Miércoles, 9 de septiembre de 2026
INDUSTRIAL ACCELERATOR ACT

¿Puede la UE reanimar su industria? Las claves de su nuevo plan

"Los incentivos económicos son tan necesarios como la regulación para conseguir los objetivos finales". Juan Moscoso del Prado y Darío Arjomandi, investigadores en EsadeGeo, analizan los límites de la Industrial Accelerator Act, que busca impulsar la producción europea mediante compras públicas y ayudas. Para reforzar la industria frente a China, proponen un fondo soberano europeo, más inversión pública y deuda común.

Juan Moscoso del PradoDario Arjomandi
Juan Moscoso del Prado, Dario Arjomandi 9 de septiembre de 2026
Añadir AgendaPública en Google
Una línea de montaje de vehículos de la empresa automovilística china BYD en Brasil. | Jin Haoyuan / Xinhua News / Europa Press
Una línea de montaje de vehículos de la empresa automovilística china BYD en Brasil. | Jin Haoyuan / Xinhua News / Europa Press
La propuesta de la Industrial Accelerator Act (IAA) presenta una nueva arquitectura en la política industrial europea. La propuesta presentada por la Comisión Europea persigue varios objetivos conexos: recuperar capacidad productiva, acelerar la descarbonización y reforzar cadenas de valor estratégicas en Europa. El reglamento establece como referencia que el PIB industrial alcance al menos el 20% del total de la Unión Europea (UE) en 2035, tras haber descendido del 17,4% en 2000 al 14,3% en 2024. Para ello, la IAA articula instrumentos como la contratación pública, las ayudas de Estado, la inversión extranjera o los permisos de actividad para crear demanda de productos industriales siguiendo dos criterios: que sean bajos en carbono y de origen europeo (el conocido Made in Europe).

Ahora, en el momento en que la propuesta está siendo debatida, se plantean diversos interrogantes: ¿será suficiente para recuperar capacidad productiva? ¿Tendrá impacto sobre la demanda agregada? ¿Cómo se aplicará respecto a otros socios comerciales? ¿Cuál será la respuesta de China? ¿Qué otros incentivos y reformas son necesarios para facilitar la conversión productiva? ¿Cómo se puede recortar la brecha de financiación pública europea?

Los retos de la IAA

Las condiciones materiales de cumplimiento son uno de los principales retos que se plantean. La dependencia exterior de muchos de los sectores afectados y el carácter estático de los umbrales presentan distintos grados de dificultad para la adaptación y el cumplimiento de la industria. Dicha dificultad varía dependiendo de la madurez, dimensión y deslocalización de los sectores industriales afectados.

"La IAA articula instrumentos como la contratación pública, las ayudas de Estado, la inversión extranjera o los permisos de actividad para crear demanda de productos industriales"
Respecto al alcance (y limitaciones) de la norma, el conjunto de sectores cubiertos por la propuesta representa el 15% de la producción industrial europea. Sin embargo, dichos sectores tienen un efecto amplio sobre el tejido productivo y en la economía por afectar a la construcción de infraestructuras, la movilidad y el transporte, el suministro energético o la defensa. Aun así, en varios de estos sectores, el alcance de la norma no es lo suficientemente amplio para provocar un impacto en los incentivos de mercado. En automoción eléctrica, la norma podría afectar al 80% del mercado, mientras que en otros (como cemento o acero) afectaría a tan solo un 5% del total. Además, las excepciones previstas por sobrecostes pueden convertirse en un obstáculo en sectores donde la diferencia de precio entre la producción europea y la china excede estructuralmente dichos umbrales. En baterías, módulos solares y turbinas eólicas, los costes de producción en la UE son entre un 30% y un 45% superiores a los de China. La clave para evitar la elusión por sobrecoste es calcular el sobrecoste por proyecto y no por producto.

Las condiciones de la IAA afectan principalmente a la economía china, que alcanza el 60% de la producción y de la cuota de mercado global en la mayoría de los sectores cubiertos por la norma. La respuesta de China se ha dirigido a proteger a los inversores chinos de las obligaciones de compartir datos sobre capital, tecnología, propiedad intelectual y activos estratégicos en otras jurisdicciones (Reglamento sobre Seguridad Industrial y de la Cadena de Suministro y Reglamento de Inversión en el Extranjero). La Comisión Europea argumenta que las medidas de la IAA son recíprocas y equiparables a instrumentos que el Gobierno chino aplica en su propio mercado (subsidios, inversión pública cuantiosa, preferencia local, control sobre la transferencia tecnológica) y que la IAA tiene el objetivo de fortalecer la capacidad productiva y no de discriminar comercialmente.

"La Comisión Europea argumenta que las medidas de la IAA son recíprocas y equiparables a instrumentos que el Gobierno chino aplica en su propio mercado"
La equivalencia de origen con los socios comerciales de la UE es otro de los aspectos más debatidos y presenta dos riesgos: uno es que los socios comerciales queden fuera del Made in Europe, afectando a las relaciones y compromisos adquiridos, además de a las cadenas de suministro de la industria europea. El otro es que la IAA se abra excesivamente a que el contenido procedente de terceros países con acuerdos comerciales pueda considerarse equivalente al criterio de origen UE. Ello presenta el riesgo de eludir el alcance de la norma mediante la deslocalización y el friendshoring. Esta va a ser, sin duda, una de las grandes batallas de la tramitación de la IAA. Por ello, la propuesta debería incorporar mecanismos de control y salvaguarda que justifiquen la equiparación.

Es igualmente relevante la distinción entre tecnologías críticas como baterías y, por otro lado, tecnologías convencionales cuya dependencia de proveedores extranjeros no supone un riesgo para la seguridad económica, como es el caso de paneles fotovoltaicos. La IAA no realiza esta distinción, que podría ser clave a la hora de determinar el objetivo de localización según el riesgo de seguridad económica.

El obstáculo estructural es seguramente la brecha de financiación pública. Según la OCDE, entre 2005 y 2024, los sectores industriales chinos recibieron entre tres y ocho veces más apoyo financiero público que en el caso de países de la OCDE. La inversión total china, pública y privada, en tecnologías de la descarbonización y energías limpias fue de 680.000 millones de dólares en 2024, mientras que esa cifra de inversión total fue de 370.000 millones en la UE, un 45% inferior. El déficit de financiación pública en la UE es un obstáculo estructural para la aceleración de la conversión industrial.

"Entre 2005 y 2024, los sectores industriales chinos recibieron entre tres y ocho veces más apoyo financiero público que en el caso de países de la OCDE"
Los incentivos económicos son tan necesarios como la regulación para conseguir los objetivos finales. Algunos instrumentos financieros para reducir la brecha de financiación serían un fondo soberano europeo de inversión industrial, la participación pública europea en el capital de proyectos estratégicos, destinar un porcentaje del ingreso de la UE sobre la recaudación del IVA de productos cubiertos por la IAA a financiar proyectos o la emisión de un bono europeo (un activo seguro) para la promoción industrial.
  • Un fondo soberano europeo de inversión industrial. Mediante la inversión directa en proyectos industriales con activos estratégicos en el ámbito de la IAA, el fondo soberano europeo podría alcanzar un rendimiento anual medio bruto de en torno al 4%. Dicho rendimiento del capital público podría servir para ser reinvertido en nuevos proyectos productivos o utilizado como nuevo recurso destinado a sostener otros instrumentos públicos de apoyo para la promoción de proyectos que son la infraestructura de esta transición (baterías de ion-litio, reactores nucleares pequeños, infraestructura de red, bombas de calor industriales, electrolizadores).
 
  • Participación pública europea en el capital de proyectos estratégicos. La participación pública en capital presenta ventajas agregadas respecto a los subsidios directos: mitigar el riesgo de los proyectos que aún no tienen rentabilidad de mercado, impulsar proyectos intensivos en inversión de capital cuyo apoyo privado es insuficiente para ganar escala, generar inversiones públicas productivas con rendimiento autónomo y participar directamente en la dirección estratégica de los proyectos.
 
  • Destinar un 10% del ingreso de la UE sobre el IVA de productos industriales a financiar proyectos cubiertos por la IAA. Sería una forma de recanalizar la parte de la recaudación procedente del consumo de productos industriales cubiertos por la IAA (beneficiados por sus criterios) hacia un recurso propio europeo que pueda utilizarse de manera más eficiente. La ventaja fiscal es que no implicaría un impuesto nuevo. La dificultad operativa es que exigiría unanimidad y afectaría a los ingresos fiscales nacionales.
 
  • La emisión de un bono europeo IAA. Un activo seguro para la promoción industrial, según los criterios de descarbonización y origen europeo, podría ser la forma más eficiente de financiar proyectos que contribuyan a la transformación productiva y conversión industrial en el plazo inmediato. Los rendimientos de los distintos instrumentos públicos servirían para diseñar un marco financieramente sostenible para disponer las condiciones de la nueva política industrial que la Industrial Accelerator Act inaugura.
 
  • Un marco EU Inc. para las industrias de la IAA. Todos los sectores industriales afectados por la IAA podrían ser objeto de una aplicación piloto del régimen 28.º o EU Inc. Es decir, habilitar el establecimiento de proyectos estratégicos (gigafactorías, reciclaje, componentes críticos, electrolizadores, reactores pequeños) bajo un marco societario único. Esta opción permitiría reducir costes de establecimiento, simplificar operaciones transfronterizas, facilitar joint ventures europeas, atraer capital y acelerar el escalado industrial en una cadena de valor que hoy depende de la coordinación entre varios Estados miembros.
 
  • Una estrategia de largo plazo: la reforma del orden comercial. La coyuntura actual exige, en el corto plazo, medidas de promoción industrial (regulatorias y económicas) destinadas a reducir dependencias estratégicas y a fortalecer la base productiva. Sin embargo, esta respuesta coyuntural no implica renunciar a una estrategia de largo plazo. Una hoja de ruta para reformar el orden comercial internacional, dirigida a reconstruir sus normas sobre una base más equilibrada, recíproca y que refleje la distribución actual de los flujos comerciales, constituye un complemento necesario a una política industrial inteligente.
 
Juan Moscoso del Prado
Juan Moscoso del Prado
Investigador principal en Centro de Economía Global y Geopolítica de EsadeGeo
Es sénior 'fellow' en EsadeGeo. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales (UAM) y máster por el Colegio de Europa (Brujas), es economista internacional con treinta años de experiencia en análisis, finanzas y diplomacia, en sector público y privado. Ha trabajado en el Congreso y asesorado a la Comisión Europea, la OIT y la OCDE. También es 'fellow' del Aspen Institute España y miembro del Consejo del European Council of Foreign Relations (ECFR).
Dario Arjomandi
Dario Arjomandi
Investigador en EsadeGeo y el Global Governance Forum
Dario Arjomandi Rabbani es investigador de EsadeGeo y del Global Governance Forum, donde trabaja en temas como reforma de las instituciones internacionales, política económica europea y desarrollo. Ha trabajado en el Parlamento Europeo y colaborado con el Cercle d’Economia y con Equipo Europa.
Participación