

"La inflación, que alcanza el 2%, y el poco margen que deja la ratio de deuda en relación con el PIB lastran las previsiones de crecimiento económico"A nivel nacional, la situación parecía tranquila. Hasta ahora. Sébastien Lecornu había conseguido calmar las turbulentas aguas parlamentarias con la aprobación de los presupuestos del año en curso, pero el estallido del conflicto en Oriente Próximo ha dado al traste con toda previsión conservadora. El pasado 19 de mayo, el primer ministro advirtió de que los recortes sociales podrían ser mayores de lo esperado, dadas las circunstancias. El aumento generalizado de los precios, especialmente de los combustibles, y las fricciones en las cadenas de suministro de la industria francesa se han dejado sentir con fuerza en las últimas semanas. Por tanto, ha advertido que los paquetes de ayuda anunciados al comienzo del conflicto tendrán que ser revisados para que las partidas se distribuyan de forma que el peso de las medidas no recaiga exclusivamente en el Estado, pues es prioritario cumplir con los objetivos de déficit marcados. La inflación, que alcanza el 2%, y el poco margen que deja la ratio de deuda en relación con el PIB lastran las previsiones de crecimiento económico.
"La pregunta, entonces, es qué debería hacerse desde la presidencia de la República inmediatamente después de ganarle las elecciones al partido de Le Pen"Pero supongamos que ese perfil existiera. La pregunta, entonces, es qué debería hacerse desde la presidencia de la República inmediatamente después de ganarle las elecciones al partido de Le Pen. Antes de nada, conviene aclarar que los nombres que hoy se manejan como presidenciables, tales como Gabriel Attal o Édouard Philippe, no supondrían a priori una revolución capaz de poner patas arriba el Estado. Además, el país seguiría con los mismos problemas acuciantes, tales como reducir el déficit anual a niveles próximos al 3%, así como aligerar la ratio deuda/PIB, lo que condiciona enormemente el margen de maniobra de cualquier gobierno que se proponga hacer reformas estructurales. Considerando la situación política actual, sería un gobierno de corte liberal-conservador. Pero eso no tendría por qué traducirse en inmovilismo. Al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la derecha moderada ha desempeñado a menudo un papel activo en los procesos de cambio estructural e institucional del país. La clave reside no tanto en lo que no puede hacerse, como aumentos drásticos e injustificados en las partidas de gasto, sino en aquello que no se ha hecho por falta de voluntad política y que sería perfectamente asumible para un futuro ejecutivo surgido de las elecciones de 2027. Esto se puede resumir en los siguientes tres puntos:
"Ya sea con Merz o, anteriormente, con Scholz, la ceguera con la que Alemania ha afrontado los recientes desafíos para la industria europea es flagrante"Seguridad económica y autonomía estratégica. A este respecto, Alemania y los países más próximos a su posición, como Países Bajos o Austria, se han convertido en el principal escollo dentro de la UE para elaborar una planificación económica consistente, relevante y sostenible en el largo plazo. Ya sea con Merz o, anteriormente, con Scholz, la ceguera con la que Alemania ha afrontado los recientes desafíos para la industria europea es flagrante, en particular su falta de acción ante lo que ya se conoce como el China shock 2.0, sobre el que convendría hacer un análisis más detallado, y que está afectando profundamente a la capacidad productiva del país germano. En los últimos dos años, las exportaciones chinas han crecido de forma casi exponencial, sobre todo a los países que tradicionalmente se han identificado como el core (el núcleo) económico de la UE. Hasta hace no mucho, el alza de las importaciones desde China se compensaba con superávits con otras regiones, pero esto está empezando a verse sobrepasado. Las compañías europeas ya compiten con las chinas tanto a nivel global como dentro del territorio de la UE.
"Francia se enfrenta a la necesidad de establecer objetivos militares que sean a la vez ambiciosos y alcanzables, adaptados a unos recursos que, pese a su diversidad, siguen siendo finitos"Punta de lanza del poder geopolítico europeo. Francia es la potencia europea en materia de defensa e inteligencia. En un momento crítico para el devenir de la UE, con un conflicto armado a las puertas y un escenario geopolítico inestable, es importante que el país galo tenga amplitud de miras y destine todos los esfuerzos posibles a elaborar una estrategia de defensa común y coherente. El perfil que suceda a Macron deberá tener en cuenta varios factores. Por un lado, independientemente del inquilino en la Casa Blanca, la distancia cultural y política con EE. UU. se irá haciendo cada vez más grande. Por tanto, conceptos como la utilidad y relevancia de la OTAN tendrán que redefinirse en un futuro, y en ese contexto la Unión Europea tiene que encontrar su lugar. Con un gasto previsto en defensa de 413.000 millones de euros para el período 2024-2030, y siendo el máximo inversor en equipamiento militar, investigación aplicada y desarrollo experimental de toda la UE, Francia se enfrenta a la necesidad de establecer objetivos militares que sean a la vez ambiciosos y alcanzables, adaptados a unos recursos que, pese a su diversidad, siguen siendo finitos. El verdadero reto reside en reconciliar la construcción de una defensa común europea con las competencias nacionales en materia de seguridad, que históricamente han constituido un pilar irrenunciable de la soberanía de los Estados, consolidando una soberanía geopolítica europea que no satisfaga las demandas de Washington ni sus intereses militares. Vencer las resistencias en el seno de la UE será una tarea mayúscula que el sucesor de Macron deberá afrontar, al tiempo que deberá intentar corregir los errores cometidos en proyectos comunes como el SCAF, el Sistema de Combate Aéreo del Futuro.

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