Contemplo las fotografías de consejos de dirección, de reuniones de alto nivel, de representantes de los agentes económicos, todas ellas guardadas en mi álbum personal de imágenes. Y, a pesar de que estamos en 2025 y de que soy consciente de los esfuerzos colectivos por cambiar las cosas, una ausencia sigue destacándose con claridad: ¿dónde están las mujeres?
"La economía es un reflejo directo de las vidas de todas las personas, y las mujeres, al igual que los hombres, son actores cruciales en este escenario"
Treinta años han transcurrido desde que nos sumergimos en las páginas de La ventaja de ser mujer, el libro de Sally Helgesen y de
Dirección Femenina, de Marylin Loden, erigidos en superventas dentro del universo del
management femenino.
Las autoras, con ejemplos tangibles, defendían que las mujeres aportaban a las organizaciones un estilo más directo, cercano, cálido y horizontal, en contraposición a las estructuras rígidas y distantes del liderazgo tradicional. "Nosotras creamos conexiones, no jerarquías. No corremos un maratón, sino una carrera de relevos", proclamaba Gloria Steinem, con su voz convertida en himno de transformación. Este modelo renovado, con su propuesta de mayor colaboración y entendimiento, parecía justo lo que la sociedad emergente de los noventa, global y tejida con nuevos lazos, necesitaba. El impacto, se decía, sería doble: la creciente presencia de mujeres en puestos de poder y la implementación de un liderazgo más humano y equitativo. Pero, al mirar el panorama actual, ¿qué queda de esas expectativas tan prometedoras?
El mundo de la empresa, y el de la economía en general, ha sido históricamente considerado un territorio predominantemente masculino, como si el entendimiento de los flujos financieros, el análisis de mercados y la gestión de recursos fuera un asunto ajeno a las mujeres. Sin embargo, la realidad es otra: la economía es un reflejo directo de las vidas de todas las personas, y las mujeres, al igual que los hombres, son actores cruciales en este escenario. Su presencia y participación activa en la creación de políticas económicas, en la dirección de empresas o en la toma de decisiones financieras es fundamental para construir un sistema más justo y equitativo. Pero no solo. El mundo económico necesita a las mujeres para ser más rentable, más rico y más ético.
Sin embargo, paradójicamente, el hecho es que las mujeres merman en puestos de decisión, en lugar de avanzar. Un informe de McKinsey en 2023 analizó a cuarenta y cinco empresas con más de 300.000 personas trabajadoras, y concluyó que solo el 6% de las direcciones generales en España son ocupadas por mujeres. Poco después, la consultora Lee Hecht Harrison confirmó una disminución de mujeres directivas al analizar a más de 500 líderes en España, Francia, Países Bajos, Suiza y Reino Unido. Solo un 24% de cargos directivos son femeninos.
"El mundo económico necesita a las mujeres para ser más rentable, más rico y más ético"
En nuestro país, el Observatorio Mujer, Empresa y Economía de la Cámara de Comercio de Barcelona alertaba también de que el Indicador de Igualdad de Género encontraba una caída importante de directivas: eran un 33% en 2023 respecto al 39% del año 2000. Hoy por hoy, aunque con algunos altibajos, la tendencia general en Europa sigue siendo a la baja.
En cambio, la percepción social es exactamente la contraria. Se considera que el aumento de mujeres en el mundo económico es lineal, en progreso constante, e incluso se cree que las mujeres "se están pasando con sus reivindicaciones", según algunas encuestas. Existe el convencimiento de que la igualdad se ha logrado. Esta curiosa disparidad cognitiva entre el imaginario social y la realidad es uno de los factores que debemos afrontar para cambiar la situación.
Porque lo cierto es que los datos que muestran los beneficios de tener mujeres en la economía son abrumadores. El informe Women in Business de 2024 encontró una correlación entre la presencia de mujeres en alta dirección y mejores expectativas de beneficios en empresas medianas. Entre las que prevén un aumento en sus beneficios en los próximos doce meses, la proporción de mujeres en alta dirección alcanza el 35%, por encima del promedio global de 33,5%. Por su parte, el fondo inversor más grande del mundo, Blackrock, demostró en 2023 que tener mujeres en los equipos directivos tiene beneficios económicos. Señaló una ganancia de más del 1,6% en rendimiento sobre los activos en aquellas empresas con más mujeres en puestos de decisión. El estudio
Mejorar el rendimiento financiero invirtiendo en las mujeres se realizó sobre 1.250 empresas, una muestra claramente representativa.
También McKinsey en 2022 analizó 13.000 compañías de todo el mundo, mostrando que tres de cada cuatro empresas del sector privado que han incluido a mujeres en su directiva han incrementado sus beneficios. Este aumento se sitúa entre el 5% y el 20%, unas cifras difíciles de alcanzar a través de otras medidas que, además, suelen implicar más recursos económicos y humanos.
Ya en 2020, un estudio del Fondo Monetario Internacional que había analizado dos millones de empresas en treinta y cuatro países europeos encontró que el solo hecho de contar con una mujer más en la dirección o en una junta corporativa se relacionaba con un rendimiento de los activos entre ocho y trece puntos básicos más alto.
"Si no se aprovecha el talento femenino y las mujeres están por debajo del nivel que les corresponde, la empresa pierde su capacidad, conocimiento y aportaciones"
Todas ellas son evidencias de que las mujeres son necesarias para la economía. Queda claro que los equipos mixtos son los que mejor funcionan: inteligencia y creatividad de mujeres y hombres trabajando juntos. Si no se aprovecha el talento femenino y las mujeres están por debajo del nivel que les corresponde, la empresa pierde su capacidad, conocimiento y aportaciones.
A la luz de estos datos, ¿por qué disminuyen las mujeres en puestos de dirección? Precisamente debido a prejuicios, estereotipos y errores de actuación en las organizaciones que debemos superar.
Europa tiene grandes desafíos en el corto y medio plazo, entre ellos, el de lograr mayor eficiencia e innovación, como ha destacado Ursula von der Leyen en su plan económico para 2025. Ninguno de estos dos motores se logrará prescindiendo de las mujeres. Las profesionales siguen ahí, navegando contra viento y marea, superando prejuicios, afrontando miedos e imposturas, haciendo malabarismos para conciliar trabajo y vida personal, sorteando el edadismo y, en definitiva, oponiéndose a los muros cotidianos, habilidades e inteligencia, esfuerzo y empatía.
Ahora solo falta que la sociedad responda con igual compromiso, asumiendo el grito sufragista "
Deeds, not words" —hechos, no palabras—. Ojalá sea cierto que cada cambio aparenta ser un fracaso cuando va por la mitad. Entonces estaremos a un paso de atravesar, con éxito, la zona de peligro, el retroceso, la desigualdad.