Una primavera más, la ciudad de Washington ha reunido a burócratas, gobernantes y gobernadores, banqueros, economistas y oenegeros en la reunión entre el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde se actualizan predicciones económicas y se debate la situación financiera mundial. Este segundo encuentro bajo la segunda Administración Trump
ha ahondado en la disonancia cognitiva del discurso: las perspectivas económicas son muy malas, pero
el elefante en la habitación no se nombra, no vaya a molestarse el anfitrión. El presidente de EE. UU. es el Voldemort de los pasillos institucionales.
En abril de 2025, los miles de asistentes
estaban en auténtico shock con los recién anunciados aranceles, y los eventos paralelos se llenaron de susurros sobre el alcance de las disparatadas medidas. Un año después, los aranceles están parcialmente enterrados,
legalmente por los tribunales estadounidenses y mediáticamente por la guerra en Irán y la subida del precio de la energía. La noticia de la reapertura del estrecho de Ormuz llegó en la última jornada, tarde para aliviar
el sentido de urgencia e incertidumbre con el que la directora general del FMI, Kristalina Georgieva, había inaugurado días antes el encuentro.
"Aunque el Fondo y el Banco se suponen agnósticos políticamente, el movimiento MAGA ha moldeado la agenda, al igual que en otros grandes encuentros internacionales"
Rizando el rizo de los eufemismos,
la omnipresente crisis mundial causada por los combustibles fósiles se ha discutido sin hablar abiertamente de energías renovables ni del cambio climático. Un tema que hasta el año pasado era central en las reuniones de las dos instituciones y que ahora, junto con el género, ha salido fuera del debate central y a duras penas se menciona en los eventos paralelos al programa oficial. Aunque el Fondo y el Banco se suponen agnósticos políticamente,
el movimiento MAGA ha moldeado la agenda, al igual que en otros grandes encuentros internacionales como
Davos.
El historiador británico Adam Tooze describe en su
newsletter las contradicciones del encuentro marcado por los silencios. "Como una forma de dar sentido a este caos, el naturalismo también puede ofrecer esperanza", dice Tooze al citar a una fuente empresarial que, en uno de los eventos paralelos y a puerta cerrada, aseguró a la audiencia: "Sabemos que estamos quemando la casa.
Todo un sistema se está reduciendo a cenizas. Es una transformación histórica. Pero, ya sabes, tras un incendio florece un nuevo crecimiento". El Fondo apoya en cierta forma esta idea al reconocer que
sus agoreros augurios en la primavera de 2025 no se cumplieron.
La sensación general de los asistentes consultados —aunque aún no hay cifras, la sensación es que el evento tuvo una asistencia récord— es que
el pesimismo ha ido en aumento,
con nula visibilidad en los elementos centrales del debate económico como crecimiento, deuda o
el trabajo en la era de la inteligencia artificial (IA). Una fuente del gobierno español presente en el encuentro habla de
shock fatigue. Cada edición arrastra un nuevo trauma mundial que han de solucionar cientos de países que no lo han causado.
Sottovoce, los líderes expresan su hartazgo con los bandazos de la Administración Trump, pero a viva voz nadie menciona el origen de los problemas.
"Cuesta encontrar el equilibrio entre expresar críticas y no romper lazos con EE. UU. que luego sean difíciles de reparar", dice la fuente del Gobierno español. En bilateral, el Gobierno español ha encontrado mucho apoyo y muchas felicitaciones por la postura antiguerra adoptada, aseguran las mismas fuentes. España ha sido reconocida por el Fondo como
uno de los países desarrollados que logrará mantener un crecimiento digno, del 2,1%, algo menor de lo esperado por el mordisco que la inflación hará en la economía.
Antes del inicio del encuentro,
Georgieva había advertido de que intentar solucionar un problema de escasez de oferta, incentivando la demanda, sería perjudicial para las economías. (En línea con
lo que ha hecho España, bonificando los combustibles en su paquete de ayudas). La idea enunciada hasta la extenuación por los economistas de que
las medidas tienen que ser escalonadas, concretas y limitadas ha empezado a calar y, poco después de las palabras de Georgieva, la Comisión Europea sugería en Bruselas comenzar con
las medidas de eficiencia energética. Unas medidas necesarias pero impopulares entre la población,
en un momento en el que el populismo político es la hoja de ruta de las capitales.
"La posibilidad de que la inflación obligue a los bancos centrales a subir tipos es otra amenaza al crecimiento"
Las advertencias también subrayaron
los estrechos márgenes fiscales con los que la mayoría de los países se enfrentan a estos paquetes de ayudas en un contexto de tipos de interés al alza y deuda desbocada. La posibilidad de que la inflación obligue a los bancos centrales a subir tipos es otra amenaza al crecimiento que dibujó Georgieva con los escenarios de predicción, pasando de lo malo a lo peor. "No podemos salir de este
shock de oferta sin algo de dolor", concluyó Georgieva. Con todo, aunque
la previsión de crecimiento mundial fue revisada a la baja, las expectativas para EE. UU. son relativamente positivas,
comprando la idea de que la ingente inversión que se ha hecho en IA tendrá sus frutos.
Además de la energía, el Fondo reconoció que en su monitoreo de la economía mundial
los desequilibrios siguen aumentando, con especial foco en China, que continúa ampliando su superávit de exportaciones. El catedrático Príncipe de Asturias en Georgetown,
Federico Steinberg, participante de los encuentros, señala este desequilibrio como
uno de los más difíciles de resolver, ya que necesitaría la colaboración de China para resolver, de alguna forma, su actual política industrial.
El impacto de
esa supremacía exportadora china sobre los países de menos ingresos ha sido una de las preocupaciones más compartidas estos días, cuenta Steinberg, que dice que el sentimiento general es de
"incertidumbre máxima" con algunas cuestiones sin resolver coleando desde el año pasado, como el efecto que tendrá en el mercado de trabajo el despliegue de la IA.
Otra participante española que prefiere no revelar su nombre dice que en los últimos doce meses
el Banco Mundial ha ido centrando toda su energía en relacionar empleo e IA. A la entidad llegan muchos países con bajos ingresos preguntando cómo se deben enfrentar a esta nueva tecnología y si deben desplegar regulaciones locales para embridarla.
El Banco todavía no puede darles una respuesta clarividente sobre cómo
afrontar esta tecnología.
Una de las virtudes de este foro es que
los países acreedores se encuentran con los deudores y durante unos días hay unas conversaciones en las que se tratan cara a cara en unas condiciones algo más niveladas que las de la vida fuera de las instituciones. Y los países con menos ingresos han llegado al encuentro
acuciados por la subida de los precios de la energía, los fertilizantes, la alta deuda de quienes pueden emitir deuda, el abandono del apoyo de los grandes donantes y su altísima exposición al dominio chino. Un cuadro aún más complicado de lo previsto el año pasado.
"La combinación es una bomba perfecta para la seguridad alimentaria", dice Gabriel Ferrero, expresidente del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la ONU y participante esta semana en el encuentro. Ferrero sostiene que, aunque la apertura de Ormuz se asiente,
los precios de las materias primas difícilmente volverán a los niveles previos a la guerra. "Puede ser una crisis de seguridad alimentaria en diferido, a diferencia de lo que pasó en Ucrania, por el efecto de la falta de fertilizantes en las próximas cosechas". El alto cargo español resume la situación: "Ya no hay ningún pilar de certidumbre, así que es casi imposible hacer predicciones racionales".