¿Nos va a robar la IA nuestros trabajos? ¿Nos los está robando ya? ¿Vamos a un "apocalipsis del empleo"? El gran problema, como en todas las grandes transformaciones, es la transición. La primera revolución industrial tardó setenta años en permear y beneficiar al conjunto de la sociedad británica —de hecho, Marx y Engels escribieron en esa transición, en la nueva transición se sitúa mi novela de anticipación Sé agua (2025)—.
¿Y esta vez? Ya no es la tercera, la revolución digital, sino la nueva, marcada por la inteligencia artificial (IA), la computación cuántica, la biotecnología o las energías renovables con la
fusión nuclear en el horizonte.
"Hay trabajos que vemos que han desaparecido con la automatización y, más aún, con la nueva IA generativa, se aprecia en las finanzas, el mundo jurídico o entre programadores"
El debate académico está en pleno, y solo en apariencia se parece al de hace una década (que traté en La imparable marcha de los robots, 2016) cuando se centraba casi exclusivamente en la automatización. Hay trabajos que vemos que han desaparecido con la automatización y, más aún, con
la nueva IA generativa: en el sector financiero, por ejemplo (atención al cliente y analistas que así aprendían su oficio); en el mundo jurídico, con la labor que cada vez hacen menos los pasantes y becarios y ahora unos programas; entre los programadores (cada vez la IA programa mejor);
entre los intérpretes y traductores (saber idiomas conllevará menos ventajas);
o entre conductores de taxis u otros vehículos. Y muchos otros, que en general
son trabajos de clases medias, estrato social esencial que hace años que se está vaciando. Estamos viviendo una situación de desclasamiento, con consecuencias que ya vemos en la política.
Algunas grandes consultorías, como PwC o Accenture, o incluso la Reserva Federal de Nueva York, ahora atribuyen al impacto de la IA la baja en las contrataciones, los despidos selectivos y una nueva reorganización del trabajo. Aunque reconoce que todavía faltan datos suficientes, un reciente estudio de la Universidad de Yale concluye que,
actualmente, las medidas de exposición, automatización y aumento de la IA y tecnologías asimiladas no muestran signos de estar relacionadas con cambios en el empleo o el desempleo.
Otros piensan que el verdadero reto es dotar a la gente de la pericia para usar estas nuevas tecnologías.
Amazon, que lleva años invirtiendo mucho en este campo, clasifica desde hace tiempo sus operaciones en seis tipos de automatización: movimiento, manipulación, clasificación, almacenamiento, identificación y embalaje. Apuesta, invierte, para tener una capacidad de primer nivel en cada una de ellas, según uno de sus directivos. En la actualidad está
desplegando una nueva generación de robots impulsados por IA, que podrían sustituir a diez millones de puestos de trabajo, y generar crecimiento económico (¿a repartir cómo?). Según Morgan Stanley, la automatización está a punto de provocar el mayor cambio de capital desde la llegada de Internet.
Estamos ante un nuevo salto cualitativo y cuantitativo en la robótica.
"En España, Amazon ha propuesto un ERE que podría afectar hasta a 1.200 trabajadores, en parte debido a la adopción de la IA"
La multinacional fundada por Jeff Bezos planea bien no contratar, bien poner en la calle a 600.000 empleados en EE. UU. en sus almacenes de distribución, remplazados por robots inteligentes. En España, Amazon ha propuesto un expediente de regulación de empleo (ERE) que podría afectar hasta a 1.200 trabajadores de sus oficinas corporativas, parte de un ajuste global que afectará a unos 14.000 empleados en todo el mundo, en parte debido a la adopción de la IA. Un millar de empleados de Amazon (ingenieros, directivos de productos y otros), aunque de forma anónima, han firmado un manifiesto en el que advierten de que
el supuesto "enfoque de desarrollo de la IA a toda velocidad y justificando cualquier coste" de la empresa podría causar "
un daño devastador a la democracia, a nuestros puestos de trabajo y al planeta".
Naturalmente, se crean, y se crearán, nuevos empleos, o, al menos, tareas u ocupaciones, a desempeñar por humanos. Algunos ven una reasignación del trabajo más que una destrucción neta de empleos. Otros no, son más negativos. ¿Destrucción creativa de la innovación, que decía Schumpeter, y que ha estudiado Philippe Aghion, último premio Nobel de Economía? Demasiado a menudo el que pierde su empleo a favor de la IA no está preparado para los nuevos que se demandan, entre otros, el saber usar plenamente la IA, con lo que se van al paro o se tienen que conformar con trabajos peor remunerados (desclasamiento). Este es el gran problema de la transición tecnológica.
La nueva ola de automatización y el desclasamiento laboral
Los directivos de grandes empresas suelen ser más radicales en sus predicciones que los estudios académicos. Así, para Jim Farley, director ejecutivo de Ford, "la inteligencia artificial sustituirá literalmente a la mitad de los cuellos blancos en Estados Unidos".
Claro que la industria del automóvil añade al impacto de la IA el hecho de que los coches eléctricos tienen la mitad de piezas, y necesitan por tanto la mitad de montadores, que los de combustión;
cuellos azules bien pagados. Según una
encuesta realizada a empresarios del Reino Unido,
un 26% de las grandes empresas prevén recortar plantilla durante el próximo año debido al impacto de la IA, y los puestos de júniors serán los más afectados.
"Informes publicados por el Gobierno chino apuntan a «un descenso significativo de la demanda de mano de obra tradicional»"
Incluso los chinos están en esta línea. Son la economía que más se robotiza. En 2024 (últimos datos), se instalaron más de 295.000 nuevos robots en fábricas chinas, cuatro veces más que en la Unión Europea, siete veces más que en Japón y casi nueve veces más que en Estados Unidos. El último Marco 2.0 para la Gobernanza de la Seguridad de la IA publicado por China afirma que "el valor del trabajo como factor de producción se ve mermado, lo que provoca un descenso significativo de la demanda de mano de obra tradicional". (A recordar el elevado paro juvenil, a pesar del envejecimiento de la población).
Cómo la IA está cambiando nuestra forma de trabajar
No se trata solo de empleos —cuyas tasas, frente a las tareas, irán perdiendo sentido como elemento esencial de análisis y de policy— sino del cambio en las formas de trabajar.
"El cambio está cambiando", dice un
informe de McKinsey. Desde la Comisión Europea, un equipo del Centro de Investigación Conjunta ve algunos efectos paradójicos de la digitalización del trabajo. Por ejemplo:
aunque las tecnologías digitales reducen la mano de obra necesaria para las tareas rutinarias, al mismo tiempo aumentan la rutinización y la burocratización de las funciones profesionales en principio no rutinarias. Apunta como uno de tres vectores del cambio, más importante que los robots, lo que llama la
"plataformización del trabajo", una expansión de los sistemas basados en datos para la coordinación, la gestión y la supervisión digital y la gestión algorítmica en diversas actividades económicas.
Luego está la geografía del impacto. Según un estudio de Brookings, basado en datos de "exposición" específica de cada ocupación,
las áreas metropolitanas con altos niveles de educación, salarios elevados y empleos de
cuello blanco, que antes se consideraban con un riesgo relativamente bajo de automatización, parecen ser los lugares que estarán más expuestos a la IA generativa. Esta ola de automatización es muy diferente de las anteriores:
"Las pautas posibles de impacto de la IA generativa parecen bastante diferentes de los de las formas anteriores de automatización", señala el informe.
Quizás sea necesaria una visión aún más amplia. Según Azeem Azhar y Chantal Smith,
estamos en plena reestructuración de la economía: de una economía que utiliza la computación a una que se basa en la computación. Lo que llaman la "economía de la computación infinita" (
infinite-compute economy) ya ha arrancado.
Y nos está arrastrando.