La cumbre europea del pasado jueves fue
una demostración de las tensiones entre la arquitectura institucional de la Unión Europea y la realidad geopolítica del continente. Días antes del encuentro de jefes de Estado y de Gobierno, trascendió que el equipo de António Costa, presidente del Consejo Europeo, había abierto vías de contacto con Rusia. No negociaciones ni conversaciones con sustancia, sino sencillamente
canales diplomáticos. La información fue confirmada por fuentes europeas y también por su jefe de gabinete a los embajadores representantes permanentes de los Veintisiete ante la UE.
La decisión ha sorprendido porque
solamente un pequeño grupo de líderes europeos fue informado sobre la intención de establecer ese contacto. Muchas otras fuentes diplomáticas confirman que conocieron el asunto por la prensa cuando
Bloomberg dio la exclusiva durante
la cumbre del G7 que se celebró la semana pasada en Évian (Francia).
El movimiento del portugués ha generado tensión en dos sentidos. Por un lado,
un grupo de Estados miembros nórdicos y del este no comparte que sea el momento de abrirse a dialogar con Rusia. Son los países más expuestos a la amenaza de Moscú y los
halcones que han liderado el giro europeo hacia posturas duras contra el Kremlin a lo largo de los últimos cuatro años de guerra contra Ucrania.
Los bálticos son especialmente contrarios a los contactos con el entorno de Vladímir Putin.
"Un grupo de Estados miembros nórdicos y del este no comparte que sea el momento de abrirse a dialogar con Rusia"
Algunos, como Gitanas Nausėda, presidente de Lituania, o el primer ministro estonio, Kristen Michal, se muestran contrarios a este movimiento, como lo han hecho desde que
Volodímir Zelenski, presidente ucraniano, planteó de manera directa por primera vez durante una reunión de la Comunidad Política Europea celebrada en Armenia que Europa debía asegurarse de estar en cualquier eventual negociación con el Kremlin. El asunto ha seguido en la agenda de los líderes y también de los ministros de Asuntos Exteriores, sin que se resuelva
la falta de consenso europeo alrededor de la estrategia que seguir.
Otros países sí que han respaldado la iniciativa de Costa, incluso si no les había informado, como ha hecho, por ejemplo, Bart de Wever, primer ministro de Bélgica.
"Vamos a enviarte a Moscú", bromeaba el belga con Costa al salir del edificio del Consejo Europeo al finalizar el primer día de cumbre.
Esa tensión muestra que
no existe todavía consenso europeo en la estrategia que seguir respecto a los contactos con el Kremlin y el papel que debe jugar Europa en ese diálogo.
Tampoco hay una divergencia absoluta. Incluso los más favorables a abrir vías de comunicación con Moscú comparten que
el papel de Europa no es el de "mediadora". Eslovaquia, uno de los países con gobierno cercano a Moscú, ha defendido la iniciativa como una forma de "poner el balón en el tejado" ruso.
"No existe todavía consenso europeo en la estrategia que seguir respecto a los contactos con el Kremlin y el papel que debe jugar Europa en ese diálogo"
"Lo que estoy haciendo desde mi oficina es
establecer un canal diplomático, porque no podemos depender únicamente de otros para interpretar los mensajes rusos y debemos ser capaces de transmitir directamente a Rusia nuestros propios mensajes", ha explicado Costa, siguiendo así
la línea que ha marcado la misma Ucrania.
Tensión geopolítica
Costa ha generado una cierta tensión de otra manera, más institucional. Los líderes del llamado "E3", formado por las grandes potencias militares europeas, es decir, Reino Unido, Francia y Alemania, acababan de declarar que
hay que abrir esas vías de comunicación con Moscú. Pero Londres ya no forma parte de la Unión Europea, por lo que el papel de Costa no cubre a un actor clave en cualquier debate respecto al futuro de la seguridad europea, a pesar de que
los británicos son claves para cualquier debate sobre dicho asunto. También lo son, por ejemplo, los noruegos.
Eso demuestra cómo
la dimensión geopolítica estira al máximo las costuras institucionales de Europa. La UE puede intentar responder a la demanda que hay de unidad y coordinación europea, pero será muy difícil que cumpla con las necesidades que hay. Incluso Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español y estrecho aliado de Costa, admite que los límites de cualquier esfuerzo del portugués chocan con una cuestión clave para un grupo de países, algunos de fuera de la Unión, que tienen el compromiso de desplegar tropas sobre el territorio,
la llamada "coalición de voluntarios". Nadie salvo los propios líderes puede negociar algo tan sensible como poner botas sobre el terreno, incluso si hay un acuerdo de paz.
"La UE puede intentar responder a la demanda que hay de unidad y coordinación europea, pero será muy difícil que cumpla con las necesidades que hay"
Al mismo tiempo, más allá de los
halcones,
hay muchos países pequeños que tienen desconfianza por formatos en los que un grupo de grandes Estados miembros negocia bilateralmente con Moscú y que no tiene en cuenta sus intereses, por lo que ven con buenos ojos que Costa, que responde también ante ellos, tenga un papel destacado.
El presidente del Consejo Europeo ha intentado aclarar que
no pretende invadir terrenos sobre los que no tiene competencias, y que las esferas de acción están diferenciadas. "Para que quede muy claro, no veo ninguna contradicción ni competencia entre los distintos actores y formatos. Son complementarios. Solo Ucrania puede negociar en nombre de Ucrania. Sin duda, la coalición de voluntarios y sus líderes también tendrán que desempeñar un papel en lo que respecta a las garantías de seguridad, pero en lo que se refiere a los intereses de la Unión Europea, estos deberán ser defendidos por las instituciones de la Unión Europea de conformidad con los Tratados", explicó Costa al finalizar
la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de este pasado viernes.