Martes, 18 de agosto de 2026
CONVERSACIONES

"Las mujeres que permanecen en el poder lo hacen con costes muy elevados, personales y profesionales"

Agenda Pública ha citado en la plaza del Rey, antigua sede del Lyceum Club Femenino, a Nuria Varela, autora feminista de éxito para conversar acerca de su último libro 'El síndrome Borgen', junto a Argelia Queralt, vocal recién electa del Consejo General del Poder Judicial. La conversación aborda la expulsión de las mujeres y el feminismo del poder efectivo así como las realidades del feminismo en 2024.

Agenda Pública Agenda Pública 29 de septiembre de 2024
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El Lyceum Club Femenino fue una asociación de mujeres que funcionó en Madrid entre los años 1926 y 1939. Entre el importante número de socias puede destacarse a su impulsora y presidenta, la escritora María de Maeztu. Tuvo su primera sede en la madrileña Casa de las Siete Chimeneas.

El Lyceum fue fundado por un centenar de mujeres de ámbitos ilustrados, siguiendo el ejemplo del primer lyceum creado en 1904 en Londres. El objetivo del lyceum era la defensa de los intereses de la mujer, al tiempo que les facilitaba un lugar de encuentro y promovía el desarrollo educativo, cultural y profesional de las mujeres, así como facilitaba la organización de obras de carácter social. 

Cerca de la Casa de las Siete Chimeneas, en la misma plaza del Rey de Madrid, nuestro consejero Jordi Sevilla ha reunido a la escritora y periodista Nuria Varela y a la vocal del Consejo General del Poder Judicial, Argelia Queralt. Nuria Varela es autora del libro El síndrome Borgen. Por qué las mujeres abandonan la política

"Las que permanecen en el poder lo hacen habitualmente con costes muy elevados, sobre todo en salud. Además, rara vez, a pesar de ejercer poder y permanencia, modifican las condiciones de vida del resto de las mujeres, en el caso de que lo intenten, que no todas lo hacen". Esta frase, que también hemos elegido como titular, es el resumen de esta conversación entre dos mujeres comprometidas con el derecho de las mujeres a ocupar puestos de poder, a que puedan permanecer en este y a que cuando puedan lo hagan en beneficio de la defensa de "la mitad de la sociedad". 

"El feminismo es una historia de éxito", pero las dos coinciden en que "estamos es en un momento de exigir una profunda reflexión sobre por qué se ha abandonado la igualdad o por qué se ha convertido la igualdad en una retórica". Así termina la conversación que, magníficamente moderada por Jordi Sevilla, publicamos hoy como parte de nuestro esfuerzo permanente por ayudar a desarrollar un mejor criterio sobre los principales retos de la sociedad. La posición de la mujer en la sociedad sigue siendo uno de los principales retos de nuestra sociedad. 
 

La Casa de las Siete Chimeneas, en la plaza del Rey, fue la sede del Lyceum Club Femenino de Madrid. Foto: Agenda Pública


Nuria, has escrito ahora un libro que se llama El síndrome Borgen. Por qué las mujeres abandonan la política. ¿Podrías contarnos qué es el síndrome Borgen? 

Nuria Varela (N. V.): Es una reflexión sobre la presencia y la ausencia de las mujeres en el poder. Está muy circunscrito a la política, pero lo podemos ver y vivir en todos los ámbitos de poder. Me baso en la serie danesa Borgen porque ilustra situaciones tremendamente sutiles de expulsión de las mujeres del poder. Los guionistas leyeron muy bien el momento político en el que estábamos y pusieron prácticamente todos los síntomas del síndrome. Vivimos la paradoja de que, ahora mismo, la mitad o más de las mujeres en el mundo no disfrutan de ningún derecho fundamental.

"Que haya mujeres en puestos de poder no significa que tengan poder ni que puedan ejercer ese poder"
Nuria Varela


No tienen derecho, en muchos casos, ni a la vida. La otra mitad, por hablar así a brocha gorda, son las mujeres que viven en democracias o en sistemas más o menos democráticos y pueden llegar a casi cualquier puesto de poder. Ahora bien, casi ninguna consigue ejercer ese poder ni, mucho menos aún, consigue permanecer en el poder. Las que permanecen lo hacen habitualmente con costes muy elevados, sobre todo en salud. Además, rara vez, a pesar de ejercer poder y permanencia, modifican las condiciones de vida del resto de las mujeres, en el caso de que lo intenten, que no todas lo hacen. 

