Los problemas a los que se enfrenta Alemania son ampliamente conocidos: un Gobierno impopular, una derecha radical en la oposición que no deja de crecer y la pérdida de su privilegiada posición económica. Sin embargo, no está tan claro cómo se ha llegado a este punto y cómo pueden los alemanes, por su propio interés y por el de los europeos, salir del atolladero. Aunque el profesor de la Universidad de Bonn Frank Decker no vino a Madrid con un manual anticrisis bajo el brazo, sí me dio varias respuestas pertinentes.
En esta conversación, extiende el diagnóstico de la
"crisis de la socialdemocracia" hacia el interior del sistema de partidos alemán. A un lado está el SPD, donde existe "un problema de liderazgo". A otro, están los democristianos de la Unión, con el canciller Merz —
"un político conservador algo anticuado"— y un Gobierno que "funciona mal en un sentido técnico". Por si esto fuera poco, el descontento de la población está siendo capturado por la AfD. Entre las consecuencias del ascenso de la derecha radical, Decker apunta que
"la democracia también depende de tener una oposición democrática fuerte".
También hay grandes desafíos por resolver en el ámbito económico. Preguntado por los motivos del mal desempeño económico del país, Decker, que visita España invitado por la Fundación Friedrich Ebert, le da la vuelta a la cuestión: si queremos entender la debilidad actual, antes conviene preguntarse por qué la economía alemana funcionó tan bien hace cinco, seis o siete años. Algo a lo que responde él mismo, señalando que
la energía barata procedente de Rusia, las ventajas en seguridad gracias a Estados Unidos y el acceso privilegiado al mercado chino hacían de la alemana la economía más fuerte de la zona euro. Hoy, todos estos elementos han desaparecido o están en vías de hacerlo. Como explica el académico, esta dinámica está afectando a la población también desde un plano sociológico, con
una importante desconfianza en la democracia y un pesimismo creciente sobre el futuro.
Frank Decker analiza en Madrid el presente de la política alemana. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Profesor Decker, mi primera pregunta es sobre el SPD. Es uno de los grandes partidos políticos de Alemania, pero hoy las encuestas no son buenas. Da la impresión de que es una crisis más profunda de la socialdemocracia en Europa y, en particular, en Alemania. ¿Cómo entiende esta crisis: en un plano ideológico, de falta de liderazgos...?
Probablemente es todo a la vez. Y es una crisis muy profunda. Pero empezó después de la coalición del SPD con los Verdes. Cuando el partido volvió al poder en 1998 y Gerhard Schröder se convirtió en canciller, el SPD obtuvo más del 40% de los votos. Cuando Schröder finalmente perdió las elecciones en 2005, después de siete años en el cargo, el SPD todavía tenía el 35%. A partir de ahí empezó realmente el declive.
Las elecciones de 2021 fueron una excepción. Olaf Scholz llegó a la Cancillería con solo el 25% de los votos. La campaña fue casi perfecta, pero la victoria se debió sobre todo al fracaso completo de sus competidores, especialmente la CDU/CSU, y también a la debilidad de los Verdes. El SPD ganó la Cancillería por un margen de apenas 1,4 puntos.
Así que fue una excepción dentro de una evolución larga que solo puede describirse como declive. Y, por supuesto, esto encaja con la trayectoria más amplia de la socialdemocracia europea. Hay diferencias entre países, pero si se mira Alemania, Francia, Austria o incluso los países escandinavos, la socialdemocracia como familia política lleva en crisis más de veinte años. España puede ser la excepción.
Específicamente en Alemania, ¿por qué le está costando tanto al SPD? Olaf Scholz fue canciller y el partido sufrió. Ahora el SPD sigue formando parte del Gobierno, aunque ya no tiene la Cancillería, pero no va bien en las encuestas ni en las elecciones regionales. ¿Por qué?
Hay un problema de liderazgo. Después de la dimisión de Andrea Nahles como presidenta del partido, el SPD tuvo que elegir una nueva dirección. Por primera vez decidió adoptar una estructura de doble liderazgo: un hombre y una mujer como copresidentes. Era el mismo principio organizativo que los Verdes habían introducido desde el principio, cuando se fundó el partido en 1980.
En aquel momento fue una buena decisión, porque el SPD era el socio menor en la coalición con la CDU/CSU. Tuvimos tres grandes coaliciones bajo el liderazgo de Angela Merkel. Eso fue un gran problema para el SPD porque incluso las medidas que el partido logró impulsar, como la introducción del salario mínimo, se atribuyeron a Merkel. Merkel consiguió mantenerse muy popular después de doce, trece o catorce años en el cargo. Así que el SPD estaba en una posición perdedora.
La nueva dirección decidió entonces que Olaf Scholz, que había sido ministro de Finanzas en el último Gobierno de Merkel, debía ser el candidato del SPD a la Cancillería. Aquello resultó ser la decisión correcta. Norbert Walter-Borjans, Saskia Esken y el secretario general, Lars Klingbeil, prepararon una campaña electoral muy sólida. El lema fue "respeto": respeto por la gente corriente, por las personas que trabajan duro cada día. Fue una decisión de campaña muy acertada.
"Si hoy hubiera elecciones, la CDU/CSU y el SPD no tendrían mayoría juntos y los Verdes también tendrían que formar parte de la coalición"
Pero ahora la estructura de doble liderazgo es un problema, especialmente porque los dos líderes del partido, Lars Klingbeil y Bärbel Bas, forman parte también del Gobierno. Klingbeil es ministro de Finanzas y Bärbel Bas es ministra de Trabajo. Ella tiene que aplicar reformas en las que el SPD debe llegar a compromisos con los conservadores. Por ello, habría sido mejor que al menos uno de los líderes del SPD se hubiera quedado fuera del Gobierno.
Eso complica que los socialdemócratas expliquen a los votantes cuáles son sus ideas, cuál es su identidad y qué los distingue de los cristianodemócratas. El partido es prisionero de esta coalición. Esa es también la diferencia con la situación española: en Alemania no hay una alternativa en el sistema de partidos a esta coalición.
Si hoy hubiera elecciones, la CDU/CSU y el SPD no tendrían mayoría juntos y los Verdes también tendrían que formar parte de la coalición. Así que contaríamos con una coalición de partidos democráticos en el Gobierno y dos partidos de los márgenes en la oposición. Eso no es bueno para la democracia. Puede ser una ventaja para el partido que tiene la Cancillería, los cristianodemócratas, pero vuelve a ser una situación perdedora para el SPD.
Decker explica las dificultades del SPD para diferenciarse de la CDU/CSU dentro de la gran coalición. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Ha dicho algo interesante sobre Angela Merkel: cómo logró mantener alta su popularidad. Los datos de la CDU/CSU son llamativos: el 43% de sus votantes no creen que puedan arreglar la economía. Hemos hablado de por qué el SPD no logra competir bien, pero ¿qué pasa con la CDU/CSU?
El canciller Merz es muy impopular. Es un político conservador algo anticuado. Merkel evitó las reformas. No hubo grandes reformas del sistema de pensiones ni del seguro sanitario porque sabía que las reformas no son populares y que los votantes castigan a quien es demasiado ambicioso.
Ahora la situación es distinta, porque Alemania necesita esas reformas. Pero el concepto de cómo debe ser una reforma del Estado del bienestar es muy diferente en los dos grandes partidos. Esa es una razón.
La otra razón es que Merkel entendía cómo funciona el sistema mediático en una democracia. Tenía experiencia y sabía gobernar. Ya había sido ministra en el Gobierno de Helmut Kohl, en distintos ministerios, entre ellos Medio Ambiente y Mujer. Ni Merz ni Klingbeil habían estado antes en el Gobierno. Así que este Gobierno alemán funciona mal en un sentido técnico. Ambos partidos cargan con la culpa. La desconfianza en el Gobierno ha crecido y ahora es tan impopular como lo fue la coalición semáforo en 2023 y 2024.
Hasta ahora hemos descrito el declive del SPD y de la Unión de formas distintas, pero ambos convergen porque gobiernan juntos. ¿Cree que los alemanes pueden cansarse de esta lógica de gran coalición, de ver a los dos grandes partidos como intercambiables? Esto plantea también la cuestión de la AfD, como partido que puede construir un mensaje contra el bloque central.
En Alemania tenemos el cordón sanitario, la
Brandmauer. Esto significa que no habrá cooperación entre ninguno de los partidos democráticos —especialmente los conservadores— y la derecha radical de la AfD, ni a nivel regional ni a nivel federal.
He sabido que en España hay gobiernos autonómicos formados por los conservadores con Vox. Eso no ocurrirá en Alemania. No es posible. Por supuesto, hay algunos políticos en los partidos cristianodemócratas, especialmente en el este del país, que se preguntan: ¿por qué no? Pero, si eso ocurriera, la democracia cristiana se dividiría. El partido no sobreviviría a una decisión de entrar en coalición con la derecha radical.
