Martes, 28 de julio de 2026
LA BRÚJULA EUROPEA DE LÓPEZ PLANA

Bruselas a ciegas: la falta de cultura de inteligencia que pone en riesgo las instituciones europeas

En su columna semanal, el editor y director de 'Agenda Pública', Marc López Plana, examina cómo la debilidad de la UE en contrainteligencia permite que actores extranjeros influyan en sus instituciones, desde Rusia hasta Marruecos o Huawei. Su tesis central: Europa ejerce poder, pero carece del blindaje estratégico imprescindible para protegerlo. Y sin defensa, su autonomía seguirá en riesgo.

Marc López Plana Marc López Plana 24 de noviembre de 2025
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Participación de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en una rueda de prensa durante la cual Sauli Niinistö, asesor especial de Ursula von der Leyen, presenta el informe sobre el refuerzo de la preparación civil y militar de Europa. | Servicio audiovisual de la Comisión Europea
Participación de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en una rueda de prensa durante la cual Sauli Niinistö, asesor especial de Ursula von der Leyen, presenta el informe sobre el refuerzo de la preparación civil y militar de Europa. | Servicio audiovisual de la Comisión Europea
"Ucrania puede verse en el riesgo de perder su dignidad o a un aliado clave", afirmó el pasado viernes el presidente Zelenski ante la propuesta de acuerdo de paz, de veintiocho puntos, presentada por Rusia y aprobada por Estados Unidos. Hoy se cumplen 1.403 días desde el inicio de la invasión rusa. Pero hay otros momentos decisivos que no deben olvidarse: la Revolución del Maidán en 2014, tras la negativa del presidente prorruso Víktor Yanukóvich a firmar un acuerdo con la UE, y la entrada de tropas rusas en Crimea ese mismo año.

También en 2014 llegó al Parlamento Europeo Nathan Gill, político vinculado al partido UK Party de Nigel Farage. Ha sido condenado a más de diez años por aceptar sobornos del entorno de Vladímir Putin —en concreto del oligarca Oleg Voloshin— para difundir propaganda prorrusa desde la Eurocámara. Eran ya los primeros compases de lo que después sería la invasión de Ucrania y, de forma menos visible pero igual de efectiva, un indicio de que Putin sabía perfectamente dónde golpear para debilitar a la Unión Europea.


"La falta de mecanismos sólidos en Bruselas para detectar, prevenir y responder a amenazas de espionaje o infiltración estratégica adquiere una urgencia alarmante"
Este caso evidencia hasta qué punto las instituciones comunitarias pueden convertirse en objetivo de campañas de influencia extranjera. En este contexto, la falta de mecanismos sólidos en Bruselas para detectar, prevenir y responder a amenazas de espionaje o infiltración estratégica adquiere una urgencia alarmante.


Precisamente, hace unos días, mantuve una
muy interesante conversación con Beatriz Méndez de Vigo, ex secretaria general del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), para entender cómo ven desde dentro del mundo de los servicios secretos la relación entre la inteligencia nacional y la europea. En esa conversación, Méndez de Vigo destacó la buena coordinación que hoy existe entre los servicios nacionales, pero remite a una voz externa para explicar lo esencial: el diagnóstico del presidente finlandés Sauli Niinistö. Es él quien ha puesto palabras a una inquietud compartida en los pasillos de Bruselas: la Unión Europea dispone de mecanismos de cooperación, pero carece de una auténtica cultura de contrainteligencia y contraespionaje capaz de proteger a sus propias instituciones. Niinistö advierte de que la UE sigue actuando como si su poder político no fuera ya un objetivo prioritario para actores extranjeros y recuerda que ninguna comunidad política que aspire a influir en el mundo puede permitirse un eslabón tan frágil. Su mensaje, incómodo pero necesario, es que Europa no solo debe coordinar a los servicios existentes, sino desarrollar capacidades propias que impidan que otros decidan por ella.

El informe de Sauli Niinistö subraya que la Unión Europea no solo enfrenta desafíos económicos o regulatorios, sino también un riesgo creciente de infiltración y espionaje en sus propias instituciones. Niinistö advierte que, aunque existen mecanismos de cooperación entre servicios nacionales, la UE carece de una cultura institucional de contrainteligencia y contraespionaje capaz de proteger sus procesos internos frente a actores externos. Casos más recientes que el de Nathan Gill, como Huawei y el Marocgate ilustran esta fragilidad: decisiones clave pueden verse afectadas por influencias ocultas que aprovechan la dispersión de competencias y la falta de procedimientos claros. Según el informe, la solución no pasa únicamente por compartir información, sino por dotar a la Comisión y a otras estructuras europeas de capacidades operativas para detectar, prevenir y neutralizar amenazas, desarrollando protocolos, alertas tempranas y una cultura de seguridad que trate la protección institucional como un componente estratégico del poder europeo. Sin estas medidas, Bruselas seguirá siendo un objetivo atractivo para quienes buscan influir en la UE desde la sombra, socavando la autonomía y la integridad de sus decisiones políticas.


"Desde Bruselas se toman decisiones que afectan mercados globales o se negocian sanciones a potencias nucleares, pero, irónicamente, se carece de una verdadera cultura de inteligencia y contrainteligencia"
Europa es hoy un gigante regulador y económico. Desde Bruselas se toman decisiones que afectan mercados globales, se negocian sanciones a potencias nucleares y se distribuyen presupuestos que transforman economías nacionales. Sin embargo, esta fuerza no se acompaña de un blindaje adecuado: las instituciones europeas carecen de una verdadera cultura de inteligencia y contrainteligencia que les permita protegerse frente a actores externos con intereses estratégicos.


En marzo de 2025, la fiscalía belga detuvo a varios asistentes parlamentarios en el marco de una investigación sobre Huawei, sospechosa de intentar influir en decisiones del Parlamento Europeo mediante pagos y regalos opacos. Este caso no solo evidenció una operación de influencia de una empresa tecnológica con fuertes vínculos geopolíticos, sino también la incapacidad de las instituciones europeas para detectar, anticipar y mitigar amenazas de este tipo.


Un año antes, el llamado
Marocgate, vinculado al escándalo más amplio del Qatargate, mostró cómo Marruecos desplegó una red de influencia y corrupción que alcanzó a eurodiputados y sus asistentes, así como a estructuras internas del Parlamento Europeo. Diplomáticos y servicios de inteligencia marroquíes, según la investigación, habrían financiado viajes, regalos y actividades diseñadas para alinear decisiones legislativas con los intereses de su país. Bruselas no contaba con mecanismos para detectar esta operación como una amenaza estructural, lo que evidencia una vulnerabilidad institucional crónica.

El informe del expresidente finlandés Sauli Niinistö, encargado por la Comisión Europea, aborda directamente esta problemática. Niinistö subraya que la UE ha desarrollado políticas de defensa, ciberseguridad y resiliencia, pero carece de un sistema de contrainteligencia capaz de proteger sus instituciones. Lo describe como un "centro neurálgico sin sistema inmunitario". El problema es tanto estructural como cultural. A diferencia de Washington o Londres, Bruselas nunca ha interiorizado que el poder político trae aparejada una exposición directa a operaciones de espionaje e influencia extranjera. La UE se protege como una administración técnica de bajo riesgo, no como un centro de poder mundial.


Los casos Huawei y Marruecos ponen en evidencia esta contradicción. Las instituciones europeas no solo fallaron en detectar amenazas, sino que actuaron con ingenuidad ante operaciones cuidadosamente planificadas. Los sobornos, regalos y redes de lobby utilizados por Huawei y Marruecos fueron percibidos, en muchos casos, como simples problemas de ética o corrupción administrativa, sin reconocer su dimensión estratégica.


"No se trata solo de coordinar a los servicios existentes, sino de dotar a las instituciones europeas de capacidades propias. Esto incluiría una unidad de contrainteligencia europea"
Frente a esta situación, el informe de Niinistö y mi conversación con Méndez de Vigo coinciden: no se trata solo de coordinar a los servicios existentes, sino de dotar a las instituciones europeas de capacidades propias que permitan anticipar riesgos, proteger procesos legislativos y responder a operaciones de influencia de manera autónoma y sistemática. Esto incluiría una unidad de contrainteligencia europea, protocolos obligatorios de transparencia e integridad institucional, sistemas de alerta temprana y formación específica para eurodiputados y funcionarios, adaptando la estructura europea a la realidad geopolítica contemporánea.


Estas medidas no reemplazan los servicios nacionales, pero permitirían cerrar la brecha de seguridad que hoy convierte a Bruselas en un blanco atractivo para actores externos. Mientras los Estados miembros retengan un control férreo sobre su inteligencia por motivos históricos o políticos, las instituciones europeas seguirán siendo vulnerables.


La paradoja es evidente: Europa legisla, sanciona y regula como una superpotencia, pero protege sus instituciones como un conjunto de administraciones independientes, sin reflejos colectivos de inteligencia. Cada vez que Huawei o Marruecos logran infiltrar, influir o cooptar un proceso legislativo, se confirma que la UE ha subestimado la dimensión estratégica de su propio poder.


Hasta que Bruselas no desarrolle una cultura de inteligencia y contrainteligencia robusta, sus instituciones seguirán expuestas. Los escándalos recientes no son anomalías: son advertencias de lo que sucede cuando la regulación y el poder político superan la preparación y la defensa institucional. Europa puede ser un gigante económico y regulatorio, pero sin blindaje estratégico, seguirá siendo un objetivo fácil para quienes prefieren influir desde las sombras antes que mediante la diplomacia abierta.
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación