Jueves, 6 de agosto de 2026

Por qué más mujeres trabajando no basta

Durante cuatro décadas, la incorporación masiva de las mujeres ha transformado el mercado laboral español, pero la segregación ocupacional apenas se ha movido. Marga Torre, profesora de Sociología en la Universidad Carlos III y experta en segregación ocupacional por género, afirma que hoy "trabajan más mujeres que nunca, pero el mercado laboral español continúa dividido en dos mundos paralelos". El problema no es solo la paridad, sino que "la integración, como el tango, es cosa de dos", concluye la autora.

Marga Torre Marga Torre 8 de enero de 2026
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La autora analiza las desigualdades de género en el mercado laboral de España y otros países. | Unsplash / Vitaly Gariev
La autora analiza las desigualdades de género en el mercado laboral de España y otros países. | Unsplash / Vitaly Gariev
El mercado laboral español acumula cuatro décadas de cambio estructural, marcadas por un mayor nivel educativo, menor peso de la industria, la expansión del sector servicios y mayor centralidad del debate sobre la igualdad de género. Uno de los cambios más visibles en este proceso ha sido la entrada masiva de las mujeres en el mercado de trabajo. A comienzos de los años ochenta, la tasa de empleo femenino se situaba en torno al 25%. En el segundo trimestre de 2025, esta tasa alcanzó el 64%, quedando a apenas 8,6 puntos de la masculina. 

"A comienzos de los años ochenta, la tasa de empleo femenino se situaba en torno al 25%. En el segundo trimestre de 2025, esta tasa alcanzó el 64%"
A pesar de estos avances, hay un indicador clave que apenas se ha movido en los últimos veinte años: la segregación ocupacional por género. Hoy trabajan más mujeres que nunca, pero el mercado laboral español continúa dividido en dos mundos paralelos. Según datos de la Encuesta de Población Activa, más de la mitad de las mujeres españolas siguen concentradas en sectores donde son mayoría. El Índice de Disimilitud de Duncan y Duncan —que indica qué porcentaje de personas tendría que cambiar de empleo para lograr una distribución equilibrada entre hombres y mujeres— cayó con rapidez en los años noventa, pero desde entonces permanece prácticamente estancado. Entre 2005 y 2024 solo ha descendido del 55% al 51%.
¿Por qué persiste la segregación en un contexto de fuerte avance educativo y laboral de las mujeres?

Una mitad que no se mueve

La segregación ocupacional es un fenómeno complejo y con muchas aristas, pero presenta tres dinámicas especialmente relevantes. La primera es que la desegregación se ha producido de forma casi unilateral. Mientras las mujeres se han ido expandiendo en el mercado de trabajo y han accedido a muchas ocupaciones tradicionalmente masculinizadas, la proporción de hombres en empleos feminizados apenas ha cambiado en los últimos treinta años. El gráfico 1 lo muestra con claridad. Tanto cuando clasificamos las ocupaciones como feminizadas —aquellas con más de un 66 % de mujeres— como si las definimos como estereotipadas —vinculadas a la salud, los cuidados y la educación—, observamos que la presencia masculina apenas varía con el paso del tiempo. Este patrón persiste en las economías desarrolladas incluso tras la desindustrialización y las sucesivas crisis económicas, que destruyeron empleo a gran escala en sectores tan marcadamente masculinizados como la construcción.
 

Esta asimetría obedece a una combinación de factores. Por un lado, las ocupaciones masculinizadas son más numerosas y diversas que las feminizadas, lo que permite a los hombres elegir entre un amplio abanico de trabajos sin cruzar barreras de género. Por otro lado, los empleos con alta presencia femenina suelen estar peor valorados y ofrecen menores recompensas, tanto económicas como simbólicas. A ello se suma que los hombres que acceden a profesiones socialmente percibidas como "femeninas" afrontan estigmas y prejuicios que actúan como un freno adicional. 

(De)segregación de clase 

Un segundo aspecto clave es que la desegregación ha avanzado de forma muy desigual según la clase social. Las mujeres con mayor capital educativo acceden cada vez más a profesiones liberales y directivas, donde se ha alcanzado cierto grado de paridad. En cambio, en las ocupaciones de cuello azul la segregación por género sigue siendo muy elevada. En estos trabajos, los hombres se concentran principalmente en ocupaciones manuales cualificadas y bien remuneradas, como la carpintería, la fontanería o la electricidad. Las mujeres, en cambio, lo hacen en ocupaciones manuales no cualificadas, asociadas a tareas rutinarias como la limpieza, la ayuda en cocina o las cadenas de montaje, caracterizadas por salarios más bajos y menor estabilidad.

"En las ocupaciones de menor cualificación, la ausencia de credenciales formales hace que la contratación sea más discrecional y favorece la reproducción de entornos dominados por un solo género"
La
investigación apunta a dos factores principales para explicar estas diferencias de clase. Por un lado, en las ocupaciones de menor cualificación, la ausencia de credenciales formales hace que la contratación sea más discrecional y favorece la reproducción de entornos laborales dominados por un solo género. Por otro, en las familias de clase trabajadora, la transmisión de expectativas de género de padres a hijos y de madres a hijas tiende a ser más intensa, lo que influye de forma decisiva en sus trayectorias laborales.

Paridad sin integración

Las políticas públicas en las economías desarrolladas han impulsado iniciativas para atraer a las mujeres a ámbitos masculinizados, mejorar la conciliación y ampliar el uso de cuotas en espacios políticos y consultivos. Aunque estas políticas han tenido efectos visibles, la paridad numérica no garantiza por sí sola la igualdad real. A medida que aumenta la presencia femenina, los hombres tienden a activar mecanismos de exclusión sutiles —como la homofilia de género, el tokenismo o los llamados "clubes de chicos"— que neutralizan parte de los avances. En un trabajo reciente con Iñaki Úcar y Jesús A. Prieto sobre patrones de colaboración en publicaciones científicas observamos este fenómeno con claridad: en las áreas donde la presencia femenina se aproxima al 40%, la colaboración entre hombres y mujeres cae a sus niveles más bajos. Ante las presiones, algunas mujeres acaban abandonando estos ámbitos.

"A medida que aumenta la presencia femenina, los hombres tienden a activar mecanismos de exclusión sutiles que neutralizan parte de los avances"
Los estudios sobre movilidad ocupacional refuerzan esta conclusión. En un
estudio junto con Jerry A. Jacobs analizamos los flujos entre ocupaciones tipificadas por género en Estados Unidos entre 1980 y 2020, y observamos que la entrada de mujeres en ocupaciones masculinizadas va acompañada de un aumento de las salidas. Esta especie de "puerta giratoria" contribuye a reproducir los niveles de segregación.

Consecuencias y retos del estancamiento

La segregación ocupacional tiene efectos económicos, al desaprovechar talento y limitar la productividad; efectos individuales, al reforzar la brecha retributiva, y efectos culturales, al perpetuar estereotipos sobre los roles "propios" de mujeres y hombres. El diagnóstico es claro: la segregación retrocede lentamente y lo hace de forma desigual. Romper esta dinámica y avanzar hacia una integración efectiva —de género y de clase— no es solo una cuestión de justicia social, sino una condición necesaria para construir un mercado laboral equilibrado, sostenible y verdaderamente inclusivo. Lograrlo requiere implementar políticas de igualdad que actúen en ambos sentidos. La integración, como el tango, es cosa de dos.
En colaboración con la Fundación "la Caixa"
Marga Torre
Marga Torre
Profesora titular de Sociología en la UC3M
Es profesora titular de Sociología y codirectora del Máster en Ciencias Sociales Computacionales en la Universidad Carlos III de Madrid. Su investigación se centra en las desigualdades sociales en el mercado laboral desde una perspectiva cuantitativa. Es editora asociada de la revista 'European Societies' y responsable del grupo de investigación Estructura Social y Población.
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