Podríamos decir, pues, que aquellas mujeres que consiguen, al menos en el ámbito de la política, romper el techo de cristal, acaban siendo expulsadas con relativa facilidad porque se genera un clima adverso. 

N. V.: Sí, por las dos cosas. Porque es un clima demasiado masculino, o estereotipo de lo masculino. Y porque también la igualdad, yo creo que lo mismo es una retórica, se ha quedado sin contenido. Son expulsadas porque no tienen poder. Que las mujeres lleguen a distintos puestos no significa que tengan poder ni que puedan ejercer ese poder.
 

Nuria Varela, Argelia Queralt y Jordi Sevilla llegan a la plaza del Rey. Foto: Tania Sieira / Agenda Pública


Argelia, tú lo has vivido también en el ámbito profesional. Ahora mismo acabas de romper un techo de cristal. Has sido nombrada vocal del Consejo General del Poder Judicial. ¿Tienes la sensación de que te has sentido incómoda y que el medio, el contexto, los hábitos y las costumbres no estaban hechos para ti?

Argelia Queralt (A. Q.): Claramente. Los ámbitos profesionales, sobre todo en los que nos movemos nosotros, están hechos a imagen y semejanza del hombre, no de las personas, sino de los hombres, de las necesidades de los hombres y de los modos de los hombres. Cuando nosotras hemos empezado a llegar al mercado laboral, nos encontramos con que para poder trabajar y conciliar —que es una palabra que me da miedo porque me parece casi maldita— tienes que hacer unos esfuerzos ímprobos. Una de las finalidades que tiene el feminismo no es solo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, sino también cambiar esas estructuras para que tanto hombres como mujeres podamos participar de igual manera en la vida profesional y personal.

"Es importante hablar de las mujeres en el poder, que tienen ambiciones y que no quieren renunciar a su espacio privado"
Argelia Queralt


Tengo colegas, normalmente mujeres, pero también algún colega hombre, que se han quejado de que no podían estar con sus hijos pequeños o cuidar a sus mayores. Yo vengo de la universidad, que quizás es un ambiente más fácil para la conciliación. Pero cuando he trabajado en el Tribunal Constitucional, me he encontrado con muchas más trabas, protestando bastante, lo cual no siempre está bien visto, y reclamando espacios propios. A pesar de hacer el trabajo correspondiente, te vas haciendo un poco de hueco y logras algunos espacios que te permiten trabajar. Es importante hablar de las mujeres en el poder, de aquellas que tienen ambiciones y que no quieren renunciar a su espacio privado, que no pasa necesariamente por cuidar a los hijos o a los mayores, sino también por poder salir con amigos.

Los estereotipos de género siguen existiendo. Fui el primer diputado que cogió un permiso de paternidad cuando no existían los permisos de paternidad. Recuerdo la sorpresa que generó, en el hemiciclo y en el mundo periodístico, el que un hombre se cogiera un permiso de paternidad. Ha habido una buena parte de la historia del feminismo moderno que ha ido por romper el techo de cristal, pero, Nuria, tú también insistes en tu libro en que puede que eso no haya sido suficiente. Porque al final, rompes el techo de cristal, llegas, pero si no te comportas como un hombre, no aguantas. El puesto no está hecho más que para hombres, que se supone que no se ocupan de la familia.

N. V.:
Tenemos que ir más allá de la conciliación y de quién hace la comida o quién cuida. Al final, eso es un reflejo de la falta de poder de las mujeres. Es una consecuencia, no es el origen del conflicto. Tú decías que la universidad es más proclive a la conciliación. Sí, pero al feminismo no, desde luego. La universidad es parte del problema. El origen está en que los puestos de responsabilidad y la toma de decisiones no están compartidos. 

