Martes, 28 de julio de 2026
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¿Por qué la productividad depende de la geografía? El dilema para grandes ciudades y la España vaciada

Un nuevo informe de CaixaBank Research revela que los factores geográficos explican una cuarta parte del crecimiento de la productividad. El efecto aglomeración es vital para competir, pero exacerba la brecha entre las vibrantes urbes y el interior estancado. España, según el geógrafo Santiago Fernández Muñoz, afronta ahora un doble reto: potenciar sus metrópolis y frenar el resentimiento populista de los territorios rezagados.

Santiago Fernández Muñoz Santiago Fernández Muñoz 5 de febrero de 2026
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El autor defiende la relevancia de la geografía en un contexto económico de crecimiento. | Unsplash
El autor defiende la relevancia de la geografía en un contexto económico de crecimiento. | Unsplash
El último informe de CaixaBank Research titulado Las claves de la productividad aborda el gran reto de la economía española y europea e identifica los factores clave que impulsan su mejora a escala regional. Su conclusión es sorprendente para este tipo de análisis: "Los factores geográficos explican en torno a una cuarta parte del crecimiento diferencial de la productividad", asegura el informe, en referencia a la densidad y el crecimiento de la población de las áreas urbanas.

El estudio, basado en un complejo análisis econométrico, incluye también como elementos diferenciales la calidad de las instituciones, el capital humano y la innovación, claves bien conocidas en la literatura económica y especialmente, esta última, ampliamente desarrollada en los informes Letta y Draghi. La novedad es el territorio y los factores geográficos, ausentes en general de los análisis económicos, pese a la robusta investigación nacional e internacional al respecto.

"El estudio de CaixaBank Research recupera los factores territoriales, supera la dimensión puramente física y confirma la tesis del efecto aglomeración de las ciudades"
En 2012, anticipándose en muchos aspectos a nuestra realidad actual, el analista estadounidense Robert D. Kaplan publicó
La venganza de la geografía, un ensayo en el que sostenía que, pese a la globalización y la tecnología, la geografía sigue imponiendo límites duros a la política y a la historia. Kaplan reaccionaba al pensamiento dominante desde mediados de los noventa, un momento de optimismo tecnológico vinculado a la expansión de Internet, con similitudes con el que hoy vivimos tras la irrupción de la inteligencia artificial. Se consolidó entonces la idea de que la conectividad digital reduciría la relevancia de las fronteras y convertiría a la geografía en un factor irrelevante. El principal criterio de localización para las empresas debía ser disponer de una buena conexión a la red, lo que les permitiría operar desde cualquier lugar del mundo sin importar la ubicación. No solo la globalización parecía inevitable, sino que también se preveía un cambio en la distribución de la actividad y la población en los países desarrollados. En este contexto, perdía importancia ubicar las empresas en las principales ciudades del mundo.

¿Por qué el "efecto aglomeración" explica el 25% del crecimiento de la productividad?

Kaplan auguraba que la geografía acabaría por vengarse porque los factores físicos, montañas, mares, climas, recursos, posiciones estratégicas y fronteras reaparecen antes o después como fuerzas determinantes, recordando que el poder y el conflicto siguen anclados en el espacio. El estudio de CaixaBank Research recupera los factores territoriales, supera la dimensión puramente física y confirma la tesis de otras muchas investigaciones: el efecto aglomeración de las ciudades (los beneficios económicos y sociales de que personas, empresas, industrias, servicios y talento se concentren en un mismo lugar) es clave para el progreso económico de las regiones. Las que más crecen son aquellas que cuentan con densas zonas urbanas y potentes áreas metropolitanas. Todos los análisis concluyen que, para competir en el mundo actual, el tamaño importa y cualquier país necesita de grandes ciudades que puedan competir con otros espacios similares a escala global. Disponer de fuertes áreas urbanas es esencial para atraer actividad económica, innovación, talento y las industrias más disruptivas con mayor futuro.

Con estos datos, la recomendación que propone CaixaBank es lógica: se deben reforzar "las políticas públicas que ayuden a crear polos urbanos vibrantes y dinámicos". Es decir, si queremos mejorar la productividad de las economías europeas, hay que fortalecer aún más las grandes aglomeraciones urbanas: el Madrid D. F., el área metropolitana de Barcelona y las grandes áreas urbanas del resto del país. 

