No diría nada nuevo si señalase que la política española vive demasiado pendiente de la reacción inmediata: el tuit, la polémica del día, la próxima votación o el siguiente ciclo electoral. Pero lo que sí es, en cierto modo, novedoso, es que los partidos políticos se hagan cargo de esa dinámica. Frente a esa inercia hacia lo inmediato, el Partido Popular ha creado la figura del coordinador de Proyecto Nacional con la intención de pensar el país a más largo plazo, "casi con una generación de perspectiva". Y claro, la pregunta que acompaña a esta idea es
qué significa exactamente esa ambición y cómo se traduce en posiciones concretas.
Conversé en el Senado, en Madrid, con Juan Milián, responsable de esta nueva área, sobre el modelo territorial, la relación con Vox, el futuro del PP en Catalunya, la inmigración, la vivienda y la erosión de la clase media. Milián, en la primera entrevista desde que tomó su nuevo cargo en el partido, plantea de forma recurrente que quieren diferenciarse tanto del proyecto territorial de la izquierda como de las propuestas recentralizadoras de Vox, sin caer en una política de bloques.
"El Partido Popular no quiere hacer una política especular o simétrica, un sanchismo de derechas", sostiene.
Y dentro de la estrategia, Catalunya ocupa un lugar preponderante. Por ello, Milián, catalán, cree que el PP necesita crecer en Catalunya para gobernar España y plantea desplazar el foco desde las élites nacionalistas hacia los problemas cotidianos de la mayoría social. Lo resume apuntalando la idea de que
"La élite nacionalista es la que no coge nunca Rodalies. Nosotros tenemos que dirigirnos al que coge Rodalies cada mañana, si tiene suerte".
Marc López Plana y Juan Milián conversan en el Senado sobre el proyecto nacional del Partido Popular. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Le han nombrado coordinador de Proyecto Nacional. ¿Qué significa exactamente el cargo? ¿Tiene que ver con el programa del Partido Popular?
El coordinador de Proyecto Nacional se centra, sobre todo, en análisis e ideas que van más allá de la inmediatez y de la rapidez de la política, del tuit o de la reacción diaria para comentar lo que está haciendo el Gobierno. Dependo de la Vicesecretaría de Coordinación Sectorial, de Alma Ezcurra. Hablando con ella, vimos que había una necesidad de crear un equipo de pensamiento capaz de plantear una visión de España más allá de las próximas elecciones, casi con una generación de perspectiva.
Son muchos análisis e ideas sobre problemas que pueden afectar o que ya están afectando a la nación. Por ejemplo, cuestiones como la regularización masiva de inmigrantes o las nacionalizaciones a raíz de la
instrucción administrativa de la mal llamada "ley de nietos", que van a afectar, obviamente, a lo que es la nación, porque de repente pasaremos a tener unos cuantos millones más de ciudadanos españoles, con sus beneficios y también con sus problemas para el país. También cuestiones como la pérdida de capacidad adquisitiva, que está provocando una desaparición o una erosión de la clase media en España, cuando la clase media es fundamental para la estabilidad de la democracia.
"Vimos que había una necesidad de crear un equipo de pensamiento capaz de plantear una visión de España más allá de las próximas elecciones"
Y otra cuestión es el reto que plantea ahora mismo la izquierda, con sus socios nacionalistas, sobre la plurinacionalidad. Cuando el Partido Socialista habla ya de caminar hacia un
Estado plurinacional, nosotros creemos que eso es un reto para la nación, porque España es algo mucho más importante y mucho mejor que un Estado plurinacional. Somos una nación plural. Creo que se ajusta más a la realidad, pero además es mucho mejor porque estamos hablando de ciudadanos libres e iguales. La plurinacionalidad no hace referencia a una ciudadanía libre e igual, sino a un conjunto de élites regionales con sus propios privilegios y desigualdades.
Este sería el marco de las cuestiones que trabajamos en la Coordinación de Proyecto Nacional.
Entremos a fondo en alguno de esos temas. ¿Qué le diría a un ciudadano catalán que considera que Catalunya es una nación, que lo encuentra compatible con ser español y reconocer que España también es una nación, y que considera positiva esa doble pertenencia?