"El feminismo, de pronto, después de tres siglos, en los últimos tres años, ha sido desprestigiado"
Nuria Varela


En el libro lo explico en tres escalas: uno, la expulsión y utilización de las mujeres. Se las mete en una rueda, porque en la foto tiene que haber mujeres. Están en la rueda dando vueltas, pero el poder político las coge, las exprime y las expulsa. Dos, la expulsión de las feministas. Y tres, la absoluta negación del feminismo. Entonces, hay una brecha, las mujeres utilizadas para la foto, la retórica de la igualdad, la expulsión de las feministas de la toma de decisiones y la expulsión del feminismo, que es quizá lo más doloroso; cómo esta teoría política sin mancha, de pronto, después de tres siglos, en los últimos tres años, ha sido desprestigiada.
 

Nuria Varela y Argelia Queralt en conversación con Jordi Sevilla. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira.


A pesar de la paridad, como tú dices en el libro. Es decir, la paridad no necesariamente se interpreta solo en términos feministas, sino muchas veces en términos de parapeto o en términos de apariencia.

N. V.: La paridad es un instrumento que es absolutamente necesario, porque vemos que, donde no hay paridad, no hay mujeres. Además, es de los instrumentos más fáciles de medir, es el más cuantificable. Pero la paridad en sí misma no nos asegura permanencia, y la paridad sin permanencia no es toma de decisiones ni tampoco, por supuesto, significa que las mujeres que permanecen sean feministas ni piensen en políticas que mejoren la vida de las mujeres.

"La paridad no asegura permanencia, y la paridad sin permanencia no es toma de decisiones ni tampoco, por supuesto, significa que las mujeres que permanecen sean feministas ni piensen en políticas que mejoren la vida de las mujeres"
Nuria Varela


A. Q.: Desde el derecho constitucional, hace ya un tiempo que nos esforzamos en distinguir la paridad de la igualdad. Porque la paridad es un elemento necesario de las democracias modernas. Cuando se habla del contrato social y de Rousseau, Montesquieu, etc., nadie explica que el pacto, la estructura jurídico-política del Estado de Derecho, está construido sobre un pacto sexual en el que la mujer se queda en casa para que los hombres puedan hacer lo público. Y eso puede sonar un poco simplista, pero sobre eso que se construyen nuestras sociedades modernas. Entonces, la paridad, lo que viene a romper es ese pacto, intenta romperlo en lo democrático para que haya visibilización.

El Síndrome Borgen valora diferente a las mujeres que ocupan posiciones de poder. Argelia, fuera del ámbito estricto de la política, ¿como mujer te has visto valorada con criterios distintos a los que se la aplicarían a un hombre? 

A. Q.: Estaba leyendo el libro de Nuria e iba rememorando cosas que me habían sucedido o historias que he conocido. Como ejemplo pondría que rehagan tus ideas, que un hombre repita lo mismo que tú has dicho hace cinco minutos y la reacción sea diametralmente opuesta. Eso es minusvalorar a las mujeres por sistema, por el hecho de ser mujer. Sobre todo cuando eres joven cuesta mucho que te hagan caso, cuando a un compañero de la misma edad sí que se le escucha y valora.

Recientemente he escrito un artículo sobre la discriminación en las redes sociales de las mujeres y digo que es una forma de desinformación, que es un término que está ahora tan de moda, porque al fin y al cabo desdibuja la imagen y el poder real que podemos tener las mujeres. 

Y al hilo, me leí un artículo de unas profesoras en la Virginia Law Review americana; habían realizado un estudio del comportamiento de los jueces y juezas del Tribunal Supremo americano, de cómo se respetaban o no los turnos de palabra y cuántas veces se interrumpían a las juezas. Entre ellas estamos hablando de Ruth Bader Ginsburg, es decir, de personalidades muy fuertes. Claramente, los hombres tendían a interrumpir mucho más a sus colegas mujeres, tendían a rehacer las ideas y a cuestionar lo que planteaban. Se trata de estudios publicados por revistas muy prestigiosas sobre un órgano como es el Tribunal Supremo americano. Claro, las demás, ¿os imagináis cómo nos sentimos a veces?

"Qué mal le sienta ese traje". ¿Las mujeres sufren una mayor exposición al comentario crítico de su aspecto, de cómo van vestidas o cómo se han peinado?

N. V.: Mira Angela Merkel, que se ganó el respeto de todos. Se metían con sus chaquetas y su bolso. Con la nueva presidenta del Supremo, el primer día, el comentario fue que llevaba sandalias; que era un modelo inadecuado. ¿Qué quiere decir esto? Que no hay salida. Es como la maternidad; para las mujeres no hay salida. Si tienes hijos, si les dedicas tiempo, eres mala en tu trabajo, sea cual sea tu responsabilidad.

Si eres hombre, eres muy dedicado a tu trabajo.

N. V.: Sí, ahora, si eres mujer y te dedicas mucho a tu trabajo, eres una pésima madre. Entonces, no hay salida. Por no hablar de los procesos naturales, los embarazos, la menopausia… Todo lo que tiene que ver con el cuerpo de las mujeres se desconoce.

A. Q.: Es un tabú. 
 

"El feminismo, de pronto, después de tres siglos, en los últimos tres años, ha sido desprestigiado". Foto: Agenda Pública/Tania Sieira


Estamos cayendo en un cierto pesimismo y nosotros defendemos una visión más optimista. Pero hay un tema recurrente en el libro en el que insistes, y es que hay mujeres que, cuando llegan a posiciones de poder, en política o en el mundo privado, tienden a comportarse como hombres. No a defender otro planteamiento, no a promocionar una visión diferente de abordar las cosas.

N. V.: El enemigo sigue siendo el patriarcado.

Sí, pero puede haber mujeres patriarcales.

N. V.: Sí, claro. ¿Llegan a puestos de responsabilidad realmente mujeres muy beligerantes con el patriarcado? Pues no. Para la democracia es fundamental la participación de las mujeres, porque sin mujeres no hay democracia.

Hago spoiler pero diré cómo termina el libro: "Y sin embargo, se mueve". Yo sí soy muy pesimista, a pesar de que termino diciendo eso, que efectivamente estos tres siglos de feminismo no han transcurrido muy bien. 

Ahora, por lo menos, es un comportamiento reprochable socialmente.

N. V.: No creas, no tanto, no por todo el mundo. Es que hay mucho discurso vacío.

A. Q.: En eso estoy de acuerdo. Vacío y muy dañino.

¿Por qué dañino?

"Tuve que escuchar cómo algunas de mis colegas mujeres del ala conservadora hablaban de discriminación positiva, de por qué estábamos otra vez con la cuestión identitaria, de que les ofendía estar incluidas en la cuota"
Argelia Queralt


A. Q.: Porque es absolutamente reaccionario. Esto lo puedo decir porque está en el acta del pleno del CGPJ: el primer día presentamos a tres mujeres excelentes para presidir, que eran irreprochables, y tuve que escuchar cómo algunas de mis colegas mujeres del ala conservadora hablaban de discriminación positiva, de por qué estábamos otra vez con la cuestión identitaria, de que les ofendía estar incluidas en la cuota.

Más allá de explicar un poco que esto no era ni identitario, tuve que cuestionar su planteamiento preguntándoles que si pensaban que las que estábamos allí habríamos sido elegidas para el consejo. Yo tengo dudas, partiendo de que todas somos excelentes. Pero entonces viene el otro discurso: "Yo estoy aquí por mis méritos y yo no soy cuota".

La cuota genera mucho rechazo, pero el discurso de la meritocracia a mí me genera un rechazo similar. Porque sí, habrá tres o cuatro mujeres de clase humilde que hayan llegado muy lejos, pero, en general, las mujeres que han llegado lejos, sobre todo en determinados ambientes, es porque vienen de condiciones privilegiadas. Y no me refiero a ser rico, sino que ser privilegiado es una clase media que puedes estudiar. Eso también afecta a los hombres ahora, porque el ascensor social se ha frenado. Pero en el caso de las mujeres es todavía peor. Y entonces, cuando estas mujeres hablan, no hay que echarles la culpa. No hay que culpabilizarlas, porque al final hay un elemento de que a las mujeres se nos exige ser feministas, ser guapas, ser buenas madres, ser todo.

