Martes, 28 de julio de 2026

Marc Simón: "Tener incidencia en lo social requiere el medio y largo plazo"

El subdirector general de la Fundación "la Caixa" remarca que "el mayor reto" que afronta España en materia de desigualdad es la pobreza infantil, pero también se muestra preocupado por la integración sociolaboral de los colectivos más vulnerables o por la soledad de las personas mayores. En conversación con el vicepresidente de 'Agenda Pública', Rodrigo Pinedo, pide "un pacto entre todos" porque, "si no acordamos actuaciones estructurales, siempre habrá un porcentaje de población que se nos quedará al margen".

Rodrigo Pinedo Texidor Rodrigo Pinedo Texidor 15 de enero de 2026
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Marc Simón conversa con 'Agenda Pública'. | Agenda Pública / Tsun Ho
Marc Simón conversa con 'Agenda Pública'. | Agenda Pública / Tsun Ho
"Si no acordamos actuaciones estructurales, siempre habrá un porcentaje de población que se nos quedará al margen". Esta es la advertencia que lanza el subdirector general de la Fundación "la Caixa", Marc Simón, en conversación con Agenda Pública en Barcelona. Como responsable de todos los programas sociales de la entidad, es consciente de que, si se quiere "tener incidencia en lo social", "se necesita el medio y largo plazo" y hay que "evitar la dispersión".

Con más de un siglo de historia a sus espaldas y un presupuesto récord 655 millones de euros en 2025, la Fundación "la Caixa" ha ido adaptando sus prioridades a las distintas necesidades de la sociedad española. Según destaca Simón, hoy "el mayor reto es la pobreza infantil", pero también les preocupan y ocupan la incorporación sociolaboral de los colectivos más vulnerables o la atención a la población mayor, con el desafío de la soledad. "La ayuda económica es necesaria muchas veces, pero tiene que ir acompañada de una atención que ponga a la persona en el centro y la haga protagonista de su propio futuro", remarca.

Antes de hablar de su labor actual, si no me falla mi labor de investigación, usted se incorporó a "la Caixa" en el año 1981. ¿Cómo ha cambiado España desde entonces?

España ha cambiado mucho desde 1981. Mi relación con "la Caixa" y con el mundo en general no era la misma que ahora, ni por edad ni por ocupación. Hay un elemento muy claro que marcó a qué me dediqué durante muchos años y que ha sido uno de los ejes de transformación de la sociedad: la entrada de la tecnología. En aquel momento yo estudiaba Económicas y entré primero a trabajar tres meses en Telefónica, como ayudante informático. Casi seguido empecé en "la Caixa" y esa pequeña experiencia hizo que el primer día ya me enviasen al área de informática.

"Antes la sensación global era de crecimiento continuo. Y eso, en los últimos años, ha cambiado. La crisis de 2008 fue una punta de iceberg y, desde entonces, casi hemos vivido en crisis permanentes"
Años después, tras la fusión con la Caja de Pensiones, acabé siendo director de informática. Pasé por todas las posibles ocupaciones en un momento de auténtico boom tecnológico. Visto con los ojos de hoy, cuesta entender lo que suponían algunos cambios que aparecían en 1981. Por ejemplo: desarrollamos una máquina capaz de hacer prácticamente todo lo que un cliente podía pedir en una oficina. Era una revolución. Hoy todo esto está más que superado. La tecnología se ha ido haciendo presente en todo y es una base clara de cómo se ha transformado la sociedad.

A la vez, veníamos del periodo posterior a la dictadura, con la introducción de la democracia. Hubo vaivenes y momentos con picos de paro y dificultades, pero después pasamos unos años de bonanza económica importantes.

 

Principios de los noventa, resaca olímpica…

Exacto. Hubo una percepción bastante generalizada de que "todo iba para arriba". A pesar de algunos momentos complicados, la sensación global era de crecimiento continuo. Y eso, en los últimos años, ha cambiado. La crisis de 2008 fue una punta de iceberg y, desde entonces, casi hemos vivido en crisis permanentes.

