"La tasa de fecundidad global está acaparando los titulares. En muchos países, las tasas de natalidad están disminuyendo, lo que ha llevado a los responsables de políticas públicas a dar la voz de alarma ante la posibilidad de un 'colapso poblacional'. En un intento por mitigar los cambios demográficos que afrontan, algunos gobiernos están adoptando medidas drásticas para persuadir a las mujeres de tener más hijos. A pesar de ello, millones de personas en todo el mundo no pueden tener el número de hijos que desean. En todos los países, independientemente de su tasa de fecundidad total, la decisión reproductiva más trascendental que una persona puede tomar —cuándo, si y con quién tener un hijo— está siendo socavada".
España es un caso insólito. Es uno de los países del mundo con menos nacimientos; un ejemplo de casi colapso poblacional. A pesar de que tiene una población inmigrante con muchas personas en edad de procrear, el número de nacimientos cada año dentro del país es bajísimo. ¿Por qué? La llamada "tasa global de fecundidad" —el número de hijos e hijas por cada mujer a lo largo de la vida— tiene que ser al menos de 2,1 para que la población total del país se mantenga estable. En España es actualmente 1,1. Hay siete nacimientos por cada mil habitantes y, al mismo tiempo, nueve fallecimientos. Eso supone una tasa anual de incremento natural del -0,2%. Si esto sigue así —y todo indica que va a seguir o incluso bajar aún más—, es posible que en un futuro lejano España desaparezca. Es pura matemática.
"España es uno de los países del mundo con menos nacimientos; un ejemplo de casi colapso poblacional"
De los dos centenares de países del mundo, los que tienen las tasas más bajas de fecundidad —número de hijos por mujer— son Corea del Sur, con 0,7 hijos por mujer; Taiwán, con 0,9; China, con 1; Tailandia, con 1, y España, con 1,1. No tengo en cuenta aquí los países que son realmente ciudades-Estado, como Macao, Hong Kong o Singapur, y hasta cierto punto Andorra, Malta o San Marino. Tampoco la Santa Sede, el Vaticano. España es, pues, el país europeo con la tasa más baja de fecundidad. ¿Por qué?
Las estadísticas de natalidad más completas a nivel mundial son las del Population Reference Bureau, una entidad privada en Washington D. C. Calcula el World Population Data Sheet, que comprende más de doscientos países desde 1962. La estadística más reciente corresponde a 2024. Este tipo de estadísticas para todos los países del mundo tarda en recopilarse y publicarse, pero es un documento valiosísimo.
También están las estadísticas del Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNFPA. Conviene consultar el informe Estado de la población mundial 2025: La verdadera crisis de fecundidad. Alcanzar la libertad reproductiva en un mundo de cambios. La Organización Mundial de la Salud (OMS, o WHO por sus siglas en inglés) presenta también numerosas estadísticas de natalidad.
Todos suelen manejar al menos dos indicadores. El primero es la tasa de natalidad, es decir, el número de nacidos vivos por cada 1.000 habitantes, aunque en realidad no es propiamente una tasa. El segundo es la tasa de fecundidad total, otras veces denominada "tasa global de fecundidad" —en inglés, total fertility rate—, que estima el número de hijos por mujer a lo largo de su vida fértil, operativamente de los 15 a los 49 años. La traducción de fertility por fecundidad en español es un quebradero de cabeza constante. Fertilidad es la capacidad de tener descendencia; fecundidad, el hecho de tenerla. Los dos indicadores están muy relacionados, pero son distintos.
"El factor que mejor explica el descenso de la natalidad es la educación de las niñas y mujeres"
La natalidad por cada 1.000 habitantes está relacionada con la tasa de mortalidad infantil: el número de niños y niñas que mueren antes de cumplir el primer año por cada 1.000 nacidos vivos. El descenso de la mortalidad infantil es una de las mayores conquistas de la humanidad. Su reducción contribuye a que la natalidad descienda. Pero el factor que mejor explica el descenso de la natalidad es la educación de las niñas y mujeres. Que las chicas vayan a la escuela contribuye a la bajada de la fecundidad. Luego esas mujeres trabajan fuera del hogar, retrasan el matrimonio y el embarazo. Es la tendencia general, aunque no siempre opera exactamente así, ni en todos los países. Juan Díez Nicolás ya abordó esta cuestión en "La natalidad en una gran metrópoli", publicado en la Revista Internacional de Sociología en 1964.
