Lunes, 28 de septiembre de 2026
ELECCIONES

Marruecos tras las urnas: ¿qué puede cambiar el próximo gobierno?

Las elecciones del 23 de septiembre han cambiado la jerarquía entre los partidos que gobernaban Marruecos: el PAM supera al RNI de Aziz Akhannouch y el PJD recupera buena parte del terreno perdido en 2021. Darío Salinas Palacios, cofundador de Kartex Risk, analiza un nuevo equilibrio en el que los escaños importan, pero también las redes locales, la Administración y el control de la inversión.

Darío Salinas Palacios Darío Salinas Palacios 28 de septiembre de 2026
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Una persona emite su voto en un colegio electoral en Rabat (Marruecos). | Aissa / Xinhua News / Europa Press
Una persona emite su voto en un colegio electoral en Rabat (Marruecos). | Aissa / Xinhua News / Europa Press
Las elecciones del 23 de septiembre han alterado el equilibrio entre los partidos que gobernaban Marruecos. El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) ocupa la primera posición con 97 escaños. El Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI), que encabezaba el Ejecutivo, cae de 102 a 66 y el Istiqlal pasa de 81 a 65. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), reducido a 13 diputados en 2021, sube ahora a 54. Son todavía resultados provisionales.

El resultado cambia la jerarquía, pero la coalición puede continuar siendo la misma. PAM, RNI e Istiqlal, los tres socios del Gobierno saliente, reúnen 228 de los 395 escaños y conservan una mayoría suficiente para volver a gobernar juntos. De reeditarse la alianza, eso sí, cambiaría el liderazgo: el PAM pasaría a encabezar una coalición de la que ya ha formado parte durante los cinco años de Gobierno de Aziz Akhannouch.

Las diferencias ideológicas, aunque relevantes, solo explican una parte de la política marroquí. El PAM tiene un perfil modernista y mantiene desde su origen una relación estrecha con el entorno monárquico. El RNI, por su parte, pertenece al espacio liberal; el Istiqlal procede del nacionalismo histórico, y el PJD es islamista. Junto a estas diferencias, importan las redes locales y la capacidad de determinados candidatos para movilizar apoyos en sus territorios.

"El resultado cambia la jerarquía, pero la coalición puede continuar siendo la misma"
La principal incógnita, por tanto, no es solo quién encabezará el próximo Ejecutivo. Las urnas han cambiado las posiciones desde las que se comenzarán las negociaciones para repartir ministerios y elaborar el presupuesto.

Ganar las elecciones y negociar el poder

El PAM ha ganado después de cinco años compartiendo un gobierno cuyo principal partido, el RNI, ha sufrido un fuerte retroceso. Puede reclamar un cambio de liderazgo, pero difícilmente desvincularse del balance de una legislatura en la que también ha gobernado.

Su ascenso tampoco puede interpretarse como un simple desplazamiento ideológico. El partido fue creado en 2008 alrededor de varias figuras próximas a Mohamed VI, entre ellas Fouad Ali El Himma, hoy consejero real. A ese origen se suma una fuerte implantación territorial.

La politóloga Nadia Hachimi Alaoui, profesora en la Universidad Internacional de Rabat, distingue entre el voto político y otro más ligado a dirigentes locales con redes propias, los llamados notables. Este segundo tipo de voto pesa especialmente en las zonas rurales, donde determinados candidatos actúan como intermediarios capaces de movilizar apoyos y negociar recursos para sus territorios. Antes de las elecciones, alrededor de una quincena de parlamentarios del RNI se incorporaron al PAM. Ese trasvase obliga a matizar cualquier lectura puramente ideológica del resultado.

"Antes de las elecciones, alrededor de una quincena de parlamentarios del RNI se incorporaron al PAM. Ese trasvase obliga a matizar cualquier lectura puramente ideológica del resultado"
La Constitución establece que el rey nombrará al jefe del Gobierno entre los miembros del partido que haya quedado primero. Al cierre de este artículo, la designación seguía pendiente. Fatima Zahra El Mansouri, alcaldesa de Marrakech, ministra de Urbanismo y Vivienda y coordinadora de la dirección colegiada del PAM, compareció tras el resultado como una de las principales voces del partido. Fouzi Lekjaa, ministro delegado de Presupuesto y presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, se incorporó al PAM antes de las elecciones y tuvo una presencia visible durante la campaña.

