Martes, 28 de julio de 2026
DESPUÉS DE MACRON

Cómo evitar que el Elíseo caiga en manos de Le Pen en 2027

El balance de los dos mandatos de Emmanuel Macron deja, según Miguel Ángel Ortiz-Serrano, doctor en Historia Económica y profesor de Economía, una Francia "más dividida socialmente, más polarizada políticamente y más deprimida económicamente". Ante unas presidenciales de 2027 marcadas por el avance de Le Pen y Bardella, el experto en política gala plantea qué debería hacer una candidatura moderada capaz de evitar una victoria de Rassemblement National.

Miguel Ángel Ortiz-Serrano Miguel Ángel Ortiz-Serrano 26 de mayo de 2026
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El presidente de Francia, Emmanuel Macron, en el Elíseo. | Julien Mattia / Zuma Press / Europa Press
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, en el Elíseo. | Julien Mattia / Zuma Press / Europa Press
Vista desde España, da la sensación de que, a un año de que el presidente Emmanuel Macron termine su mandato al frente de la República Francesa, la situación política y económica del país ha quedado en suspenso, como si solo las presidenciales de 2027 pudieran desbloquearla. Sin embargo, esta impresión está lejos de la realidad.

En los últimos meses, Francia ha asumido un papel muy activo en la geopolítica internacional. Aunque no ha liderado la oposición a los ataques sobre Irán, más asociada a los gobiernos español e italiano, la invasión del Líbano sí ha llevado a París a presionar para contener la escalada del conflicto, ante el riesgo de que toda la región se convierta en un polvorín difícil de gestionar. Por otro lado, el país galo ha desplegado una actividad intensa en torno a la resolución de la guerra en Ucrania, en buena medida como respuesta al desentendimiento de Estados Unidos desde que Donald Trump asumió el poder. Desde comienzos de 2026, Francia ha impulsado varias iniciativas conjuntas con Ucrania y Alemania para afrontar las siguientes etapas del conflicto. Además, ha sido uno de los países que más ha presionado para desbloquear los paquetes de ayuda internacional a dicho país, considerados esenciales para sostener la estabilidad del frente de defensa ucraniano en el largo plazo.

"La inflación, que alcanza el 2%, y el poco margen que deja la ratio de deuda en relación con el PIB lastran las previsiones de crecimiento económico"
A nivel nacional, la situación parecía tranquila. Hasta ahora. Sébastien Lecornu había conseguido calmar las turbulentas aguas parlamentarias con la aprobación de los presupuestos del año en curso, pero el estallido del conflicto en Oriente Próximo ha dado al traste con toda previsión conservadora. El pasado 19 de mayo, el primer ministro advirtió de que los recortes sociales podrían ser mayores de lo esperado, dadas las circunstancias. El aumento generalizado de los precios, especialmente de los combustibles, y las fricciones en las cadenas de suministro de la industria francesa se han dejado sentir con fuerza en las últimas semanas. Por tanto, ha advertido que los paquetes de ayuda anunciados al comienzo del conflicto tendrán que ser revisados para que las partidas se distribuyan de forma que el peso de las medidas no recaiga exclusivamente en el Estado, pues es prioritario cumplir con los objetivos de déficit marcados. La inflación, que alcanza el 2%, y el poco margen que deja la ratio de deuda en relación con el PIB lastran las previsiones de crecimiento económico.

Como era de esperar, estas declaraciones no han sentado bien en las distintas fuerzas del arco parlamentario, que ya han expresado su oposición a un aumento de la fiscalidad sobre las rentas del trabajo, así como a mayores recortes en partidas sociales. Si bien se espera una rueda de prensa en la que se aclare la línea que seguir, todo indica que el final de 2026 implicará una desaceleración de la economía y un aumento del descontento social, que, por otro lado, ya era bastante elevado.

El balance emocional del macronismo

Ese malestar resume, de algún modo, el balance emocional de los dos mandatos de Emmanuel Macron. El de un presidente que prometió cambiarlo todo para devolver la confianza en el sistema republicano y garantizar su estabilidad a largo plazo. La sensación es que ese objetivo no se ha cumplido. Diez años después, el país aparece más dividido socialmente, más polarizado políticamente y más deprimido económicamente que entonces. Las instituciones republicanas están sumidas, en muchos aspectos, en el descrédito, y la sociedad francesa muestra poca esperanza acerca del futuro de su propio país, independientemente del espectro ideológico en el que se mueva. Este desánimo se ve reflejado también en las tendencias de voto. Las encuestas apuntan a una victoria holgada de Rassemblement National en primera vuelta durante las presidenciales de 2027. Sea Marine Le Pen o Jordan Bardella quien encabece la candidatura, la posibilidad de que la formación llegue al Elíseo tras la segunda vuelta ya no puede descartarse, toda vez que no parece haber enfrente una candidatura capaz de ser considerada el mal menor por la mayoría del electorado en una eventual segunda vuelta.

"La pregunta, entonces, es qué debería hacerse desde la presidencia de la República inmediatamente después de ganarle las elecciones al partido de Le Pen"
Pero supongamos que ese perfil existiera. La pregunta, entonces, es qué debería hacerse desde la presidencia de la República inmediatamente después de ganarle las elecciones al partido de Le Pen. Antes de nada, conviene aclarar que los nombres que hoy se manejan como presidenciables, tales como Gabriel Attal o Édouard Philippe, no supondrían a priori una revolución capaz de poner patas arriba el Estado. Además, el país seguiría con los mismos problemas acuciantes, tales como reducir el déficit anual a niveles próximos al 3%, así como aligerar la ratio deuda/PIB, lo que condiciona enormemente el margen de maniobra de cualquier gobierno que se proponga hacer reformas estructurales. Considerando la situación política actual, sería un gobierno de corte liberal-conservador. Pero eso no tendría por qué traducirse en inmovilismo. Al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la derecha moderada ha desempeñado a menudo un papel activo en los procesos de cambio estructural e institucional del país. La clave reside no tanto en lo que no puede hacerse, como aumentos drásticos e injustificados en las partidas de gasto, sino en aquello que no se ha hecho por falta de voluntad política y que sería perfectamente asumible para un futuro ejecutivo surgido de las elecciones de 2027. Esto se puede resumir en los siguientes tres puntos:


Una presidencia más conciliadora y magnánima. En política interior, la polarización y la desconfianza en las instituciones republicanas van de la mano, sin estar claro qué va primero. Cabría haber pensado que Emmanuel Macron, un presidente joven que hace diez años aparentaba ser consciente de la creciente polarización y el descrédito en el que el sistema político se estaba sumiendo, mostrara más cintura para relacionarse con las distintas fuerzas y sensibilidades sociales una vez llegado al poder. No ha sido así, especialmente tras su reelección. Desde el principio, Macron mostró ciertos tics autoritarios que generaron rechazo tanto a izquierda como a derecha. Con un estilo personalista en política interior, sus actuaciones han estado caracterizadas por una notable improvisación y una escasa capacidad para medir las consecuencias de sus decisiones. La disolución de la Asamblea Nacional fue el ejemplo más evidente: lejos de desbloquear la situación, dejó un parlamento ingobernable y abrió una etapa de inestabilidad, que ha dado lugar a una cascada de primeros ministros en los últimos dos años. Además, no ha sabido contener el avance de la derecha radical, pese a los escándalos de financiación ilegal que la han rodeado, incluida la inhabilitación de su líder. El perfil que le suceda, en caso de superar a Rassemblement National en las presidenciales, deberá lidiar con un parlamento fragmentado y una derecha radical que ya no es una expresión de hastío y rabia, sino que se posiciona como una alternativa real de gobierno. Dentro de esa derecha más radical conviven, además, dos visiones enfrentadas, aunque esa cuestión merecería un análisis aparte. Todo parece indicar que, tras 2027, si no se actúa con diligencia y flexibilidad, se corre el riesgo de que los partidos e ideas tradicionales del consenso posterior a 1945 queden borrados del mapa, al menos por un largo período de tiempo.

"Ya sea con Merz o, anteriormente, con Scholz, la ceguera con la que Alemania ha afrontado los recientes desafíos para la industria europea es flagrante"
Seguridad económica y autonomía estratégica. A este respecto, Alemania y los países más próximos a su posición, como Países Bajos o Austria, se han convertido en el principal escollo dentro de la UE para elaborar una planificación económica consistente, relevante y sostenible en el largo plazo. Ya sea con Merz o, anteriormente, con Scholz, la ceguera con la que Alemania ha afrontado los recientes desafíos para la industria europea es flagrante, en particular su falta de acción ante lo que ya se conoce como el China shock 2.0, sobre el que convendría hacer un análisis más detallado, y que está afectando profundamente a la capacidad productiva del país germano. En los últimos dos años, las exportaciones chinas han crecido de forma casi exponencial, sobre todo a los países que tradicionalmente se han identificado como el core (el núcleo) económico de la UE. Hasta hace no mucho, el alza de las importaciones desde China se compensaba con superávits con otras regiones, pero esto está empezando a verse sobrepasado. Las compañías europeas ya compiten con las chinas tanto a nivel global como dentro del territorio de la UE.




Sectores como las baterías o el vehículo eléctrico son casos paradigmáticos de esto. Si bien Macron y su gobierno han presionado para contrarrestar los efectos más negativos del shock (destrucción de tejido empresarial, reasignación de inversiones, etc.), sus acciones han sido vistas con suspicacia por parte de Alemania por aparentemente favorecer los intereses de Francia sobre los comunitarios. Los dogmas liberales de los años noventa del siglo pasado han quedado desfasados. El éxito chino en sectores estratégicos responde a subvenciones masivas, intervención pública sistemática y economías de escala en un mercado doméstico enorme. Dado que Pekín difícilmente renunciará a estos instrumentos, la amenaza de desplazamiento competitivo en ámbitos como los minerales críticos, los semiconductores o la aeronáutica seguirá intensificándose. Convencer a los distintos socios sobre la necesidad de actuar no será sencillo; por ello, será necesario tejer alianzas más amplias entre los Estados miembros para avanzar en la dirección correcta.

"Francia se enfrenta a la necesidad de establecer objetivos militares que sean a la vez ambiciosos y alcanzables, adaptados a unos recursos que, pese a su diversidad, siguen siendo finitos"
Punta de lanza del poder geopolítico europeo. Francia es la potencia europea en materia de defensa e inteligencia. En un momento crítico para el devenir de la UE, con un conflicto armado a las puertas y un escenario geopolítico inestable, es importante que el país galo tenga amplitud de miras y destine todos los esfuerzos posibles a elaborar una estrategia de defensa común y coherente. El perfil que suceda a Macron deberá tener en cuenta varios factores. Por un lado, independientemente del inquilino en la Casa Blanca, la distancia cultural y política con EE. UU. se irá haciendo cada vez más grande. Por tanto, conceptos como la utilidad y relevancia de la OTAN tendrán que redefinirse en un futuro, y en ese contexto la Unión Europea tiene que encontrar su lugar. Con un gasto previsto en defensa de 413.000 millones de euros para el período 2024-2030, y siendo el máximo inversor en equipamiento militar, investigación aplicada y desarrollo experimental de toda la UE, Francia se enfrenta a la necesidad de establecer objetivos militares que sean a la vez ambiciosos y alcanzables, adaptados a unos recursos que, pese a su diversidad, siguen siendo finitos. El verdadero reto reside en reconciliar la construcción de una defensa común europea con las competencias nacionales en materia de seguridad, que históricamente han constituido un pilar irrenunciable de la soberanía de los Estados, consolidando una soberanía geopolítica europea que no satisfaga las demandas de Washington ni sus intereses militares. Vencer las resistencias en el seno de la UE será una tarea mayúscula que el sucesor de Macron deberá afrontar, al tiempo que deberá intentar corregir los errores cometidos en proyectos comunes como el SCAF, el Sistema de Combate Aéreo del Futuro.


2026 es, por tanto, un año decisivo para Francia, en el que se sentarán las bases de su desarrollo institucional y alcance exterior para la década siguiente, una vez pasadas las elecciones presidenciales. A la UE le interesa una Francia fuerte, con una economía saneada y unos objetivos comunitarios claramente definidos, del mismo modo que a Francia le debería interesar tender puentes con aquellos socios con los que ha habido tensiones y ser más flexible en torno al futuro conjunto del proyecto europeo.
Miguel Ángel Ortiz-Serrano
Miguel Ángel Ortiz-Serrano
Profesor de Historia de la Empresa en CUNEF Universidad.
Es doctor en Historia Económica por la Universidad Carlos III de Madrid y fue profesor de Economía en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Ha desarrollado el grueso de su actividad investigadora en Sciences Po Paris, donde se ha especializado en el estudio de los mercados financieros en Francia y Europa a finales del siglo XIX.
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