A nivel internacional, la tasa de fecundidad se correlaciona con el índice de desigualdad de género. Países como Finlandia, España, Países Bajos, Suecia, Noruega, Suiza y Dinamarca tienen una tasa de fecundidad muy baja y, al mismo tiempo, un índice de desigualdad de género también muy bajo. Cuanta más igualdad de género, más desciende la fecundidad. El sociólogo Pau Marí-Klose sugiere que, en la actualidad, "las mujeres simplemente no quieren llevar la vida tradicional de crianza y renuncia a la igualdad".
Otro factor es el encarecimiento de la educación, especialmente la privada y concertada. Ello supone concentrar más recursos familiares en la descendencia, especialmente en un solo descendiente. En parte, este fenómeno es causa y efecto de la privatización de la educación. A su vez, está relacionado con el modelo de "familia nuclear", el más prevalente en el mundo desarrollado. La televisión, el móvil, los medios de comunicación y la inteligencia artificial tienen también un impacto considerable —aunque complejo de medir— en la bajada de la fecundidad.
"Durante años se han acentuado los peligros de la sobrepoblación y la amenaza de que no habría suficientes alimentos para cubrir las necesidades"
El descenso de la natalidad y la disminución de la población en un país pueden considerarse características negativas. Hay algo emocional en ser menos o en no tener hijos. Pero durante años se ha acentuado lo contrario: los peligros de la sobrepoblación y la amenaza de que no habría suficientes alimentos para cubrir las necesidades de toda la población. La bomba poblacional anunciaba grandes hambrunas que luego no han ocurrido. Ahora, en cambio, hay países que desean limitar —y estabilizar— su tamaño poblacional. Suiza votó en 2026 un referéndum para limitar su población a diez millones hasta 2050, aunque finalmente rechazó la propuesta. En realidad, era una iniciativa antiinmigración de la derecha populista.
En el mundo, más de dos terceras partes de los países están actualmente por debajo de la tasa de reemplazo y ya pierden población, sobre todo cuando no atraen suficientes inmigrantes. A nivel nacional, muchos de los nuevos problemas asociados con la bajada de la natalidad se solucionan con la inmigración. Pero a escala mundial la inmigración suma cero. La sorpresa es que la tasa de fecundidad es ya baja en muchos países poco desarrollados. Las tasas de fecundidad altas se concentran en África.
La ideología conservadora achaca la bajada de la fecundidad a la secularización, a que cada vez menos personas se casan, al egoísmo generalizado, a que las mujeres deciden estudiar y luego trabajar fuera del hogar y ser independientes, al elevado número de abortos y al divorcio; en general, al retraso del matrimonio o al no matrimonio. La realidad es que muchas personas no consiguen una pareja para casarse y tardan mucho en tener el primer hijo. En diversas culturas y países, el deseo generalizado es tener un hijo varón. Esto favorece una fecundidad alta, sobre todo en las parejas que tienen embarazos sucesivos porque siguen buscando "un hijo".
La preferencia por la descendencia masculina ha producido en el mundo multitud de muertes de fetos femeninos e infanticidios de niñas. Pero actualmente es distinto. En muchos países desarrollados, las parejas —cuando son preguntadas— reconocen que prefieren tener una hija antes que un hijo. Las hijas, suponen, crean menos problemas, ayudan más en casa y, sobre todo, suelen ser una ayuda mayor para cuidar de los padres y madres en la vejez. La realidad es que, si se empieza más tarde a tener descendencia, se termina teniendo un menor número de hijos. El retraso en el matrimonio, así como la alta proporción de divorcios, son causas adyuvantes de la bajada de la natalidad. Quizás también el auge de los animales domésticos de compañía, perros y gatos. Pero no lo justifican todo. Nadie explica la razón de que España tenga una fecundidad tan baja.
Un mundo diverso
La buena salud de una sociedad no se mide por el número de nacimientos cada año. Más bien lo contrario. En los países más desarrollados cada vez nacen menos personas, hasta el punto de que tienen que incorporar más inmigrantes cada año. A la larga, si esta tendencia continúa, el mundo —tal y como lo conocemos— desaparecerá. Empieza porque los hijos no se casan, no tienen hijos y así no hay nietos. Algunos se casan, pero se divorcian pronto. No hay una racionalidad clara en estos procesos.
