En un momento de la conversación, ya sin micrófonos, le pregunté directamente a Stefano Sannino si Ursula von der Leyen creía realmente en el Pacto para el Mediterráneo. "Sí, absolutamente", me respondió sin dudar. Y añadió que la creación de una comisaria dedicada específicamente a la región es "una indicación muy clara de la orientación de la presidenta de la Comisión". Esa convicción acompaña a toda la conversación: Sannino insiste en que la UE atraviesa un cambio geopolítico profundo, y que no puede permitirse "no mirar a una región tan cercana, no solo geográficamente, sino también económica y socialmente".
A lo largo de la entrevista defiende que el gran giro de la Comisión es haber dejado de ver el Mediterráneo únicamente como un foco de riesgo: "Nunca hemos mirado de verdad la región como una aportación potencial", afirma, y enumera lo que considera la agenda del futuro compartido —formación, economía azul, energía, innovación, cadenas de producción compartidas. La palabra clave, dice, es "integración".
Sannino detalla además que el Pacto para el Mediterráneo se articula en tres pilares: personas, economía y seguridad resiliencia y migración, con la ambición de construir una "visión compartida de las amenazas" entre las dos orillas. También subraya el papel de España e Italia, países que, en su opinión, "cada vez que actúan juntos, el impacto es fuerte".
Desde proyectos educativos que evocan un "Erasmus euromediterráneo" hasta la posibilidad a medio plazo de un espacio económico profundamente integrado, Sannino ofrece una mirada que mezcla realismo geopolítico y ambición estratégica: "El futuro de esa región es también el futuro de la Unión Europea", apunta. Esta entrevista pretende explorar esa afirmación y lo que implica para la política exterior europea.
Sannino y López Plana paseando por la Universitat de Barcelona. Foto: Agenda Pública / Tsun Ho
¿Cuál es la actual política de la Comisión en relación con el Mediterráneo? Uno de los retos fundamentales de la política exterior española es la relación con el norte de África.
La creación de una cartera para el Mediterráneo, con una comisaria responsable para la relación con la región y una dirección general dedicada a ello, es una indicación muy clara de la orientación de la presidenta de la Comisión y de un grupo amplio de Estados miembros que empujan en esta dirección. Y todo esto sucede en un momento en el que la Unión Europea está mirando mucho al este por la cuestión de Ucrania, por las implicaciones de seguridad para la UE y por la amenaza rusa.
La idea de tener dos estructuras o carteras distintas que se ocupen de cada región me parece acertada, porque transmite el compromiso de la Unión Europea con la región mediterránea.
La segunda cuestión es que el marco geopolítico global ha cambiado mucho en los últimos tiempos y, efectivamente, la Unión Europea no puede permitirse no mirar a todas las regiones del mundo, pero en particular a una región tan cercana, no solo geográficamente, sino también económica y socialmente, con implicaciones muy fuertes: países con cadenas de producción conjuntas, sociedades que van evolucionando y cuyo desarrollo tiene impacto sobre la situación política en nuestros propios países.
No quiero hablar necesariamente de la migración o movilidad, ni del terrorismo, que también tienen impacto, pero el futuro de esa región es también el futuro de la Unión Europea.
"El marco geopolítico global ha cambiado mucho en los últimos tiempos y, efectivamente, la Unión Europea no puede permitirse no mirar a todas las regiones del mundo"
La tercera cuestión es que esta Comisión trata de mirar al Mediterráneo no solo como un problema, sino también como una oportunidad. Hasta ahora —y lo digo con respeto por lo hecho hasta el momento— nunca hemos mirado de verdad la región como una aportación potencial en formación, universidad, cultura, economía, energía, startups innovadoras o la economía del mar. Ese es el sentido del Pacto para el Mediterráneo: mirar todas esas dimensiones para que la parte sur del Mediterráneo pueda contribuir y, sobre todo, integrarse. Para mí, esa es la palabra fundamental: integración del espacio mediterráneo común.
¿Podríamos estar hablando, a medio plazo, de un mercado único con el norte de África?
Es una de las ideas detrás del pacto. Hablamos de aproximación regulatoria, de normas, de integración de cadenas de producción. Todo esto alimenta esa posibilidad.
Lo interesante es que la idea también viene de los países de la región, que reflexionan sobre mecanismos parecidos a los del Espacio Económico Europeo: formas de integración que implican un esfuerzo importante para las dos partes, tanto para la Unión Europea como para los países de la orilla sur.
Hace unos meses entrevisté al expresidente Romano Prodi y me habló de su proyecto de universidades mixtas europeas y de países del norte de África. ¿Qué futuro le ve a ese proyecto que formaría a las élites del futuro en la región?
Espero que tenga mucho futuro, porque la Comisaria está muy interesada en este proyecto. De hecho, si miras el Pacto por el Mediterráneo, es la primera acción que queremos desarrollar, y ya estamos trabajando en ello.
La idea es crear mecanismos de clases conjuntas. Aún debemos definir la mejor manera de hacerlo. Las universidades han cambiado mucho en los últimos años, especialmente después del Covid-19. Pero hay un punto clave: facilitar el intercambio de estudiantes. La formación es esencial, pero también lo es crear conexiones personales. Pasar un tiempo en otro país —como ocurrió con Erasmus en Europa— crea vínculos fuertes.
Habrá que encontrar un equilibrio entre convertir todas las universidades en centros físicos conjuntos y, al mismo tiempo, utilizar estructuras existentes con programas y grados compartidos. Esto plantea desafíos importantes: reconocimiento de títulos, movilidad de estudiantes, visados, intercambio de investigadores. Son cuestiones a las que tendremos que enfrentarnos en los próximos meses.
Stefano Sannino fue parte del Ministerio de Asuntos Exteriores durante el primer gobierno de Romano Prodi. Foto: Agenda Pública / Tsun Ho
¿Qué pueden hacer Italia y España conjuntamente para ser protagonistas en esta política mediterránea? ¿Hay espacio para la colaboración?
Soy un gran defensor de la cooperación entre España e Italia. Hay una cercanía entre nuestras sociedades, culturas, economías e idiomas. Y cada vez que España e Italia actúan juntas, el impacto es fuerte: somos la tercera y la cuarta economía de la zona euro y tenemos un peso político considerable.
"Soy un gran defensor de la cooperación entre España e Italia. Hay una cercanía entre nuestras sociedades, culturas, economías e idiomas"
Creo que, en la decisión de crear esta cartera mediterránea, influyó mucho el impulso político de ambos países y de otros. Si podemos estructurar una cooperación que aporte ideas, sugerencias y propuestas, será muy importante. España e Italia están quizá entre los países que más han reflexionado sobre el Mediterráneo porque viven esa dimensión de integración permanente.
Cuento con que puedan no solo apoyar, sino también aportar sustancia y propuestas concretas.
Usted ha sido secretario general del Servicio Exterior Europeo. El Financial Times mencionaba la voluntad de Von der Leyen de crear una célula de inteligencia en la Comisión. ¿Qué papel tienen la seguridad y la inteligencia en el Pacto del Mediterráneo?
Hay que distinguir. En seguridad, el papel es importante: uno de los tres pilares del pacto es seguridad, resiliencia y migración. La idea es acercar lo máximo posible las dos orillas del Mediterráneo para tener una visión compartida de las amenazas y trabajar juntos.
Los temas van desde la protección de cables submarinos —cada vez más sensible— hasta la desinformación, la manipulación informativa, las amenazas híbridas o la instrumentalización de distintas políticas.
Puede ser muy prometedor crear partenariados de seguridad y defensa con países de la región. Ya hemos empezado con algunos, y otros pueden seguir. Esto puede acercar enormemente nuestras futuras arquitecturas de seguridad.
¿Incluida la OTAN? Porque, como sabe, Javier Colomina está implicado en este trabajo.
Estamos trabajando con la OTAN y con Javier en particular. Hemos creado un pequeño grupo UE-OTAN para la Vecindad Sur. Hace dos días estuve en el Consejo del Atlántico Norte para informar a los aliados sobre el pacto y la política mediterránea.
El intercambio es útil y fructífero; las dos instituciones son muy complementarias. La seguridad se ha vuelto mucho más compleja y abarca mucho más que la seguridad militar.
La OTAN, por ejemplo, ha abierto un centro en Jordania. Estas formas de cooperación son inteligentes y constructivas.
El tema de la inteligencia es más delicado, porque sigue en manos de los Estados miembros. La cooperación depende de lo que quieran compartir. En el Servicio Exterior ya existe una estructura —el EU INTCEN— que coopera con los servicios de inteligencia de los países miembros.
Pero es cierto que hay elementos de inteligencia relacionados con comercio, energía u otras políticas típicamente comunitarias. Y aquí sí existe la necesidad de integrar esa información para que la UE tenga capacidad de respuesta e incluso de anticipación.
En sus labores en la Comisión Europea, Stefano Sannino también aborda cuestiones relacionadas con la seguridad. Foto: Agenda Pública / Tsun Ho
Estamos mirando al este por Rusia y China, pero China también está en el sur. ¿Cómo cooperamos con esos países para fomentar democracias que no miren hacia China?
Es un tema delicado. No creo que debamos comparar Rusia y China: son dos cosas distintas. Rusia actúa como un spoiler: mantiene su papel creando problemas, conflictos, desestabilización.
China es distinta, tiene una visión del mundo, los instrumentos para aplicarla y capacidades que pueden gustar más o menos, pero que debemos respetar. No promueve revoluciones; al contrario, le interesa la estabilidad porque su influencia global deriva de su capacidad económica.
La UE define a China como socio, competidor y rival estratégico. Tenemos visiones distintas del mundo, pero también áreas donde cooperar. En medio ambiente, por ejemplo, China puede ser un aliado importante: la transformación ecológica que está haciendo es real.
Y también somos competidores en libre mercado. Pero un libre mercado requiere reglas comunes. Cuando un país usa dumping, coerción económica o soborno, eso es otra cosa.
Cada uno tendrá que buscar la manera, y este es nuestro desafío, de poner sobre la mesa una oferta que sea suficientemente atractiva para los países del mediterráneo y tenemos todos los medios para hacerlo, porque geográficamente, culturalmente, económicamente, estamos muy integrados.
Sobre inmigración hay un debate muy presente en España: la distinción entre inmigración latinoamericana, e inmigración musulmana, siendo esta última, supuestamente, menos adaptable. ¿Cómo afrontamos este debate en Europa, sabiendo que muchos países de la región son musulmanes?
Es el debate sobre las diferencias. Creo que puede haber sociedades distintas, con culturas distintas. El tema es cómo ayudas a la integración: integración respetando la diversidad, pero también respetando las culturas de los países receptores. Para mí son plenamente compatibles.
Lo que temo es que, en los últimos años, la polarización ha llevado a discursos que afirman que no son compatibles y que, por tanto, es mejor mantener a la gente fuera. Son necesarias políticas activas de integración y evitar concentraciones excesivas que generen presión sobre servicios públicos como sanidad, educación o seguridad.
"Si quitamos la polarización y miramos el tema racionalmente, nuestras sociedades necesitan inmigración, porque necesitan mano de obra"
Si quitamos la polarización y miramos el tema racionalmente, nuestras sociedades necesitan inmigración, porque necesitan mano de obra. Tenemos flujos regulares entre Europa y países terceros. Lo que debemos desarrollar más son esos canales regulares, que evitan la desesperación y permiten una acogida positiva. No podemos acoger a todo el mundo, pero tampoco cerrar completamente. Hay que gestionar. La migración no se resuelve con una sola medida: requiere muchas políticas a la vez.
La UE trabaja mucho en desarrollo económico, oportunidades, migración circular. Un ejemplo clásico es el de las temporeras marroquíes en la fresa en Andalucía: vienen, vuelven, y regresan al año siguiente. Si salimos del marco polarizado, hay mucho margen para una gestión constructiva y positiva de la migración o movilidad.
Muchas gracias.
Sannino apuesta por escapar de la polarización y construir puntos comunes en cuanto a la inmigración. Foto: Agenda Pública / Tsun Ho