Martes, 28 de julio de 2026
FORO ECONÓMICO MUNDIAL

Davos 2026: Trump, el populismo de las élites y la nueva agenda global

"Trump ha sido el monotema", escribe la periodista económica Belén Carreño sobre Davos 2026. Carreño analiza cómo la presencia del expresidente desplazó la sostenibilidad, la inclusión y las políticas ESG del escenario principal, transformando el foro en un espacio dominado por poder, negocios y espectáculo. Su análisis muestra cómo la cumbre dejó de ser un debate global para convertirse en un escaparate de Trump.

Belén Carreño Bravo Belén Carreño Bravo 26 de enero de 2026
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (izquierda), habla en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos. | Lian Yi / Xinhua News / ContactoPhoto
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (izquierda), habla en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos. | Lian Yi / Xinhua News / ContactoPhoto
Decía Heráclito que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, y los que atienden la cumbre de Davos aseguran que cada cita es diferente. Pero el foro que nació para edulcorar el capitalismo y hacerlo más digerible fácil de tragar, llevaba varios años en la pendiente cuesta abajo de la irrelevancia. El primer mandato de Donald Trump ya fue un choque de trenes con la agenda woke de Davos, en la que empresarios, millonarios y políticos hacían negocios bajo la pátina de la preocupación climática. 

La fuerza opuesta de Estados Unidos fue diluyendo el empaque del foro por las políticas verdes, el género y la inclusión, y su parón en los años 2021 y 2022 por la pandemia no hizo más que agravar el declive. En 2023, una de las columnistas más prestigiosas del Financial Times, Rana Foroohar, aseguraba que el foro había caído en la irrelevancia total.

Cuando las organizaciones entran en crisis también afloran ciertas miserias ocultas y tras años dirigiendo el encuentro su director, Klaus Schwab, tuvo que enfrentar acusaciones de mala praxis que acabaron con su sustitución. La vara de mando la ha tomado Larry Fink, CEO de uno de los mayores fondos de capital riesgo del planeta, Blackrock.

"Apenas hubo una sesión sobre límites del planeta, cuando otros años era el centro y eje del debate del crecimiento empresarial"
Fink es un banquero de la vieja escuela que prometió juró que devolvería la relevancia del foro trayendo de regreso al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. También prometió que el foro volvería a ser un espacio de diálogo y de intercambio de ideas. Lo que no vio Fink es que Trump y diálogo son términos antitéticos, que no se pueden conjugar en la misma frase.


Al final Trump ha devorado el encuentro, del que fue previamente eliminado cualquier reminiscencia woke de su agenda para que el presidente y su delegación lo encontraran de su agrado. Los conceptos de sostenibilidad, políticas ESG y la inclusión fueron apartadas del escenario principal, donde se reúnen los líderes de mayor rango. Apenas hubo una sesión sobre los límites del planeta, cuando otros años era el centro y eje del debate del crecimiento empresarial en el resort alpino. 

"Hay un sentimiento muy negativo hacia las políticas para atajar el cambio climático", dice un asistente que ha ido durante más de una década al encuentro y prefiere no dar su nombre. "Pero desde hace tiempo se entendía que hablar de ESG era aburrido y han querido darle un toque más emocionante a Davos". La fuente dice que la conversación se ha desacoplado de la inversión, porque las aseguradoras y cualquiera en Europa que esté preocupado por la resiliencia y la sostenibilidad de su empresa seguirá apostado por las mismas políticas. Pero ahora, no se puede hablar con otros líderes del tema. "En Davos había nueve grados centígrados por encima de lo normal, como para que no se preocuparan los asistentes".  

Con la reordenación de la agenda, volvieron a aparecer las empresas de petróleo, cabizbajos desde hace años por su degradación en este y otros foros. No hubo presencia de los grandes empresarios de la defensa porque el foro tiene prohibida su participación en sus estatutos (inevitable pensar que alguien pedirá que se haga una excepción).

"Trump ha logrado colapsar el debate porque durante toda la semana solo se habló de qué diría Trump antes de que llegara, y luego solo se habló de qué dijo Trump"
Trump va expulsando conceptos del marco de discusión, primero por la censura que ha impuesto a las temáticas 
progresistas. Pero luego logra colapsar el debate porque durante toda la semana solo se habló de qué diría Trump antes de que llegara, y luego solo se habló de qué dijo Trump cuando se marchó. 

Sandrine Dixson-Declève, presidenta honoraria y embajadora global del Club de Roma y presidenta de la plataforma Earth4All, me cuenta recién llegada de Davos —a la que ha asistido en diez ocasiones— que Trump ha sido el monotema.

"Es business as usual pero ahora con esteroides", dice sarcástica sobre el regreso de los empresarios del pasado. "El programa se cambió para incluir a las economías extractivas y centrarse en cómo hacer ganancias", explica al tiempo que dice que se podía sentir el regreso del patriarcado por las calles de Davos. "Grandes hombres de negocios con sus grandes botas; el regreso del poder y los beneficios". Estados Unidos llevó la delegación más nutrida de su historia, añade, que fueron los únicos que aplaudieron su discurso, frente a la ovación en pie de la sala a la memorable alocución del canadiense Mark Carney.