"La inmigración puede solucionar temporalmente el problema de algunos países desarrollados que apenas tienen natalidad autóctona"
La inmigración puede solucionar temporalmente el problema de algunos países desarrollados que apenas tienen natalidad autóctona. Pero a nivel mundial, en la Tierra como un todo, la migración no soluciona nada. Tampoco la adopción de bebés chinos, o de otro origen. China tiene actualmente una tasa global de fecundidad de 1,0, es decir, menos de la mitad de lo que necesitaría para no desaparecer. Tampoco atrae mucha inmigración: ¿quién quiere ir a vivir a China? Las personas evitan, si pueden, ir a residir a un país totalitario. El llamado "peligro amarillo" fue una patraña que se difundió en nuestra infancia. Lo único que ha ocurrido es la proliferación de bazares chinos, así como de restaurantes chinos y japoneses, pero en realidad chinos.
Durante años se nos inculcó en la escuela que el mundo iba a explotar de tantos niños y que en el futuro no habría suficientes alimentos para toda la población. Se profetizaban hambrunas. Ahora se teme que, si sigue la tendencia actual, varios países vayan a desaparecer. En algunos pocos países, el Estado paga por tener hijos o reduce los impuestos. Pero ni por esas logran aumentar las bajas tasas de natalidad. Los sociólogos y sociólogas sospechamos que no será fácil un rebote. Quizás solamente si se aplica la distopía de Un mundo feliz —en realidad, Brave New World—, de Aldous Huxley. Las gestaciones y nacimientos se realizarían en laboratorios o tubos de ensayo. Quizás eso funcione.
En la tabla 1 presento algunos de los indicadores de natalidad. Los países se pueden agrupar según su nivel de desarrollo económico y social. Usualmente, se distinguen los países plenamente desarrollados —alrededor del 14% de la población mundial—, los países en vías de desarrollo, que son la mayoría —el 73% de la población—, y los menos desarrollados, también denominados "de renta baja", que concentran un 13% de la población mundial. La división por desarrollo explica la evolución de la natalidad y otros factores. Esa tendencia es cada vez más rápida. La transición demográfica se realiza en menos tiempo, incluso antes que el propio desarrollo económico y la modernización de la sociedad.
El desarrollo está asociado con la riqueza del país. Es un factor que oscila mucho. Los países desarrollados tienen de media dieciséis veces más riqueza que los países menos desarrollados, si se miden los ingresos nacionales per cápita. Los países desarrollados tienen de media 62.000 dólares per cápita, mientras que los pobres tienen 4.000. La natalidad depende mucho de estas diferencias: los países ricos tienen menos nacimientos.
Se observa que los nacimientos disminuyen de forma dramática, hasta la tercera parte. En los países desarrollados hay menos de diez nacimientos por cada 1.000 habitantes; en los intermedios son dieciocho, y en los menos desarrollados llegan a 31 por cada 1.000 habitantes. Pero una buena parte de esa natalidad desaparece con las altas tasas de mortalidad infantil en los países menos desarrollados. En ellos, cuatro de cada cien nacidos vivos mueren antes de cumplir el primer año de vida. En los países desarrollados son solamente el 0,4%. Las diferencias son, pues, de diez veces, lo que supone uno de los mayores progresos de la humanidad. La mortalidad compensa la natalidad, y viceversa.
"La tasa de fecundidad total es el indicador más potente del crecimiento del género humano"
La tasa de fecundidad total es el indicador más potente del crecimiento del género humano. Para poder mantener el tamaño de la población mundial, es necesaria una tasa de 2,1 nacimientos por mujer a lo largo de su vida. La tasa mundial actual es 2,2. Es decir, estamos al borde de paralizar el crecimiento de la población de la Tierra. La diferencia es clara según el nivel de desarrollo. Los países desarrollados pierden población, con una tasa de fecundidad total de solamente 1,4. Suplen esa bajada con inmigración. Los países en vías de desarrollo tienen una tasa de 2,3, apenas por encima de la media mundial. Los países menos desarrollados conservan una tasa global de cuatro hijos por mujer, de media. La tendencia mundial es claramente hacia los niveles de los países más desarrollados. Si se llega a esos niveles, la progresiva desaparición de la población humana será un hecho cierto. Pero se están realizando esfuerzos para habitar la Luna, e incluso algunas mentes insensatas hablan ya de colonizar el planeta Marte. El problema entonces va a ser cómo tener "marcianos".
