

"La regularización supone, por tanto, un reconocimiento institucional de su presencia y de su contribución económica y social"Las solicitudes presentadas, 1.174.978 en total, convierten este proceso en la mayor regularización realizada hasta la fecha en un Estado miembro de la Unión Europea. Esta cifra confirma una doble excepcionalidad española. La primera se ha repetido estos meses con frecuencia: España es el país de la Unión Europea que, de manera periódica, recurre a programas extraordinarios de regularización para afrontar la residencia irregular, a pesar de disponer también de mecanismos ordinarios, como las distintas modalidades de arraigo. Otros Estados miembros cuentan igualmente con instrumentos permanentes de regularización, pero son mucho más reticentes a utilizar procesos extraordinarios, entre otras razones porque prefieren evitar el coste político que supone reconocer la existencia de importantes bolsas de residencia irregular. La segunda excepcionalidad es menos visible, pero quizá más relevante. Cada regularización extraordinaria obliga a hacer visible una realidad que con frecuencia permanece oculta: que cientos de miles de personas ya viven, trabajan, cuidan, consumen, pagan impuestos indirectos y sostienen sectores enteros de la economía sin que su situación administrativa refleje esa realidad. La regularización supone, por tanto, un reconocimiento institucional de su presencia y de su contribución económica y social. Frente a la tentación de invisibilizar estas trayectorias o reducirlas a un problema de control migratorio, el proceso obliga a asumir que forman parte de la sociedad española y que la cuestión ya no es si están aquí, sino en qué condiciones jurídicas y sociales participan en ella.
"La irregularidad no es una cuestión de entrada, sino, sobre todo, una irregularidad de residencia"También el origen nacional de las personas solicitantes ofrece información relevante. Confirma una realidad sabida, aunque no siempre reconocida: en España, como en buena parte de la Unión Europea, la irregularidad no es una cuestión de entrada, sino, sobre todo, una irregularidad de residencia. Es decir, muchas personas acceden al territorio de manera regular —como turistas, estudiantes o titulares de otras autorizaciones temporales— y es la expiración del período de estancia autorizado o las dificultades para acceder o mantener una autorización de residencia lo que termina generando situaciones de irregularidad administrativa.
"Que para muchas personas resulte más rápido y viable acceder a una autorización de residencia mediante una regularización extraordinaria evidencia las limitaciones del sistema de asilo"Otro aspecto especialmente relevante ha sido la inclusión, en este proceso de regularización, de personas procedentes del sistema de protección internacional. Una de cada cinco solicitudes corresponde a personas procedentes del sistema de protección internacional (el 20,4% de las solicitudes corresponde a personas solicitantes de protección internacional, mientras que el 79,6% restante se ha presentado a través del arraigo extraordinario). Este dato constituye, en sí mismo, una llamada de atención sobre el funcionamiento del sistema español de asilo. Que para muchas personas resulte más rápido y viable acceder a una autorización de residencia mediante una regularización extraordinaria que a través del procedimiento ordinario de protección internacional evidencia las limitaciones del sistema de asilo en nuestro país.
"La regularización extraordinaria termina ofreciendo una radiografía mucho más amplia que la de un simple procedimiento administrativo"Esta es la fotografía rápida de un proceso que aún no ha concluido. Será necesario esperar a las resoluciones definitivas para conocer cuántas solicitudes prosperan y qué sucede con quienes continúen viviendo en situación irregular. Pero la cuestión de fondo va mucho más allá de esta regularización concreta. La regularización extraordinaria termina ofreciendo una radiografía mucho más amplia que la de un simple procedimiento administrativo. Nos habla del funcionamiento del mercado laboral, de las limitaciones del sistema de asilo, de la rigidez de los mecanismos ordinarios de acceso y mantenimiento de la residencia y de la distancia existente entre la inmigración que imaginamos y la que realmente existe.
"La convivencia no surge de manera espontánea: se construye a través de las instituciones y de las políticas públicas"Finalmente, hay una cuestión que conviene no olvidar. La regularización no termina con la concesión de una autorización de residencia. También exige dotar a comunidades autónomas y ayuntamientos de los recursos necesarios para gestionar una sociedad cada vez más numerosa y plural. El crecimiento de la población requiere unos servicios públicos dimensionados para responder a ese crecimiento. Y una sociedad más diversa exige políticas capaces de incorporar esa pluralidad en la educación, los servicios sociales, la sanidad, la vivienda o la participación ciudadana. La convivencia no surge de manera espontánea: se construye a través de las instituciones y de las políticas públicas. Si la regularización reconoce derechos y corrige una disfunción del sistema migratorio, la gestión de la realidad demográfica y social es la condición necesaria para reforzar la cohesión social y fortalecer la convivencia democrática en España.
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