La perspectiva que tengo hoy —y probablemente no sería la misma si no hubiese pasado en 2008 a la fundación— es que toda esa bonanza seguía dejando a mucha gente al margen. La realidad es tozuda, ya que cuanto más tiempo pasa y cuanto más parece que las cosas se arreglan, más se incrementa la desigualdad.
 

Simón es responsable de todos los programas sociales de la fundación. Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


Leía en una memoria de la Fundación "la Caixa" que cumplió 120 años en 2024. A lo largo de estos años ha habido desafíos y crisis de todo tipo, aparte de la de 2008…

Cuando se crea "la Caixa", la vulnerabilidad más acuciante es la de los trabajadores en un contexto de huelgas, sin pensiones públicas: cuando dejabas de trabajar, no tenías ingresos. Lo primero que está datado como acción de la entidad son los homenajes a la vejez, de 1915. De hecho, para nosotros el programa de personas mayores empieza ahí y sigue hoy en día.

También más adelante fue muy relevante, por ejemplo, la creación de vivienda. Los primeros sorteos de vivienda social los hizo "la Caixa" en los años sesenta, antes de que hubiera sorteos públicos. Además, está la investigación de enfermedades que afectaban a mucha gente en aquel entonces: la tuberculosis, luego el sida…

En relación con 2008, hubo un momento clave a principios de los 2000: desde la alta dirección se organizaron sesiones con distintos estudiosos que iban prediciendo que la bonanza económica se acabaría. Estas reflexiones marcaron decisiones posteriores que fueron importantes. Se decidió empezar a proyectar nuevos programas sociales. A la vez, "la Caixa" —desde el punto de vista financiero—decidió dejar de abrir oficinas y el beneficio destinado a obra social creció de manera exponencial. La primera vez que llegamos a los 500 millones de euros de presupuesto fue en 2008. Con esta evolución, nacieron nuestro programa de incorporación laboral, el programa de lucha contra la pobreza infantil, el refuerzo del programa de personas mayores, etc.

Al mismo tiempo, se intentó concretar qué modelo íbamos a emplear para tener el impacto que buscábamos en la sociedad. Se tomó la decisión de dedicar el máximo del dinero que conseguimos con la actividad económica en iniciativas que repercutieran directamente en las personas. Para la acción social ya existía un tercer sector muy cercano a la vulnerabilidad y lo más responsable era hacerlo a través de estas entidades.

Decía que superaron los 500 millones de presupuesto en 2008. En 2025 fueron en torno a 655 millones. Dentro de ese presupuesto, ¿cuáles son las joyas de la corona de la fundación?

El mayor reto hoy es la pobreza infantil. Es el programa al que dedicamos más presupuesto directamente: algo más de ochenta millones de euros anuales, sin contar estructura. Estos programas, en su mayor parte, acaban generando la posibilidad de que las entidades sociales contraten a personas, y eso implica actualizar retribuciones para que los profesionales estén dignamente pagados.

"La infancia es clave. Si actúas bien, evitas muchas consecuencias para personas que, por su origen, parece que están predestinadas a una situación de por vida"
Para nosotros la infancia es clave, también en el plano de la desigualdad. Es el elemento donde, si actúas bien, evitas muchas consecuencias para personas que, por su origen, parece que están predestinadas a una situación de por vida.

Hay informes que son críticos con el papel de España en esta materia.

Es que estamos a la cola europea. Y se explica por la escasa eficiencia de las ayudas económicas de las administraciones cuando intentan paliar la pobreza principalmente con transferencias. Desde hace años sabemos que la eficiencia de las ayudas económicas puras es muy escasa.

Si analizas con más profundidad la pobreza infantil y el factor de la herencia, ves claramente que hay dos niveles. Hay un grupo próximo al umbral, que con pequeñas ayudas puede salir adelante. Luego, el que se va quedando por debajo es el grupo que transmite la pobreza generacionalmente. Hay estudios recientes que muestran que, si un niño tenía ya a su abuelo pobre y a su padre también pobre, tiene un 60% de probabilidades de ser pobre toda su vida.

También ocurre la misma situación con el acceso a la vivienda.

Todo se enlaza. Por eso nos parece que este es el principal foco. El segundo programa en volumen es la incorporación laboral de colectivos desfavorecidos: personas más vulnerables ante el empleo. Es incorporación sociolaboral, no solo laboral. Vamos directamente a la empresa ordinaria, no al empleo protegido, porque entendemos que no se trata solo de un empleo y unos ingresos, sino también de ampliar e igualar tu abanico de relaciones sociales con el de los demás. Porque la pobreza es local y se concentra en lugares concretos.

Tanto en CaixaProinfancia como en Incorpora trabajamos con una representación muy amplia de entidades sociales: casi quinientas en infancia y unas 420 en Incorpora. Trabajamos con ellas en red, que es algo importante, y en cada una hemos desarrollado un método de intervención en el que trabajan con una aplicación informática común.

El tercer gran bloque en orden de presupuesto es el de personas mayores, con unos treinta millones de euros anuales. Ahí tenemos dos líneas: la tradicional, ligada a los centros de mayores, y otra más nueva, centrada en soledad y buen trato.
 

El vicepresidente de 'Agenda Pública', Rodrigo Pinedo, durante la entrevista. Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


En sus orígenes, la fundación actuaba cuando no había sistema de pensiones. Hoy vivimos un contexto en el que el propio Estado del bienestar debe replantearse qué hace con las pensiones. ¿Cómo ha evolucionado este programa de mayores?

Es el programa más antiguo, pero está innovando constantemente. Primero se adelantó a las pensiones públicas. Luego, en los años setenta, empezamos a abrir centros de mayores ahora llamados centros de participación y llegamos a tener más de 600, entre propios y conveniados.  

En la mayoría de ellos, hay un aula informática instalada por la Fundación "la Caixa". La tecnología ha sido una parte emblemática: empezamos en 1997 y durante años hemos ido introduciendo la informática entre personas mayores. Ha habido años con más de 75.000 personas formadas. El año pasado pasaron por actividades del programa unas 534.000 personas.

Y ayudando a reducir la brecha generacional y de acceso, porque cada día dependemos más de la tecnología para todo…

Sí, pero en los primeros años no era tan evidente como ahora. Con el tiempo se han creado incluso asociaciones de voluntarios informáticos mayores, que luego impulsamos a abrirse a otros ámbitos de voluntariado. Tenemos programas como el de gente mayor que va a centros penitenciarios a enseñar informática a personas privadas de libertad jóvenes. No es solo lo que les enseñan, sino el vínculo que se genera para cuando salen y actúan como una guía.

Por otro lado, en 2015, coincidiendo con el centenario del primer homenaje a la vejez, impulsamos dos focos nuevos: el buen trato a las personas mayores y los talleres de desarrollo personal. En estos, la idea es que la vejez tiene muchas etapas y que tú decides cómo serán. Tradicionalmente, la imagen era la de dejarse llevar: tú has cuidado a la generación anterior y te cuidará la siguiente. Pero aquí trabajamos desde el inicio y con este desarrollo en mente.

"Hoy día, el 15% de las personas entre los 65 y los 75 años ya viven solas. Y a partir de los 75 la cifra sube por encima del 20%. En total, unos tres millones de personas mayores viven solas en España"
Dos años más tarde empezamos a apostar también por la prevención de la soledad. Aunque las pensiones se puedan asegurar, llega una generación de mayores que vivió la crisis —en la cual se ha reducido el número de personas con vivienda en propiedad— y que se enfrenta a alquileres disparados en muchas ciudades. Si ya hablamos de trabajadores pobres, cuando lleguen a la jubilación pueden convertirse en pensionistas pobres.

Este es un reto obligatorio; luego hay otros que escogemos, como el de la soledad. Hoy día, el 15% de las personas entre los 65 y los 75 años ya viven solas. Y a partir de los 75 la cifra sube por encima del 20%. En total, unos tres millones de personas mayores viven solas en España. Nuestro programa se basa en que la comunidad se ponga a cuidar y genera grupos de acción social, en cada lugar participan muchas entidades y hay mucho voluntariado.