"La democracia significa que los votantes tienen la posibilidad de echar a un Gobierno y conseguir otro"
Por eso lo llamo un verdadero dilema. Los partidos son prisioneros de la coalición. Pero hay diferencias entre el nivel federal y los estados federados. Tenemos distintas composiciones de Gobierno en los
länder. Hay coaliciones de izquierdas en ciudades-estado como Hamburgo y Bremen, y puede volver a ocurrir en Berlín. Hay coaliciones conservadoras en Baviera. Y hay coaliciones entre conservadores y verdes en dos de los estados más importantes: Baden-Württemberg y Renania del Norte-Westfalia.
La democracia significa que los votantes tienen la posibilidad de echar a un Gobierno y conseguir otro. A nivel regional hay cierta alternancia. Pero temo que no es así a nivel federal. Ahí la competición se centra sobre todo en quién será el partido más fuerte dentro de una coalición. Si hay una coalición entre cristianodemócratas y socialdemócratas, el partido más fuerte reclama la Cancillería.
Eso es muy importante. El partido que tiene la Cancillería está en una mejor posición que el socio menor. Pero el problema para el SPD es que, en las encuestas, los cristianodemócratas están en torno al 25%, mientras que el SPD está solo en el 12%, el 13% o quizá el 14%. La distancia entre los dos partidos está creciendo. Los socialdemócratas no tienen una posibilidad real de volver a ser el partido más fuerte, salvo en una situación como la de 2021. Sin embargo, como he dicho, aquello fue una excepción y no volverá a ocurrir.
Ese es un problema real, porque la democracia también depende de tener una oposición democrática fuerte. Ahora la oposición la forman la AfD, que no es democrática, y Die Linke. Yo no llamaría a Die Linke un partido antidemocrático, porque acepta las reglas de la democracia parlamentaria. Pero ni siquiera los socialdemócratas están dispuestos a cooperar o formar una coalición con Die Linke a nivel federal. Por ejemplo, Die Linke se opone al rearme, y Alemania ahora tiene que gastar más en la Bundeswehr [el Ejército]. Nunca aceptarían eso. Así que una coalición no es posible.
Este es un problema real y no conozco la solución. La única solución sería que los dos grandes partidos recuperaran apoyo y confianza. Pero en este momento no hay señales de ello.
El politólogo aborda el dilema del cordón sanitario ante el crecimiento de la AfD en Alemania oriental. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
En Sajonia-Anhalt habrá elecciones y las encuestas muestran a la AfD en torno al 40%. Para formar gobierno, la Unión tendría que hacer una coalición con casi todos los demás partidos, incluida Die Linke, con la que discrepa en asuntos fundamentales. En toda Europa hay un debate sobre cómo frenar el crecimiento de la derecha radical. Si el cordón sanitario no se va a romper en Alemania, ¿cuál es el futuro?
En Sajonia-Anhalt tendremos unas elecciones muy difíciles. Lo mismo ocurre en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde también habrá comicios a finales de verano. Puede haber un candidato de la AfD y un candidato del campo democrático.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, por ejemplo, ese candidato podría ser la ministra-presidenta en ejercicio, Manuela Schwesig, que es socialdemócrata. Los votantes de la CDU pueden decidir votar a Schwesig, aunque normalmente preferirían a su propio partido, porque quieren evitar que gane el candidato de la AfD. Es una situación absurda.
"No es nada improbable que la AfD pueda ganar una mayoría absoluta de escaños con solo el 41% o el 42% de los votos"
Esto también puede llevar a una situación en la que los partidos pequeños no alcancen el umbral del 5% necesario para entrar en el Parlamento. Si no están representados, todo el campo democrático se debilita. No es nada improbable que la AfD pueda ganar una mayoría absoluta de escaños con solo el 41% o el 42% de los votos. Eso es lo que muestran las encuestas. Es una situación muy seria.
Quizá algunos votantes, si piensan realmente en lo que puede ocurrir si votan al candidato de la AfD y a la AfD como partido, decidan no hacerlo. Pero eso es solo algo que se puede esperar. No es seguro. Y esta situación también es resultado del mal desempeño del Gobierno federal, donde los dos partidos no son realmente capaces de trabajar juntos sobre una base de confianza. No confían el uno en el otro. No soy muy optimista sobre que esto cambie en los próximos meses.