Las palabras tienen consecuencias. Las palabras generan ideas, generan valores y generan, al final, un tipo de política u otro. Decir que España es una nación de naciones no solo es un error desde el punto de vista político, porque nación es soberanía y, por tanto, no puede haber naciones dentro de una nación, sino que es perjudicial para la sociedad porque ya no te centras en políticas para los ciudadanos, sino para esas élites regionales.
Es verdad que muchos catalanes tienen esta consideración sobre Catalunya, más allá del aspecto político, y que el término no comporta consecuencias jurídicas. Creo que tenemos que hacer una labor pedagógica para explicar, como decía antes, que es mucho mejor ser una nación plural, como lo es España, que ir a la deriva hacia un Estado plurinacional que rompe solidaridades y te lleva a un proyecto confederal. En el fondo, lo que se intenta justificar desde cierta izquierda con esta idea de la España plurinacional es un Estado confederal.
"Tenemos que hacer una labor pedagógica para explicar [...] que es mucho mejor ser una nación plural, como lo es España, que ir a la deriva hacia un Estado plurinacional"
Un Estado confederal va mucho más allá del federalismo. España ya es un país muy descentralizado, el segundo más descentralizado de toda Europa y uno de los más descentralizados del mundo. Ir hacia un Estado confederal supone crear un Estado inviable, no ya solo desde el punto de vista de la solidaridad: es imposible que haya un Estado del bienestar si no consideras que vas a mantener esa comunidad de ciudadanos iguales en el futuro. Además, es muy fácil someterlo al chantaje de las élites regionales. De hecho, ningún Estado del mundo ha mantenido durante más de unos meses esa configuración confederal: o se federaliza o acaba separándose, como pasó con Serbia y Montenegro.
Creemos que plantear la cuestión de la España plurinacional es una trampa, pero creo que la izquierda va hacia ahí porque, cuanto más acorralado se sienta el Gobierno de Pedro Sánchez, más va a tensionar el debate público hacia una discusión sobre el modelo de Estado. El centroderecha debe estar preparado, y lo estamos, para hacer frente a un debate que se irá acelerando en los próximos meses.
¿Qué le diría a un catalán? La gran mayoría de los problemas que tenemos los catalanes —yo también soy catalán— son problemas de vivienda, seguridad, economía y presión fiscal. Hay una mayoría social que tiene muchos más problemas que la élite nacionalista. Hacer un debate sobre centralización o descentralización creo que es un error. Tenemos que debatir cómo lograr un Estado autonómico más eficaz, cómo mejorar el Estado —y ahí incluyo a la Generalitat de Catalunya— para resolver unos problemas ciudadanos cada vez más graves. Vivienda, seguridad y desgaste de la clase media son cuestiones que ahora mismo afectan a gran parte de la ciudadanía en Catalunya.
Juan Milián defiende una España plural y un Estado autonómico más eficaz. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Aceptemos que Pedro Sánchez, como decía, ha estado presionado por los regionalismos y los independentismos. ¿Cómo puede asegurar el PP que no le pasará exactamente lo mismo con Vox, que tiene un planteamiento distinto al suyo?
Primero, yo creo que la idea confederal, la idea de la España plurinacional, no es solo fruto de la presión de los partidos independentistas o nacionalistas, sino que ya forma parte del ADN del Partido Socialista.
¿Por qué?
Porque ya en 2017 aparecía ese camino hacia la España confederal y el Estado plurinacional en los documentos del PSC y del Partido Socialista, en un momento en el que estaban en la oposición y no estaban influidos —por no decir otra palabra— por los partidos independentistas. Yo creo que esto ya forma parte, por lo menos, de la actual dirigencia del Partido Socialista. No sé si forma parte de las creencias de la mayoría de sus militantes; seguro que no de sus votantes.
¿Qué nos diferencia de Vox? ¿Por qué no nos va a pasar lo que le ha pasado al Partido Socialista, que de alguna manera se ha mimetizado con los partidos o las minorías más radicales? El
Partido Popular y Vox están gobernando en algunas comunidades autónomas y, más allá de cuestiones semánticas, el programa que se aplica es el del partido mayoritario. Por eso nosotros pedimos siempre una fuerza suficiente, primero para poder gobernar en solitario, porque las reformas que queremos hacer en España necesitan una mayoría amplia y sólida. Van a ser reformas importantes desde el punto de vista institucional, territorial y económico.
"El Partido Popular y Vox están gobernando en algunas comunidades autónomas y, más allá de cuestiones semánticas, el programa que se aplica es el del partido mayoritario"
Es verdad que nos diferencian muchas cuestiones y hay que hacer pedagogía sobre ello. Somos un partido autonomista. Creemos en el Estado de las autonomías y creemos que ha traído el mayor periodo de concordia y prosperidad a los españoles en toda nuestra historia. Hay que mejorar el Estado autonómico, pero en ningún caso creemos que haya que recentralizar o eliminarlo, como a veces ha propuesto Vox.
Haría una reflexión: si se hiciera lo que dice Vox y se eliminara el Estado de las autonomías, Pedro Sánchez tendría actualmente un poder mucho mayor del que tiene. La descentralización es buena desde el principio de subsidiariedad, es decir, porque acerca el poder al ciudadano. Sirve también como laboratorio de diferentes políticas públicas en todas las autonomías, pero además responde a un principio liberal: limitar o controlar el poder ejecutivo mediante una división del poder que no sea solo horizontal, sino también vertical.
Vayamos a otro de los grandes temas de la agenda política: la inmigración. ¿Cómo resolvemos como sociedad española la mala situación de nuestra pirámide demográfica y, a la vez, las necesidades de un país que crece y quiere seguir creciendo? ¿Cuál es la propuesta que están trabajando ustedes, no solo a corto plazo, sino también a medio plazo?
Son dos cuestiones. Una es el reto demográfico, el problema de la bajísima natalidad, la más baja del mundo. La idea principal es el apoyo a la maternidad y las políticas de familia. La inmigración es otra cuestión. ¿Es necesaria? Sí, en gran parte sí, sobre todo por una cuestión económica. Por tanto, hay que vincular la llegada de inmigrantes al contrato laboral.
Nosotros no defendemos ni las puertas abiertas ni la expulsión de toda la inmigración. Intentamos racionalizar esta cuestión vinculándola al mercado laboral y exigiendo la integración. Creo que todo Estado tiene el deber de controlar sus fronteras. Por eso me parece una irresponsabilidad que actualmente el Gobierno de España esté sacando a la Guardia Civil y a la Policía Nacional de puertos, aeropuertos y fronteras en Catalunya. El Estado tiene la obligación de controlar las fronteras, y la nación, la sociedad de acogida, tiene derecho a elegir o, al menos, a plantear el debate sobre cuántos inmigrantes somos capaces de acoger, en qué condiciones y qué deberes se les deben exigir.
"No defendemos ni las puertas abiertas ni la expulsión de toda la inmigración. Intentamos racionalizar esta cuestión vinculándola al mercado laboral y exigiendo la integración"
Todo derecho debe comportar un deber: por lo menos, el de respetar los principios constitucionales, nuestras leyes y nuestras costumbres. Creo que este debate debe hacerse de una manera serena, sin demagogias de un lado ni del otro. Este, junto con la vivienda, es uno de los grandes debates que tenemos los españoles. Lo que no puede hacerse es una regularización masiva prácticamente sin control, que nos dijeron que sería de menos de medio millón de personas y ya vemos que supera el millón, sin control de antecedentes policiales. Estamos viendo cómo miles de personas se regularizan sin haber pisado nunca nuestro país. Aquí hay un debate necesario, igual que con las nacionalizaciones y con la mal llamada "ley de nietos".
Milián explica su propuesta para vincular inmigración, empleo e integración. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Cómo lo habrían hecho de manera diferente? Porque en otras épocas Aznar hizo, si no recuerdo mal, dos regularizaciones y Rajoy también hizo una.
