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La consellera Romero pasea junto al exministro y consejero de Agenda Pública Jordi Sevilla por la madrileña Gran Vía. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Mucha gente en España pensamos que el Govern del que formas parte, encabezado por Salvador Illa representa el fracaso del procés. ¿Coincidirías con esa valoración?
En estos últimos cuatro años, Salvador Illa ha intentado hacer una política honesta y útil, apoyando al Govern cuando era necesario por el bien de los ciudadanos, al margen de posiciones independentistas. Creo que el problema del procés no ha sido que haya aparecido Illa, aunque ha podido ayudar, sino que llegó a un callejón sin salida, prometiendo cosas a las que no llegó.
"En Catalunya hay una relación cordial entre los grupos parlamentarios. Ha bajado muchísimo la tensión que vivimos en los momentos álgidos del procés"
Por otro lado, apareció un político honesto como Salvador Illa, que en el COVID nos dio seguridad y luego llegó a Catalunya haciendo una oposición tranquila y constructiva. La gente tiene necesidades y dice: "Necesito que alguien impulse políticas para mi día a día". La sanidad, la educación o las infraestructuras. No promesas para las que no estaban preparados.
En Catalunya hay un grado alto de normalización, la política catalana es respetuosa, cada uno defiende sus posiciones sin gritos, sin esa crispación que se vive, por ejemplo, en Madrid.
En Catalunya hay una relación cordial entre los grupos parlamentarios, se puede hablar y discrepar con respeto. Ha bajado muchísimo la tensión que vivimos en los momentos álgidos del procés y la situación está bastante normalizada. Lo vemos también económicamente. Somos la economía que más crece de España y las empresas están volviendo porque hay estabilidad política, seguridad jurídica y una administración más facilitadora.
Sin embargo, esto no es una vuelta al pasado. Esta Esquerra no es la misma que pactaba cuando yo estaba en el Gobierno de Zapatero, ni Junts es CiU. El ‘procés’ ha producido un cierto cambio en cómo se ve Catalunya respecto al resto de España, ¿lo compartes?
Sí, evidentemente, no hemos vuelto hacia atrás, porque los actores de hoy no son los de hace quince o veinte años. Ni el PSC, que pasó una crisis importante, ni Esquerra, ni la extinta Convergencia. Y Catalunya tampoco es la misma. Ha vivido una situación crítica y los ciudadanos también.
Esto hace que las relaciones se estén reubicando. El 12 de mayo de 2024, los ciudadanos decidieron dar el mayor apoyo al PSC porque conectamos con ese estado de ánimo de gente que estaba harta y quería hablar de infraestructuras y de vivienda.
Conviene remarcar que ha costado explicar, y todavía cuesta, en partes de España y en zonas de Madrid, que los independentistas que pasaron por la cárcel no lo hicieron por ser independentistas, sino porque los jueces pensaron que habían vulnerado determinadas normas. Por tanto, va a seguir habiendo independentistas.
Independentistas va a haber siempre. Cada uno es libre de defender un proyecto político. La independencia de Catalunya es un proyecto legítimo que defiende mucha gente y hay que respetarlo. Hay gente independentista que ha sido más pragmática y ha dicho: "Nos prometieron una cosa, no lo conseguimos. Mientras no seamos independientes, habrá que dedicarse a las cosas del comer".
Creo que en Catalunya todo el mundo tiene claro que el procés está en vías de extinción. No el independentismo, pero sí el procés ha llegado a su fin. Esquerra Republicana también ha ayudado a esa normalización siendo un partido más pragmático, negociando en Madrid. Y ahora en Catalunya.
¿Cómo te sientes estando en un Govern y teniendo la sensación de que muchas de las cosas que lo afectan, las decide o las pacta otro en Madrid con el Gobierno central?
Nosotros pensamos que, en el caso de inmigración, por ejemplo, lo que ha habido es una delegación de competencias, y todo lo que refuerza nuestro autogobierno nos parece bien. Desde que llegamos al Gobierno, estamos teniendo una relación exquisita con el Gobierno de España.
Como dice el president, nosotros no hacemos ruido, vamos trabajando. He venido varias veces al Ministerio a reunirme con la vicepresidenta Montero y su equipo sin fotos, porque lo que hay que hacer es trabajar.
"En el PSC, defendemos la amnistía y que Puigdemont pueda volver"Si hoy Junts, con siete diputados, consigue más autogobierno para Catalunya, perfecto. También lo hace Esquerra, y me parece bien. Eso es lo que deberíamos hacer todos: ayudar a que Catalunya vaya mejor. También le decimos a Junts: "Igual que pactas con el Gobierno de España, ¿por qué no pactas con el de Catalunya?".
