alemania estén teniendo dificultades internas y, además, dificultades para trabajar juntas.

En términos de la Unión Europea y su situación económica, parece que el sur está funcionando mejor que el norte o el centro de Europa, mucho mejor que Alemania y Francia. Tener a Alemania en una situación económica débil es un problema.

Es un problema para el resto de Europa. Alemania es clave para la defensa europea. Está invirtiendo mucho en su propia industria, y es central para la defensa de Europa y para la idea que Europa tiene de sí misma. Alemania no es antagonista respecto a Estados Unidos, pero es esencial para que Europa se defina con más distancia de EE. UU. que en el pasado.

Alemania es central para lo que ocurra con Ucrania, y su voz es esencial en la ampliación.
 

López Plana pregunta por el papel de Francia y Alemania en una Europa que busca más autonomía y cohesión. Foto: Agenda Pública / Mark York


¿Ampliación y, al mismo tiempo, más unidad en Europa?

Siempre es difícil. Cuantos más miembros se añaden, más riesgo hay de tener voces muy diferentes. Es un alivio contar con el resultado electoral húngaro, pero no se puede depender de eso. Pueden surgir otros casos. Incluso Moldavia está diciendo: déjennos entrar, somos perfectos, sin excepciones, déjennos unirnos de inmediato.

La ampliación es una cuestión extremadamente difícil para la UE.

Cuando hablamos de ampliación, podemos hablar de Ucrania. Pero ¿es posible tener a Ucrania en la Unión Europea sin una solución clara en términos de la invasión rusa?

Todo el mundo está mirando hacia esa adhesión. Se habla de un estatus de observador: estar en las reuniones, pero sin votar y sin estar incluido en la Política Agrícola Común. Es difícil sin una solución adecuada. Cualquier entrada en la UE implica un paraguas de defensa. Oiremos hablar más de eso en el futuro.

Así que es difícil imaginar a Ucrania entrando rápidamente, aunque muchos quieran que gane el conflicto.

Una consecuencia de las elecciones de medio mandato, si Trump pierde, podría ser algo así como: "Estoy cansado de Europa y de Ucrania, háganse responsables ustedes. Mis intereses están en el Pacífico". ¿Es posible?

Es más probable que no responda de forma coherente a un desafío. Puede estar enfadado, pero eso no tiene por qué traducirse en una retirada sistemática. El mensaje ya ha llegado a Europa: tendrán que pagar más por su defensa.

"No estamos en una guerra directa con Rusia, aunque Ucrania sí lo esté. Pero sería imprudente confiar en que Trump defenderá Europa"
Es tarea de los políticos persuadir a los votantes para que acepten equilibrios entre bienestar, sanidad, pensiones y defensa. Es muy difícil hacer que los votantes tengan miedo de Rusia, pero no demasiado miedo. No estamos en una guerra directa con Rusia, aunque Ucrania sí lo esté. Pero sería imprudente confiar en que Trump defenderá Europa. Si Rusia hace algo provocador —como tomar una isla sueca—, podría activar la OTAN. Esa es una de las preocupaciones actuales.

En el debate público tenemos, por un lado, plataformas y empresas tecnológicas invirtiendo mucho en las elecciones estadounidenses y creando problemas en la Unión Europea. Por otro lado, tenemos centros de pensamiento como Chatham House tratando de crear una masa crítica de pensamiento sobre el mundo y la situación global. Mi pregunta es: ¿cómo se compite con empresas tecnológicas que son capaces de moldear el ambiente y la opinión pública de una forma muy distinta a la de los centros de pensamiento?

La clave es buscar alternativas. Desde hace un año, los europeos están buscando alternativas a la tecnología estadounidense: qué tecnología es esencial y cuál no. En este momento, sistemas como los sistemas operativos de Microsoft son difíciles de sustituir, pero ese es exactamente el tipo de experimento mental que la gente está haciendo ahora.

En redes sociales hay alternativas, dependiendo de cómo se comporten las empresas. La fiscalidad también es esencial, porque estas empresas operan a través de fronteras. Lo diferente ahora es que el Gobierno de EE. UU. interviene a menudo de su lado, vinculando los aranceles o la presión política a la regulación tecnológica.

Esa combinación de fuerzas es nueva y poderosa. Pero los países siguen buscando alternativas con urgencia.

Muchas gracias.
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación