Sábado, 19 de septiembre de 2026

¿Cuánto falta para alcanzar la igualdad de género en el mundo?

No basta con que más mujeres estudien o trabajen: la desigualdad reaparece en los salarios, los cuidados, las carreras elegidas y, sobre todo, en los puestos de poder. El primer catedrático Princesa de Asturias Jesús M. De Miguel y la profesora en CUNEF Universidad Ching T. Liao comparan indicadores internacionales para identificar qué factores acercan a los países a la igualdad y dónde siguen produciéndose las principales brechas.

Jesús M. De MiguelChing T. Liao
Jesús M. De Miguel, Ching T. Liao 19 de septiembre de 2026
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Rechie Valdez, ministra de Mujeres e Igualdad de Género mira a la secretaria parlamentaria Marie-Gabrielle Ménard interviene durante una rueda de prensa en la Colina del Parlamento, en Ottawa. | Sean Kilpatrick / Zuma Press / Europa Press
Rechie Valdez, ministra de Mujeres e Igualdad de Género mira a la secretaria parlamentaria Marie-Gabrielle Ménard interviene durante una rueda de prensa en la Colina del Parlamento, en Ottawa. | Sean Kilpatrick / Zuma Press / Europa Press
El deseo intenso de lograr la igualdad de la mujer —con referencia al varón— exige el avance social más importante de los últimos siglos. Es además la conquista más importante del proceso civilizatorio. Pero es un objetivo que no se ha completado. Combina factores de no marginación, de inclusión y de equidad. A su vez, este proceso incluye diferencias considerables entre los doscientos países del mundo actual, pues es muy poco homogéneo respecto de la igualdad de la mujer y las niñas. El mundo desarrollado (y democrático) avanza rápidamente, pero regiones enteras del mundo están estancadas respecto de la inclusión de la mujer (y niñas). Hay diversos itinerarios para lograr la igualdad, superando la sociedad patriarcal. África y partes importantes de Asia están todavía muy retrasadas.

No hay ningún país que haya logrado la igualdad total de la mujer. Destacan en inclusión los países nórdicos como Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia. Pero incluso en esos países no se ha logrado una igualdad total de la mujer en sus diferentes ámbitos. Mucho depende del desarrollo económico, de la existencia de una democracia real, de un sistema universal y eficaz de Estado de bienestar y de la existencia de movimientos feministas organizados. Son cuatro características esenciales.

"No hay ningún país que haya logrado la igualdad total de la mujer, pero hay algunos que destacan más que otros"
En esta última década, España ha conseguido una posición destacada en el mundo respecto de la igualdad de la mujer y de las niñas. Según diversos informes internacionales, el avance se ha producido sobre todo en los últimos ocho años, con un Gobierno progresista y feminista. La pregunta más importante es si la igualdad total de la mujer se conseguirá en el futuro para la mayoría del mundo, y dentro de cuánto tiempo.

Los mejores informes internacionales analizan la discriminación de las mujeres y las niñas en el mundo. Se trata de cuantificar los factores de igualdad. El objetivo en el análisis de un tema tan complejo y multidimensional como la igualdad de la mujer es adentrarse en ideas contraintuitivas, que permitan establecer nuevas líneas de solución. Se requiere una agenda pública global —del mundo entero— si se pretende llegar a la igualdad de género en el próximo siglo.

Por tanto, la igualdad de las mujeres supone ámbitos distintos. Se realiza además por itinerarios diversos. Esa es la razón por la que no hay consenso sobre cómo llegar a un indicador global. Esta igualdad incluye una multiplicidad de factores y su análisis produce una variedad interesante de indicadores e índices. A este respecto, las instituciones más importantes de la sociedad global actual trabajan en esos análisis, como la ONU, UNESCO, OCDE, Banco Mundial y Foro Económico Mundial. En nuestra opinión, se deben consultar las siguientes fuentes principales: World Development Indicators (WDI), Gender Inequality Index (GII), Global Gender Gap Index (GGGI), Gender Parity Index (GPI), Social Institutions and Gender Index (SIGI) y Gender Equality Index (GEI).

"Se requiere una agenda pública global —del mundo entero— si se pretende llegar a la igualdad de género en el próximo siglo"
No se trata solamente de cantidad, sino también de calidad. Conviene tener en cuenta la situación de la mujer en sanidad y supervivencia, en el mercado de trabajo, las relaciones empresariales y el poder político. La igualdad de la mujer se puede analizar en diferentes "ámbitos" (en inglés se habla de dominios). Son al menos seis: distribución del tiempo, poder, dinero, trabajo, salud y conocimiento. Se mide también —aunque no se trata en este caso de lograr la equidad entre mujeres y varones— la violencia contra las mujeres. También está relacionada con estos ámbitos la protección e integración de minorías como LGBTIAQ+. Hay diversidad y desigualdades claras entre estos ámbitos. La igualdad de la mujer en el poder (político, económico y social) es quizá el más complejo de lograr.

En todos estos múltiples ámbitos y factores se observa un cierto progreso, pero resulta lento y desigual. En los países avanzados, la mujer conquista la no discriminación en algunos aspectos (como la esperanza de vida o la educación). Conviene, pues, analizar el presente y aventurar una línea de progreso para las sociedades y países. Los mejores informes incluyen medidas para realmente progresar en estos cambios. El objetivo es lograr la igualdad total de género y calcular —según la progresión actual— el tiempo que se va a necesitar para lograrlo.

Ya en 1973 se afirma que "la opresión de la mujer constituye la estructura represiva más fundamental de las sociedades organizadas. Es decir, es la forma de opresión más antigua, anterior a todas las opresiones basadas en motivos de clase, casta y raza. Es la forma más primitiva de jerarquías". La frase es de Susan Sontag (1933-2004), Premio Príncipe de Asturias en el año 2003.

El índice de desigualdad de las mujeres lo calcula el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este índice sobre la situación de la mujer se conoce, en inglés, como GII, o gender inequality index. Mide la desigualdad de las mujeres en el mundo (en 195 países), que oscila entre el 0,4% en el caso de Dinamarca y el 84% en Yemen. La primera hipótesis es que el mundo es variado y hay países con bastante igualdad de género y otros con muy poca. La media mundial es de alrededor del 45%, lo que sugiere que todavía hay un largo camino de mejora para las mujeres… y para la sociedad.

"La igualdad de la mujer en el poder (político, económico y social) es quizá el más complejo de lograr"
En la tabla 1 presentamos los resultados de este índice de desigualdad de las mujeres, GII, para 46 países, seleccionados para entender la variedad de resultados en el mundo. Los cálculos del índice se convierten en porcentajes, multiplicando los resultados por cien. Además, incluimos el orden de esos países en la clasificación mundial del índice, desde el primer país, Dinamarca, hasta el último (en esta tabla), Nigeria. El 0% de GII no representa necesariamente una igualdad total de la mujer respecto del varón. Es un índice pragmático que puntúa las situaciones reales. Nuestra hipótesis es que todavía existe un largo camino hacia la igualdad total de género.
 
Tabla 1
Índices de desigualdad de la mujer, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
País Índice de desigualdad de la mujer
(GII × 100)
Clasificación mundial
GII
Clasificación
HDI
Mujeres con educación secundaria Mujeres en la fuerza de trabajo
Media mundial 45% 62% 48%
Estados Unidos 17% 45.º 17.º 98% 57%
Rusia 17% 45.º 64.º 99% 56%
China 13% 41.º 78.º 68% 55%
India 40% 102.º 130.º 44% 35%
Australia 5,6% 20.º 7.º 92% 63%
Canadá 5,2% 18.º 16.º 96% 62%
Corea del Sur 3,8% 12.º 20.º 85% 56%
Japón 5,9% 22.º 23.º 98% 55%
Indonesia 42% 108.º 113.º 54% 53%
Filipinas 35% 86.º 117.º 64% 50%
Pakistán 54% 145.º 168.º 28% 25%
Noruega 0,4% 2.º 2.º 96% 62%
Dinamarca 0,3% 1.º 4.º 91% 60%
Países Bajos 1,3% 5.º 8.º 91% 64%
Suecia 0,7% 3.º 5.º 95% 64%
Finlandia 2,1% 6.º 12.º 92% 58%
Suiza 1,0% 4.º 2.º 98% 63%
Alemania 5,7% 21.º 5.º 94% 56%
Bélgica 3,1% 8.º 10.º 88% 51%
Reino Unido 8,3% 31.º 13.º 99% 58%
Polonia 8,1% 29.º 35.º 88% 52%
Francia 3,4% 11.º 26.º 90% 53%
Italia 4,3% 15.º 29.º 80% 42%
España 4,3% 15.º 28.º 82% 53%
Portugal 7,6% 26.º 40.º 64% 56%
Grecia 10% 34.º 34.º 74% 45%
Emiratos Árabes Unidos 4,0% 13.º 15.º 83% 54%
Arabia Saudí 23% 61.º 37.º 76% 35%
Turquía 23% 59.º 51.º 62% 36%
Egipto 40% 101.º 100.º 62% 15%
Marruecos 44% 113.º 120.º 33% 20%
Uruguay 22% 56.º 48.º 63% 56%
Chile 10% 33.º 45.º 86% 52%
Argentina 26% 70.º 47.º 74% 53%
Costa Rica 22% 55.º 62.º 52% 44%
México 36% 88.º 81.º 65% 46%
Brasil 39% 96.º 84.º 70% 53%
Cuba 30% 75.º 97.º 78% 57%
Sudáfrica 39% 95.º 106.º 77% 49%
Nigeria 68% 171.º 164.º 42% 81%
Malí 61% 164.º 188.º 8% 42%
Chad 67% 169.º 190.º 4% 52%
Níger 59% 160.º 188.º 6% 73%
R. D. del Congo 60% 162.º 171.º 41% 60%
Rep. Centroafricana 191.º 15%
Somalia 68% 170.º 192.º 4% 22%
Fuente: United Nations Development Programme, Human Development Report 2025 (Nueva York: UNDP, 2025), tabla 5, "Gender inequality index". Son datos de hacia 2023, sobre un total de 195 países.
Notas: GII es gender inequality index, o "índice de desigualdad de género". Se refiere a las mujeres. Cuanto menor es el número, mayor es la igualdad de la mujer con respecto al varón; cuanto más elevado es, mayor es la desigualdad. Así, Dinamarca es el país más igualitario por género: ocupa el primer puesto en la clasificación del GII y el cuarto en la del HDI. El índice varía entre el 0,3% de Dinamarca y el 84% de Yemen.
El HDI es el human development index, o índice de desarrollo humano, y se refiere a toda la población. Islandia obtiene la máxima puntuación y Sudán del Sur la mínima. El porcentaje de mujeres con educación secundaria se mide sobre el total de mujeres mayores de 25 años. El porcentaje de mujeres en la fuerza de trabajo se mide sobre el total de mujeres de 15 años y más. En cada bloque los países están ordenados de mayor a menor riqueza.
Introducimos la tabla con los resultados de cuatro de las grandes potencias mundiales: Estados Unidos, Rusia, China e India. Curiosamente, los tres primeros tienen puntuaciones parecidas, entre el 13% y el 17% de desigualdad de las mujeres. Esto supone que ocupan puestos similares en la clasificación, entre el 41.º y el 45.º. En cambio, la India es un caso diferente, con un 40% de desigualdad, situándose en el puesto 102.º.

Australia y Canadá son parecidos entre ellos. Tienen un nivel de desigualdad de mujeres de un 5% y ambos están entre los veinte mejores países del planeta en cuanto a igualdad de la mujer.

"Nuestra hipótesis es que todavía existe un largo camino hacia la igualdad total de género"
Asia es un continente que presenta diferencias extremas. Por un lado están los países democráticos y desarrollados —Corea del Sur, Japón y Taiwán— y otros que son mucho más pobres y no democráticos. Entre los democráticos y desarrollados, Corea del Sur no llega al 4% de desigualdad de género y Japón está por debajo del 6%. Sin embargo, Indonesia y Filipinas tienen mucha desigualdad, y sobre todo Pakistán, que traspasa el 50% de desigualdad. Corea del Sur está en una situación privilegiada, con el 12.º puesto en la clasificación; más atrás está Japón, en el puesto 22.º, mientras que Pakistán está hacia el final de la lista, en el puesto 145.º.

Estos datos sugieren que el nivel de desarrollo económico y que el país sea democrático son dos variables que se relacionan estrechamente con la igualdad de la mujer. Algunas religiones tienden a discriminar a la mujer. Los informes de las Naciones Unidas evitan el berenjenal de analizar los efectos nocivos de las religiones existentes sobre la desigualdad de la mujer (y las niñas).

Luego incluimos algunos de los mejores países en relación con la desigualdad de —y discriminación contra— la mujer: los países nórdicos. Por orden, el mejor país del mundo en este sentido es Dinamarca, seguido de cerca por Noruega y Suecia, y luego por Países Bajos y Finlandia. Están todos entre los seis países con menos desigualdad de las mujeres en el planeta. Otros informes identifican a Islandia.

La situación es también muy buena en Europa occidental y central, sobre todo en Suiza y Bélgica, pero también en Alemania y Reino Unido. Así, Suiza ocupa el 4.º puesto en la clasificación mundial del GII. En este grupo, el Reino Unido tiene un poco más de desigualdad, ocupando el puesto 31.º, incluso por detrás de Polonia, que está en el puesto 29.º.

Interesan los países de la Europa meridional para entender el caso de España. Por orden, el mejor para las mujeres (y niñas) es Francia (con apenas un 3,4% de desigualdad de género), seguida de Italia, España, Portugal y Grecia. En la clasificación ocupan puestos que van desde el 11.º hasta el 34.º. Últimamente, España obtiene unos resultados magníficos en igualdad de la mujer, lo que comprobamos por otros indicadores. Es un resultado de ocho años de un Gobierno progresista. España tiene una desigualdad de género del 4,3% (igual que Italia) y ambas ocupan el puesto 15.º del mundo en la clasificación de igualdad de la mujer. España ha realizado un gran progreso a favor de la igualdad de la mujer en los últimos años.

"El mejor país del mundo en este sentido es Dinamarca, seguido de cerca por Noruega y Suecia, y luego por Países Bajos y Finlandia"
Hasta aquí la lista de algunos países que han logrado una relativa igualdad de la mujer. Pero todo cambia cuando nos movemos hacia el este o el sur, donde aparecen países no democráticos, mucho menos desarrollados y algunos de cultura islámica. En esa región, los Emiratos Árabes Unidos tienen una buena situación, con un 4% de desigualdad de género, y ocupan el puesto 13.º de la clasificación. Pero otros, como Arabia Saudí, Turquía, Egipto y, sobre todo, Marruecos, mantienen un nivel de igualdad de género mucho más bajo. Nuestro vecino Marruecos ocupa el puesto 113.º de la clasificación.

En Latinoamérica, el desarrollo económico es importante para puntuar bien en la escala de desigualdad de género, como ocurre con Uruguay y Chile. Pero también lo es en países democráticos (como Costa Rica). La sorpresa es Cuba, cuyo desarrollo económico es bajo, pero consigue puntuaciones buenas en desigualdad de la mujer. Algunos países latinoamericanos ocupan puestos relativamente bajos en la clasificación: el 70.º de Argentina, el 88.º de México y el 96.º de Brasil.

África es el continente que está más atrasado en igualdad de la mujer. El GII llega a máximos del 68% en Nigeria o en Somalia. Esto les lleva a ocupar posiciones muy bajas en la clasificación: 171.º y 170.º. De forma muy similar está Chad, con un 67% del índice de desigualdad de las mujeres. Casi todo el continente africano mantiene una situación de la mujer muy mejorable, como podemos ver también por otros indicadores.

En la tercera columna de la tabla incluimos una clasificación de desarrollo, también producida por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Se trata del HDI o human development index (índice de desarrollo humano). Integra tres indicadores: esperanza de vida, años de escolaridad y un nivel de vida decente. No lo mide solo para las mujeres, sino para toda la población. El HDI mide el desarrollo socioeconómico, pero no las desigualdades ni la pobreza. Por eso debe combinarse con el GII para entender mejor la situación de la mujer en cada país. Así logramos dos cosas: (1) medir la influencia del desarrollo socioeconómico en la igualdad de la mujer; y (2) observar las disparidades. Atención, que estamos midiendo posiciones en ambas clasificaciones, no mediciones reales.

"El HDI mide el desarrollo socioeconómico, pero no las desigualdades ni la pobreza"
Estados Unidos obtiene una buena posición en el HDI (puesto 17.º mundial), pero bastante más baja en la igualdad de la mujer (puesto 45.º del GII). La situación de la mujer, al igual que la de diversas minorías, es una asignatura pendiente en Estados Unidos. Lo usual es que la mayoría de los países obtengan una clasificación más elevada en HDI que en GII. Pero algunos países en Latinoamérica obtienen resultados contrarios. Se observa una correlación entre el índice de desarrollo humano (para toda la población de un país) y su índice de desigualdad de género (GII). No hay grandes disparidades y la tendencia es a variar dentro de un nivel similar en ambos índices. En Europa, sobre todo Suiza, Alemania y Reino Unido obtienen peores resultados en la igualdad de género que en el desarrollo humano. Son países desarrollados, pero que tienen que esforzarse más en la igualdad de la mujer. España obtiene una buena puntuación en GII (en el puesto 15.º mundial), mientras que su posición es más baja en el HDI (puesto 28.º). Noruega es un caso excepcional con el puesto 2.º en ambos indicadores y, además, una puntuación excelente en democracia, sin pertenecer a la Unión Europea.

Un predictor de la igualdad de la mujer es el indicador de la proporción de mujeres con educación secundaria o parte de ella, medido entre mujeres de más de 25 años de edad. La media mundial es del 62%, pero con grandes diferencias por países y regiones. En Estados Unidos, el 98% de las mujeres tienen educación secundaria; en Rusia incluso llegan al 99%; pero baja al 68% en China y es solo del 44% en India. En muchos países europeos se supera el 90% de mujeres con estudios secundarios; sobre todo en Reino Unido, con un 99%, o Suiza, con un 98%. En Asia, solamente Japón llega al 98%. En la Europa meridional baja un poco, con un 90% en Francia y un 82% en España, un 80% en Italia y, por debajo, Portugal, con un 64% de mujeres con estudios secundarios. La buena situación de Francia es en parte una anomalía, pues siempre ha tenido una insistencia especial en la educación secundaria de la población. La situación de España es mejorable. El conseguir que todas las mujeres en el país tengan educación secundaria (al menos en parte) debería ser un objetivo de la agenda pública. El indicador mejorará de forma gradual conforme avance el relevo generacional. Se tarda tiempo en variar este indicador. Debe compararse con nuestro vecino Marruecos, que solo tiene un 33% de mujeres con educación secundaria.

En Latinoamérica se consiguen niveles intermedios, algunos mejorables. Son altos en Chile, con un 86% de mujeres con educación secundaria, pero mucho menores en México (65%) o en Costa Rica (52%). Cuba tiene un indicador relativamente alto, del 78% de las mujeres con estudios secundarios.

La situación en África es un desastre, y eso explica también la desigualdad de la mujer africana. Sudáfrica es una excepción lógica. Pero en Níger solamente un 6% de mujeres tienen educación secundaria, y menos aún en Chad o Somalia, con un 4% de mujeres con estudios secundarios.

El último indicador relacionado es la proporción de mujeres en la fuerza de trabajo o en el mercado laboral. Si las mujeres trabajan —fuera del hogar— y con un salario (y un contrato laboral), pueden conseguir una cierta independencia y defender su igualdad ante los varones. Se calcula respecto del total de mujeres de más de quince años de edad. La media es solamente el 48% de mujeres en el mundo. Los grandes poderes —Estados Unidos, Rusia y China— superan la mitad de mujeres en su fuerza de trabajo. Pero India tiene un tercio de mujeres en el mundo laboral. En Pakistán son solamente una cuarta parte de las mujeres.

Los países nórdicos superan el 60% de mujeres trabajando y Europa central se acerca a esas cotas. En España y Francia son el 53%, pero en Italia solamente el 42%. Estos porcentajes bajan drásticamente en el norte de África, con un 15% en Egipto y un 20% en Marruecos. Los porcentajes en Latinoamérica son bastante homogéneos, entre el 44% y el 56%. En África las diferencias son notables. Nigeria tiene un 81% de mujeres en el mercado de trabajo, mientras que en Somalia son el 22%. Es una distribución más errática.

En conjunto, los datos refuerzan la relación entre desarrollo, educación y reducción de las desigualdades, aunque la participación laboral presenta pautas menos lineales y variaciones que solo pueden explicarse en cada caso. Es importante también el estatus democrático del país. Un indicador básico es la participación de la mujer en la educación, especialmente con una formación de educación secundaria.

"Los datos refuerzan la relación entre desarrollo, educación y reducción de las desigualdades"
La mujer —si se siguen los estereotipos y prejuicios sociales— se dedica más al cuidado de los niños y las niñas, a la atención de familiares ancianos y de personas discapacitadas o vulnerables. A estas responsabilidades se suma la mayor parte de las tareas domésticas. Ese tiempo dedicado a "cuidar" gratuitamente limita las oportunidades económicas de la mujer, su avance profesional y también el tiempo disponible para el ocio, el voluntariado o la participación política.

El trabajo de la mujer en el cuidado (de la infancia, vejez y familiares vulnerables) lleva a la mujer a trabajos a tiempo parcial o incluso a estar desempleada. Cuando trabaja, la mujer está más en sectores laborales de salarios bajos que tienen menos valor percibido. Solo un 20% de los especialistas de la Unión Europea en TIC (tecnologías de la información y la comunicación) son mujeres. Las mujeres gerentes y directoras son el 35%. Un problema que exagera la diferencia por género son los estereotipos sociales que refuerzan las desigualdades de empleo.

Las diferencias intrafamiliares son un elemento a tener en cuenta. A nivel de la distribución de dinero y de recursos financieros, las mujeres viven más, pero las pensiones son menores. Supone una diferencia de alrededor del 25% por género. Para la mujer es una combinación de trabajos a menudo parciales con salarios más bajos, durante menos años. Además, dentro de la familia, el varón gana aproximadamente un 52% más que su esposa o compañera. Esto es más importante en el caso de mujeres con escasa educación formal, mujeres inmigrantes y, en general, mujeres jóvenes. Se considera que en la UE se necesitarán dos generaciones para lograr una mayor igualdad de género.

Las diferencias por género en el trabajo doméstico siguen siendo enormes. Solo algunas sociedades desarrolladas y democráticas —como Dinamarca— presentan diferencias entre los géneros de apenas 13 puntos porcentuales. En la Unión Europea de los 27, las mujeres cuidan de la infancia en un 41% de los casos y los varones en un 20%. El trabajo doméstico recae en las mujeres en el 59% de los casos y en los varones en el 33%. Estos porcentajes medios representan ya una conquista singular en el mundo. Pero incluso en esta "moderna" UE, el 49% de las mujeres y el 48% de los varones todavía creen a pies juntillas que "los varones son naturalmente menos competentes que las mujeres para realizar tareas domésticas".

Hay aspectos que parecen positivos para las mujeres, pero que, si se analizan en profundidad —de forma contraintuitiva—, demuestran carencias adicionales. Es el caso de la educación formal: la mujer está más presente que el varón en todos los niveles educativos, incluso en la educación universitaria, pero no en la formación profesional. En el año 2010 se logró la paridad de género en la graduación (finalizar la carrera) de mujeres y varones en las universidades europeas. A partir de ese año, las mujeres son cada vez más numerosas en la universidad. Es un factor que puede llegar a cambiar la estructura familiar.

Las mujeres evitan carreras y trabajos tradicionalmente dominados por varones. Cursan carreras y trabajos fundamentalmente "femeninos" (según el estereotipo social y los prejuicios dominantes). Las carreras de STEM (en español CTIM: ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas) son fundamentalmente seguidas por varones (66% en la UE), mientras que las mujeres "prefieren" las carreras de EHW (en español ESTS: educación, sanidad y trabajo social), con un 75% de mujeres en la UE. Se considera (de forma equivocada) que las mujeres están programadas naturalmente para las humanidades y las ciencias sociales. Estas diferencias de género —ocultas o voluntarias— dan la vuelta al calcetín de lo que de entrada parecen ser ventajas para las mujeres. La contradicción es que chicos y chicas en educación secundaria están igualmente dotados para las ciencias y las matemáticas. Luego, en algún momento después, se produce la segregación de carreras por género.

"La contradicción es que chicos y chicas en educación secundaria están igualmente dotados para las ciencias y las matemáticas"
En la tabla 2 presentamos varios indicadores que son favorables a la inclusión de la mujer y otros que son abiertamente negativos. Algunos son una mezcla de sociología y biología. La esperanza de vida muestra una ventaja inicial para las mujeres, mientras que otros indicadores —como el matrimonio antes de los 18 años, el empleo asalariado o la representación parlamentaria— permiten observar dimensiones distintas de su autonomía e inclusión.
 
Tabla 2
Indicadores de desigualdad de las mujeres, según el Banco Mundial
País Esperanza de vida
(años)
EV mujeres menos varones
(años)
Mujeres casadas antes de los 18 años Mujeres empleadas asalariadas Mujeres con escaño en el Parlamento
Media mundial 76 4,7 53% 27%
Estados Unidos 81 5,3 90% 29%
Rusia 79 10,7 6% 94% 16%
China 81 5,7 3% 56% 27%
India 74 3,1 22% 20% 14%
Australia 85 4,0 91% 38%
Canadá 84 4,4 90% 31%
Corea del Sur 86 5,8 80% 20%
Japón 87 6,0 92% 16%
Indonesia 73 4,3 16% 39% 21%
Filipinas 73 5,9 9% 58% 27%
Pakistán 70 4,9 18% 27% 17%
Noruega 85 3,1 0,0% 97% 44%
Dinamarca 84 3,8 0,7% 94% 45%
Países Bajos 83 2,9 87% 39%
Suecia 85 3,3 94% 47%
Finlandia 84 5,3 0,1% 91% 46%
Suiza 86 3,6 86% 39%
Alemania 83 4,8 94% 35%
Bélgica 85 4,3 0,1% 89% 41%
Reino Unido 83 3,8 0,0% 90% 40%
Polonia 82 7,6 86% 30%
Francia 86 5,8 90% 36%
Italia 86 4,1 84% 32%
España 87 5,5 88% 44%
Portugal 85 5,7 88% 33%
Grecia 84 5,2 75% 23%
Emiratos Árabes Unidos 84 2,2 96% 50%
Arabia Saudí 81 4,1 93% 20%
Turquía 80 5,4 15% 72% 20%
Egipto 74 4,3 16% 72% 28%
Marruecos 78 4,4 14% 75% 24%
Uruguay 82 7,7 73% 28%
Chile 83 3,9 76% 35%
Argentina 80 5,1 16% 77% 42%
Costa Rica 83 5,3 17% 77% 49%
México 78 5,6 21% 69% 50%
Brasil 79 6,2 74% 18%
Cuba 80 4,8 29% 79% 56%
Sudáfrica 70 7,0 4% 86% 45%
Nigeria 55 0,5 30% 11% 4%
Malí 62 2,9 54% 7% 31%
Chad 57 3,8 61% 4% 26%
Níger 62 1,8 4% 26%
R. D. del Congo 64 4,2 29% 9% 13%
Rep. Centroafricana 59 4,0 61% 2% 11%
Somalia 61 5,0 34% 20%
Fuente: World Bank Group, World Development Indicators (WDI) (Washington D. C.: The World Bank, 2025), tabla WV.5, "World development indicators: Women and development".
Notas: La esperanza de vida se refiere a mujeres al nacer y se expresa en años. También se expresan en años las diferencias entre la EV de las mujeres y la EV de los varones. En todos los países las mujeres tienen una EV mayor que los varones. El porcentaje de mujeres casadas antes de los 18 años se expresa sobre el total de mujeres de 20 a 24 años de edad. Faltan datos en muchos países.
En cada bloque los países están ordenados de mayor a menor riqueza. Los países con menos desigualdades para las mujeres son, por orden, Dinamarca, Noruega, Suecia, Suiza, Países Bajos y Finlandia. Los países con más desigualdades por género son Yemen, Nigeria, Somalia, Chad y Afganistán. Los países con abreviaturas son Federación de Rusia, Emiratos Árabes Unidos, República de Sudáfrica, República del Chad, República Democrática del Congo y República Centroafricana.
El primero de estos indicadores es la esperanza de vida (EV) —de mujeres al nacer—, cuya media mundial es de 76 años, lo que supone 4,7 años más que la de los varones. Las mujeres, de media, viven más, pero también viven más años con una salud peor. Últimamente, lo que importa es la esperanza de vida saludable, que a menudo se mide a partir de los 65 años de edad. El indicador concreto es "años de vida saludable a los 65 años como porcentaje del total de la esperanza de vida".

Las diferencias en esperanza de vida (EV) son claras en los cuatro países más importantes. Estados Unidos y China tienen una esperanza de vida de 81 años para las mujeres, con diferencias respecto de los varones de más de cinco años. Pero en Rusia la EV de las mujeres se reduce a 79 años, aunque con una diferencia de 11 años respecto de los varones rusos (sic). No queda claro si las rusas viven mucho o si los rusos mueren temprano. En cualquier caso, el desarrollo está muy relacionado con la EV. En India, la EV de las mujeres es solamente de 74 años.

Las enormes diferencias entre rusas y rusos —10,7 años de diferencia de EV (a favor de las mujeres)— son llamativas y singulares en el mundo. Coincide con que esas diferencias por género (a favor de las mujeres) son también elevadas en Polonia, Rumanía o Bulgaria, con 7,6 años de diferencia. En Eslovaquia son 6,8 años de diferencia. Puede que haya factores sociales (o políticos como la dictadura) que hayan creado esas diferencias —a favor de las mujeres o en contra de los varones— en la Europa del Este.

Mundialmente, las EV más altas de las mujeres se observan en Japón y España (87 años) y en Corea del Sur, Suiza, Francia e Italia (86 años). Es decir, ocurre en Asia, en países desarrollados y democráticos, o en Europa meridional. Siguen, en esta visión favorable para las mujeres, los países europeos, especialmente los nórdicos. En Asia, en países no democráticos y menos desarrollados, la EV de la mujer se reduce mucho. En Pakistán es únicamente de 70 años. En China son 81 años, pero hay mucha muerte fetal femenina, infanticidio de niñas o incluso una pauta de donar niñas en adopción. Las estadísticas chinas no son fiables.

En países del norte de África y en Latinoamérica, la EV decrece unos años (en torno a los 80 años). Pero en México es solo de 78 años de edad. Las EV más bajas se observan en África. En ese continente hay varios países donde la EV de la mujer es inferior a 60 años de edad. Por ejemplo, en la República Centroafricana (59 años), Chad (57) y Nigeria (55). En este caso de Nigeria, además, la EV de la mujer supera en solo medio año la de los varones nigerianos. Estas son EV muy bajas, aunque en varones sean aún menores.

Las diferencias de EV según los géneros descienden en los países del norte de Europa, especialmente en Países Bajos (2,9 años de diferencia) y Noruega (3,1 años). Pero en general, con variaciones que seguramente dependen del cálculo y las estadísticas oficiales, se conserva la pauta de una longitud de vida favorable a las mujeres de aproximadamente un lustro. Si en el futuro se sigue la pauta europea, es posible que las diferencias entre géneros se acorten. Pero es temprano para confirmarlo.

Un factor que incide negativamente en la inclusión es la proporción de mujeres que se casan ("las casan") antes de los 18 años de edad. Eso les lleva a tener hijos e hijas tempranamente y, sobre todo, a abandonar los estudios —si no los habían abandonado ya antes—. En la tercera columna de la tabla faltan datos sobre matrimonios con niñas o chicas adolescentes porque en muchos países no se recopilan. Pero hay que fijarse en que esta proporción de matrimonios adolescentes es alta en India (22%), Pakistán (18%), Egipto (16%), Turquía (15%) y Marruecos (14%). Pero, curiosamente, también se registran porcentajes altos en Latinoamérica (cuando hay estadísticas), como en Argentina (16%), Costa Rica (17%) y, sobre todo, México (21%) y Cuba (29%). Los porcentajes aumentan considerablemente en el continente africano: en la República Centroafricana y en Chad, con un 61% de matrimonios con menores, y en Malí, con un 54%. No se va a poder lograr la inclusión ni la equidad si no se eliminan algunas de estas pautas culturales.

"No se va a poder lograr la inclusión ni la equidad si no se eliminan algunas de estas pautas culturales"
Un factor positivo para las mujeres es la proporción de mujeres empleadas y asalariadas (con un contrato laboral). Eso supone para la mujer un trabajo fuera de casa, un salario independiente y una posibilidad mayor de negociar la vida con su marido o su padre. La media mundial de mujeres empleadas asalariadas es únicamente del 53%. Es un porcentaje bajo; hay un largo camino para aumentarlo. En Rusia y Estados Unidos son ya más del 90%, pero en China solo el 56% y en la India el 20%. El mundo asiático menos desarrollado (y no democrático) mantiene porcentajes bajos de asalariadas: Indonesia 39%, y Pakistán 27%.

Europa logra un porcentaje de mujeres asalariadas alto, incluso superando el 95%. Es un poco más bajo en la Europa meridional. En Francia es del 90%, pero en España del 88%. Latinoamérica está en torno al setenta por ciento. México tiene solamente el 69% de mujeres asalariadas. Pero de nuevo, el problema principal es África, donde estos porcentajes bajan del 10% en muchos países. En la República Centroafricana, las mujeres empleadas son el 2% y en Chad o Níger el 4%. Con estos porcentajes es imposible que la mujer sea independiente e igual.

Un indicador significativo sobre la igualdad de la mujer es la proporción de mujeres que ocupan un escaño en el Parlamento nacional de cada país. Pero no hay que dar por supuesto que el país tenga un sistema democrático. La media mundial es del 27%. Lógicamente, la igualdad requeriría el 50% de mujeres. Hay, pues, bastantes posibilidades de mejora para llegar a la igualdad. A pesar de su desarrollo, Estados Unidos solo tiene un 29% de mujeres en el Congreso. Estas estadísticas indican que China tiene un 27% de mujeres, aunque el dato no es comparable en términos de representación democrática con el de los parlamentos de las democracias liberales. En Rusia las diputadas son apenas un 16% y en India un 14%. Los porcentajes son bajos en toda Asia. Incluso en Japón solo hay un 16% de diputadas.

Si la tendencia mundial es hacia la situación de los países nórdicos, podemos estar contentos. La participación de la mujer en el poder político es alta, cercana ya a la mitad. En Suecia, por ejemplo, son el 47% de mujeres en el Parlamento. En cambio, en el Reino Unido son el 40% de mujeres y en Alemania solo el 35%. La situación de España es más igualitaria; tiene un 44% de mujeres en el Congreso de los Diputados. Francia solo llega al 36%, e Italia menos aún (32%). Llama, pues, la atención la igualdad de la mujer en el poder legislativo en España.

Hay alguna sorpresa como el 50% en los Emiratos Árabes Unidos, o igualmente en México. En Cuba, las mujeres aumentan la cuota de igualdad hasta el 56%. En África, el porcentaje de mujeres en los parlamentos es mucho más bajo, como el 4% de mujeres en Nigeria. La proporción de mujeres en el Parlamento es un indicador muy eficaz para evaluar la inclusión de la mujer en el país. La paridad del 50% constituye la referencia de igualdad representativa en el Parlamento nacional.

La educación presenta otra contradicción. Las mujeres son ya mayoría entre el alumnado y el profesorado de muchos sistemas educativos, pero esa presencia no se reproduce con la misma intensidad en los puestos de dirección y liderazgo. Hay más profesoras, pero menos directoras y menos rectoras en la enseñanza superior. La desigualdad aparece así no tanto en el acceso como en las posiciones de poder.

"La desigualdad aparece así no tanto en el acceso como en las posiciones de poder"
La UNESCO analiza precisamente este último reducto de los varones en el sistema educativo: el liderazgo y la dirección de centros. Debe verse el informe Global Education Monitoring Report 2025. Hay otros Global Education Monitoring Reports de interés para el tema del género, como Meeting Our Commitments to Gender Equality in Education (publicado en el año 2018), Building Bridges for Gender Equality (2019) y A New Generation: 25 Years of Efforts for Gender Equality in Education (2020). Pero sus datos son más antiguos.

La profesión de enseñante se ha feminizado en casi todo el mundo. Pero no así los puestos de dirección o de liderazgo en el sistema educativo. La brecha es del 20% entre enseñantes y líderes. La UNESCO considera —y tiene razones para ello— que la dirección de mujeres en centros educativos acentúa la colaboración, es menos autoritaria y más consensuada, construye relaciones con la comunidad e incrementa el proceso de aprendizaje. Esto sucede tanto en centros públicos como en los privados. Es un hecho que las mujeres están poco representadas en los puestos directivos de los centros educativos a todos los niveles: desde la educación primaria hasta la terciaria o superior, y en centros de investigación.

Esto ocurre a pesar de que las niñas empiezan con más ventaja que los niños. Las chicas consiguen más educación que los chicos, sacan mejores notas y abandonan menos los estudios. Los chicos fracasan más en la escuela, repiten curso y algunos de ellos dejan los estudios. Las chicas repiten menos cursos que los chicos, así que completan la educación secundaria en menos tiempo. Esto no sucede en todos los países: en Afganistán, por ejemplo, a las chicas a partir de los 12 años no se les permite seguir estudiando. En países desarrollados hay más mujeres en la universidad que varones; pero en formación profesional es al revés. La universidad es la puerta de entrada para las profesiones. Es posible que en el futuro la estructura familiar vaya a cambiar con más mujeres profesionales que varones y ellas con salarios más altos.

A los 15 años —según PISA, el programa de evaluación educativa de la OCDE— las chicas obtienen mejores puntuaciones en lectura. Hay 87 chicos por cada 100 chicas que obtienen un nivel suficiente de lectura. Eso es a pesar de que las chicas sufren más bullying. En parte, esto se explica porque las chicas pasan más tiempo en redes sociales. La dirección y el liderazgo de los centros recaen más en varones. Así, por ejemplo, en la educación secundaria el 57% del profesorado es femenino, pero son directoras un 20% menos. En la educación superior (también llamada terciaria), el 45% del profesorado es femenino, pero solo el 30% son directoras. En el caso de los ministros de Educación (y educación superior), solo el 27% son mujeres.

Las mujeres constituyen ya la mayoría del profesorado en el mundo. Son el 93% en preescolar, el 68% en educación primaria, entre el 52% y el 59% en educación secundaria (según niveles) y el 44% en la educación superior. En todos esos niveles, las que ocupan puestos directivos son un 20% menos. En las primeras doscientas universidades del mundo, las rectoras (o presidentas) son el 27%. En Europa son incluso menos: alrededor del 20% son mujeres; en Estados Unidos llegan a la tercera parte.

La UNESCO calcula el número de mujeres que ocupan —entre los años 2010 y 2023— el puesto de ministra de Educación (o de Educación Superior) en 211 sistemas educativos durante todos esos años, es decir, sobre 1.412 ministerios de Educación en el mundo. Las mujeres representan el 27%, aunque esta proporción está incrementándose un poco: pasan del 23% en los primeros años al 30% a partir del año 2020. En la tabla 3 resumimos las variables que pueden explicar este progreso de paridad. Si se clasifican los países por el nivel de democracia en tres grupos, los países no democráticos solo tienen un 16% de ministras de Educación, mientras que los países de democracia completa doblan esa proporción (38%). Otra variable es el desarrollo económico de los países. Los niveles bajos de desarrollo tienen alrededor del 20% de mujeres ministras, mientras que en los países más desarrollados son casi el doble (36%). Las diferencias son extremas según las regiones del mundo, que oscilan entre el 7% de ministras de Educación en el norte de África y Asia occidental y el 41% en Europa y Norteamérica (es decir, Estados Unidos y Canadá).
 
Tabla 3
Ministras de Educación en los países del mundo entre 2010 y 2023
Indicador Mujeres ministras de Educación
Total mundial (2010-2023) 27%
Según el índice de democracia liberal (IDL)
Países con democracia elevada 38%
Democracia media 24%
Democracia baja o muy baja 16%
Según el desarrollo económico de los países
Desarrollo alto 36%
Desarrollo medio-alto 24%
Desarrollo medio-bajo 20%
Desarrollo bajo 21%
Según las regiones del mundo
Europa y Norteamérica 41%
Latinoamérica y el Caribe 33%
África subsahariana 27%
Oceanía 20%
Asia central y meridional 16%
Asia oriental 16%
Norte de África y Asia occidental 7%
Fuente: UNESCO, Global Education Monitoring Report 2025: Gender Report. Women Lead for Learning (París: UNESCO, 2025), 60 pp. Los datos exactos aparecen en la página 33.
Notas: La base de datos comprende 1.412 ministros y ministras de Educación (y/o de Educación Superior) en el mundo entre 2010 y 2023. Esto supone 211 sistemas educativos distintos. El 27% de estos ministerios de Educación están liderados por mujeres.
La discriminación por género se produce, pues, en los procesos para ocupar puestos de dirección y liderazgo en el sector educativo. El sistema de cuotas (típicamente el 40% para mujeres) ayuda a lograr progresivamente la paridad por género. La UNESCO considera que "conseguir que las mujeres sean líderes no es simplemente un tema de justicia, sino además un imperativo estratégico para la transformación del sector educativo" (p. 50). Lo importante es tener en cuenta en dónde se producen cortes y retrocesos en el avance de las mujeres, tanto en el sector sanitario como en el educativo.
En colaboración con la Fundación "la Caixa"
Jesús M. De Miguel
Jesús M. De Miguel
Doctor en Sociología y Ciencias Políticas
Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y en Sociología por la Yale University. Ha ocupado la Cátedra de Estudios Españoles Príncipe de Asturias en la Georgetown University, Washington D. C.
Ching T. Liao
Ching T. Liao
Profesora en CUNEF Universidad
Es doctora en Dirección de Empresas por IESE Business School y máster por la London School of Economics. Antes de incorporarse a CUNEF Universidad, fue profesora en NEOMA Business School (Francia)
Participación