"La tendencia, acelerada tras la pandemia, apunta a una mayor concentración de población y actividad en las grandes zonas urbanas, especialmente en Madrid y su creciente área de influencia"
El dilema al que se enfrentan las administraciones públicas es relevante. ¿Qué deberían hacer el Gobierno central y las comunidades autónomas? La tendencia, acelerada tras la pandemia, apunta a una mayor concentración de población y actividad en las grandes zonas urbanas, especialmente en Madrid y su creciente área de influencia, que desborda los límites provinciales e integra amplias zonas de las provincias de Toledo, Guadalajara, así como municipios limítrofes de Ávila, Cuenca y Segovia. La respuesta no es sencilla, pero continuar como si nada hubiera cambiado no parece la mejor opción. El crecimiento de la desigualdad territorial y el resentimiento de una parte de la población de los territorios más rezagados es uno de los factores que alimentan el auge de movimientos populistas de derecha radical en Estados Unidos y en los grandes países europeos

España frente a Europa: ¿por qué carecemos de una política regional ambiciosa?

España es uno de los estados más descentralizados del mundo, con unas comunidades autónomas con competencias exclusivas en los servicios públicos más importantes (sanidad, educación, servicios sociales, medio ambiente) y un Gobierno central que conserva la capacidad para fijar las bases, los principios y mínimos comunes, así como la coordinación general de cada política. El nivel de descentralización y el diseño del sistema explican en parte la ausencia de una política regional estatal con la ambición necesaria para compensar las desigualdades territoriales y aprovechar el potencial de las grandes áreas urbanas. En la práctica, solo la Comisión Europea aplica desde hace décadas una política regional ambiciosa, adaptada a las condiciones de cada región a través de las políticas de cohesión.

"Alterar las inercias territoriales es una tarea ardua y las miradas desde cada capital autonómica son claramente insuficientes para afrontarlo"
La tendencia, al menos en los próximos diez años, será a una mayor concentración del desarrollo en las grandes urbanas. Por tanto, es imprescindible potenciarlas como centros de dinamismo e innovación, pero al mismo tiempo es clave evitar que se consoliden como islas de riqueza en medio de territorios vacíos. Hay que potenciar Madrid y su creciente área urbana, reforzar Barcelona y su área metropolitana, el sistema industrial vasco y fortalecer Valencia, Málaga y el sistema urbano atlántico gallego como polos alternativos. Pero, al mismo tiempo, es fundamental lograr que el interior de la meseta no se convierta en un desierto de actividad. Alterar las inercias territoriales es una tarea ardua y las miradas desde cada capital autonómica son claramente insuficientes para afrontarlo. 


Pongamos un ejemplo ¿es una buena decisión para la región de Madrid, con evidentes limitaciones de suelo industrial y potencia eléctrica, dedicar este recurso a centros de datos? ¿No tendría más sentido centrar los incentivos en actividades industriales con mayor valor añadido y permitir que los data centers dinamicen entornos más rurales? Hay muchos ejemplos similares en todas las regiones que apuntan a la falta de incorporación de criterios territoriales a la toma de decisiones.

Es clave considerar los factores territoriales para la localización de los grandes proyectos estratégicos o también para extender la influencia de las áreas metropolitanas mediante ambiciosas políticas de mejora y extensión del transporte público, incluso más allá de los límites regionales, e ir generando polos de actividad vinculados a la ciudad central. Pero al mismo tiempo, es fundamental generar actividad en los ámbitos rurales. Es evidente que los instrumentos actuales no son suficientes para poder abordar estos objetivos. Aunque el problema es anterior: los criterios territoriales no se consideran en la gran mayoría de las decisiones públicas y, como apunta Kaplan, la geografía acabará por vengarse en forma de movimientos populistas antisistema o de otras formas todavía no conocidas, pero seguro que inquietantes
Santiago Fernández Muñoz
Santiago Fernández Muñoz
Profesor de la Universidad Carlos III de Madrid
Socio de SILO (Sciece & Innovation Link Office). Exresponsable del Plan de Recuperación en Presidencia de Gobierno. Director del 'Spending Review' de Infraestructuras de Transportes de la AIReF.
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