Martes, 28 de julio de 2026
LA BRÚJULA EUROPEA DE LÓPEZ PLANA

Alemania afronta su 'Standortkrise' con una expansión fiscal al límite

En su columna semanal, Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública', analiza la profunda transformación económica y política que atraviesa Alemania. Del abandono de la austeridad al despliegue de una expansión fiscal sin precedentes, Berlín trata de responder a una crisis industrial, geopolítica y social que amenaza con reconfigurar el equilibrio europeo. El resultado es una Alemania más intervencionista, más inquieta y cada vez más decisiva para el futuro de la Unión Europea.

Marc López Plana Marc López Plana 1 de junio de 2026
Añadir AgendaPública en Google
 Friedrich Merz (izquierda) y Lars Klingbeil (derecha). | Frederic Kern / Zuma Press / Europa Press
Friedrich Merz (izquierda) y Lars Klingbeil (derecha). | Frederic Kern / Zuma Press / Europa Press
El artículo de hoy empezó, en realidad, hace dos años, en diciembre de 2024, cuando entrevisté por primera vez en Berlín a Wolfgang Schmidt, en aquel momento jefe de la Cancillería de Olaf Scholz. En ese encuentro, que hoy resuena como una profecía de la actual policrisis alemana, Schmidt calificó de "inaceptables" los recortes sociales que exigían los liberales —que ya habían provocado unas elecciones anticipadas—, defendió la necesidad de reformar el freno de la deuda para abrir el grifo de la inversión pública y lanzó una severa advertencia al Partido Popular Europeo (PPE) contra cualquier tentación de coquetear con la extrema derecha para gobernar.

Poco tiempo más tarde, me reuní con el ministro de Finanzas del Sarre, Jakob von Weizsäcker, quien me explicó de primera mano la intrahistoria de cómo se fraguó la gran carambola institucional que terminó por salvar el presupuesto federal. Me detalló cómo un grupo de economistas de primer nivel —Clemens Fuest, Michael Hüther, Moritz Schularick y Jens Südekum— logró convencer a la CDU de Friedrich Merz y al SPD de Lars Klingbeil de que debían reformar la Constitución de forma exprés. Las razones eran de una urgencia matemática y geopolítica aplastante: el estancamiento de la economía, el mal estado de las infraestructuras tras años de abandono y las necesidades de inversión en defensa. Para colmo, el nuevo Bundestag surgido de las urnas carecería de la mayoría de dos tercios necesaria sin depender de los extremos (AfD y Die Linke). Impulsada desde la audacia federal del Sarre por la ministra-presidenta Anke Rehlinger, esta reforma del freno de la deuda se aprobó in extremis en el antiguo Parlamento para desbloquear un fondo de 500.000 millones de euros y blindar por mayoría simple todo gasto militar que supere el 1% del PIB.

"La expansión fiscal en Alemania está en plena marcha y el gasto en defensa está aumentando drásticamente"
Hoy, en junio de 2026, el mapa político, industrial y fiscal de Alemania demuestra que aquel diagnóstico era el preludio de una metamorfosis dolorosa y acelerada. Hoy, a la luz de los datos macroeconómicos más recientes, podemos confirmar que este cambio de paradigma no fue un mero espejismo político: la expansión fiscal está en plena marcha y el gasto en defensa está aumentando drásticamente.


Pero este despertar del gasto público no es un triunfo de la planificación a largo plazo, sino un salvavidas lanzado en medio de una tormenta perfecta. Alemania está atravesando una profunda crisis estructural, viendo cómo se desmoronan los tres pilares de su éxito histórico: la energía barata rusa, el paraguas de seguridad estadounidense y el acceso privilegiado al mercado chino. Además, 
Merz ha errado en el diagnóstico de sus males, obsesionándose exclusivamente con los precios de la energía y la asfixiante burocracia europea. Sin embargo, como han señalado diversos análisis recientes, el verdadero problema estructural de fondo es la pérdida de competitividad exterior frente a China. El modelo exportador alemán ya no compite contra una economía emergente que necesita absorber su tecnología, sino contra una superpotencia industrial de primer orden que fagocita la demanda global, impulsada por subsidios masivos y una escala de producción inalcanzable. Hoy, China domina sectores estratégicos enteros, como el del vehículo eléctrico, amenazando con destruir cientos de miles de empleos vinculados a la exportación alemana.