Dixson-Declève sí tiene buenas palabras para el esfuerzo que el otro copresidente interino del fondo, el filántropo y multimillonario suizo André Hoffman, que trató de incluir los asuntos sociales en al menos los eventos que suceden en el segundo escenario, dando lugar a una conversación paralela entre bambalinas. 

"No hubo conversaciones de alcance sobre transformación a medio plazo; no nos pudimos centrar en lo importante por la actitud buller de EE. UU.", lamenta la activista contra el cambio climático que como tantas otras voces intelectuales pide escapar del marco de debate en el que Trump quiere que nos movamos y donde solo se habla de lo que a él le interesa. En su perfil de LinkedIn se puede ver parte de su discurso "alternativo" durante el evento.

"Christine Lagarde abandonó la sala durante el discurso del secretario de Estado de Comercio estadounidense"
Una de las conferencias más agresivas fue la del secretario de Estado de Comercio, Howard Lutnick que profirió una sarta de insultos a Europa y recomendó que volviera a concentrarse en quemar carbón. Christine Lagarde abandonó la sala durante su discurso, cuenta Dixson-Declève. 
Donald Trump tomó como objeto de mofa en su discurso a la energía eólica, a la que atacó con varias mentiras, entre ellas asegurando que China ni la usaba cuando es el primer productor de electricidad generada con eólica del planeta. 

La fuente anónima concuerda en que no hubo las conversaciones que buscan habitualmente los líderes en este evento, sobre horizontes de inversión de tres a cinco añosA dónde va la inteligencia artificial, quién va a ser el ganador del espacio tecnológico; incluso como hubiera hecho Davos en ediciones anteriores, una discusión sobre los límites y el impacto social que tendrá la IA. La cita de 2026 iba a tener a los modelos de lenguaje como grandes invitados y hasta ellos fueron parte del menú de Donald Trump. Para la fuente acostumbrada a moverse por Davos lo que más le sorprende es el cambio de discurso de la clase empresarial y los líderes. "Ahora el populismo es un proyecto de las élites", suspira. 

Gerard Reid, cofundador del fondo de inversión en energías renovables Alexa, habla con Agenda Pública de camino a Davos. Sabe que Donald Trump va a tener su propia agenda energética durante la cumbre, pero confía en que en los márgenes del foro se puedan seguir hablando de los temas de largo aliento que importan. En el debate de la energía, uno de los cambios que afloran es que los proyectos solares o eólicos ya no son de las grandes utilities (las compañías de suministro de energía). Las nuevas plantas son de fondos, son activos financieros. Y hay que hablar con ellos en ese lenguaje.

"Necesitamos repensar la industria", dice, "ver cómo vamos a ganar dinero. A los precios actuales no hay incentivos para la inversión. Europa entrará en una era de subsidios". El movimiento que ve imparable es el de las instalaciones de autoconsumo, que piensan seguirán floreciendo incluso en los jardines de EE. UU. "Es una tendencia imparable que las grandes eléctricas querrán frenar".

Al movimiento de Trump por conseguir el dominio energético pasando por acaparar reservas de crudo —con la operación en Venezuela— Reid opina que se debe contrarrestar electrificando tan rápido como se pueda. "Es el momento de lograr la independencia. China ya lo está haciendo. El mundo cambia mientras hablamos".

"El resultado de la cumbre ha dejado muy insatisfechos a la mayoría de los asistentes, pero ha tenido un tremendo impacto mediático por el agresivo discurso de Trump"
El resultado de la cumbre ha dejado muy insatisfechos a la mayoría de los asistentes, pero ha tenido un tremendo impacto mediático por el agresivo discurso de Trump. ¿Estará al menos Larry Fink satisfecho?


Adrian Monck, que trabajó en la organización de Davos durante casi 14 años y fue miembro del consejo durante ocho, dice que este tipo de encuentros son necesarios pese a las críticas. "El mundo necesita pasillos y trastiendas. Necesita que los líderes se reúnan y Davos lo hacía de forma muy eficiente. A la gente no le gusta, pero el mundo lo necesita para funcionar. Es como el WD-40 (un líquido de bricolaje similar al aceite tres en uno), reduce fricciones".

El periodista del New York Times Peter Goodman, que ha sido durante años muy crítico con el foro y escribió un libro: Davos Man: How the Billionaires Devoured the World, resume la transición en Davos de esta manera en una entrevista: "Los hombres de Davos solían decirnos que se reunían aquí, en la cima de la montaña, no solo para hacer tratos y enriquecerse, sino para mejorar el mundo. Querían hacernos creer que si desregulamos más y recortamos más impuestos y les permitimos más generosidad para hacer lo que hacen, van a ocuparse del cambio climático y de la desigualdad de género y la injusticia social. Siempre fue una proposición completamente absurda, esa idea de que quienes finalmente se beneficiaban del statu quo serían quienes lo solucionarían. Y ahora ese pretexto más o menos ha desaparecido".
Belén Carreño Bravo
Belén Carreño Bravo
Periodista económica
Es autora de la 'newsletter' semanal 'Inteligencia Económica' en 'El País', analista en televisión, conferenciante y docente. Durante casi siete años fue corresponsal sénior de la agencia Reuters en España. Antes formó parte del equipo fundador de 'elDiario.es', donde ejerció como redactora jefa de Economía.
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