El cuarto gran programa es el de atención integral a personas con enfermedad avanzada y a sus familiares, que se acerca a los veinte millones de euros anuales para España. Tenemos programas equivalentes en Portugal, pero a menor escala, por población y porque los hemos empezado más tarde.

Hasta ahora hemos hablado de los programas propios, que marcan las grandes preocupaciones de la fundación. A eso se suman las convocatorias sociales, la actividad cultural, la investigación…

Las convocatorias sociales son muy importantes y tienen varios elementos diferenciales. En conjunto, el presupuesto ronda los cuarenta millones de euros y recibimos unos 5.000 proyectos al año en España, de los que se aprueban alrededor de 1.400.

Aquí hemos avanzado hacia una distribución territorial: aseguramos que cada año haya proyectos en todas las provincias de España. Ese diseño importa porque permite que la población que lo necesita lo tenga al alcance. Si la convocatoria fuera solo nacional y seleccionáramos a los "mejores" proyectos, las grandes capitales se lo llevarían casi todo. Así evitamos que queden territorios desatendidos. Lo hacemos respetando proporciones históricas —nunca hemos detraído nada de ningún territorio—, vinculadas también a la población: con el crecimiento vamos completando mejor la cobertura.

A esto se suma la parte cultural, que tiene una conexión clara con acercarla a las personas más vulnerables. Nuestros centros culturales son polos de debate social. Y a ello se añade la investigación. Este ámbito —especialmente el médico—, por naturaleza, tiene un efecto curioso: cualquier avance acaba a disposición de todo el mundo. Eso cuesta mucho más en lo social, donde no hay un repositorio público común de todo lo que se hace.
 

Simón insiste en que uno de los mayores retos que afronta España es la pobreza infantil. Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


Volviendo la vista a la España de 1981, ha mencionado que la Fundación "la Caixa" ha querido "anticipar". Lo está haciendo con los mayores. ¿Hay algún otro frente similar?

Como te decía, el primero y principal es la pobreza infantil. Es la fuente de mayor desigualdad. Con CaixaProinfancia, con esos más de ochenta millones de euros, llegamos a unos 67.000 niños y niñas al año. Los niños de este programa, al acabar la ESO, tienen una tasa de graduación incluso un punto por encima de la población general. Cuando hacemos estudios focalizados en la misma "capa" —familias por debajo del umbral de la pobreza—, sin intervención no les correspondería ni la mitad del éxito escolar que tienen.

Desde que se inició en 2007, se han mantenido elementos básicos, pero han evolucionado mucho. Es un programa modélico porque introduce, de forma muy profesional, una capa de acción social que es clave. Los servicios sociales son muy heterogéneos en España; según dónde estés, hay más o menos recursos y mayor o menor capacidad. Nosotros añadimos una parte que se acopla a lo que hayan podido hacer los servicios sociales, pero que genera un itinerario de inclusión en el que la familia se compromete a seguirlo. Tiene componentes específicos para la infancia, pero también otros. Y agrega un segundo paso importante: no se da de todo a todos, sino que se da a cada cual lo que necesita, ganando también eficiencia en el importe.

"Tenemos barrios donde se concentra la desigualdad de manera muy fuerte. Si no actuamos, esos espacios corren el riesgo de deteriorarse y convertirse en guetos"
La inversión media anual por niño o niña es de unos 1.100 euros, que no es ningún despropósito. Otra cosa es que no tengamos dinero para actuar sobre los dos millones y medio de niños y niñas en situación de pobreza en España. Pero el modelo como tal ofrece una solución escalable.

Otro gran reto es la desigualdad territorial. Hay una desigualdad geográfica, que se suma a todas las otras, pero que al final da explicaciones comunes: puedes mirarla en clave étnica, de diversidad, pero siempre hay una dimensión geográfica de fondo. Tenemos barrios donde se concentra la desigualdad de manera muy fuerte. Si no actuamos, esos espacios corren el riesgo de deteriorarse y convertirse en guetos. A eso se añade la despoblación; el 90% de la población se concentra en el 30% del territorio.

