Desde la instauración de la democracia, los españoles han tenido interés en la política exterior, como se vio en la polarización respecto a las bases estadounidenses en España, nuestra entrada en la OTAN o nuestra presencia en la guerra de Irak de 2003. Estos eventos crearon en la imaginación popular la idea de que
la diplomacia tiene un objetivo moral inherente, con claros polos morales. Esta es una idea noble, digna de un pueblo generoso, pero no se ajusta a la realidad de la historia. La historia nos enseña que
las naciones priorizan ante todo el interés nacional y, cuando les resulta beneficioso, combinan ese interés con actos de benevolencia, un pensamiento adscrito al realismo. La polarización política, sin embargo, ha oscurecido qué exige ese interés nacional para España. Este artículo pretende contribuir a restablecer esa claridad.
Competición estratégica
Una época dorada de expansión democrática ha superado su apogeo, dando paso al
retorno de la defensa, de los imperios y de la competencia estratégica. El orden mundial nacido con la caída del muro de Berlín se está agotando. Las organizaciones multilaterales están quedando en desuso; la posición de hegemonía total de Estados Unidos está siendo
retada por Irán en Oriente Medio, Rusia en Europa del Este y China en Asia, África y América Latina, dificultando la capacidad de Washington de proyectar su poder económico y militar como lo había hecho en el pasado. El fin de la hegemonía de Washington en múltiples escenarios estratégicos crea un mundo multipolar, en el que líderes regionales controlan esferas de influencia.
España no puede actuar como su propio polo estratégico y, por tanto, debe buscar nichos de competitividad.
"El fin de la hegemonía de Washington en múltiples escenarios estratégicos crea un mundo multipolar, en el que líderes regionales controlan esferas de influencia"
Esta competición entre grandes poderes se expresa sobre todo en el
frente económico. Las capitales, con cada vez más frecuencia, usan sus controles sobre cadenas de producción para debilitar a rivales. Lo hemos visto sobre todo con los controles chinos a la exportación de tierras raras contra
Japón y
EE. UU., evidenciando
las dependencias occidentales de China para estos materiales, chips, productos farmacéuticos y otros materiales críticos. De la misma manera, Washington ha establecido sus propios controles (aunque ahora derogados) sobre
modelos avanzados de IA y los
semiconductores más modernos de Nvidia.
Este retorno de la competición estratégica se ha presentado como
antitético a la mejora de la vida en España, con una falsa narrativa de que
las inversiones en defensa o industria sustraen recursos del bien colectivo. Para abordar seriamente nuestras necesidades estratégicas, será necesario entender que
estas inversiones no son opcionales, sino la única manera de mantener las libertades y privilegios que hemos conocido recientemente.
La geografía es destino
El interés nacional de España está atado a nuestra geografía, como clave de oportunidades y obstáculos.
España es uno de los pocos países que pueden considerarse potencias europeas, atlánticas, mediterráneas y, en parte, africanas; debemos articular una estrategia clara en todos los escenarios.
Europa, la primera frontera
La futura prosperidad de España y su relevancia mundial están atadas a Europa. Los tratados de Maastricht, Roma y Lisboa han creado una entidad que, más allá de un mercado único,
proyecta la voz de sus Estados miembros en asuntos estratégicos, sobre todo siendo estos cada vez menos poderosos. En 1980, los actuales veintisiete miembros de la UE
representaban el 29% del PIB mundial; en 2024, el 17,5%, a precios corrientes. Estos números demuestran
una relevancia menguante en la arena mundial y una Europa cada vez menos competitiva. Siendo la UE la mayor fuente de inversión y comercio de España, es correcto entender que está en nuestro interés nacional que Europa sea la versión más competitiva de sí misma, no la más lenta. Los antiguos primeros ministros de Italia,
Enrico Letta y
Mario Draghi, escribieron dos informes con medidas para contrarrestar tendencias problemáticas, entre las que se incluye la inclusión de bancos, inversiones y mercados de capitales en el mercado único europeo.
Madrid debería apoyar estas medidas.
"Es correcto entender que está en nuestro interés nacional que Europa sea la versión más competitiva de sí misma, no la más lenta"
Hoy, la competitividad europea está amenazada por decisiones internas. Décadas de regulación tecnológica y, más recientemente, la regulación de la IA, combinadas con el cálculo de toneladas de CO₂ y con la presión fiscal y regulatoria a nivel nacional, hacen muy difícil para las empresas escalar tanto dentro como fuera del mercado europeo. Todo ello, combinado con
la desunión del mercado único europeo en mercados de capitales, bancos, energía y telecomunicaciones, sitúa al viejo continente a dos pasos de dar un gran salto, que a España le interesa liderar. Hasta ahora, los grandes pasos europeos los han dado, en gran parte, Francia y Alemania.
A Madrid le interesa no solo seguir, sino liderar. En un escenario en que capitales europeas dudan en dar un paso adelante, Moncloa debería dar ejemplo y animar también a otras capitales a materializar una UE más fuerte, ágil y competitiva, no lenta.
La clave en Europa, sin embargo, es
la guerra rusa contra Ucrania, el acontecimiento que juzgará nuestra capacidad y voluntad en la historia. Supone además el riesgo más existencial para la supervivencia del proyecto común europeo, ya que un ataque híbrido contra uno de los miembros más pequeños podría llevar a su disolución. Mostrar debilidad en nuestro apoyo militar a Ucrania solo incentivará más ataques, híbridos o no, en territorio de la UE y la OTAN. Hace unos meses, el presidente del Gobierno señaló que "tenemos los Pirineos" como defensa natural y, aunque es cierto,
los ciberataques no se frenan en montañas ni los drones. Más allá, al señalar que España no está en riesgo cuando nuestros aliados más cercanos se sienten amenazados, materializa el objetivo de Putin: debilitar y romper la unidad europea que le planta cara. España debe hacer su parte en este frente, y para ello es imprescindible que Madrid deje de permitir que barcos que transportan gas ruso
estacionen o realicen obras de mantenimiento en nuestras costas, como hacen ahora.
Potencia estratégica en el norte de África
Nuestra proximidad a África siempre ha convertido a España en
un actor de primer orden en el continente africano, sobre todo en el Magreb y al norte del desierto del Sahel. Ceuta, Melilla y las islas Canarias son anclas estratégicas para España en la región, pero nuestros intereses van más allá de estos tres enclaves, y también nuestras preocupaciones.
Esta región puede y debe ser nuestro nicho de competitividad.
El Sahel es la nueva cuna de movimientos terroristas de carácter islamista, con el Estado Islámico reagrupándose en este vasto desierto, al que se suma Jama’at Nusrat al-Islam wal Muslimeen, sobre la que apenas se informa. Este desierto abarca unos tres millones de km², más que Irán, Irak y Siria combinados, y tiene presencia del Grupo Wagner y de grupos de tráfico de drogas y personas. Aun así, es una de las zonas menos habitadas del mundo, con una densidad de 20 hab/km², frente a los 98 hab/km² de España.
Estas características hacen que sea muy difícil monitorear este territorio, lo cual solo ha empeorado después de la salida de
4.300 militares franceses y cientos de militares ingleses. Para empeorar la situación, el Gobierno decidió
desmontar las capacidades de inteligencia españolas, principalmente las del CNI, de la zona, perdiendo visibilidad ante un posible peligro. Occidente está ciego en una de las regiones más peligrosas del mundo, pero España puede ayudar. Mediante una combinación de drones, satélites, investigaciones contra el crimen y la recuperación y ampliación de las capacidades de inteligencia humana,
España puede convertirse en el primer proveedor de inteligencia sobre el continente africano, convirtiéndose en un ancla estratégica en la región. Como describo en la sección sobre las relaciones transatlánticas, este plan puede ayudar con las relaciones con Washington.
"Occidente está ciego en una de las regiones más peligrosas del mundo, pero España puede ayudar"
Europa se queda cada vez con menos aliados en la región. China se ha posicionado a sí misma como el
principal socio comercial y de inversión de decenas de países africanos, creando una relación extractiva en la que
Pekín se apodera de gran parte de sus recursos naturales a cambio de inversiones en infraestructura. Estos países han logrado grandes avances gracias a las inversiones de Pekín cuando Occidente solo sabía dar ayuda humanitaria. Y aunque ahora la UE ha puesto en marcha los proyectos
Global Gateway y el
Corredor de Lobito para invertir en trenes, minerales y capacidad de exportación africanos, España puede aportar más. El
Plan Mattei de la primera ministra Meloni de Italia sitúa a Roma como el principal interlocutor entre Europa y África.
