Lunes, 17 de agosto de 2026
PODER BLANDO

El potencial diplomático (no ejecutado) del deporte español

España tiene desde 2019 una hoja de ruta para convertir el deporte en una herramienta de política exterior, pero siete años después sigue pendiente su ejecución. "No es que España necesite un nuevo plan, sino ejecutar el que tiene", sostiene Rafael Costa, investigador. Con el Mundial 2030 en el horizonte y nuevos movimientos como el acuerdo entre LaLiga y el Ministerio de Defensa, el país afronta una oportunidad decisiva para transformar sus éxitos deportivos en 'soft power'.

Rafael Costa Rafael Costa 17 de agosto de 2026
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Aficionados españoles celebran la victoria de la Selección en el Mundial de 2026.  | Carlos Luján / Europa Press
Aficionados españoles celebran la victoria de la Selección en el Mundial de 2026. | Carlos Luján / Europa Press
En 2019, el Gobierno español publicó el primer documento estratégico de su historia sobre diplomacia deportiva y, en teoría, tiene más recursos deportivos e infraestructura institucional que muchos países europeos que trabajan activamente en este campo. Sin embargo, siete años después, ese documento no se ha convertido en acción estratégica públicamente visible. El reciente acuerdo entre el Ministerio de Defensa y LaLiga insinúa que el país está reaprendiendo algo que ya estaba delineado.

En marzo de 2026, LaLiga y el Ministerio de Defensa, a través del CESEDEN (Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional), firmaron un acuerdo de colaboración educativa que empezó con la jornada "Diplomacia y deporte: el 'soft power' en la proyección internacional de España", donde tanto representantes institucionales como expertos se reunieron en Madrid para debatir este tema. Aunque el título parece novedoso, España ya había logrado avances significativos en 2019, cuando el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, a través de la Secretaría de Estado de la España Global, publicó un informe denominado "La diplomacia deportiva como actor de la España global: la necesidad de un modelo para España". Esta fue la primera tentativa pública de desarrollar una estrategia nacional de diplomacia deportiva y sirve para demostrar que no es que España no tenga un plan; es que se le ha olvidado que tiene uno.

El plan que nadie recuerda

El informe, desarrollado por Diego Calatayud Soriano, no era algo vano, sino un documento completo y contextualizado, que analizaba otros modelos, identificaba activos y oportunidades y proponía un modelo para España en varias fases. En 2026, si hacemos un análisis documental del estado de la diplomacia deportiva en España, es raro encontrar este documento citado activamente o incluso alguna medida que se haya llevado a cabo. La hoja de ruta fue trazada, pero no hay responsables institucionales identificables ni apreciación política de lo que se cumplió.

"La posibilidad de ganar una medalla es estratégica, pero qué hacer con la atención internacional generada por esa medalla no"
Con esto no quiero decir que España no haya hecho ningún tipo de progreso, ya que la Ley del Deporte de 2022 reconoce el interés público en la representación exterior del deporte de élite (algo no muy común en la esfera europea). Además, desde 2020, los Pactos de Viana exigen que los clubes españoles de fútbol profesional asignen parte de sus fondos a otros deportes (16 millones de euros anuales para el programa Team España Elite para apoyar a los atletas olímpicos con gran proyección). Esta financiación tiene un carácter puramente deportivo y no de política exterior y, por lo tanto, es uno de los factores que hace evidente lo importantes que son las medallas y victorias, pero no lo suficiente para desarrollar su componente político. La posibilidad de ganar una medalla es estratégica, pero qué hacer con la atención internacional generada por esa medalla no.

El país vecino no tiene ni el borrador

Si analizamos el desarrollo institucional de un país vecino con capital deportivo comparable, en el caso de Portugal vemos que tiene múltiples victorias internacionales en varios deportes, infraestructura deportiva de élite y el embajador deportivo más seguido del mundo, Cristiano Ronaldo. No obstante, el concepto de "diplomacia deportiva" queda completamente indocumentado institucionalmente y no existe ninguna estructura ministerial o acuerdo destinado al componente político y diplomático del deporte. Ante eso, España claramente lleva la delantera: un documento estratégico, ley, mecanismos de financiación. Sin embargo, falta la ejecución y la coordinación entre el diagnóstico, los recursos y los actores de la diplomacia deportiva.

El Mundial 2030, la oportunidad

La próxima gran oportunidad es el Mundial de 2030, que será coorganizado por España, Portugal y Marruecos. Es uno de los megaeventos deportivos de mayor visibilidad internacional y, por lo tanto, será el escaparate crucial que tendrá la diplomacia deportiva española en una generación. Además, el evento ocurre en un momento clave para la diplomacia deportiva internacionalmente. La UNITAR organizó el "World Cup Diplomacy Summit" en junio de 2026, centrándose en cómo los países que reciben este tipo de eventos pueden integrarlos, junto con otros componentes deportivos, en su política exterior.

"El Mundial es uno de los megaeventos deportivos de mayor visibilidad internacional y, por lo tanto, será el escaparate crucial que tendrá la diplomacia deportiva española en una generación"
España llegará a este acontecimiento más preparada que muchos, ya que en teoría sabe qué tiene que hacer. La cuestión es si recibir el Mundial servirá como momento desencadenante para activar el documento de 2019 y transformarlo en una estrategia unificada entre el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Real Federación Española de Fútbol, el Consejo Superior de Deportes y todos los actores involucrados, o si será una vez más un evento marcado por una gestión reactiva y sin un hilo conductor estratégico coordinado.

De hecho, un organismo institucional para este fin ya fue creado: en febrero de 2025 se estableció la Comisión Interministerial del Gobierno para la organización del Mundial 2030, cuya primera sesión fue liderada por la exministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Pilar Alegría. Aunque en el mandato de la Comisión figura de forma muy clara la "proyección internacional de España" junto a seguridad, visados y transporte, aún queda por ver si será una oportunidad aprovechada por el organismo para aplicar el modelo de 2019 o si esta dimensión internacional se enfocará puramente en la parte turística del evento.

El acuerdo entre LaLiga y el CESEDEN puede, entonces, admitir dos lecturas opuestas. Alguien optimista diría que por fin España está recuperando el proyecto "abandonado" de 2019 y la apuesta por la diplomacia deportiva. Por el contrario, alguien pesimista (quizá más realista y pragmático) plantearía que, si en 2026 seguimos necesitando una iniciativa propia para instruir a expertos sobre la conexión entre el deporte y el 'soft power', significa que el documento que lo explicó de forma tan completa en 2019 no llegó a tener el menor impacto institucional. No es que España necesite un nuevo plan, sino ejecutar el que tiene.
Rafael Costa
Rafael Costa
Estudiante de doctorado e investigador en el ISCTE – Instituto Universitário de Lisboa.
Rafael Costa es estudiante de doctorado e investigador en el ISCTE – Instituto Universitário de Lisboa.
Participación