Radiografía del gasto

Ante esta amenaza existencial, el grifo del gasto se ha abierto por completo. Los datos fiscales de abril que me ha proporcionado Niklas Garnadt, economista europeo sénior para Alemania de Goldman Sachs, son un testimonio claro de esta nueva dirección. El gasto federal alemán alcanzó los 45.800 millones de euros, situándose notablemente por encima de las previsiones de 42.200 millones y 8.000 millones de euros por encima del gasto registrado en abril de 2025.

El desglose de estas cifras revela que la inyección de capital está ocurriendo en múltiples frentes simultáneos:

 

  • Presupuesto principal: el gasto alcanzó los 38.600 millones de euros en abril, unos 300 millones por encima de las expectativas. Tanto el gasto social como la inversión superaron las estimaciones.
     
  • Rearme acelerado: el gasto en el fondo militar extrapresupuestario se situó en 1.200 millones de euros en abril, ligeramente superior a los 1.000 millones esperados. En lo que va de año, el gasto en defensa ha subido un 34%, alcanzando los 7.000 millones de euros.
     
  • Fondo de infraestructura y clima: el desembolso se situó en 6.100 millones de euros, superando holgadamente las previsiones.
"El gasto federal alemán alcanzó los 45.800 millones de euros, situándose notablemente por encima de las previsiones de 42.200 millones y 8.000 millones de euros por encima del gasto registrado en abril de 2025"
El impacto de este desembolso masivo en las arcas del Estado es contundente. El déficit fiscal acumulado hasta abril se situó en 63.600 millones de euros, lo que supone 36.200 millones de euros más que en el mismo periodo del año anterior. Los datos respaldan la visión de una notable expansión fiscal en 2026, proyectando un impulso fiscal de alrededor de 0,6 puntos porcentuales.

El "ministro de la inversión" y el reto de la ejecución

El giro hacia una política fiscal más expansiva tiene un claro componente político. Al asumir el cargo el año pasado, el ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, prometió ser el "ministro de la inversión". El presupuesto de 2026 le toma la palabra, asignando alrededor de 127.000 millones de euros a la inversión federal (un 2,8% del PIB, aproximadamente), por encima de los 116.000 millones presupuestados el año pasado. El transporte sigue siendo el rey de estas cuentas, representando cerca de un tercio de toda la inversión.

"Desde 2020, la inversión real se ha quedado muy corta respecto a las cantidades presupuestadas debido a una ejecución exasperantemente lenta"
Sin embargo, en Alemania, planificar no es sinónimo de ejecutar. Desde 2020, la inversión real se ha quedado muy corta respecto a las cantidades presupuestadas debido a una ejecución exasperantemente lenta. Para combatir este cuello de botella burocrático, la "ley del futuro de la infraestructura" que se debate en el Parlamento busca acelerar los procesos de planificación y concesión de permisos.

El miedo alemán y Europa

El miedo a la desindustrialización ha vuelto a Alemania más defensiva en Bruselas y más volcada en la búsqueda de soluciones internas. Un claro ejemplo es la Agenda 2026, un informe de la CDU/CSU que plantea una profunda desregulación de la Unión Europea para reforzar la competitividad y aliviar la carga burocrática sobre las empresas, lo que podría provocar que, en nombre de la competitividad, se debiliten avances en derechos sociales, igualdad salarial y protección medioambiental.

Otro ejemplo, muy actual, es la discusión del Industrial Accelerator Act en Bruselas. Alemania, que una vez fue la locomotora industrial indiscutible de Europa, sigue tambaleándose tras la pérdida del gas ruso barato. Si un gigante químico como BASF o un siderúrgico como ThyssenKrupp ven que los costes energéticos en España son consistentemente entre un 30% y un 40% más bajos que en Alemania, el "acelerador" no acelerará la industria alemana, sino su migración al Mediterráneo. Ante ello, Alemania puede desplegar su "bazuca fiscal" para dopar a sus industrias en crisis. El riesgo es evidente: la IAA podría terminar financiando la deslocalización interna, donde las fábricas no se mueven hacia donde son más eficientes o tienen energía más barata, sino hacia el país que ofrece el cheque de dinero público más suculento. En Bruselas, esto tiene un nombre: la "canibalización del mercado único" bajo el disfraz de la autonomía estratégica.