A esa tendencia de disminución de la natalidad colabora que la población sea gradualmente más urbana y menos rural. De media, ya se ha superado la mitad de la población que vive en zonas urbanas, el 58%. Pero las diferencias son claras según el desarrollo: 37% de vida urbana en los países menos desarrollados, 54% en los intermedios y 80% en los desarrollados. Hábitat urbano y desarrollo económico son dos factores que van estrechamente en paralelo y que, a su vez, condicionan la fecundidad.
El desarrollo produce menos infancia y más ancianidad. En el mundo, todavía una cuarta parte de la población son jóvenes de hasta quince años. Pero son solo el 16% en los países desarrollados y el 39% en los menos desarrollados. El número de jóvenes disminuye y cada vez hay más personas mayores. Globalmente, solo un 10% son mayores de 65 años, aunque en los países desarrollados llegan al 20%. En realidad, jóvenes de menos de quince años y mayores de 65 conforman la población que se considera "dependiente". Unos compensan a los otros. Pero el desarrollo hace descender un poco la combinación de ambos porcentajes, del 43% en los países menos desarrollados al 36% en los desarrollados. Estos datos contradicen la idea generalizada de que la dependencia aumenta, cuando en realidad disminuye.
Las diferencias no son tan grandes en la esperanza de vida al nacer, pues conseguir avanzar en ese indicador es costoso. La media es de 73 años de esperanza de vida. Según el desarrollo, supone una diferencia de 12 años. Más importante es la esperanza de vida de las mujeres, pues son las que gestan y tienen hijos. Tienen diferencias similares según el nivel de desarrollo, de 13 años. El mito es llegar a los cien años de esperanza de vida, pero eso va a costar mucho tiempo y esfuerzo… si es que alguna vez se consigue.
La natalidad está muy relacionada también con los recursos sanitarios y la atención materno-infantil. Las diferencias sanitarias son grandes. Los países desarrollados tienen 12 veces más médicos o enfermeras por población. Pero la diferencia mayor está en el gasto sanitario, que varía nada menos que 128 veces según el desarrollo de los países. Es casi una contradicción: cuantos más nacimientos, menos dinero y personal sanitario está disponible para atenderlos. Eso explica también las diferencias de la tasa de mortalidad infantil.
Lo importante, pues, es que el desarrollo y la supuesta modernización suponen un descenso agudo de la natalidad, e incluso de la tasa de fecundidad total. Los países con baja natalidad tienden a incorporar inmigrantes, legales o ilegales, a la sociedad. Pero los inmigrantes aprenden rápido a generar una natalidad baja. No se soluciona así el problema. Por supuesto, hay diferencias por países.
Los datos cantan
El mundo actual no es homogéneo. La diversidad es la norma. Pero se observa una cierta convergencia de los doscientos países del mundo hacia un modelo de baja fecundidad. A la larga, todos los países van a parecerse mucho. Existe ya una convergencia clara en Europa. La media mundial es de 1,6 nacimientos por centenar de población, pero las diferencias entre países van desde 0,5 a 6,4.
"Los grandes países —y poderes— del mundo actual no logran la tasa de reemplazo"
En la tabla 2 presento la natalidad —por cada 1.000 habitantes— en una selección de países del mundo. Los grandes países —y poderes— del mundo actual no logran la tasa de reemplazo. Incluso India, que es un país más pobre, tiene una tasa de fecundidad de 2,0. Estados Unidos está en 1,6; Rusia, en 1,4, y China, tras la "política del hijo único", se ha quedado en 1,0 hijos. Los cuatro países están en decadencia demográfica. Estados Unidos atrae mucha inmigración, pero China, Rusia e India no son países favoritos para los inmigrantes.
Las diferencias mundiales son todavía elevadas.
Los países africanos de la tabla alcanzan más de 40 nacimientos por cada mil habitantes. En cambio, hay países asiáticos con una natalidad muy baja: cinco nacimientos por cada mil habitantes en Corea del Sur; seis en China, Japón o Taiwán. También es muy baja en Italia, con seis, y
España, con siete. De nuevo, España aparece como uno de los países con menos nacimientos del mundo.
El indicador más sintético es la tasa de fecundidad total. La tasa global en el planeta es 2,2, casi al límite de la estabilidad. Pero esa tasa va desde 0,7 hijos en Corea del Sur hasta 6,4 en la República Centroafricana. Es una tasa asociada a la variable riqueza/pobreza. A nivel mundial, la población juvenil —sobre todo la menor de 15 años— supone todavía la cuarta parte de los habitantes. A esto hay que añadir que la población que vive en zonas urbanas es ya más de la mitad. Estamos, pues, ante un mundo en evolución, que tiende a la estabilización demográfica y que organiza su vida de forma urbana.
Las cuatro potencias —Estados Unidos, Rusia, China e India— tienen una tasa de fecundidad baja. Pero hay comportamientos opuestos, como China, con una tasa global de fecundidad de 1,0, frente a India, que tiene 2,0. Esa es la razón por la que India ha superado ya en población a China, convirtiéndose en el país más populoso de la Tierra. No son países homogéneos, pues en riqueza varían 8,2 veces: de 10.030 dólares per cápita en India a 82.190 dólares en Estados Unidos. Globalmente, todavía tienen bastante población joven: del 17% en Rusia al 25% en India. Canadá, Australia y Nueva Zelanda siguen una pauta similar, incluso con más población urbana. Pero las islas en Oceanía son un mundo diferente. Samoa, que incluyo como contraste, mantiene características de bajo desarrollo.
"Las cuatro potencias tienen una tasa de fecundidad baja. Pero hay comportamientos opuestos, como China, con una tasa global de fecundidad de 1,0, frente a India, que tiene 2,0"
Los países más modernos y avanzados demográficamente son las tres democracias de Asia: Corea del Sur, Japón y Taiwán. Tienen pocos jóvenes y son muy urbanos. Representan el modelo del futuro del planeta. Pero no toda Asia es así, pues Indonesia y, sobre todo, Pakistán representan el modelo menos desarrollado. Filipinas es un término medio, con muchos jóvenes, una urbanización relativamente baja y, al mismo tiempo, una fecundidad ya reducida. Es un típico país en transición. Corea del Sur destaca mundialmente por una natalidad bajísima y muy pocos jóvenes.
Los países centroeuropeos no logran llegar al reemplazo poblacional. Curiosamente, Polonia —que es un país tradicionalmente católico— tiene una de las tasas de fecundidad más bajas, 1,1. Estos países no logran el reemplazo, pero atraen muchos inmigrantes, lo que compensa su bajada de natalidad.
La Europa meridional —también católica en su mayoría— tampoco llega al reemplazo. España es el país que tiene la tasa de fecundidad más baja, 1,1, junto con Italia, 1,2. Francia logra subir esa tasa a 1,6. Pero España y Francia son ambas muy urbanas: el 82% de la población vive en ciudades.
Egipto es un ejemplo de tasas de fecundidad relativamente altas, con 2,6 hijos por mujer, mucha población infantil, el 32%, y una urbanización leve, del 43%. Marruecos y Arabia Saudí rondan el reemplazo. Pero otros países de la zona presentan ya pautas modernas.
Todos los países latinoamericanos incluidos en la comparación están por debajo de la tasa de reemplazo poblacional. Mantienen tasas de natalidad bajas. En contra del estereotipo, no tienen demasiada población infantil. Pero son poblaciones muy urbanas, sobre todo Uruguay y Argentina. La natalidad y la fecundidad de Cuba son bajas, a pesar de sus niveles de desarrollo limitados. Chile y Costa Rica tienen ya tasas de fecundidad muy bajas, de 1,2.
África es otro mundo. Es la región menos desarrollada del planeta, con tasas de natalidad y fecundidad extraordinariamente altas. Muchos de esos países son pobres, con más de 40 nacimientos por cada mil habitantes y unas tasas de fecundidad por mujer que en varios casos superan los seis hijos de media. Lo llamativo también son las proporciones de población infantil, hasta 15 años, que alcanzan casi la mitad de la población, entre el 46% y el 49%. Sudáfrica es una excepción esperable.
En el mundo, salvo excepciones, las regiones que alcanzan ahora el reemplazo poblacional son únicamente África, Oriente Medio y Norte de África —MENA—, y las islas del Pacífico. El futuro es claro: la población blanca y asiática va a descender, y la negra va a aumentar. El mundo globalmente va a tender a disminuir su población total, incluyendo las grandes potencias.
"España tiene una natalidad muy baja, siete nacimientos por cada mil habitantes; una tasa de fecundidad por mujer bajísima, de 1,1"
En este contexto mundial, España es un caso llamativo. Tiene una natalidad muy baja, siete nacimientos por cada mil habitantes; una tasa de fecundidad por mujer bajísima, de 1,1, y poca población infantil, el 14%. Incluso en Francia esta población infantil es mayor, el 17%, y en Marruecos, el 26%. La población urbana en España es relativamente alta, el 82%, similar a la de Francia, pero superior a la de Italia y Marruecos. España, pues, se desvía de la norma.
Prepararse para perder población
El mundo desarrollado pierde población. En algunos casos, esta pérdida se equilibra con la inmigración, precisamente de los países en vías de desarrollo o directamente de los menos desarrollados. En conjunto, el mundo todavía tiene más nacimientos —16 por cada mil habitantes— que muertes —ocho por cada mil habitantes—, lo que supone un incremento "natural" positivo de la población mundial del 0,9%.
De los cuatro grandes poderes mundiales, dos ya están decreciendo en población, Rusia y China; Estados Unidos incrementa solamente un 0,1%, mientras que India crece naturalmente —nacimientos menos muertes— al 1% anual. El decrecimiento natural de la población se concentra en los países desarrollados. Son Europa y los países democráticos de Asia los que decrecen en población. Muchos atraen más inmigrantes. Los países desarrollados decrecen a un -0,2%, frente al crecimiento del 2,4% de los países menos desarrollados.
"De los cuatro grandes poderes mundiales, dos ya están decreciendo en población, Rusia y China; Estados Unidos incrementa solamente un 0,1% e India al 1%"
En la tabla 3 agrupo algunos de los países más importantes que actualmente pierden población. Se concentran sobre todo en Europa: países centroeuropeos, de la Europa meridional —España entre ellos— y, en especial, de la Europa oriental. En la Europa central destacan Alemania y Finlandia, donde las muertes exceden a los nacimientos. En la Europa meridional, Grecia, Italia y Portugal decrecen más que España, que desciende un -0,2%. En Asia decrecen sobre todo países que son además democracias: Japón, Corea del Sur y Taiwán. La región que más decrece es la Europa del Este, especialmente Bulgaria y Bielorrusia, pero también Serbia y Croacia. África, las Américas y Oceanía no decrecen todavía en población, aunque es posible que lo hagan en el futuro. El modelo mundial es una disminución constante de nacimientos y un aumento de la mortalidad que depende del incremento de la longevidad. Es muy posible que en el futuro la población mundial disminuya.
La inteligencia artificial ayuda poco a entender España
Curiosamente, a la "inteligencia artificial" le falta inteligencia. También carece de sentido del humor, ironía y sensibilidad. Sus explicaciones son de manual de bachillerato antiguo. Con la IA no logramos averiguar la razón real por la que España tiene una de las tasas más bajas de natalidad del mundo y la más baja de Europa. Las razones que ofrece no explican que la natalidad sea tan baja en España, incluso en relación con otros países europeos.
"El modelo mundial es una disminución constante de nacimientos y un aumento de la mortalidad que depende del incremento de la longevidad"
La respuesta de la IA es la habitual: vivienda cara, empleo inestable, maternidad cada vez más tardía y menos apoyo público a la conciliación. A eso se suma que muchas personas quieren tener hijos, pero los posponen hasta una situación más segura y, a veces, ese primer hijo llega demasiado tarde para tener más. La vivienda encarece la emancipación y dificulta formar una familia antes. La precariedad laboral y los salarios bajos hacen que muchas parejas esperen a tener más estabilidad. La maternidad se retrasa, y eso reduce el número final de hijos por mujer. Faltan políticas de familia e infancia suficientemente estables y bien financiadas. También pesa el envejecimiento de la población y el cambio de prioridades personales, con más hogares sin hijos o con menos hijos.
No es solo que la gente "quiera menos hijos", sino que muchas personas los desean, pero no ven el momento adecuado para tenerlos. En España, además, las generaciones nacidas en los años noventa del siglo pasado son más pequeñas, así que hoy hay menos mujeres en edad fértil que en décadas anteriores. Eso agrava la bajada de nacimientos, aunque cada mujer tuviera el mismo número de hijos. Por otro lado, la inmigración sostiene la población total, pero también tiende a adoptar con el tiempo los patrones reproductivos del país. Resultado: población que crece poco o nada sin inmigración, envejece mucho y tiene muy pocos nacimientos.
Otras consultas a la inteligencia artificial insisten en los mismos factores generales, sin explicar la peculiaridad de España. Los motivos demográficos y sociales serían el retraso de la maternidad, la baja tasa de fecundidad, el aumento de parejas sin hijos y una población en edad fértil más reducida. Entre las causas económicas y laborales figuran la precariedad laboral, el desempleo juvenil, los salarios insuficientes y el alto coste de la vivienda. Pero eso no resuelve la pregunta: ¿por qué en España más?
"No es solo que la gente «quiera menos hijos», sino que muchas personas los desean, pero no ven el momento adecuado para tenerlos"
Precisamente lo que hay que explicar es que en España haya tan pocos nacimientos. Eso a pesar de que España es un país con poco racismo abierto, que atrae mucha inmigración, sobre todo de Latinoamérica, y que es un país democrático, pacífico y religioso. Sin embargo, es uno de los países con menos nacimientos del mundo. En la práctica, la inteligencia artificial solo propone causas vagas e internacionales: empleo precario, vivienda cara, dificultades de conciliación, retraso de la maternidad, bajo apoyo público a las familias, cambios culturales. Y concluye que España combina varios de esos factores de manera especialmente intensa. Lo peculiar sería la combinación: se empieza a tener hijos tarde, hay mucha inseguridad económica en la edad en la que se podrían tener, emanciparse es difícil, las ayudas a la crianza son limitadas y, cuando llega el primer hijo, a menudo ya es demasiado tarde para tener más. Todo eso es cierto, pero insuficiente.
En España, la natalidad cae el 24% en la última década. Eso ha levantado un tenue debate. La radio COPE, por ejemplo, se preguntaba en diciembre de 2025 si "España se queda sin niños". Los datos provisionales del INE indicaban 240.001 nacimientos en los diez primeros meses de 2025, mínimo histórico de la serie. Es un 24,5% menos que en el mismo periodo de 2015. La caída se debe, en parte, a la reducción de mujeres en edad fértil y al retraso en la edad de maternidad. El debate público se centra en la vivienda, la precariedad laboral, los salarios bajos, la conciliación, el coste de criar y la falta de ayudas sostenidas. Pero esa explicación sigue siendo parcial. Otros países europeos padecen problemas similares y no caen al mismo nivel.
El futuro es incierto
Las posibilidades de que la natalidad en España —y en el mundo— aumente súbitamente son pequeñas. La bajada de la fecundidad es un proceso lento, profundo y difícil de revertir. La inteligencia artificial, por el momento, no ayuda a explicar bien el caso español. Todo parece complicado. No se sabe bien si la respuesta vendrá de políticas públicas, cambios culturales, reorganización de la vida laboral, nuevas formas de familia o, simplemente, de la aceptación de sociedades con menos niños y más ancianos. El futuro es incierto, pero la tendencia demográfica es clara.
Se puede pasar, en varias décadas, de tener demasiados nacimientos en el mundo al riesgo de tener demasiado pocos. Se extenderá la edad media elevada y crecerá el peso de las personas mayores. Con independencia de la mortalidad, las poblaciones van a ser más adultas y menos juveniles. En algunos países desaparecen primero las escuelas y luego los trabajos asociados a la crianza. Cambia el paisaje social. Cambia también la política. Las sociedades envejecidas votan distinto, consumen distinto, cuidan distinto y temen distinto. La demografía no es destino, pero condiciona mucho.
"La bajada de la fecundidad es un proceso lento, profundo y difícil de revertir. La inteligencia artificial, por el momento, no ayuda a explicar bien el caso español"
Lo que no está claro es cuánto más puede bajar la fecundidad. Actualmente, muchos países ya no llegan a la tasa de reemplazo, pero pueden seguir bajando. Nadie sabe dónde está el suelo. Corea del Sur muestra que se puede llegar a 0,7 hijos por mujer. España, con 1,1, está peligrosamente cerca de ese grupo. La experiencia internacional sugiere que, una vez instalada una baja fecundidad, no basta con incentivos económicos puntuales. Se requiere transformar el conjunto de condiciones vitales que hacen posible tener hijos. Pero incluso eso puede no ser suficiente si cambia el deseo, si cambia la idea de familia o si las personas perciben la crianza como una renuncia demasiado grande. El problema es material, pero también cultural.
Los efectos de esta bajada de fecundidad son considerables. Es posible que se cierren bastantes escuelas infantiles y luego escuelas primarias. Habrá menos demanda de pediatras, menos niños en los parques, menos adolescentes, menos universitarios y menos trabajadores jóvenes. También habrá más presión sobre los sistemas de pensiones y de cuidados. La inmigración puede compensar durante un tiempo, pero no infinitamente. Si los países emisores también reducen su fecundidad, esa fuente se estrechará. Además, los inmigrantes tienden a adoptar los patrones reproductivos del país de llegada. Así, la inmigración puede sostener la población, pero no necesariamente revertir la baja natalidad.
Se calcula que la población del planeta sigue todavía aumentando, aunque ya a una velocidad limitada. Según cálculos optimistas, la fecundidad podría subir poco a poco hasta 1,5 en 2050 y quizá acercarse a 1,7 en 2070. Incluso así, seguiría lejos del reemplazo. Según cálculos realistas, podría estabilizarse entre 1,2 y 1,4. En ese escenario, España seguirá perdiendo población autóctona.
"Habrá menos demanda de pediatras, menos niños en los parques, menos adolescentes, menos universitarios y menos trabajadores jóvenes"
El modelo de los países desarrollados —y sobre todo democráticos— es un descenso continuado de la natalidad, con nueve nacimientos por cada 1.000 habitantes. Los países en vías de desarrollo tienen una tasa mayor, de 18 por cada 1.000 habitantes, pero también bajan. Los países menos desarrollados mantienen todavía 31 nacimientos por cada 1.000 habitantes, aunque también acabarán bajando. La tasa de fecundidad total sigue esa pauta: 1,4 en los países desarrollados, 2,3 en los intermedios y 4,0 en los menos desarrollados. Aun con esas dificultades de análisis, la tendencia mundial es clara: todos los países acabarán teniendo baja natalidad. Entonces, la pregunta dejará de ser cómo frenar el crecimiento de la población y pasará a ser cómo organizar sociedades que ya no crecen.
En España, entre 2015 y 2025, ha habido una caída de la natalidad del 24%. El país tiene ahora unos 49,5 millones de habitantes, en gran parte por la inmigración. En la última década la población ha aumentado, pero no por nacimientos. La cifra casi exacta es que la población residente alcanza 49.442.844 personas a 1 de octubre de 2025, tras crecer 105.488 durante el trimestre. En términos anuales, el crecimiento es de unas 474.000 personas. Todo ello se debe a la inmigración. Pero los nacimientos siguen bajando. España ha decidido importar población en lugar de producirla. Esa frase puede sonar dura, pero describe bastante bien la situación. La inmigración sostiene el sistema económico, el mercado laboral y una parte del sistema de pensiones, pero no resuelve la pregunta de por qué las personas que viven en España tienen tan pocos hijos. La crisis de vivienda no explica por sí sola la natalidad baja. Tampoco la falta de guarderías. Tampoco el empleo. Tampoco la ideología. Todo influye. Nada basta. Quizás por eso, cuando se pregunta a la inteligencia artificial, responde con una lista de causas que parecen correctas, pero que no explican lo principal. España es un caso extremo.
No hay una explicación satisfactoria de que España tenga una tasa de fecundidad tan baja, la más baja de Europa y una de las más bajas del mundo. Las causas son posiblemente múltiples. Las consecuencias son más fáciles de entender. Las políticas públicas al respecto son ya debatibles.
Debo agradecer, como otras veces, al catedrático (y real académico) Juan Díez Nicolás por sus excelentes ideas y consejos. Muchas gracias al profesor Pau Marí-Klose (Universidad de Zaragoza). También a Andrés Socias Carles (de camino hacia la London School of Economics). A Enrique Granda y a Guzmán Carles Martí.