Madrid debería movilizarse diplomáticamente para reforzar nuestro personal político en África, viendo a nuestros vecinos al sur no como menores a los que ayudar, sino como iguales en los que invertir y con los que comerciar. Los planes verdes del Gobierno requerirán grandes cantidades de minerales críticos, hasta ahora controlados por China. Con este plan, España puede posicionar a su industria como la solución para el
de-risking, creando vínculos comerciales e invirtiendo en infraestructura.
En un mundo cada vez más unilateral, donde
los países medianos buscan nichos de competitividad,
España debe mirar al sur. Nuestro país tiene la capacidad única de convertirse en el primer actor occidental en la zona, mediante una combinación de alta capacidad de inteligencia, presencia militar para apoyar a las fuerzas del orden locales, venta de armamento avanzado a estas mismas, como drones, y una fuerza naval para combatir la piratería.
Debemos combinar estos planes con una nueva era de diplomacia económica diseñada para convertir a España en el principal interlocutor entre Europa y el continente más joven del mundo.
El vínculo atlántico
Históricamente, España ha tenido
una vertiente transatlántica que en años recientes hemos dado por sentada y que recientemente hemos dejado de regar.
Washington, seamos realistas
La
relación de Madrid con Washington ha sido la más afectada por la polarización. Lo vimos todos cuando la Casa Blanca
amenazó con cortar las relaciones comerciales con España tras la negativa de Madrid a que aviones estadounidenses apoyaran su operación militar en Irán. También observamos la
negativa del Gobierno a invertir un 5% del PIB en defensa como todos los miembros de la OTAN, o la
imposibilidad de que barcos estadounidenses atracaran en puertos españoles. Volviendo al problema moral,
las políticas de la Administración estadounidense se han presentado erróneamente como algo a lo que hay que oponerse sin reflexión.
Es cierto que la política exterior de Estados Unidos lleva más de una década en proceso de reimaginación, y cada vez Europa importa menos en sus planes, lo cual Washington lleva años comunicando, pidiendo mayores inversiones en defensa. Tanto la
mayoría de los diputados como el público demócrata y republicano apoyan la continuación de la OTAN, pero imaginan
una alianza donde un pilar europeo lidere la presencia militar en el Viejo Continente. En otras palabras, están cansados de liderar un continente con la capacidad económica de defenderse a sí mismo. Los líderes europeos deben abandonar la noción de que estos gastos son una elección y volver a entender la naturaleza de las relaciones internacionales:
si vis pacem, para bellum.
"Los líderes europeos deben abandonar la noción de que estos gastos son una elección y volver a entender la naturaleza de las relaciones internacionales"
Los países de Europa del Este lo entendieron cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, y estaban listos para la penúltima reunión de la OTAN, donde los aliados acordaron gastar un mínimo del 5% en defensa (3,5% + 1,5%). Siendo realistas,
vale la pena mantener la OTAN y es el mejor recurso estratégico de Europa. No para contentar a Washington, sino teniendo en cuenta que el mundo solo se vuelve más peligroso, España debe buscar nichos de competitividad para aportar un valor único a la alianza si no se llega al 5%.
Ser los proveedores de inteligencia, reconocimiento y conexiones en África sería un valor incalculable, sobre todo teniendo en cuenta que el Departamento de Defensa quiere reducir su presencia militar en la región.
De la misma manera, Washington debe
abandonar la retórica sobre Groenlandia y sobre los "malos aliados", que a nadie ayuda. España desplegó a
27.100 militares en Afganistán tras el ataque del 11 de setiembre;
102 españoles murieron en el marco de la misión.
Iberoamérica: un paso más allá
Desde el fin de la descolonización, España se ha esforzado en mantener una relación con Iberoamérica, hablando siempre en un tono cultural y centrándose en
los lazos que nos unen en lengua, historia y religión. Debemos dar un paso más allá.
Es verdad que la cultura que nos une es una oportunidad, pero
los países de América Latina son muy ricos en tierras raras, minerales críticos y, sobre todo, en talento joven y productividad económica. Es un grave error asumir que estos países no tienen interés en formar parte de la cadena de producción global; si así fuera, no aceptarían inversiones chinas en estos sectores, incluyendo el desarrollo de puertos enteros en Perú. Nuestra atención a los lazos comunes debe dar un paso estratégico para posicionarnos como
conector e inversor entre Iberoamérica y Europa. La región lleva décadas buscando inversiones en sectores estratégicos. Teniendo España varios gigantes bancarios europeos,
el Gobierno y la Comisión deberían firmar acuerdos bilaterales para posicionar a los bancos españoles como aportadores de capital a la infraestructura del continente, y a España como primer socio comercial en Europa.
"Nuestra atención a los lazos comunes debe dar un paso estratégico para posicionarnos como conector e inversor entre Iberoamérica y Europa"
Es de gran relevancia también
el ángulo de seguridad. Las organizaciones criminales que producen droga en el hemisferio son las que
la trafican a través de España como mercado de entrada en Europa, poniendo en riesgo miles de vidas y sosteniendo una economía ilegal y una estructura de violencia. Sus operaciones son complejas y globales, con anclas en los países africanos más cercanos a España, incrementando las amenazas a nuestro alrededor. Pese a los años de cooperación,
es importante crear una alianza con gobiernos afines en la región para poner fin a estas organizaciones criminales, un asunto que sería de gran interés para Washington.
La tecnología como herramienta de asimetría
Históricamente, la tecnología ha sido instrumental en los cambios del orden mundial: el Imperio Británico pudo intensificar y expandir su territorio en gran parte gracias a su centralidad en la Revolución Industrial.
La incorporación y difusión de tecnología en la industria nacional es un gran indicador de poder futuro. La IA y la computación cuántica están creando asimetrías de poder. Países como Singapur no cuentan con grandes ejércitos, pero se han posicionado para ser grandes potencias tecnológicas. De la misma manera, aunque por necesidad, Ucrania ha demostrado esta gran capacidad, transfiriendo todas las acciones públicas a una sola aplicación,
DIIA, y convirtiéndose en
el mejor inventor de sistemas de defensa con drones, tanto
hardware como
software avanzados, poniendo en jaque a Rusia.
Hasta ahora, se ha hablado de China y EE. UU. peleándose por quién puede desarrollar el mejor algoritmo más rápido. Es mucho más importante, sin embargo, implementar estos modelos:
de nada sirve tener la mejor IA del mundo si las empresas y los departamentos públicos no la usan. Es por eso que la carrera real está en la capacidad de exportación de sus modelos de IA, mediante una estrategia de difusión centrada en economías de escala. La capacidad computacional para procesar esos modelos de IA determinará, pues, quién recibe los beneficios de la IA, aunque no sea la más avanzada. Es por ello que Emiratos Árabes Unidos se ha propuesto construir un centro de datos con capacidad de
5 GW antes de diciembre de 2026. En este sentido,
las acciones del Gobierno han sido no solo acertadas, sino de liderazgo a nivel europeo, atrayendo proyectos de centros de datos con una
potencia reservada de 12 GW, de los que el sector calcula que entre 2 y 3 GW podrían materializarse antes de 2030.
"La carrera real está en la capacidad de exportación de sus modelos de IA, mediante una estrategia de difusión centrada en economías de escala"
Es preciso, sin embargo, que
el Gobierno redoble sus esfuerzos en la aplicación de la IA a nivel estatal. Muchos trámites burocráticos, como renovaciones de permisos para pequeñas empresas, se pueden y deben hacer de forma automática con IA, aprendiendo del modelo ucraniano y usando la IA. De la misma manera, el Gobierno y la Comisión deberían retirar barreras legales que a día de hoy dificultan enormemente la aplicación de IA en sectores clave como la banca o la automoción.
España puede ser un campeón tecnológico y acelerar la productividad económica gracias a la innovación en IA, o puede que no, pero será imposible que se dé esa situación si no contamos con la
infraestructura física, empresarial y legal para llegar a ese nivel.
Revisión de la política exterior contemporánea
La política exterior, como la doméstica, se basa en
el capital político, el cual es finito. Las causas en las que un gobierno decide gastarlo nos indican sus prioridades. Basándose en esa observación, el Gobierno ha priorizado enormemente
la situación entre pueblos ancianos de Oriente Medio, la relación con China y la confrontación con EE. UU. en el escenario europeo.
Analizando los puntos anteriores,
el interés nacional nos fuerza a hacer las siguientes preguntas:
Oriente Medio
En primer lugar, el conflicto entre los pueblos nativos de la llamada Tierra Santa, pese a inspirar grandes emociones en la imaginación pública,
no altera de manera grave el interés nacional de España. La lejanía geográfica es en parte responsable de la falta de lazos económicos, culturales, políticos o militares. Para ir más allá, España no ha tenido una presencia histórica en Oriente Medio ni lazos fuertes con ninguno de estos dos pueblos. El Gobierno, sin embargo, ha hecho de este conflicto su primera prioridad en el escenario internacional y lo ha caracterizado en términos morales, atrayendo aplausos de muchos grupos, pero también el enfado de inversores y la frustración de aliados europeos y de Washington. Es verdad que esta política ha resultado muy popular en España, especialmente entre grupos progresistas, pero también es verdad que ha sido el propio Gobierno el que ha alentado estos discursos y narrativas.
Hay, pues, un déficit enorme entre el capital político otorgado en esta controversia y el interés estratégico de España en la región.
China
El Gobierno ha hecho también
importantes acercamientos al Gobierno chino. Es buena idea crear relaciones con los múltiples polos de poder para mantener buenas relaciones y obtener los beneficios de ser un conector. Las acciones diplomáticas de los últimos cinco años, sin embargo, son preocupantes, con múltiples diplomáticos europeos advirtiendo que España vota de forma consistente a favor de los intereses chinos en el Consejo de la UE, lo que nos hace perder
credibilidad. La preocupación solo escala considerando que la flota entera de autobuses públicos se ha
dado a BYD, el productor chino, a la par que grandes sectores de las telecomunicaciones nacionales se concedían a la china Huawei, incluyendo
redes del Ministerio de Defensa. Aunque la última decisión fue rescindida, periodistas
revelaron que la agencia catalana a cargo de las telecomunicaciones estaba controlada por un
exdirigente de Huawei, lo que generaba preocupación por los archivos más sensibles de la Generalitat. Y aunque la mayor parte de la Unión Europea ha despertado ante el peligro de la sobrecapacidad industrial china, España decidió abstenerse en la votación sobre los aranceles a los vehículos eléctricos y
aspira a atraer hasta nueve proyectos fabriles chinos, algunos de ellos plantas de ensamblaje.
Sorprende bastante el acercamiento a China debido a la preferencia del Gobierno por las políticas morales: la represión de la libertad de expresión y religiosa en China no ha despertado grandes críticas en Madrid, ni el secuestro de empresarios, ni tampoco las amenazas repetidas contra Filipinas o Japón sobre sus territorios y aguas soberanas, siendo estos aliados de España.
Estados Unidos
La relación de España con EE. UU. vive su peor momento desde 2003. La decisión del Gobierno de priorizar la moralidad sobre el interés nacional ha dañado la imagen de España en Washington. Los roces empezaron con la negativa del Gobierno a participar en la operación Prosperity Guardian contra los hutíes que impedían el tráfico en el canal de Suez, y solo han escalado desde entonces. Es normal que dos presidentes de ideologías diferentes choquen y que la polarización lleve a querer sacar rédito político. Pero siendo EE. UU. uno de los aliados más importantes de España, siendo la OTAN clave para nuestra seguridad y estando Washington buscando aliados con nichos de competitividad, como Japón con el Indo-Pacífico o Polonia frente a Rusia,
España se puede posicionar como el aliado preferente en el norte de África y el Mediterráneo.
Conclusión
España es un país pequeño en un mundo de gigantes. Los intereses estratégicos de diferentes grandes bloques les llevan a chocar entre ellos;
España debe saber esquivar peligros, pero también estar preparada para afrontar cualquier impacto con fuerza. La asignación de gran capital político en asuntos de popularidad política ha obnubilado el interés nacional.
Es preciso recalibrar esta brecha entre intereses y esfuerzos.