El descontento: CDU y SPD apenas representan a un tercio del electorado

Toda esta transformación económica choca frontalmente con la parálisis gubernamental. Como diagnostica certeramente el politólogo Frank Decker, la socialdemocracia lleva sumida en una profunda crisis de identidad desde hace más de veinte años. Atrapado nuevamente como socio minoritario en una "gran coalición", el SPD es incapaz de perfilar su ideario frente a la ortodoxia de la CDU de Friedrich Merz. El resultado es un Gobierno bloqueado por la desconfianza que no logra ofrecer un horizonte claro a una sociedad profundamente pesimista.

"Con una derecha radical rozando el 30%, los tradicionales «cordones sanitarios» exigen pactos aritméticos cada vez más forzados, lo que no hace más que retroalimentar el discurso antisistema de la AfD"
Si las tensiones en el Parlamento son enormes, los números en la calle son muy problemáticos. La tradicional Sonntagsfrage (encuesta semanal) dibuja un panorama desolador para el establishment y explica el estado de pánico del centro político. 
Según los últimos datos de la encuestadora INSA (mayo de 2026), la Alternativa para Alemania (AfD) no solo consolida su liderazgo, sino que se dispara hasta el 29% en intención de voto. El desgaste de gobernar en un contexto de crisis industrial devora a la coalición: la CDU cae al 22% y el SPD agoniza en un 12%. Sumados, apenas representan a un tercio del electorado.

Con una derecha radical rozando el 30%, los tradicionales "cordones sanitarios" exigen pactos aritméticos cada vez más forzados, lo que en última instancia no hace más que retroalimentar el discurso antisistema de la AfD al eliminar la alternancia real.

¿Rumores de crisis de Gobierno?

Esta situación ha desatado una tormenta política en Berlín. Según informó la semana pasada el medio alemán Table Media, las tensiones internas han llevado la relación de la coalición a un límite casi absoluto y a una tensión interna en la CDU con una corriente que empieza a pensar en la posibilidad de sustituir al canciller Merz.  En otros sectores de la CDU comienza a circular un "modelo de pensamiento" abiertamente radical: forzar la salida del SPD del Gobierno, investir a Friedrich Merz al frente de un Ejecutivo en minoría y abrir la puerta a tolerar o buscar acuerdos puntuales con la AfD si la gobernabilidad lo exige. Esto supondría la ruptura definitiva de la Brandmauer, el histórico cortafuegos institucional hacia la derecha radical.

"Con un Gobierno que se resquebraja, rumores de alianzas con los extremos o una posible sustitución de Merz y una AfD capitalizando el descontento, Berlín se convierte en un problema para la Unión Europea"
Alemania atraviesa una de las metamorfosis más dolorosas de su historia moderna. El abandono de los dogmas de la austeridad y la inyección masiva de gasto público confirman que el Estado ha tomado las riendas para salvar su industria. Sin embargo, el capital por sí solo no puede comprar ni la competitividad perdida frente a China ni la paz social en casa. 
Con un Gobierno que se resquebraja, rumores de alianzas con los extremos que parecían imposibles y una AfD capitalizando el descontento, Berlín proyecta su inestabilidad hacia la Unión Europea.

BONUS. En España, algunos podrían interpretar que es una oportunidad sin precedentes para reindustrializarnos, atrayendo el capital verde que huye del encarecimiento alemán, pero atención, porque también estamos ante la constante amenaza de que un giro hacia el nacionalismo económico en Alemania termine por hacer pedazos el mercado único. Necesitamos una Alemania europea, no una Europa alemana. La mejor forma de evitar errores del pasado es anclar la Alemania unificada en un proyecto de integración europea mucho más profundo.
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación