Martes, 18 de agosto de 2026
MOMENTO ESPAÑA

El 70% del sur de Europa rechaza la guerra de Trump contra Irán

El rechazo a la operación de Estados Unidos e Israel contra Irán no se reparte de forma homogénea en Europa. Con datos de encuesta, el analista político Eduardo Bayón muestra que Italia, España, Portugal y Grecia aparecen como el núcleo de una fractura mediterránea contra la guerra en Irán. "La pertenencia a la arquitectura de seguridad occidental permanece intacta, aunque sí está cambiando la definición de qué significa estar dentro", asegura.

Eduardo Bayón Eduardo Bayón 13 de mayo de 2026
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Manifestación en Roma contra la guerra en Irán y el posicionamiento del Ejecutivo de Meloni. | Marco Di Gianvito / Zuma Press / Europa Press
Manifestación en Roma contra la guerra en Irán y el posicionamiento del Ejecutivo de Meloni. | Marco Di Gianvito / Zuma Press / Europa Press
La operación militar de Estados Unidos e Israel contra Irán ha hecho visible una grieta que llevaba años formándose. Italia, España, Portugal y Grecia rechazan la intervención en proporciones que escapan a la mera coyuntura, y rechazan, sobre todo, que sus países participen activamente en ella. En este sentido, la correlación con las valoraciones de los liderazgos europeos está completamente asentada. Y tiene una sola excepción que conviene adelantar: Pedro Sánchez.

El último barómetro Euroscope de Polling Europe entrega un agregado europeo significativo —el 57% considera injustificada la operación lanzada en febrero por Washington y Tel Aviv, frente a un 27% que la respalda—, pero el hallazgo no está en la media. Está en la dispersión. En Italia, el rechazo escala al 72%. En España, al 69%. La media de los países mediterráneos —Portugal, Grecia, Malta y Chipre incluidos— se sitúa en el 70%. Francia, que no es precisamente un país proiraní, se queda en el 47%. Alemania en el 51%. Polonia, condicionada por la guerra en Ucrania, llega al 57%. La distancia entre Italia y Francia es de veinticinco puntos sobre la misma operación militar, en el mismo momento, dentro de la misma Unión Europea.
 

Por qué el sur de Europa rechaza la operación contra Irán

Esa distancia no se explica por posicionamientos proiraníes —inexistentes en cualquiera de los países mediterráneos—, sino por tres factores que actúan simultáneamente. El primero es la posición previa sobre Gaza: las sociedades del sur llevan dos años procesando una violencia israelí amparada por Washington, y leen el caso de Irán como un episodio que continúa esa dinámica. El segundo es la composición ideológica del espacio mediterráneo, donde la izquierda transformadora retiene presencia electoral significativa —The Left en el Parlamento Europeo rechaza la operación en un 77%, el S&D en un 71%— mientras que en el centro y el este europeo ese flanco está más debilitado. El tercero, y probablemente el más estructural, es que el sur no comparte la lectura amenazante de la geopolítica: para Roma, Madrid o Atenas, las prioridades de seguridad son el Mediterráneo y el Sahel, no Teherán como parte de un tablero de Risk gestionado por Washington.

"La opinión pública mediterránea ha dejado de aceptar que las intervenciones militares estadounidenses son automáticamente operaciones europeas"
El resultado, por tanto, es una opinión pública mediterránea que ha dejado de aceptar la premisa implícita del atlantismo: que las intervenciones militares estadounidenses son automáticamente operaciones europeas. La fractura no es nueva —Irak 2003 fue el aviso—, pero en aquel momento se cerró en clave gubernamental.

El dato que desmonta la coartada

Cuando se pregunta qué deberían hacer concretamente los países europeos en operaciones como la de Irán, el rechazo crece de manera proporcional al grado de implicación material exigido: el 53% rechaza el despliegue de buques para defender petroleros, el 56% se opone al uso de bases y aeropuertos europeos, el 65% rechaza el envío de equipamiento y armamento, y el 70% niega la participación militar directa. Es una progresión que no admite la lectura habitual del pacifismo declarativo —"estoy contra la guerra, pero..."—. Aquí el rechazo se intensifica precisamente en los puntos donde un gobierno europeo tendría que tomar decisiones operativas concretas. Es decir, donde la complicidad europea con la operación se elevaría de la pura retórica hasta el plano logístico.
 

"Ningún gobierno europeo del sur puede hoy autorizar el uso de bases o el envío de armamento si va a suponer un coste interno que las cifras hacen previsible"
Esto importa por una razón táctica: un gobierno puede mantener una posición simbólicamente atlantista mientras la opinión pública lo tolere precisamente porque es simbólica. Pero ningún gobierno europeo del sur puede hoy autorizar el uso de bases o el envío de armamento si va a suponer un coste interno que las cifras hacen previsible. La política de doble pista —apoyo discursivo sin compromiso material— ha sido el modus operandi histórico de varios gobiernos mediterráneos en operaciones estadounidenses. No obstante, este barómetro sugiere que esa pista ya no está abierta.

El terremoto de los liderazgos

La traducción política se lee también en las valoraciones. Entre febrero y marzo de 2026, prácticamente todos los principales mandatarios continentales pierden puntos, y en magnitudes que organizan un patrón. Friedrich Merz cae catorce puntos en un mes y entra en negativo (–10). Ursula von der Leyen se hunde doce puntos hasta el –17, el peor registro de toda la serie histórica de Polling Europe para cualquier líder. Giorgia Meloni pierde once puntos y pasa de +7 a –4. Emmanuel Macron retrocede diez puntos hasta el –3. Donald Tusk cae hasta el –9, Antonio Costa pierde cinco hasta el –1, Roberta Metsola desciende cuatro hasta el –3.
 

"Los liderazgos europeos están pagando un coste reputacional por una posición exterior —explícita o por omisión— que sus electorados no comparten"
Una caída sincrónica de esta magnitud sobre líderes de familias políticas distintas, países distintos y posiciones institucionales distintas no se explica por dinámicas internas de cada caso. Apunta a un detonante común: la operación de Estados Unidos e Israel contra Irán del 28 de febrero de 2026. La única lectura razonable en este momento es que los liderazgos europeos están pagando un coste reputacional por una posición exterior —explícita o por omisión— que sus electorados no comparten.


En ese cuadro, Sánchez sube cuatro puntos hasta el +8. Es el único líder europeo medido por el Euroscope con saldo positivo de aprobación. La diferencia con Von der Leyen es de veinticinco puntos en la misma fecha. La aprobación de Sánchez no se sostiene a pesar de su posición exterior, sino que lo hace a través de ella. El español es el único líder con saldo positivo precisamente porque es el único que ha verbalizado públicamente el desacuerdo con la deriva belicista, tanto en relación con Gaza como con las exigencias de gasto militar de la Administración Trump.

¿Pacifismo? No: rechazo a la subordinación

El sur europeo no se ha vuelto pacifista: el 67% sigue apoyando un incremento del gasto en defensa europeo, aunque con una caída de seis puntos respecto a noviembre. El 81% considera importante preservar la OTAN, cifra que en el sur baja al 78%, pero permanece mayoritaria. Es decir, la pertenencia a la arquitectura de seguridad occidental permanece intacta, aunque sí está cambiando la definición de qué significa estar dentro.

"El sur europeo quiere inversión en defensa, pero ansía una capacidad disuasoria propia"
La variación es concreta y tiene dirección. El sur europeo quiere inversión en defensa, pero ansía una capacidad disuasoria propia. El 57% en España y el 56% en Italia respaldan financiar el rearme con deuda compartida europea —frente a un 34% en Alemania—, lo que dibuja una preferencia clara por mutualizar el esfuerzo militar en clave continental antes que por aumentar el gasto nacional para alimentar operaciones decididas fuera del continente. Es una forma de soberanía estratégica europea que las instituciones comunitarias todavía no han sabido articular, pero cuya demanda electoral en el sur ya no es marginal.

El cálculo político de 2026

Para los actores políticos españoles, los números abren un campo de juego que conviene leer con precisión. El PP, que ha optado por una alineación más cercana a Washington y por lógicas geopolíticas de décadas pasadas —recordemos la maniobra de recibir a María Corina Machado en paralelo a la visita de Lula y otros mandatarios progresistas a la cumbre de Barcelona—, se mueve contra la corriente del electorado mediterráneo. Vox enfrenta un problema diferente y más grave: los votantes europeos agrupados en Patriots justifican la operación contra Irán en un 41%, pero rechazan la participación militar en un 70%. Es decir, aplauden el ataque, pero no quieren asumir el coste. Es una posición sostenible discursivamente, aunque no operativamente, puesto que genera contradicciones.

El espacio que abre el barómetro —leído estratégicamente— no es el de una posición ideológica concreta. Es el de una articulación cartográfica: un discurso capaz de juntar tres elementos hoy dispersos en el mapa político europeo —rechazo al seguidismo atlántico, defensa de una autonomía estratégica europea cofinanciada y crítica abierta a la complicidad institucional con políticas exteriores contrarias al derecho internacional—.

"Una opinión pública que se desplaza quince o veinte puntos por encima de la media continental en una dirección concreta no suele ser un accidente estadístico"
Esa articulación existe hoy en un único liderazgo con saldo positivo, lo que sugiere que la oferta está muy por debajo de la demanda. Una opinión pública que se desplaza quince o veinte puntos por encima de la media continental en una dirección concreta no suele ser un accidente estadístico. Suele ser un indicador adelantado de algo que los aparatos institucionales tardan en procesar. El sur europeo ha llegado antes.
Eduardo Bayón
Eduardo Bayón
Analista político y consultor en comunicación pública
Autor del libro 'Lucha de tribus' (La Esfera de los Libros, 2024), en el que analiza las dinámicas identitarias y emocionales del debate político contemporáneo. Colabora habitualmente en medios de comunicación y es docente en programas de posgrado en comunicación política y asuntos públicos.
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