Tampoco está decidida la coalición. El Mansouri afirmó el 24 de septiembre que el PAM no establece de momento ninguna "línea roja" y que las alianzas se discutirán después del nombramiento del jefe del Gobierno. Abdelilah Benkirane, antiguo jefe del Gobierno y actual secretario general del PJD, ha rechazado en cambio participar en un Ejecutivo encabezado por el PAM.

Quién decide dónde llega la inversión

Los principales partidos han concurrido con programas muy centrados en el empleo y el poder adquisitivo. La economía marroquí creció cerca del 5% en 2025, pero la creación neta de empleo durante la legislatura quedó por debajo de los 100.000 puestos, muy lejos del millón que Akhannouch había fijado como objetivo. Ese desfase ayuda a entender por qué el empleo y el poder adquisitivo han ocupado buena parte de la campaña.

El PAM cifra en unos 350.000 millones de dirhams el coste adicional de sus compromisos para los próximos cinco años, lo que equivale a alrededor de 32.000 millones de euros. Su programa vuelve a plantear la creación de un millón de empleos y amplía las medidas sobre protección social y vivienda.

El Istiqlal combina esta agenda con una preocupación más marcada por las dependencias económicas y la capacidad productiva nacional. El PJD tampoco ha construido su campaña únicamente alrededor de la religión o la identidad. Durante las últimas semanas ha dado mayor espacio al coste de la vida, el empleo y la corrupción, junto a sus posiciones sobre Palestina.

Las diferencias programáticas importan, pero una promesa nacional no tiene los mismos efectos en todos los lugares. Una política de empleo encuentra condiciones muy distintas en el corredor industrial que une Tánger y Kenitra con los mercados europeos y en una provincia interior con escasas oportunidades de trabajo formal. La cuestión no es únicamente cuánto se invierte. También importa dónde llega la inversión y qué actores disponen de margen para orientarla.

"La cuestión no es únicamente cuánto se invierte. También importa dónde llega la inversión y qué actores disponen de margen para orientarla"
Los nuevos programas de desarrollo territorial muestran hasta qué punto la ejecución de estas políticas depende también de la Administración. Abderrafie Zaanoun, investigador del Moroccan Institute for Policy Analysis, advierte del riesgo de que la nueva arquitectura refuerce estructuras administrativas paralelas a los órganos elegidos. El Fondo de Desarrollo Territorial Integrado dispone en 2026 de 20.000 millones de dirhams, unos 1.840 millones de euros, y sitúa al Ministerio del Interior en una posición importante dentro de su gestión.

El esquema general es más complejo. Los programas previstos para los próximos años se organizan en varios niveles. En el ámbito provincial intervienen comités presididos por los gobernadores y, a escala regional, la coordinación recae en los 'walis', representantes del Estado. En el nivel nacional, un comité presidido por el jefe del Gobierno valida los programas y coordina su financiación. En conjunto movilizarían alrededor de 210.000 millones de dirhams durante ocho años, cerca de 19.000 millones de euros. Ganar una circunscripción y decidir cómo se ejecuta una inversión no son exactamente la misma cosa.

Qué malestar consiguen representar los partidos

Los resultados del PJD también varían mucho según el territorio. En Casablanca-Anfa, una de las circunscripciones de la principal metrópoli económica del país, el partido quedó primero con el 33,45% de los votos. El PAM obtuvo el 28,5% y la Alianza de la Izquierda, encabezada allí por Nabila Mounib, una de las figuras más conocidas de la izquierda marroquí, alcanzó el 22,88%.

El PJD también quedó primero en Tánger-Arcila. En Marrakech-Ménara, en cambio, se impuso el PAM con 12.107 votos frente a los 9.678 del PJD. Son resultados locales todavía provisionales, pero muestran que la recuperación islamista no se distribuye de manera uniforme y que los 54 escaños nacionales esconden geografías políticas diferentes.

Tampoco sabemos todavía de dónde proceden exactamente esos nuevos apoyos. Pueden haber regresado antiguos votantes, haberse incorporado otros nuevos o haber pesado el desgaste de los adversarios. Sin resultados consolidados y estudios postelectorales, ir más allá sería especular.

También conviene ser prudentes al comparar la participación. El Ministerio del Interior la situó finalmente en el 38,08% de los inscritos, con cerca de seis millones de votantes. En 2021 superó el 50%, aunque entonces coincidieron el mismo día las elecciones legislativas, municipales y regionales.