Sí, ha habido regularizaciones con todos los gobiernos de España, pero estamos hablando de un volumen totalmente diferente. La
regularización actual supera con creces la suma de las anteriores porque se está haciendo sin ningún control y, por tanto, está provocando un efecto llamada. Nosotros dijimos desde el principio que, por lo menos, tiene que haber un control efectivo de los antecedentes penales y policiales. Estamos viendo cómo se está llamando a funcionarios de prisiones para facilitar las regularizaciones. Esto nos parece una tremenda irresponsabilidad.
Siempre tiene que hacerse de acuerdo con las necesidades de la sociedad de acogida —en este caso, necesidades económicas— y exigir una vocación de integración. Aquel inmigrante que venga con su familia, a trabajar y a respetar los valores de la sociedad de acogida nos parece perfecto. Pero la residencia o la nacionalidad no pueden ser un regalo ni algo que se dé sin ninguna contraprestación, sin haberlo merecido o sin un trabajo de integración.
"Hay que mejorar los canales para atraer la inmigración de manera legal y ordenada, vinculada al trabajo, pero la irregularidad no puede tener premio"
Ahí está la diferencia: hay que mejorar los canales para atraer la inmigración de manera legal y ordenada, vinculada al trabajo, pero la irregularidad no puede tener premio. Entre otras cosas, porque es injusto para las personas que han venido de manera legal, han cumplido todos los plazos y han realizado un trabajo de integración importante. También es insolidario con los demás países de la Unión Europea, porque el resto está avanzando hacia un mayor control de la inmigración. No es una cuestión que solo vea la derecha europea; también lo ve, por ejemplo, la socialdemocracia escandinava. Existe un problema europeo de entrada de inmigración no controlada.
¿Cómo explican que el Papa, los empresarios —que normalmente no están de acuerdo con el Gobierno— y el propio Gobierno coincidan en la necesidad de una regularización? Son personas, organizaciones y representantes de intereses muy diferentes y, sin embargo, están de acuerdo.
Nosotros firmaríamos
lo que dijo el Papa en el Congreso y todos los mensajes que dio en España respecto a la inmigración. Dijo: "Tenemos que acoger, perfecto, pero el inmigrante tiene el deber de integrarse y respetar las leyes, y los Estados tienen la obligación de controlar las fronteras". En eso estamos plenamente de acuerdo.
Es verdad que las patronales y los empresarios necesitan inmigración. Nosotros estamos a favor de esa inmigración vinculada a un contrato laboral, pero no de una regularización masiva que permita la entrada de personas que no tienen vocación de integrarse y que, sobre todo, pueda facilitar la expansión de mafias u organizaciones delincuentes, como las que sufrimos, por ejemplo, en Barcelona, mi ciudad, donde gran parte de la delincuencia es fruto de organizaciones criminales internacionales.
Volvamos a un tema que nos une, porque los dos somos catalanes: la amnistía. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha señalado recientemente que la ley de amnistía cumple determinados aspectos de la normativa europea. ¿Qué habría hecho el PP si le hubieran faltado siete votos para gobernar y el partido que podía aportárselos hubiera exigido una amnistía? Años después, el propio líder del PP ha hablado de pasar página. ¿Hay cierto reconocimiento de que el resultado, quizá no la forma, ha sido positivo?
Vamos a lo de los siete votos. El Partido Popular necesitaba menos de siete votos para llegar a la Presidencia del Gobierno y no aceptamos esas condiciones. No las aceptamos porque no vamos a llegar al Gobierno, por lo menos no de esa manera, al modo sanchista, contradiciendo nuestros principios y traicionando nuestra trayectoria.
La tranquilidad en Catalunya no llega con la amnistía. Llega cuando se impone el Estado de derecho, precisamente donde estamos ahora mismo, en el Senado, con la aplicación del artículo 155. Entonces llega la paz, en ese sentido, y se evidencia que el independentismo estaba engañando a sus propios votantes y que no tenía más recorrido.
Nos seguimos oponiendo a la amnistía más allá de lo que diga el TJUE. Respetamos todas las sentencias —nunca hablaremos de
lawfare—, pero creemos que política y moralmente es un error que no sirve para apaciguar. Y aunque sirviera para apaciguar a una élite nacionalista, continuaría siendo un error porque quiebra la igualdad entre los españoles y la separación de poderes, como decía todo socialista antes de las últimas elecciones generales.
La pacificación o la normalización de Catalunya llega con la aplicación del artículo 155 y la vuelta al Estado de derecho. Es ahora, después de la aplicación de la amnistía, cuando el radicalismo independentista está subiendo con un partido como
Aliança Catalana. De hecho, la suma independentista es ahora más alta que antes de la aplicación de la amnistía.
"Aunque sirviera para apaciguar a una élite nacionalista, [la amnistía] continuaría siendo un error porque quiebra la igualdad entre los españoles y la separación de poderes"
Y Feijóo nunca ha dicho que vayamos a olvidar lo que ha pasado ni que vayamos a pasar página sin haberla leído antes. Cuando lo expresó, dijo que queríamos pasar página del nacionalismo y del socialismo. Creemos que Catalunya merece probar una política diferente, una política como la del Partido Popular. El Partido Popular Europeo ha gobernado prácticamente todos los Estados integrantes de la Unión Europea, pero no en Catalunya.
Nosotros tenemos un plan para Catalunya, un proyecto de libertad, orden y prosperidad, que fue nuestra ponencia política en el último congreso. Un proyecto positivo para recuperar ese orgullo que los catalanes, lamentablemente, hemos perdido en estos últimos años y esa esperanza en un futuro mejor. Tuvimos una chispa de ese orgullo
con la visita del Papa y la inauguración de la torre de Jesús de la Sagrada Familia. Las políticas del Partido Popular —mayor libertad económica, mayor seguridad y prosperidad— son las que pueden revitalizar Catalunya.
Ese es nuestro proyecto para Catalunya: no olvidar nunca lo que ha pasado y aprender las lecciones del pasado. La mejor lección es que no hay que obsesionarse con cómo contentar o castigar al nacionalismo, sino empezar a meter en la ecuación al elemento más importante de Catalunya: la mayoría social que no es independentista. Rara vez ha estado presente en los debates de Madrid o de la prensa nacional. Siempre se habla de Catalunya como si fuera solo Junts o Esquerra Republicana, dos partidos que, por cierto, tienen menos votos que el Partido Popular en Catalunya en las últimas elecciones generales. Hay que hablar a esa mayoría social que tiene problemas de seguridad, vivienda, Rodalies y economía. Ahí hay que centrarse en el futuro.
El coordinador de Proyecto Nacional del PP aborda el futuro del partido en Catalunya. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Se puede gobernar España sin ser un partido fuerte en Catalunya?
Es fundamental que el Partido Popular siga creciendo en Catalunya. Pasamos una travesía por el desierto muy dura, con tres diputados en el Parlament de Catalunya. Ahora nos hemos multiplicado por cinco y en las últimas elecciones obtuvimos quince diputados, pero hay que seguir creciendo. Hay que reducir la brecha entre el Partido Socialista y sus socios y el Partido Popular, porque es fundamental para gobernar España. Los catalanes lo tenemos clarísimo.
Una de las claves es esa conciencia sobre la importancia de Catalunya. El último congreso del Partido Popular fue un congreso de unidad, fortaleza y propuestas. La ponencia política habla a todos los catalanes. Ya no es una política de resistencia, como la que pudimos tener en cierto momento, sino una política con vocación de gobierno también en Catalunya, que llegue a toda España. Creo que Catalunya lo necesita y que cada vez más catalanes lo están viendo.
Antes, cuando lo decía, me tachaban de ingenuo. Soy muy optimista a medio y largo plazo en Catalunya porque creo que hay un cambio cultural. Los jóvenes han dejado de creer que la única manera de ser catalán es ser nacionalista y victimista. Creen que una Catalunya española, orgullosa de sí misma y de su pluralidad, es mucho mejor.
"Soy muy optimista a medio y largo plazo en Catalunya porque creo que hay un cambio cultural. Los jóvenes han dejado de creer que la única manera de ser catalán es ser nacionalista"
Esto ha sucedido en poquísimo tiempo. Cuando decía en pleno procés que la esperanza eran los jóvenes, me respondían: "Imposible, la juventud es más radical". Pero la esperanza son los jóvenes. Lo veía en la universidad, en los estudios y hablando con ellos. Había un elemento crítico con el nacionalismo que antes no existía y que ahora está creciendo. Es muy difícil ver hoy a un joven independentista en Barcelona, muy difícil. Esto está cambiando y el Partido Popular tiene que estar ahí, dirigiendo su política a esos jóvenes que son la esperanza de Catalunya y de España.
¿La estrategia no volvería a pasar, como en su momento con Aznar, por algún tipo de alianza o trabajo conjunto con el nacionalismo de derechas?
Ese espacio también se está reconfigurando y es totalmente impredecible. No sabes hacia dónde se moverá ni en qué acabará Aliança Catalana. Yo creo que no hay que fijarse tanto en esas élites nacionalistas como en la mayoría social. Tenemos que construir un proyecto que hable a la grandísima mayoría de los catalanes, que tiene muchos más problemas en su vida cotidiana que esa élite nacionalista.
La élite nacionalista es la que nunca coge Rodalies. Nosotros tenemos que dirigirnos al que coge Rodalies cada mañana, si tiene suerte, para ampliar el espacio del Partido Popular en Catalunya.
Hablábamos de inmigración y vivienda, asuntos actuales, pero también de medio plazo. ¿Cómo se pueden hacer políticas públicas a medio plazo si no hay capacidad de acuerdo entre los dos grandes partidos? Podemos hablar de vivienda o de los incendios: son cuestiones que exigen medidas sostenidas, pero no se ven acuerdos.
Tenemos que pasar de la política de los muros, de una política que ve al otro como enemigo y exagera lo que es el otro, a una política de puentes. En España se ha roto aquello que el liberal-conservador Edmund Burke decía sobre el pacto entre generaciones: el compromiso entre los muertos, los vivos y los que están por nacer.
La ruptura con el legado de nuestros padres, que es la Transición, con esa política de consensos y de pactos en las grandes cuestiones, está llevando también a una ruptura con el futuro y a políticas actuales que perjudican gravemente a los jóvenes. Una de ellas es la vivienda. Si no hay oferta asequible de vivienda, los jóvenes no tienen futuro. Todo está muy ligado: la ruptura del pacto entre generaciones y lo que está pasando ahora.
Hay que volver a una política de puentes. Ciertamente, es difícil con el Gobierno actual, atrincherado y sin capacidad de dialogar con una oposición a la que ha tildado prácticamente de fascista, en el mejor de los casos, porque últimamente he escuchado algo más. Esto no puede seguir así.
"La ruptura con el legado de nuestros padres, que es la Transición, con esa política de consensos y de pactos en las grandes cuestiones, está llevando también a una ruptura con el futuro"
El Partido Popular no quiere hacer una política especular o simétrica, un sanchismo de derechas. Jovellanos escribió a lord Holland, a propósito de la Revolución Francesa: "¿Porque ellos sean frenéticos, seremos nosotros estúpidos?". Es decir, porque ellos se radicalicen, ¿debemos hacer nosotros lo mismo? No.
Milián conversa con López Plana sobre los acuerdos entre partidos y la política de bloques. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
El Feijóo que llega a Madrid no es el Feijóo de Galicia: allí gobernaba con mayoría y en Madrid está en la oposición. Además, la posibilidad de llegar al Gobierno no depende solo de él. Nos gustará más o menos, pero la gente vota lo que vota y hay que convivir con esa situación. ¿No lo han aceptado ya todos?
Cuando me dicen que el PP es igual que el PSOE actual respecto a la confrontación o a no ceder, me paro, miro a la persona a los ojos y le digo: "Hicimos alcalde a Jaume Collboni para que no gobernara el radicalismo en Barcelona, ni Colau ni los independentistas".