N. V.: La culpa no es de ellas.

A. Q.:  No hay que exigir. Ellas no estaban en el pacto inicial, efectivamente, pero no a todas las mujeres se nos tiene que exigir en todo momento tener que representar todos los valores del feminismo. En todo caso, al final, es el patriarcado el que acaba construyendo el marco de referencia en el que nos tenemos que seguir moviendo.
 

"El feminismo es una historia de éxito". Foto: Agenda Pública / Tania Sieira

 

Siguiendo con esto, hay dos cosas que tú también comentas en El síndrome Borgen. Una, ¿hasta qué punto una parte de este discurso antifeminista no es una reacción de miedo, machista o del patriarcado, frente a los avances incuestionables que ha tenido el feminismo estos últimos tiempos? Y dos, ¿hasta qué punto todo el debate en torno a lo trans ha debilitado explícitamente el movimiento feminista?

"Una parte de la izquierda, y también del feminismo, se ha aliado con la posmodernidad"
Nuria Varela


N. V.: Las democracias están en un momento muy complejo, así que el feminismo también y la situación de las mujeres también. Hay tres factores concretos que yo destacaría. Uno, el que acabas de señalar: la reacción patriarcal frente al miedo a perder privilegios en el sentido amplio. Dos, el ascenso de los populismos y la ultraderecha, que tiene mucho que ver con el tercero, que es la aparición o la alianza de una parte de la izquierda, y también de una parte del feminismo, con la posmodernidad. 

La ausencia de un sujeto político ha permitido que la posmodernidad intente apropiarse del feminismo, utilizando a las mujeres como su sujeto político. En lugar de crear una alianza que frene a la ultraderecha y la reacción patriarcal, hemos abierto el camino al populismo de extrema derecha. En el núcleo de nuestras democracias, las desigualdades —incluidas las que afectan a hombres y mujeres— se han normalizado. Esto ha dejado la puerta abierta a los discursos supremacistas del populismo y la ultraderecha, que cuestionan no solo el género, sino también la raza y la clase.

"Tres corrientes convergentes —la reacción patriarcal, el auge de la ultraderecha y la influencia de la posmodernidad— han terminado por dañar al feminismo y facilitar la expansión del populismo de extrema derecha"
Nuria Varela


Cuando nuestras democracias no reaccionan ante hechos graves, como la violencia de género, los feminicidios, el aumento de agresiones sexuales a menores, se legitima la desigualdad. Si la sociedad no se inmuta ante estas realidades, ¿por qué lo harían ante los discursos de la ultraderecha y los populismos? En este contexto, estas tres corrientes convergentes —la reacción patriarcal, el auge de la ultraderecha y la influencia de la posmodernidad— han terminado por dañar al feminismo y facilitar la expansión del populismo de extrema derecha.

A. Q.: Una parte de la izquierda, del feminismo, ha convertido la defensa de lo trans en una cuestión identitaria.

Ahí es cuando se producen, desde mi punto de vista, los problemas. Las mujeres estamos todo el día tapando agujeros, como si hubiera goteras por todas partes. Con el tema de lo trans, no por los trans, sino por el tratamiento que se ha dado a la cuestión y, además, no transexual, sino transgénero, que son realidades diferentes, nos han abierto una grieta más. Estamos generando problemas dentro de nuestro propio pensamiento o teoría política; se está dificultando que se puedan hacer argumentaciones, porque además nos están convirtiendo en parte del problema, cuando en realidad no lo somos. Porque, de hecho, el feminismo lo que busca no es la igualdad solo de hombres y mujeres, sino cambiar la estructura para que haya una situación de igualdad y de equidad. 

"Una parte de la izquierda, del feminismo, ha convertido la defensa de lo trans en una cuestión identitaria"
Argelia Queralt


No ha habido un debate, ese es el problema.

N. V.: El feminismo no es una teoría de la identidad, es una teoría de la igualdad, es una teoría política. La teoría queer es una teoría de la identidad. No tienen prácticamente en común más que el enemigo del patriarcado, pero la teoría queer ni siquiera lo llama patriarcado…

Se ha transformado en política de identidad. Entonces, hay una ocupación del feminismo. El feminismo debe ser emancipatorio. Lo que no es emancipatorio, no es feminismo.

A. Q.: Cuando todavía no hemos sido capaces de construir jurídicamente el sujeto político mujer en igualdad de derechos y con una posición de igual a igual con el hombre, se nos están intentando incorporar otras cuestiones que entorpecen, y ahora no hablo de las personas, sino conceptualmente, la construcción de ese sujeto político que todavía no está bien definido y que se sigue cuestionando como sujeto político de primer nivel, en igualdad de condiciones que con los hombres. 

"Las mujeres son la mitad de la sociedad y, por definición, no pueden ser un colectivo"
Argelia Queralt


Las mujeres son la mitad de la sociedad y, por definición, no pueden ser un colectivo. Y las políticas públicas para los colectivos no son lo mismo que las políticas públicas para la mitad de la población. Eso no es estar en contra de o de ser transfoba, sino que son realidades diferentes que además necesitan respuestas diferentes.

¿Hasta qué punto, apearse del patriarcado, no libera también de alguna manera a los hombres?

N. V.: No puedo estar más en contra de ese planteamiento. Solo nos faltaba también ocuparnos de la liberación del hombre. Cuando además lo hemos hecho, porque, además te digo, los permisos de paternidad los ha conseguido el feminismo, el matrimonio homosexual… El feminismo es una teoría política que quiere acabar con la opresión de las mujeres.

Pero quiero decirte que, para una parte importante de los hombres, dejar de oprimir entre comillas a las mujeres o sin comillas a las mujeres, también es liberador.

N. V.: De acuerdo. No sé a qué estáis esperando.

Touché. Argelia, en tu carrera profesional —esta es una pregunta a la que puedes no contestar—, ¿te has sentido acosada alguna vez?

A. Q.: Debo decir que no, pero también debo decir que he tenido un perfil bastante duro en algunas ocasiones. Soy consciente de que algunos colegas consideran que soy un poco borde y quizá ha sido una coraza inconsciente que me he construido porque, aunque no lo parezca, soy tímida. Y a veces, para poder salir por el mundo, por ejemplo, en congresos, te tienes que poner la coraza para socializar. Pero de hecho, en una comida con más colegas, a un profesor que se acercaba mucho, le dije: "Yo soy de la generación Dirty Dancing. Este es tu espacio, este es mi espacio". Para los que no hayan visto Dirty Dancing, lo siento, pero hay un momento clave en la película. Nunca me he sentido acosada, pero porque ya digo que he sido un poco guerrera en ese sentido.
 

"Las mujeres son la mitad de la sociedad y, por definición, no pueden ser un colectivo". Foto: Agenda Pública / Tania Sieira


No te has sentido acosada, pero sí que has estado pendiente de evitar el acoso.

A. Q.: Sí, a veces inconscientemente. Es decir, el acoso forma parte de la convivencia de una mujer. No necesariamente el acoso del tipo señor "baboso". Pero sí que algunos hombres con los que no tienes confianza se acerquen demasiado para hablarte, te toquen o directamente te cojan de la cintura o de la cadera. Un ejemplo cotidiano que me cuestiono son los dos besos a la hora de presentarte o saludar a alguien que no conoces. Todo el mundo me dice: "Es una borde". Y yo me pregunto "¿por qué yo a un señor que no conozco de nada y que, seguramente no voy a volver a ver en mi vida, le tengo que dar dos besos y en cambio ese señor, a un señor en la misma situación, le da la mano?". No tengo problema en dar besos, pero a quien yo elija. Para mi es una invasión de mi espacio físico.

Creo que deberías preguntarle a Nuria por el esfuerzo de ser feminista.

A ver, adelante, porque ya está hecha la pregunta. Incluso en partidos de izquierda.

N. V.: En los partidos de izquierda sigue siendo muy difícil también. El precio de ser feminista es altísimo. Hay una parte del precio que lo damos por descontado. El precio en tu carrera profesional, en tu carrera laboral, el precio en muchas relaciones. 

"No, no, claro, seguir así vosotras", te dicen. Yo no he venido al mundo para pelearme con todo el que me encuentre en mi camino, ¿qué quieres que te diga? Yo he venido al mundo como todo el mundo, a disfrutar, a construir todo lo que pueda. 

"La derecha ha transformado las políticas de igualdad en políticas de familia y la izquierda las ha transformado en políticas de identidad"
Nuria Varela


Las políticas de igualdad la derecha las ha transformado en políticas de familia y la izquierda las ha transformado en políticas de identidad, en políticas de diversidad o en políticas sociales, pero no en políticas de igualdad. Y tenemos una administración del siglo XIX. Me desespero porque, en la época de la inteligencia artificial, no tenemos buenos datos de violencia de género. Tenemos datos por aproximación. Nadie había revisado el sistema VioGén, por más que hemos dicho que no funciona, que se equivoca la valoración de riesgo todos los días, que no tiene que estar en manos de la policía.

A. Q.: Volviendo al tema de la identidad, en el momento en que, por ejemplo, se elimina de las encuestas tu sexo, estás eliminando todos los indicadores de quién en la sociedad padece violencia, violencia económica, etc. Incumpliendo la ley de igualdad.

N. V.: Porque las leyes de igualdad no se cumplen. La administración no cumple las leyes.

A. Q.: Además, borrando esos datos, lo que te estás quedando es sin información. Entonces, ¿cómo vas a hacer buenas políticas públicas? 

Lo de ser feminista es muy cansado. Además, te genera muchos enemigos, también en la izquierda. Yo me considero una persona progresista, no he militado nunca en un partido político, pero me ha generado enemigos de personas absolutamente insospechadas por ser feminista, por reclamar tener no mi espacio, el espacio de mis colegas mujeres, por tener interés en estar, por tener ambición. Y ya digo, no personalmente, sino como colectivo. 

"En el CGPJ acabo de estrenar puesto y ya hay quien dice: 'Es muy buena chica y sabe mucho, pero esto de las mujeres le pierde un poco'"
Argelia Queralt


Aparte del desgaste personal que supone, porque además te parece que estás diciendo todo el día cosas obvias, pero que no lo son. Te genera animadversión y enemigos. En el CGPJ acabo de estrenar puesto y ya hay quien dice: "Es muy buena chica y sabe mucho, pero es que esto de las mujeres le pierde un poco".

N. V.: Sí, y extorsiones y vetos.

A. Q.: Sí, totalmente. El coste es muy alto. No te quieren porque molestas. Y esto que estamos viviendo un momento razonablemente positivo de cara a los avances de las mujeres en la sociedad, Y lo digo porque si no, cerraremos la conversación con la sensación de que no han valido la pena los últimos 20 años de trabajo.
 

"Tres corrientes convergentes —la reacción patriarcal, el auge de la ultraderecha y la influencia de la posmodernidad— han terminado por dañar al feminismo y facilitar la expansión del populismo de extrema derecha". Foto: Agenda Pública / Tania Sieira

 

Y eso no creo que lo penséis, además.

N. V.: No, esto no es una crítica al feminismo, es una crítica a la democracia y al patriarcado, sobre todo. 

Por tanto, más feminismo es lo que hace falta. 

N.V.: Hombre, por supuesto.

No es que el feminismo haya perdido, sino que hace falta más feminismo. 

"El feminismo es una historia de éxito"
Argelia Queralt


A. Q.: El feminismo es una historia de éxito.

Totalmente. Eso es lo que yo quiero que quede claro.

N. V.: Ahora bien, lo que sí estamos es en un momento de exigir una profunda reflexión. Primero, a los actores políticos de las democracias, a los partidos, a los sindicatos, a las asociaciones profesionales. Hay que hacer una reflexión sobre por qué han abandonado la igualdad o por qué han convertido la igualdad en una retórica.

En un estereotipo, totalmente.

A. Q.: Porque hay discursos más molones que dan más votos.

N. V.: Sí, claro.

Eso daría para otra conversación. Muchas gracias a las dos. 
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