¿Crees que alguna vez Junts volverá a parecerse a CiU?
De alguna manera ya estamos viendo otro Junts. Esta política útil que hacen con el Gobierno de España es un cambio, sentarse de nuevo a negociar mejoras para Catalunya. Los estilos son muy distintos, pero han vuelto a la política útil. Sería bueno que Junts entrara en esa senda también en Catalunya. Nos gustaría que en muchos temas pudiéramos llegar a grandes acuerdos. Sumando a Esquerra, Comunes, PSC y Junts pasaríamos los cien diputados.
¿Te preocupa el ascenso de la extrema derecha catalanista?
Sí, me preocupa porque es un discurso fácil que a veces conecta con la desesperanza de mucha gente que ve en el diferente un cierto ataque a su identidad, bienestar o seguridad. Cuando escuchas a Sílvia Orriols en el Parlament, asusta las afirmaciones que hace.
Preocupa que pueda arrastrar su discurso a una parte del independentismo. Así como con Vox en Catalunya hemos sido todos muy claros, con Aliança Catalana muchos lo tenemos claro también, pero es verdad que otros han titubeado. Eso nos preocupa, porque estamos poniendo en cuestión la democracia.
Salvador Illa dijo: "Catalunya ha vuelto". Y tú señalaste: "Confrontar a Catalunya con el resto de España no aporta soluciones". ¿Se recupera ahora la idea de "quiero reformar España para sentirme cómodo en ella"?
Sí, es así. Cuando el presidente dice "Catalunya vuelve", vuelve porque se había ido. Pero nosotros no nos queremos ir de España. Queremos seguir en esta España. En este momento de incertidumbre mundial, hay que reforzar nuestra democracia y Catalunya quiere formar parte de esta solución.
"Cuando el presidente dice 'Catalunya vuelve', vuelve porque se había ido. Pero nosotros no nos queremos ir de España, ni mucho menos. Queremos seguir en esta España"
El presidente dice "Catalunya vuelve" para generar confianza en otras comunidades autónomas que pensaban que Catalunya se había ido definitivamente. Y no es así. Las elecciones del 12 de mayo lo dejaron claro, y también las últimas elecciones generales, donde el PSOE ganó en Catalunya. Estamos aquí, queremos formar parte de la solución y ayudar a que España se fortalezca.
Sin embargo, vuestro acuerdo de financiación con Esquerra marca que esto no es lo de antes.
Creo que también hay que ser autocríticos con España: la hemos reformado poco. En algunos ámbitos, la hemos descentralizado menos, y seguramente en el ámbito tributario es donde hemos sido más centralistas.
Catalunya gestiona solo el 9% de los impuestos que se generan aquí, cuando gestionamos más del 70% de los servicios. El hecho de que no hayamos avanzado en estos años ha hecho que Catalunya diga: "Tenemos que ir un paso más adelante y mejorar el autogobierno y descentralizar más el Estado".
Romero sopesa la nueva situación política catalana a pocos meses de que se cumpla un año de las elecciones del 12 de mayo. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Vuestro acuerdo ha pillado de sorpresa a mucha gente, incluido a mí, que me manifesté en contra. ¿Por qué dejasteis la venta en manos de Esquerra Republicana?
Sabíamos desde el principio que la negociación tendría que tener algo valiente en temas de financiación. Es razonable que lo pidiera Esquerra, que lleva diez años gobernando y ha vivido la falta de descentralización de ciertos ámbitos de la administración. Nos dice: "Hay que dar un paso importante, porque si no, no vamos a avanzar".
"El Partido Popular debería tener un poco más de sentido de Estado y poner el interés general por encima del interés partidista"
A pesar de que nosotros íbamos con nuestro programa con un Consorcio Tributario, acabamos aceptando la Agencia Tributaria de Catalunya. Tuvimos que ceder. Pero hay que agradecerle a Esquerra esta ambición, porque si no, cuesta avanzar. Y a los hechos me remito: desde 2014 sin negociar un sistema de financiación autonómica.
¿Por qué crees que seguimos sin negociar un nuevo sistema de financiación?
Para reformar el sistema sería muy conveniente que el PP se abriera al acuerdo. Si no tenemos un Partido Popular con sentido de Estado, anteponiendo el interés general al interés partidista… Yo recuerdo al Partido Socialista en la oposición llegando a más pactos de Estado.