Muchos esperaban que Alemania, después de las elecciones, liderara Europa, especialmente con Ucrania y Trump, en un momento en que Macron también tenía problemas en Francia. Ese liderazgo no ha llegado. Desde España se criticó mucho la actuación de Merz en la Casa Blanca. Y, al mismo tiempo, en Washington no gustó lo que Merz dijo recientemente sobre Irán. ¿Por qué cree que Merz ha tenido dificultades a la hora de desarrollar una agenda exterior sólida?
Hay un consenso relativamente estable entre los partidos democráticos sobre lo que Alemania debe hacer en política exterior. Tenemos que apoyar a Ucrania. Por supuesto, hay diferencias en los detalles, por ejemplo, en cuánto gastar en defensa. Puede haber diferencias entre socialdemócratas y cristianodemócratas. Y, por nuestra historia, la posición alemana sobre Israel es muy distinta de la que se defiende en España, incluso entre los conservadores y especialmente entre los socialistas.
Pero, si mira Alemania oriental, los partidos que se oponen al apoyo militar a Ucrania no son solo la AfD. También están Die Linke y la nueva Alianza Sahra Wagenknecht. Son conservadores en materia migratoria, pero muy pro-Putin. Esta posición tiene un apoyo significativo, especialmente entre el electorado de Alemania oriental. Eso hace muy difícil que los partidos democráticos utilicen los asuntos de política exterior para hacerse más populares. Están a la defensiva incluso en estos temas.
En cualquier caso, para la opinión pública alemana ahora mismo, aunque estos asuntos están interconectados, las principales preocupaciones son la economía, los problemas del mercado laboral y las reformas del seguro sanitario y del sistema de pensiones.
Decker analiza las causas del debilitamiento económico alemán, desde la energía rusa hasta la competencia china. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Por qué la economía alemana ha tenido un rendimiento tan débil? ¿Qué tipo de reformas vienen y cómo reaccionarán los ciudadanos, especialmente con elecciones por delante?
Si plantea esa pregunta, también debería preguntarse por qué la economía alemana funcionó tan bien hace cinco, seis o siete años. Teníamos gas barato de Rusia. Éramos muy exitosos vendiendo productos alemanes en el exterior, especialmente coches alemanes en China. Y no teníamos que gastar mucho en nuestra seguridad ni en defensa, porque Estados Unidos lo hacía por nosotros.
Todas estas condiciones han cambiado drásticamente para Alemania en un periodo muy corto. Eso también es un problema. Es una cuestión de tiempo: la economía alemana tiene que adaptarse a estas nuevas condiciones, y eso llevará tiempo. Por eso ahora tenemos un rendimiento tan pobre.
"Vivimos en paz durante muchas décadas y pensamos que, tras el final de la Guerra Fría, habría una era de paz eterna. Eso ha cambiado drásticamente"
Ya sabe lo que dijo Bill Clinton: "Es la economía, estúpido". Todo depende de la economía. En Alemania yo diría que se trata de seguridad en un sentido más amplio. Seguridad ahora también significa paz. La guerra de Ucrania está más cerca de Alemania que de España. Nos afecta más. La guerra ha vuelto a Europa. Vivimos en paz durante muchas décadas y pensamos que, tras el final de la Guerra Fría, habría una era de paz eterna. Eso ha cambiado drásticamente. Alemania se ve más afectada por esto que otros países.
También tenemos el problema de los ataques en Alemania. Durante la campaña hubo tres ataques cometidos por solicitantes de asilo. Así que la migración es un tema central. En Alemania también tenemos un problema con los migrantes musulmanes. Después está la economía. La política social depende mucho del crecimiento. Todo se entrelaza.
Esta sería una situación muy difícil y desafiante para cualquier Gobierno y lo principal es si la situación económica en Alemania mejora. No hay señales reales de ello, aunque el Gobierno se ha mostrado bastante optimista con que podría cambiar incluso este año. Pero después llegó la guerra de Irán y la política arancelaria de Donald Trump. Alemania se ve más afectada por los aranceles que otros países. Ese es un problema.
Y siempre hay elecciones. Los gobiernos son castigados por los votantes, y las elecciones regionales suelen tener el mismo efecto que unas elecciones de mitad de mandato. Es parecido a lo ocurrido en Andalucía el domingo: cuando el Gobierno socialista no es popular, los votantes se giran hacia los conservadores o hacia los partidos de derecha.