El Partido Socialista actual podría hacer lo mismo al revés. Si considera que un Gobierno de PP y Vox aplicaría, como dijo el otro día una ministra, políticas criminales como las de Hitler, podría hacer lo mismo que hicimos nosotros en el Ayuntamiento de Barcelona: abstenerse y permitir un Gobierno reformista de centroderecha. No lo hizo, que es lo que podría haber hecho, por ejemplo, después de las elecciones de 2023.
Por tanto, no estamos al mismo nivel y no se puede responsabilizar por igual a los dos partidos de la crispación actual. De ninguna manera. Es verdad que cambian las circunstancias entre gobernar Galicia con mayoría absoluta y encontrarse en la oposición después de haber ganado las elecciones, pero en ningún momento el Partido Popular está renunciando a sus principios ni a su vocación de partido de gobierno institucional, sin caer en derivas populistas.
Pensemos en el próximo curso político. Supongamos que el Partido Popular vuelve a ser el partido más votado y que Vox puede darle su apoyo. ¿Sería mejor que Vox estuviera dentro del Gobierno para controlar al socio pequeño, con una táctica similar a la de Sánchez, o fuera del Ejecutivo?
Este debate se ha dado en todas partes del mundo durante los últimos años y no hay una solución perfecta. Nosotros creemos que, para las reformas que España va a necesitar en los próximos años, es mucho mejor contar con una mayoría sólida que permita gobernar en solitario.
"No estamos al mismo nivel y no se puede responsabilizar por igual a los dos partidos de la crispación actual"
En todo caso, no somos un partido que vaya a aplicar cordones sanitarios. Nos los aplicaron a nosotros en Catalunya y sabemos que son malos para el país. Tenemos experiencia de gobiernos autonómicos del Partido Popular y Vox, y son gobiernos que funcionan. No hay recortes de derechos, como se dice, sino políticas a favor de la seguridad y la prosperidad, sin recortes de derechos; al contrario. Obviamente, preferimos gobernar en solitario.
López Plana y Milián analizan los posibles apoyos parlamentarios a un futuro Gobierno del PP. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Pongamos que existe otra opción: que el PSOE se abstenga y que el PP pueda gobernar con el apoyo de Junts, el PNV y Coalición Canaria.
Estamos hablando de una hipótesis que no se va a dar, entre otras cosas porque el Partido Socialista tendrá que pasar una larga travesía por el desierto después del sanchismo. Sabes que tengo la teoría del procés español: Sánchez, de alguna manera, está copiando el proceso independentista desde el punto de vista de generar discordia para no tener que rendir cuentas.
Ese algoritmo procesista predice que después de Sánchez no vendrá algo mucho mejor. Después de Puigdemont vino Torra. Me temo que quien venga después no sea una persona con visión de Estado y capaz de tender la mano al centroderecha para gobernar mejor España. Me temo que vamos a tener que pasar unos años así.
Se habrá encontrado muchas veces con la pregunta de por qué el PP, aun cayendo la que está cayendo, no está ya cerca de una mayoría absoluta en solitario.
Es verdad que ha habido una fragmentación del sistema de partidos, y esto no ocurre solo en España. También tengo que decir que el Partido Popular es actualmente el partido de centroderecha más fuerte de Europa. A veces se pregunta: "¿Estáis bien o estáis mal?". Pero ¿con qué se compara?
"Sánchez, de alguna manera, está copiando el proceso independentista desde el punto de vista de generar discordia para no tener que rendir cuentas"
Si comparamos con el resto de los partidos de centroderecha, en Francia Los Republicanos prácticamente no existen; en Italia gobierna Meloni; en Alemania sí son fuertes, pero con porcentajes incluso por debajo de los que tenemos en España. Las mayorías absolutas seguramente han desaparecido tanto para el centroderecha como para la centroizquierda en toda Europa.
Por tanto, si nos comparamos con el resto de Europa, el Partido Popular está muy fuerte. Estoy convencido de que estaremos más fuertes durante los próximos meses, a medida que nos acerquemos a las elecciones y la sociedad nos vea como la única alternativa posible y necesaria a lo que estamos viviendo, a esta degradación institucional de los últimos años.
Muchas gracias.