Las diferencias territoriales son considerables. El Ministerio del Interior anunció una participación del 77% en El Aaiún-Saguía el-Hamra y del 61% en Dajla-Ued Edahab, dos regiones que incluyen territorios del Sáhara Occidental administrados por Marruecos y cuya soberanía continúa disputada. El ministro presentó esos porcentajes como una prueba de la "marroquinidad" del territorio. Esa es la lectura política de las autoridades marroquíes, no algo que pueda deducirse automáticamente del dato electoral.

En el conjunto del país, la abstención sigue siendo elevada. Eso no convierte a quienes no votaron en un bloque político ni permite atribuirles una motivación común. Las movilizaciones de los últimos años recuerdan además que una parte del malestar social circula fuera de los partidos. Conseguir una mayoría parlamentaria y representar ese malestar son dos cosas diferentes.

El Mundial y las prioridades del próximo Gobierno

El Mundial de 2030 concentra muchas de estas tensiones, aunque no las crea. Marruecos lleva años reforzando sus infraestructuras portuarias, ferroviarias e industriales y conectando sus principales polos económicos con Europa y con los mercados africanos. El torneo puede acelerar esa trayectoria y, sobre todo, hacerla mucho más visible.

La cuestión del legado tampoco se limita a los estadios. Istiqlal ha planteado mecanismos para aumentar la participación de las empresas nacionales en los grandes proyectos. El PAM vincula una parte importante de su programa de empleo a la actividad económica asociada a 2030. La pregunta será cuánto de ese esfuerzo inversor permanece en la economía marroquí una vez terminadas las obras.

"El PAM vincula una parte importante de su programa de empleo a la actividad económica asociada a 2030. ¿Cuánto de ese esfuerzo inversor permanece en la economía marroquí?"
Aquí adquiere especial relevancia Lekjaa. A sus responsabilidades sobre el presupuesto del Estado suma la presidencia de la Federación de Fútbol. Esa doble función lo sitúa cerca de las decisiones económicas y de uno de los proyectos que concentrarán mayor atención política durante la próxima legislatura.

La final ha introducido además un elemento competitivo en la relación con España. Responsables de ambos países han defendido públicamente que se dispute en su territorio y la FIFA mantiene abierta la decisión. Al mismo tiempo, España, Portugal y Marruecos tendrán que coordinarse durante años para organizar el torneo.

Para el próximo Gobierno marroquí, sin embargo, la cuestión más delicada será interna. Las grandes obras permiten mostrar un país capaz de ejecutar proyectos de escala internacional. El contraste aparece cuando esa capacidad resulta mucho menos visible en los servicios que utiliza diariamente una parte de la población.

La política exterior y sus efectos internos

El Mundial no es el único ámbito en el que una relación exterior tiene consecuencias internas. En su primera comparecencia después de las elecciones, El Mansouri defendió la necesidad de mantener una relación estrecha con España. Esa cooperación no elimina los intereses distintos ni produce los mismos efectos en todos los territorios.

Castillejos (Fnideq), frente a Ceuta, permite verlo a escala local. El fin del comercio informal fronterizo alteró actividades de las que dependían numerosas familias. Las autoridades marroquíes presentaron la medida como una cuestión de soberanía económica y lucha contra el contrabando. Para quienes vivían de esos intercambios, el problema era mucho más inmediato y tenía que ver con los ingresos y la falta de alternativas laborales.

La política hacia Israel ofrece otro ejemplo. Las principales decisiones de política exterior marroquí dependen en buena medida de la monarquía, pero sus consecuencias entran también en la competición política interna. La normalización de las relaciones diplomáticas con Israel y las guerras de Gaza han ampliado los espacios de movilización de sus detractores. La recuperación del PJD dará mayor presencia parlamentaria a esas posiciones, aunque el partido no pueda modificar por sí solo la política exterior.

"La recuperación del PJD dará mayor presencia parlamentaria a esas posiciones, aunque el partido no pueda modificar por sí solo la política exterior"
El Mansouri anunció el 24 de septiembre que el PAM pretende dar al proyecto de presupuesto de 2027 una orientación social más marcada y, al mismo tiempo, preservar la confianza de los inversores. El presupuesto ofrecerá una primera prueba de hasta dónde llega ese giro.

Después habrá que mirar el territorio.
Darío Salinas Palacios
Darío Salinas Palacios
Cofundador de Kartex Risk
Es doctor en Geopolítica (Université Paris 8, Instituto Francés de Geopolítica), cofundador de Kartex Risk y embajador del Pacto Climático de la UE.
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