Viernes, 18 de septiembre de 2026
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Asociados en la adversidad: los desafíos de la membresía de Canadá en la UE

Ursula von der Leyen quiere llevar la relación con Canadá "hasta el máximo nivel posible" y ha abierto la puerta a convertir al país en el primer "miembro asociado" de la Unión Europea. Nicolás Fernández de Bobadilla, especialista en relaciones diplomáticas de la Unión Europea, analiza el alcance y los obstáculos de una propuesta todavía por definir.

Nicolás Fernández de Bobadilla Albert Nicolás Fernández de Bobadilla Albert 18 de septiembre de 2026
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Ursula von der Leyen, Roberta Metsola y Mark Carney en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo. | Justin Tang / Zuma Press / Europa Press
Ursula von der Leyen, Roberta Metsola y Mark Carney en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo. | Justin Tang / Zuma Press / Europa Press
En los últimos años, el discurso sobre el estado de la Unión Europea (SOTEU, por sus siglas en inglés) se ha convertido progresivamente en una ocasión para anunciar políticas inesperadas que sorprendan el inicio del nuevo curso político en Bruselas. Pero probablemente ningún otro SOTEU ha llegado a tener el impacto de este último. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aprovechó la ocasión no solo para anunciar la EU KIDS Act, que este jueves la Comisión Europea ha presentado formalmente como propuesta legislativa y que prohíbe las cuentas en redes sociales a menores de trece años, sino que también notificó su intención de que Canadá se convierta en el primer "miembro asociado" de la Unión Europea.

Esta propuesta ha impresionado tanto por la propuesta de crear una categoría de "miembro asociado", inédita hasta ahora en la Unión, como por las preguntas alrededor de su viabilidad. Pero para los analistas internacionales, poco de sorprendente tiene esta noticia. Desde su victoria electoral en el año 2025, Mark Carney, presente en Estrasburgo durante el SOTEU, se ha convertido en el aliado por excelencia de Europa. No solo se ha desmarcado de la tendencia de muchos políticos extranjeros (y de varios europeos) de amenazar el proyecto europeo, sino que ha sido un férreo admirador del mismo, y poco a poco ha ido aumentando la integración de su país con la UE.

Esa voluntad ha quedado confirmada este jueves ante el Parlamento Europeo. Carney ha respaldado la propuesta de profundizar la relación entre Canadá y la UE, aunque ha restado importancia a la denominación concreta que adopte: para el primer ministro canadiense, el contenido de la futura asociación importa más que el nombre que reciba.

Lo más significativo hasta el momento había sido la firma de una Asociación en materia de Seguridad y Defensa con la UE en junio de 2025, lo que dio pie a la entrada por primera vez de empresas no europeas en el instrumento financiero europeo Acción por la Seguridad de Europa (SAFE, en inglés) en febrero de este año.

"Desde su victoria electoral en el año 2025, Mark Carney, presente en Estrasburgo durante el SOTEU, se ha convertido en el aliado por excelencia de Europa"
El punto de inflexión y origen de esta nueva alianza tuvo lugar durante el último Foro Económico Mundial, en enero de este año en Davos, donde el primer ministro canadiense pronunció el que probablemente sea uno de los discursos más importantes de la política internacional de la última década y, desde luego, el que mejor lectura ha hecho de la creciente rivalidad geopolítica en la que vivimos. En él, apelando directamente a la anhelada autonomía estratégica de la UE, hablaba de la imperiosa necesidad de que los "poderes medianos" unan fuerzas para no caer en la subordinación de las grandes potencias y su clara indiferencia hacia el orden internacional basado en reglas, contextualizándolo mediante la ya icónica metáfora "si no estamos en la mesa, estamos en el menú". En esa cumbre también se encontraba Ursula von der Leyen, y quedó claro que existía una afinidad personal con la mandataria europea y, más importante, una sinergia política.

La visión geopolítica de ambos líderes es extremadamente similar. Los dos se encuentran en una carrera por diversificar sus alianzas comerciales: desde que Von der Leyen es presidenta de la Comisión, han entrado en vigor acuerdos de libre comercio con Vietnam y Nueva Zelanda, se ha aplicado provisionalmente el acuerdo con Mercosur y se han concluido acuerdos de libre comercio con India y Australia; y en poco más de un año y medio del mandato de Carney, Canadá ha firmado veinte acuerdos de comercio y defensa en cuatro continentes, con la intención de continuar en esta trayectoria para convertir a Canadá en la economía más interconectada del mundo. Ambos han priorizado proyectos para proteger sus infraestructuras críticas y cadenas de suministro, y estrechar lazos entre sus mercados, aumentando en un 76% el comercio de bienes entre la UE y Canadá desde la aplicación provisional del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA, por sus siglas en inglés) en 2017. Asimismo, los dos han puesto en el punto de mira de sus políticas públicas la sostenibilidad y la interconexión entre la independencia energética y la seguridad económica, mientras continúan defendiendo un multilateralismo cada vez más olvidado y alianzas basadas en la lealtad a los valores democráticos. Y, no menos importante, los dos han hecho de su apoyo político y militar a Ucrania una constante de sus respectivas trayectorias políticas.

"Ambos han priorizado proyectos para proteger sus infraestructuras críticas y cadenas de suministro, y estrechar lazos entre sus mercados"
Conociendo todo este contexto, el anuncio pronunciado en la tribuna del Parlamento Europeo deja de causar tanto sobresalto y se empieza a ver como una progresión natural de los recientes desarrollos diplomáticos, los cuales han provocado el afianzamiento de las relaciones entre la UE y Canadá a un nivel hasta ahora inexistente. A pesar de la acogida de la noticia con aplausos de casi todo el hemiciclo (incluso por parte de otras fuerzas políticas contrarias al Partido Popular Europeo, al que pertenece la presidenta de la Comisión), consolidada en un abrazo entre Ursula von der Leyen y Mark Carney, definir la implementación de esta propuesta como una tarea difícil no hace justicia a su complejidad. Desde cuestiones de legitimidad legal hasta la posible reacción de otros actores internacionales, las siguientes son algunas de las principales complicaciones a las que inevitablemente se tendrán que enfrentar tanto la UE como el Gobierno canadiense al hacer realidad la idea de Canadá como "miembro asociado".

La legitimidad legal de la propuesta

El artículo 49 del Tratado de la Unión Europea señala que "cualquier Estado europeo que respete los valores mencionados en el artículo 2 y se comprometa a promoverlos podrá solicitar el ingreso como miembro en la Unión".

"Definir la implementación de esta propuesta como una tarea difícil no hace justicia a su complejidad"
Partiendo del precepto legal del que se extraen las condiciones generales de ingreso en la Unión, se puede decir que el artículo 49 establece tres requisitos para que esta solicitud se tenga en cuenta: un requisito geográfico ("cualquier Estado europeo"), un requisito axiológico ("que respete los valores mencionados en el artículo 2") y un requisito teleológico ("y se comprometa a promoverlos"). Mientras Canadá cumple los dos últimos requisitos con creces, ya que es uno de los Estados más comprometidos a nivel global con el respeto y la promoción de los valores mencionados en el artículo 2 ("la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos"), la distancia proporcionada por el océano Atlántico inhabilitaría de plano a la nación norteamericana para cumplir con el requisito geográfico.

Existen precedentes que atestiguan la severidad de las instituciones europeas en el acatamiento de este criterio territorial, teniendo en cuenta lo que durante siglos se ha entendido geográficamente como "Europa". La solicitud formulada en 1987 por el Reino de Marruecos para formar parte de la entonces Comunidad Económica Europea fue rechazada de forma inmediata "basándose en que Marruecos no era un Estado europeo". A pesar de años de constantes esfuerzos diplomáticos, el proceso de adhesión de Turquía, un país de más de 87 millones de habitantes ubicado entre Europa y Asia, está estancado, siendo Montenegro el único candidato con previsiones realistas de convertirse en el próximo Estado miembro de la UE en esta década. Basándonos en estos ejemplos, numerosos juristas y comentaristas políticos han argumentado que "Estado europeo" no solo hace referencia a un requerimiento territorial, sino también a una afinidad cultural.

En el caso de Canadá, nos encontramos con varias incógnitas. Lo primordial es establecer que no estamos ante una solicitud de membresía plena a la UE, en cuyo caso sí que se aplicaría el artículo 49: estamos ante un nuevo modelo político de cooperación, y la Comisión Europea es consciente de ello. Justo antes de pronunciar las palabras "miembro asociado", la presidenta Von der Leyen dijo que era su deseo "elevar la relación con Canadá hasta el máximo nivel posible". El reconocimiento explícito de las limitaciones de su capacidad de actuación sirve de indicación de que no estamos ante un proceso político que se pueda asemejar al modelo clásico de adhesión, sino ante algo sobre lo que no está claro cuál será su forma final.

"No estamos ante una solicitud de membresía plena a la UE, en cuyo caso sí que se aplicaría el artículo 49"
También desconocemos qué beneficios y responsabilidades conlleva esta nueva categoría: ¿Acceso al mercado interior mediante una fórmula similar al Espacio Económico Europeo? ¿Participación en Schengen? ¿Algún tipo de obligación de coordinar la política exterior de Canadá con la Política Exterior y de Seguridad Común? ¿Requiere la firma de un nuevo tratado? A pesar de las dudas, lo que es seguro, dadas las conexiones lingüísticas, culturales y políticas que comparten la UE y Canadá, es que esta iniciativa ha reavivado la idea de que el adjetivo "europeo" incluido en el artículo 49 cuenta con un componente altamente cultural y discrecional por parte de Bruselas.

El posible desacuerdo de los Estados miembros

La fórmula jurídica de esta nueva relación aún no se ha definido. Si se articulase como un acuerdo de asociación, su conclusión requeriría unanimidad en el Consejo de la Unión Europea y el consentimiento del Parlamento Europeo. Mientras que la naturaleza política inherente de la Comisión Europea es continuar con el crecimiento de la UE, esta no es la de los Estados miembros, siendo la política de ampliación una de las más contenciosas de la Unión. Muchos se muestran reticentes por las implicaciones políticas, pero sobre todo económicas, de integrar un nuevo Estado en el sistema de la UE. Estas objeciones normalmente vienen de la mano de dudas respecto de la capacidad económica, la calidad democrática y del Estado de derecho de los candidatos. De nuevo, con matices, por supuesto, esto, aparentemente, no supondría un gran reto para Canadá, siendo un país próspero y desarrollado. Pero no siempre a los países miembros de la UE les gusta seguir las directrices enviadas desde Bruselas. Horas después del discurso, ya había reacciones agridulces a lo largo de Europa. Aunque las relaciones de Canadá con todos los Estados miembros de la UE son positivas, y además parece existir también una buena dinámica entre Mark Carney y el conjunto de líderes europeos, es posible que haya algún Estado miembro que reniegue de esta idea por sus futuras implicaciones. ¿Aceptaría Chipre a Turquía como Estado asociado? ¿Dinamarca a Estados Unidos tras lo ocurrido con Groenlandia? Existen muchas incógnitas sin resolver.

Adicionalmente, existe un gran precedente que muestra que las relaciones entre la UE y Canadá no siempre se desarrollan de forma tan fructífera. Independientemente de los beneficios económicos en términos cuantitativos que ha propiciado para las relaciones comerciales entre ambos actores, CETA no ha sido ratificado por todos los parlamentos de los Estados miembros debido a numerosas inquietudes laborales, medioambientales y de protección al consumidor, entre otras. Al haber sido firmado por todos los Estados miembros, el acuerdo ha funcionado y se aplica provisionalmente, pero esto demuestra que las dinámicas entre Ottawa y Bruselas no siempre son igual de fluidas. ¿Una premonición de los obstáculos que están por venir?

El enfado de Trump

Durante su intervención en Estrasburgo, Ursula von der Leyen ha recalcado, demostrando una gran capacidad de previsión, que "esta no es una alianza contra nadie más, sino para nuestra fortaleza común". De poco ha servido esta aclaración, ya que, tras la finalización del SOTEU, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a amenazar con imponer nuevos aranceles a Europa o incluso prohibir la entrada de algunos productos europeos al mercado estadounidense, a no ser que se demuestre que este acuerdo (el cual ha calificado de "cómico") se haya hecho con "buena intención".

"Canadá, al igual que lo estuvo la UE en el verano de 2025, se encuentra actualmente en medio de una guerra comercial con Estados Unidos"
Canadá, al igual que lo estuvo la UE en el verano de 2025, se encuentra actualmente en medio de una guerra comercial con Estados Unidos. Tras varios meses de negociaciones para un nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos y Canadá, Mark Carney decidió el 21 de agosto traer de vuelta a Ottawa a sus negociadores, alegando que la Administración americana le habría impuesto "condiciones inaceptables", entre ellas un control sobre los posibles futuros acuerdos comerciales entre Canadá y el resto del mundo (completamente en contra de la política planteada por el Gobierno canadiense) y restricciones sobre el uso del francés, un aspecto de gran sensibilidad para los canadienses (y que, desde luego, no supondría ningún problema en Europa). Aplacar las hostilidades hacia este acuerdo que llegan desde Washington es otro de los grandes retos a los que se enfrentan Canadá y la UE en esta nueva forma de entender la pertenencia al proyecto europeo. Mientras que la Canadá de Mark Carney quiere hacer suyo (de forma reducida o, más bien, "asociada") el lema de la UE, "Unida en la diversidad", de momento parece que Ottawa y Bruselas estarán unidos ante la adversidad.
Nicolás Fernández de Bobadilla Albert
Nicolás Fernández de Bobadilla Albert
Especialista en las relaciones diplomáticas de la UE
Es especialista en las relaciones diplomáticas de la UE, alumno del Máster de Asuntos Transatlánticos en el Colegio de Europa (Brujas, Bélgica) y The Fletcher School of Law & Diplomacy at Tufts University (Boston, Estados Unidos) y con experiencia profesional en la Representación de la Comisión Europea en España y la Embajada de España en Canadá.
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