Lunes, 7 de septiembre de 2026
ELECCIONES EN SAJONIA-ANHALT

Cuando el cordón sanitario deja de ser suficiente

AfD ha logrado un resultado récord en Sajonia-Anhalt y ha hundido a la CDU, pero el alcance del terremoto va más allá de las urnas. Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense, analiza una transformación electoral en la que "sería un error explicar un resultado de esta magnitud exclusivamente mediante el factor migratorio".

Ruth Ferrero-Turrión Ruth Ferrero-Turrión 6 de septiembre de 2026
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Ulrich Siegmund, ganador de las elecciones y candidato de AfD, posa con la portada de 'Der Spiegel' que le etiqueta como 'el hombre más peligroso de Alemania'. | Redes sociales de AfD en Sajonia-Anhalt
Ulrich Siegmund, ganador de las elecciones y candidato de AfD, posa con la portada de 'Der Spiegel' que le etiqueta como 'el hombre más peligroso de Alemania'. | Redes sociales de AfD en Sajonia-Anhalt
Las elecciones de Sajonia-Anhalt pueden haber marcado un punto de inflexión en la política alemana. Alternativa para Alemania (AfD) ha obtenido un 44,5% de los votos. Más del doble del 20,8% conseguido en 2021 y el mejor resultado de AfD en unas elecciones regionales. Pero quizá el dato políticamente más importante no sea siquiera ese. Es el derrumbe de la CDU, que pasa del 37,1% al 18,5%, su mínimo histórico en el land.

El resto del sistema aparece igualmente debilitado. Die Linke queda como tercera fuerza con alrededor del 9,5%, seguida por los Verdes con el 9% y un SPD reducido al 8%, mientras BSW se sitúa en torno al umbral del 5% y los liberales quedan fuera del parlamento. AfD no ha ganado simplemente unas elecciones. Ha dejado a todos sus competidores a enorme distancia y ha colocado al sistema político regional ante una aritmética extraordinariamente difícil.

La clave para entender lo sucedido está en la movilización, ya que la participación se ha disparado respecto a 2021. Y una parte sustancial del crecimiento de AfD procede precisamente de electores que entonces permanecieron en la abstención. El partido ha conseguido la difícil tarea de transformar la desafección en voto. Personas que habían dejado de participar porque no encontraban una alternativa dentro del sistema han regresado a las urnas para votar contra ese sistema.

"Alternativa para Alemania ha conseguido la difícil tarea de transformar la desafección en voto"
Este dato obliga a revisar una interpretación demasiado cómoda del crecimiento de la derecha radical. AfD no crece únicamente robando electores a la CDU o radicalizando antiguos votantes conservadores. El caso de Sajonia-Anhalt es la prueba definitiva de que el partido está ampliando el perímetro de la competición electoral, movilizando a sectores que se sentían políticamente huérfanos. Una participación elevada, que tradicionalmente se interpreta como síntoma de vitalidad democrática, ha beneficiado en esta ocasión fundamentalmente al partido que canaliza con mayor eficacia el rechazo al establishment.


Además, existe un segundo dato todavía más inquietante para los partidos tradicionales. Las primeras cifras que han salido a lo largo de la tarde muestran que AfD se ha convertido en el partido de los trabajadores. Según los datos de Deutschland Wählt, habría recibido alrededor del 61% del voto obrero, además del 52% entre los autónomos, el 46% entre los trabajadores por cuenta ajena y el 38% entre los jubilados. Es decir, el partido es primera fuerza en los cuatro grandes grupos ocupacionales. También desaparece parcialmente la brecha de género que había limitado anteriormente a esta familia ideológica: aproximadamente la mitad de los hombres y cuatro de cada diez mujeres han votado AfD. Por edades, solo entre los mayores de 70 años deja de ser primera fuerza y entre los 35 y los 59 supera incluso el 50%.

En este punto, la comparación con Estados Unidos resulta inevitable. Como sucedió con el desplazamiento de una parte importante del voto obrero hacia Donald Trump, los partidos que durante décadas representaron institucionalmente a las clases trabajadoras están perdiendo su capacidad para convertir inseguridad económica y frustración social en representación política.

La dimensión material de este voto no debería ignorarse. Casi nueve de cada diez votantes de AfD manifiestan preocupación por unos precios que dificultan llegar a fin de mes. Y los datos parecen respaldar esta idea, ya que desde 2021 los alimentos se han encarecido alrededor de un 34,7%, mientras los salarios han aumentado mucho menos, aproximadamente un 14,8%. La inmigración importa, pero sería un error explicar un resultado de esta magnitud exclusivamente mediante el factor migratorio. AfD está consiguiendo conectar inseguridad económica, pérdida de estatus, desconfianza institucional, identidad y rechazo a las élites dentro de un único relato político.

"Los partidos que durante décadas representaron institucionalmente a las clases trabajadoras están perdiendo su capacidad para convertir inseguridad económica y frustración social en representación política"
El problema para los demás partidos es que una parte creciente de ese relato se ha normalizado. Los datos de Infratest dimap resultan reveladores. El 67% del electorado considera que AfD ha comprendido mejor que otros partidos que mucha gente ya no se siente segura; el 59% piensa que los demás partidos la tratan injustamente; el 58% valora su voluntad de limitar la llegada de extranjeros y refugiados y el 57% aprueba su oposición al envío de armas a Ucrania. Más significativo todavía: el 87% de sus propios votantes considera que, aunque existan políticos de derecha radical dentro de AfD, el partido en su conjunto es de centro.


Existe aquí una contradicción extraordinaria. Al mismo tiempo, un 48% del electorado considera que la democracia y el Estado de derecho podrían verse amenazados si AfD gobernara. El partido ha conseguido, por tanto, algo políticamente formidable y es que una parte del electorado perciba riesgos democráticos y, simultáneamente, considere legítimas buena parte de sus posiciones.

Por eso el resultado plantea inevitablemente la cuestión del Brandmauer, el cordón sanitario alemán. Hasta ahora, la respuesta ha consistido en excluir a AfD del gobierno independientemente de su fuerza electoral. Ahora, con el partido de Alice Weidel en un 44,5%, la cuestión empieza a cambiar de naturaleza. Cooperar con AfD deja de ser solamente una tentación ideológica para determinados sectores de la CDU y comienza a aparecer como una cuestión de gobernabilidad.

"Una parte del electorado percibe riesgos democráticos y, simultáneamente, considera legítimas buena parte de las posiciones de AfD"
Además, la frontera ya no es tan impermeable como pretende el discurso oficial. En el Parlamento Europeo, el Partido Popular Europeo (PPE) ha construido desde 2024 mayorías con ECR, Patriotas y, en algunas votaciones, la derecha en la que se integra AfD —Europa de las Naciones Soberanas (ESN)—, especialmente en inmigración, desregulación y rendición de cuentas. Investigaciones recientes han mostrado incluso negociaciones entre eurodiputados del PPE y representantes de AfD sobre legislación migratoria.


Desde un punto de vista más amplio, hay que recordar que Alemania tampoco opera en el vacío. Italia, Suecia o Austria muestran diferentes procesos mediante los cuales las antiguas barreras entre derecha convencional y derecha radical se han debilitado. La excepcionalidad alemana se basaba en que su historia convertía esa frontera en especialmente resistente. Sajonia-Anhalt puede acelerar su erosión. AfD ha conseguido además un resultado estratégicamente casi perfecto que consiste en acercarse a la mayoría absoluta sin necesidad de alcanzarla, lo que le permite condicionar todo el sistema sin asumir todavía los costes de gobernar. Si los demás partidos mantienen el cordón sanitario, formar mayorías estables será extremadamente difícil; si alguno lo rompe, AfD habrá conseguido otro de sus grandes objetivos políticos: la desestabilización.

Y el golpe llega directamente a Friedrich Merz. Su estrategia de desplazar a la CDU hacia posiciones más restrictivas en inmigración mientras mantiene formalmente el cordón sanitario no ha recuperado a los electores que demandan una ruptura radical: estos han preferido el original a la copia. Sajonia-Anhalt es, por tanto, mucho más que una elección regional. Con Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berlín en el horizonte, una nueva victoria de AfD en el este transformaría un problema regional en una crisis nacional.

"AfD ha conseguido además un resultado estratégicamente casi perfecto que consiste en acercarse a la mayoría absoluta sin necesidad de alcanzarla"
En este momento, por tanto, el desafío para los partidos democráticos no consiste simplemente en encontrar una combinación parlamentaria que mantenga a AfD fuera del gobierno. Consiste en comprender por qué cientos de miles de ciudadanos consideran que las instituciones existentes han dejado de representarlos, lo que vuelve a hacer patente la crisis de intermediación por la que atraviesan las democracias liberales. Eso exige políticas públicas creíbles frente a la inseguridad económica, reconstrucción de servicios públicos y recuperación de confianza institucional. Porque AfD puede permanecer fuera del gobierno y, sin embargo, seguir ganando. Cuando un partido consigue definir los problemas sobre los que discuten todos los demás, desplazar sus posiciones y movilizar masivamente a quienes habían abandonado las urnas, ya está ejerciendo poder.
Ruth Ferrero-Turrión
Ruth Ferrero-Turrión
Profesora Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (Icei).
Participación