Los servicios sociales son desiguales en el territorio…

Sí. Hay que revertir dinámicas para aprovechar mejor los recursos en todo el territorio. Este año hemos puesto en marcha una convocatoria social para intentar evitar que la despoblación vaya a más.

En el plan estratégico que hemos desarrollado en 2025 aparecían temas añadidos: además de la incorporación laboral —que ya actúa con colectivos con especiales dificultades de acceso al empleo y que está muy ligada a la formación—, hemos introducido el sinhogarismo, la salud mental y, de nuevo, la diversidad, profundizando en las intersecciones entre enfermedad, diversidad y envejecimiento.

En Agenda Pública nos centramos en las políticas públicas y su análisis, y una parte de nuestros lectores tiene especial interés en esto. ¿Qué petición se podría hacer en la España de hoy a los políticos para afrontar los desafíos que hemos ido tratando?

Evitar la dispersión. Tenemos un panorama que no acaba de asumir que, para tener incidencia en lo social, se necesita el medio y largo plazo.

Pongo el ejemplo de Incorpora. Empezó en 2005 y en 2008 insertaba a unas 3.000 personas al año. En 2024 insertó a 43.000. Y el presupuesto es, aproximadamente, un 20% más que en 2008. La diferencia la hace una red madura: entidades que, al principio, me preguntaban: "Oye, ¿el programa va a seguir el año que viene?". Ahora ya no lo preguntan, porque han visto que la apuesta es seria y de medio y largo plazo.

En infancia pasa lo mismo: si lo que quieres evitar es el abandono escolar, con un año no basta. Las trayectorias escolares son largas. Si intervienes solo un curso, si ese niño o niña iba a caer, lo más probable es que caiga al año siguiente. Necesitas continuidad.
 

Pinedo pregunta a Simón en la sede de la fundación en Barcelona. Foto: Agenda Pública / Tsun Ho


En este escenario de campaña electoral permanente es complicado.

Entonces sería deseable un pacto entre todos. Si no acordamos actuaciones estructurales, siempre habrá un porcentaje de población que se nos quedará al margen. Hay que centrar los esfuerzos. Si haces acciones muy dispersas, es difícil que acaben teniendo una incidencia. Si focalizamos y aunamos esfuerzos, seremos mucho más efectivos entre todos. Eso permite economías de escala, permite evaluar y generar evidencias que luego pueden traducirse en políticas.

La tercera idea tiene que ver con las prestaciones. Es muy importante que haya prestaciones para las personas, pero también que todas las que tienen derecho de verdad puedan acceder. Muchas veces la forma de tramitarlas es muy complicada. En nuestras convocatorias de proyectos se presentan muchas entidades que plantean acompañar a la gente a tramitar las ayudas a las que tienen derecho.

Y, finalmente, una prestación económica, por sí sola, no genera igualdad. Puede maquillar el resultado, pero no va a dar igualdad. Si pensamos en equidad, la metáfora clásica sigue siendo válida: enseñar a pescar o dar el pescado. La ayuda económica es necesaria muchas veces, pero tiene que ir acompañada de una atención que ponga a la persona en el centro y la haga protagonista de su propio futuro.

Muchas gracias.
En colaboración con la Fundación "la Caixa"
Rodrigo Pinedo Texidor
Rodrigo Pinedo Texidor
Periodista y anteriormente vicepresidente de 'Agenda Pública'
Apasionado de los medios. Licenciado en Derecho y Periodismo por la Universidad CEU San Pablo y Executive MBA por IESE, se curtió en distintas redacciones antes de trabajar en comunicación institucional, ocupando, entre otras responsabilidades, el cargo de director de Comunicación del Arzobispado de Madrid. Formó parte de los consejos de administración de TRECE, Cope y, después, Ábside Media. Entre 2024 y 2026 fue consejero delegado de BEKANE Media y vicepresidente de 'Agenda Pública'. Trabaja en comunicación corporativa y es patrono de la Fundación Luca de Tena.
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