Usted empezó con el SPD y preguntó por la organización. El SPD también tiene un problema porque, en muchos de estos asuntos, el partido está dividido. En muchos sentidos, hay dos partidos socialdemócratas. Tome la migración: algunos en el SPD no están en contra de una política más restrictiva, mientras que otros defienden los derechos de los solicitantes de asilo y las políticas humanitarias, lo que en Alemania llamamos cultura de bienvenida.
Lo mismo ocurre con la política económica y social. Algunos en el SPD dicen que la primera tarea es mejorar las condiciones de la competencia, el lado de la oferta de la economía. Otros dicen que tiene que haber más redistribución, más justicia social y que hay que defender el sistema de pensiones.
Esto también es un problema para los votantes. Si vota al SPD, ¿a qué SPD está votando? El partido tiene que llegar a compromisos no solo en el Gobierno —porque está en una coalición con los conservadores—, sino también dentro de sus propias filas. Eso no resulta muy atractivo para los votantes. Ese sería mi análisis.
¿Cómo ven los ciudadanos alemanes la democracia y cómo se plantean el futuro?
Hicimos una encuesta hace tres años en la que preguntamos a los votantes cómo miraban al futuro: si pensaban que sus hijos y sus nietos vivirían mejor o no.
Si hubiera hecho la misma pregunta hace cincuenta años, cuando España volvió a ser una democracia y los años setenta fueron también una década de crisis —la primera crisis del petróleo, el terrorismo, el terrorismo radical de izquierdas en Alemania—, el 90% habría respondido que el futuro sería mejor. Habrían sido optimistas. Ahora solo es el 15%.
"Los políticos deben ser capaces de convencer a los votantes de que el futuro puede ser mejor"
Y se distribuye por igual según edad, sexo y profesión. Es bastante triste, porque de eso trata la política. Los políticos deben ser capaces de convencer a los votantes de que el futuro puede ser mejor. Un mundo con solo energías renovables es mejor que el mundo que tenemos hoy. Incluso un mundo con inteligencia artificial puede ser, en algunos aspectos, mejor que el mundo que tenemos hoy. Pero los políticos no están logrando explicarlo.
También preguntamos si la gente estaba satisfecha con el funcionamiento de la democracia en su país. En torno al 50% dijo que sí y el 50% dijo que no. Pero, ¿qué significa eso? Hay muchas razones para decir que la democracia no funciona muy bien. La confianza en el futuro dice mucho más que la confianza en el funcionamiento del sistema democrático.
Por supuesto, también tenemos que pensar en cómo se puede mejorar la democracia. Eso es parte del problema en Alemania. El discurso alemán sobre la democracia trata solo de cómo defender la democracia frente a sus enemigos, frente a la AfD. Pero también tenemos que preguntarnos cómo mejorar las cosas: cómo mejorar las instituciones, el sistema político en su conjunto y cómo crear más posibilidades de participación política, especialmente a nivel local.
Tenemos que hacernos estas preguntas, pero no lo hacemos porque estamos centrados en defender la democracia. Estamos a la defensiva, y siempre es un problema estar a la defensiva.
López Plana pregunta por el pesimismo de la sociedad alemana y la falta de futuros sugestivos en la política europea. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
En Agenda Pública, el escritor Andrés Ortega escribió un artículo titulado "Nadie ofrece futuros sugestivos". Creo que eso es lo que está describiendo. Primero tenemos que imaginar dónde queremos estar y luego ver cómo llegar allí. ¿Es ese el primer paso?
Sí. ¿Cómo podemos alcanzar esos objetivos? Eso también es necesario. Pero primero: ¿cuáles son los objetivos? ¿Cuál es su visión del futuro?
Algunos dicen que Willy Brandt fue en Alemania un político que tenía ese tipo de visión. Su sucesor, Helmut Schmidt —no creo que realmente lo dijera, pero la gente dice que lo dijo—, supuestamente afirmó: si tiene visiones, debería ir al médico. Brandt probablemente tenía más razón. Necesitamos visiones.
Pedro Sánchez, en cierto modo, es capaz de decir a la gente cómo debería ser una sociedad mejor. También es un político carismático. En Alemania nos falta ese tipo de político. Merkel era popular, pero no era en absoluto carismática. A veces hay situaciones en las que se necesita este tipo de político. Pero no se pueden inventar si no están ahí.
Muchas gracias.