El otro día en el Consejo de Política Fiscal y Financiera me contaban que nunca había pasado que el PP se levantara de la mesa. La financiación autonómica es un reto y Catalunya ha doblado en los últimos años su aportación porque va bien la economía. Pero: ¿qué pasaría en una crisis?
Porque todos están encerrados en sus posiciones. El PP no quiere darle margen al Gobierno, no quiere darle triunfos. Es una manera de entender la política muy pobre.
Nosotros, en Catalunya, estando en la oposición y habiendo ganado las elecciones, apoyamos presupuestos y leyes porque nos parecía lo correcto. Con más sentido de Estado nos iría mejor a España.
¿Cómo se gobierna sin presupuestos?
Las mayorías absolutas están en vías de extinción y necesitamos sumar muchos aliados. Esto nos pasa a nosotros y a muchos otros gobiernos. Hay que tener mano izquierda para negociar.
Se puede ir gestionando, sobre todo, en una situación de bonanza económica donde crecen los ingresos. Pero a nosotros nos hubiera gustado tener presupuestos para 2025, para marcar prioridades y tener una gestión más ágil. Esquerra nos dijo que no era el momento. Esperemos que, para los de 2026, lo sea.
¿Tú crees que el hecho de que no haya presupuestos en tantos sitios es una prueba de la crisis de la democracia?
Es una prueba del cortoplacismo en que vivimos. No tenemos los actores que había hace 30 años, la mayoría con más sentido de Estado.
"La crisis de democracia en la que no nos ponemos de acuerdo, con gritos e insultos, hace que la gente diga: 'Que venga Trump'"
Y eso alimenta al populismo, porque la gente dice: "¿Por qué no os ponéis de acuerdo como yo en mi escalera de vecinos? ¿Por qué estamos siempre a la greña? ¿Por qué siempre buscando lo que nos diferencia y no lo que nos une?" Nosotros en Catalunya hemos hecho lo contrario y nos ha ido bien.
Esa polarización afecta a la ausencia de pedagogía. ¿Perjudica esto un debate razonable sobre la quita de la deuda?
Totalmente. Hace falta pedagogía. Ahora, gusta escuchar la tertulia que nos conviene, sin visión crítica más allá de creencias.
Con la quita de la deuda, la Sindicatura de Comptes (el equivalente catalán al Tribunal de Cuentas) hizo un informe que concluía que entre el 27% y el 39% de la deuda de Catalunya está generada por la infrafinanciación. En parte, porque en la crisis de 2008-2010, con el PP, se subieron impuestos y, en paralelo, se castigó la financiación autonómica.
Esto generó déficit y más deuda, y se creó el Fondo de Liquidez Autonómico. Es evidente que hay infrafinanciación, mientras las comunidades autónomas gestionamos cada vez más competencias y necesidades.
En el tema de la quita, que no es nuevo, algunos pensábamos que tenía sentido dentro de la renegociación de la financiación. Pero al hacerlo aislado, parece una cesión al partido que lo pedía.
Esquerra Republicana, cuando pactó la investidura de Pedro Sánchez, la pidió. El Gobierno vio que era una buena propuesta para todas las comunidades autónomas, reconociendo que hay una parte de la deuda que es infrafinanciación.
Es verdad que hubiera estado bien incluir esta negociación dentro de la reflexión de un nuevo modelo, pero a veces las cosas no son como nos gustaría. En nuestro acuerdo hablamos de bilateralidad y de multilateralidad, que es lo que ha habido siempre. Ya hay singularidades, ya hay diferencias entre comunidades autónomas, no pasa nada.
La consellera reclama una mayor responsabilidad de Estado en la política. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Si mañana el Gobierno abre el proceso de cambiar el modelo de financiación, ¿Catalunya estará ahí o dirá "yo voy aparte"?
Si el Gobierno hace un proceso, nosotros podemos estar. Estamos trabajando ya nuestro modelo de financiación singular, pero tiene una base común que se puede compartir y a la que se pueden incorporar otras comunidades.
El actual modelo no funciona porque es poco transparente, como todos reconocen. Catalunya va a poner encima de la mesa una propuesta sencilla y transparente. Creemos que nos sirve para nosotros, pero que puede servir también para otros.
Si sirve para otros, dejará de ser singular.
Todo el mundo tiene singularidades. Nuestro modelo es singular porque Catalunya tiene muchas competencias transferidas: la lengua, una agencia tributaria, y una voluntad de autogobierno que no tienen otros, pero todos son singulares a su manera.
Cuando digo "quiero ser solidario con los demás" o "quiero que se cumpla el principio de ordinalidad", me estoy sintiendo parte de un conjunto. No es un modelo excluyente, porque me referencio con los demás. Solo eso ya marca un terreno de juego.
España y Catalunya encabezan la pobreza infantil en Europa. ¿Por qué no somos capaces de resolver esto cuando las soluciones se conocen?
Llevamos demasiado tiempo haciendo los mismos programas y políticas cuando la realidad ha cambiado. Si seguimos con las mismas políticas que hace treinta años para problemas distintos, nos equivocamos.
"En Catalunya dedicamos 4.000 millones a políticas sociales, más 7.600 a política educativa. Los informes PISA están peor que nunca y la pobreza infantil no se reduce. Algo pasa, tendremos que ponernos en serio"
En el ámbito social necesitamos reformas profundas. Tenemos la sensación de seguir añadiendo capas sin analizar por qué un programa no funciona. Si tenemos un 24% de pobreza infantil, algo estructural está pasando. Hemos puesto en marcha una reforma de la administración con grupos de expertos para que las políticas tengan un impacto real.
¿Crees que en políticas sociales la administración es un freno? ¿Deberíamos tomarnos en serio su reforma?
Totalmente. En Catalunya dedicamos 4.000 millones a políticas sociales, más 7.600 a política educativa. Los informes PISA están peor que nunca y la pobreza infantil no se reduce. Algo pasa, tenemos que ponernos en serio.
Yo he criticado por poco progresista a este Gobierno progresista, por regar demasiado sin ver el impacto sobre la reducción de la desigualdad. ¿Forma parte de la política-espectáculo?
Un poco sí. Yo entré en política para transformar la realidad, para que la gente tenga más igualdad de oportunidades. Entro en política para cambiar cosas, no como finalidad en sí misma. Estamos para cambiar cosas y hay que ser valientes.
Si a la gente le explicas las cosas con pedagogía, lo entiende, porque la gente es lista. Vota bien, pero hay que explicarle. La política del relato nos ha hecho daño.
¿Te preocupa que salga adelante la OPA del BBVA sobre el Sabadell?
Como consejera de Economía, me preocupa porque impactará en las pymes catalanas. El Sabadell siempre ha sido un banco muy cercano a las pymes, con facilidad de acceso a la financiación. Además, tiene gran capilaridad en nuestro tejido de micropymes, que representa el 99,8 %.
El acceso a esa financiación es crucial para que las empresas cojan dimensión, inviertan en innovación y crezcan. Me preocupa la OPA si no se va a compensar ese problema con las pymes. Como Gobierno, debemos estar atentos a las condiciones que se puedan poner.
Sobre la ley de alquileres en Catalunya, ¿crees que necesitamos sobre todo construir más viviendas?
El Govern de la Generalitat cree que necesitamos construir vivienda para resolver el problema. Nuestro objetivo son 50.000 hasta 2030. Si falta oferta, los precios suben. Esta situación no tiene nada que ver con la burbuja del 2008, donde había mucha oferta.
"Somos un buen aliado del Gobierno de España"
Ahora no hay oferta y algunos usan la vivienda para alquiler temporal o turístico. Estamos tomando medidas, pero la más importante es construir. Por eso hemos puesto en marcha financiación desde el Instituto Catalán de Finanzas y elementos fiscales para construir rápido.
Hemos aprobado una licencia básica para acelerar el inicio de obras y un registro de solares para hacer una gran licitación por toda Catalunya. Estamos haciendo lo que podemos, pero hay hiperregulación y hemos sido excesivamente garantistas, lo que dificulta ser facilitadores de la actividad económica.
¿Crees que el Gobierno debería repensar el cierre de las centrales nucleares en este nuevo contexto mundial?
El otro día, el comisario Sejourné dijo que en cien días había cambiado el mundo. Europa debe replantearse muchas cosas ante este nuevo marco mundial.
El Gobierno de España ha apostado por las renovables: el 50% de nuestra energía generada viene de ellas. En Catalunya vamos más retrasados (18%) y estamos acelerando.
¿Si las negociaciones entre el Gobierno y las empresas acuerdan prorrogar la vida útil de las nucleares, a la Generalitat no le parecerá mal?
La Generalitat, si el Gobierno de España tomara esa decisión, la respetará. Es una competencia suya y seguro que la explicará con argumentos. Somos un buen aliado del Gobierno de España. Creemos que el presidente está tomando buenas decisiones en este momento de cambio en Europa y esperamos que siga haciéndolo por el bien del país y de los ciudadanos.
Romero y Sevilla se despiden tras la conversación con la plaza de Callao de fondo. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
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