Miércoles, 29 de julio de 2026
GEOESTRATEGIA

Los mapas de la carrera por los minerales críticos: así es el nuevo escenario geopolítico

Los movimientos en el tablero geopolítico se entienden a través de las tierras raras y los recursos naturales. Darío Salinas y Kevin Kucholtz, de Cassini Spain, analizan y ofrecen tres mapas distintos para comprender el posicionamiento de EE. UU., China y la Unión Europea. Mientras Washington lucha contra la "paradoja imperial" por la que acaba dependiendo de China en la obtención de estos minerales, Pekín "ha demostrado lo que significa pensar a largo plazo". Finalmente, Europa "no podrá actuar como potencia" en este campo hasta que no cambie su visión estratégica.

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La competición por los minerales críticos se ha convertido en uno de los ejes estructurantes de la rivalidad entre grandes potencias. La segunda Administración Trump la ha acelerado con un giro sin precedentes, desplegando una diplomacia que condiciona los compromisos de seguridad estadounidenses al acceso a recursos estratégicos. Los Acuerdos de Washington entre la República Democrática del Congo y Ruanda, firmados el 4 de diciembre de 2025, son su expresión más reciente. 

"La potencia que configuró el orden internacional de posguerra altera ahora las reglas que ella misma estableció, impulsada por sus propias dependencias externas"
Estados Unidos media en un conflicto que desestabiliza el este congoleño desde hace tres décadas, pero vincula su implicación al acceso a los yacimientos de cobalto, que concentran el 70% de la producción mundial. Un día antes, la Comisión Europea aprobaba el Plan RESourceEU, una respuesta que evidencia la distancia con Washington en capacidad de acción. Este artículo examina las raíces estructurales de esta competición y su evolución reciente, con especial atención a la rivalidad entre Estados Unidos y China, las respuestas institucionales de la Unión Europea y las limitaciones del caso español.

La paradoja imperial estadounidense: dependencia en la era de la hegemonía

La potencia que configuró el orden internacional de posguerra altera ahora las reglas que ella misma estableció, impulsada por sus propias dependencias externas. Es la paradoja imperial estadounidense. De los sesenta minerales que el Servicio Geológico de Estados Unidos clasifica como críticos en su lista de 2025, cuarenta presentan una dependencia de importaciones superior al 50%; para doce de ellos, la dependencia es total. China, por su parte, domina el 91% del refinado global de tierras raras según la Agencia Internacional de la Energía, además de la producción de galio, germanio y grafito procesado, insumos imprescindibles para semiconductores avanzados y baterías de última generación. La ventaja china no es solo extractiva. Sus plantas de refinación operan con márgenes que ni Estados Unidos ni la Unión Europea pueden replicar sin subvención sostenida.

Pulse para hacer zoom. Los países en verde indican minerales para los que Estados Unidos depende en más de un 50 % de las importaciones, mientras que las barras identifican los casos en los que un solo proveedor concentra la mayor parte del suministro. La cartografía evidencia que la principal vulnerabilidad estadounidense se sitúa en la concentración del abastecimiento y en las etapas de procesamiento, más que en la disponibilidad geológica de recursos. Mapa: Thomas Cattin, Cassini Spain.


Esta vulnerabilidad tiene raíces internas. La globalización que Estados Unidos impulsó vació progresivamente su base manufacturera, incluida la infraestructura minera e industrial necesaria para procesar estos recursos. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, el empleo manufacturero cayó de 19,6 millones de trabajadores en 1979 a 12,8 millones en 2023. En 2015, Molycorp, única planta de procesamiento de tierras raras en suelo estadounidense, cerró por quiebra, incapaz de competir con los precios chinos. Mientras esta erosión avanzaba, las prioridades presupuestarias tras el 11-S privilegiaron las intervenciones militares en Oriente Medio. China, en cambio, invertía sistemáticamente en desarrollo industrial y en el control de las cadenas de suministro de materias primas estratégicas.


"Las alianzas históricas, forjadas en la Guerra Fría y mantenidas durante décadas de hegemonía, se reconfiguran ahora en torno a las cadenas de suministro"
De ahí el giro en la política exterior estadounidense. El proteccionismo, marginal durante décadas de consenso librecambista, se ha instalado en el centro de la política comercial. Las alianzas históricas, forjadas en la Guerra Fría y mantenidas durante décadas de hegemonía, se reconfiguran ahora en torno a las cadenas de suministro que determinarán quién domina las industrias del futuro.

La reconfiguración de la estrategia estadounidense: entre continuidad y unilateralismo

Los minerales críticos no cristalizaron como cuestión geopolítica hasta la década de 2010, cuando pasaron a condicionar la competitividad industrial y la autonomía estratégica de las grandes potencias. Un punto de inflexión fue la decisión del Gobierno chino de restringir las exportaciones de tierras raras en 2010, reduciendo las cuotas un 40% en el contexto de la disputa con Japón por las islas Senkaku. China demostró entonces que podía utilizar el suministro de materias primas como instrumento de presión. Desde entonces, reducir esta vulnerabilidad se ha convertido en un consenso bipartidista en Washington. La Reserva Nacional de Defensa, creada en 1939 y prácticamente olvidada tras la Guerra Fría, recobró protagonismo. El Congreso comenzó a encargar estudios sobre la vulnerabilidad del suministro para la industria de defensa.

El consenso sobre el fondo ha convivido con diferencias notables en la forma de abordarlo. Más allá de los ciclos electorales, lo que estructura la política estadounidense desde 2010 es la percepción de una rivalidad de largo alcance con China por el acceso a los insumos de los que depende su base industrial y militar. El primer mandato de Trump (2017-2021) recurrió a órdenes ejecutivas que instaban a las agencias federales a identificar dependencias críticas y acelerar la producción doméstica, llegando en 2020 a declarar una emergencia nacional que habilitaba fondos de defensa para proyectos mineros. La Administración Biden (2021-2025) privilegió la vía legislativa, más difícil de revertir, y la coordinación multilateral. La CHIPS and Science Act y la Inflation Reduction Act movilizaron conjuntamente más de 600.000 millones de dólares para semiconductores, energías limpias y reindustrialización. El Minerals Security Partnership, lanzado en 2022 con Japón, Corea del Sur, Australia y la Unión Europea, buscó articular una respuesta coordinada frente al dominio chino.

"La nueva oleada de órdenes ejecutivas autoriza la extracción en tierras federales, con Alaska como prioridad. Lo distintivo de esta etapa es el despliegue simultáneo de presión comercial y diplomacia transaccional"
La segunda Administración Trump marca una ruptura con el multilateralismo, no con el conflicto de fondo. La nueva oleada de órdenes ejecutivas autoriza la extracción en tierras federales, con Alaska como prioridad. Lo distintivo de esta etapa es el despliegue simultáneo de presión comercial y diplomacia transaccional. El denominado "Día de la Liberación", en abril de 2025, impuso un arancel base del 10% y gravámenes escalados de hasta el 50% a las economías con mayor déficit bilateral, sin distinguir entre adversarios y aliados. Las presiones sobre Dinamarca por Groenlandia, la inclusión del acceso a minerales ucranianos en las negociaciones sobre el conflicto, o los acuerdos de Washington con la RDC y Ruanda responden a esta misma lógica.

Asia Central: un laboratorio de la rivalidad con China

La competición actual por los minerales críticos no puede entenderse sin atender a la estrategia que China ha desplegado durante tres décadas para asegurar el acceso a recursos localizados fuera de sus fronteras. Empresas estatales y consorcios privados chinos han adquirido participaciones en explotaciones mineras, financiado infraestructuras de transporte y firmado acuerdos de compra a largo plazo en tres continentes. En la República Democrática del Congo, empresas chinas controlan quince de las diecisiete operaciones de cobalto y dominan el 70% del sector minero. 

En el triángulo del litio sudamericano, la china CATL, mayor fabricante mundial de baterías para vehículos eléctricos, lidera un consorcio de 1.400 millones de dólares en Bolivia, mientras otras firmas expanden operaciones en Argentina y Chile. La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping de Busán, en octubre de 2025, mostró hasta qué punto esta acumulación de posiciones se ha convertido en capacidad de negociación. China logró la suspensión temporal de los controles a cambio de una reducción arancelaria estadounidense del 57% al 47%.

"Durante las últimas dos décadas el Gobierno chino ha tejido nuevas dependencias mediante inversiones en infraestructuras de conexión, participaciones en empresas extractivas y acuerdos comerciales preferenciales"
La proyección china se extiende por varios continentes. Asia Central permite observar cómo operan estas rivalidades a escala regional. Se trata de una región sin salida al mar, enclavada entre Rusia, China, Irán y Afganistán, que produce 19 de los 34 minerales que la Unión Europea clasifica como críticos. Las cinco repúblicas postsoviéticas han mantenido vínculos históricos con Rusia, pero durante las últimas dos décadas el Gobierno chino ha tejido nuevas dependencias mediante inversiones en infraestructuras de conexión, participaciones en empresas extractivas y acuerdos comerciales preferenciales. El ferrocarril entre China, Kirguistán y Uzbekistán constituye el proyecto más emblemático de esta proyección hacia lo que China considera su periferia estratégica.


Pulse para hacer zoom. El mapa superpone zonas con reservas significativas, explotaciones controladas por actores extranjeros y los principales corredores de transporte. Esta combinación muestra que el valor estratégico de Asia Central no reside únicamente en sus recursos, sino en el control de las infraestructuras y de las rutas que permiten su inserción en las cadenas de suministro globales. Mapa: Thomas Cattin, Cassini.


La cumbre C5+1 de noviembre de 2025, que reunió a Trump con los líderes de Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán, representa un intento de disputar esta influencia. El total de compromisos alcanzó los 130.000 millones de dólares, incluyendo una joint venture de tungsteno en Kazajistán. El descubrimiento del yacimiento "Nueva Kazajistán" en Karagandá, anunciado en abril de 2025, refuerza el interés estratégico de la región, con reservas probadas de un millón de toneladas de tierras raras. Los flujos comerciales actuales, sin embargo, reflejan otra realidad. En 2023, Kazajistán exportó minerales críticos por valor de 3.070 millones de dólares a China y 1.800 millones a Rusia, frente a apenas 544 millones hacia Estados Unidos. Una dependencia estructural difícil de revertir en el corto plazo.

Una Europa a otra velocidad 

La Unión Europea quedó al margen de la negociación de Busán, un acuerdo bilateral que afecta directamente a sus intereses. Su posición en la competición por minerales críticos está marcada por una dependencia de importaciones que supera el 90% para una decena de materias primas estratégicas, incluyendo boro, niobio, titanio, magnesio, litio refinado y tierras raras. En los imanes permanentes, esenciales para motores eléctricos y turbinas eólicas, la dependencia de China alcanza el 98%.

"Las restricciones chinas de 2010 ya habían evidenciado los riesgos de la concentración del suministro, pero la respuesta europea tardó más de una década en materializarse"
Esta vulnerabilidad no es nueva. Las restricciones chinas de 2010 ya habían evidenciado los riesgos de la concentración del suministro, pero la respuesta europea tardó más de una década en materializarse. Fue la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania la que aceleró el cambio de enfoque, al evidenciar que las dependencias externas podían convertirse en vulnerabilidades estratégicas. La Ley Europea de Materias Primas Fundamentales (CRMA), en vigor desde mayo de 2024, estableció por primera vez objetivos vinculantes para 2030. El 10% del consumo anual deberá proceder de extracción europea, el 40% de procesamiento interno y el 25% de reciclaje. Ningún país tercero podrá suministrar más del 65% de cualquier materia prima estratégica.


Pulse para hacer zoom. Mapa: Cassini.


El Plan RESourceEU, aprobado el 3 de diciembre de 2025, busca traducir estos objetivos en capacidades operativas. Moviliza 3.000 millones de euros en doce meses. Sus principales instrumentos son un Centro Europeo de Materias Primas Críticas, operativo desde 2026 e inspirado en la agencia japonesa JOGMEC, una plataforma de compra conjunta para agregar la demanda de los Estados miembros, un programa piloto de almacenamiento estratégico y restricciones a la exportación de chatarra de imanes permanentes. En el plano exterior, la estrategia se apoya en quince asociaciones con países productores, la más reciente con Sudáfrica en noviembre de 2025.


Las cifras, sin embargo, revelan la magnitud del desfase. Los 3.000 millones europeos palidecen frente a los 130.000 millones comprometidos por Estados Unidos en Asia Central o los volúmenes de inversión china en África y América Latina. Y el principal desafío reside en los tiempos. Desarrollar una explotación minera desde la exploración hasta la producción requiere entre diez y quince años en el contexto regulatorio europeo. Los objetivos para 2030 dependerán de proyectos ya en fase avanzada y de la capacidad para acelerar procedimientos sin erosionar los estándares ambientales que la propia Unión promueve como marca distintiva.

El caso español

Los objetivos europeos dependen de lo que ocurra en los Estados miembros. De los 47 proyectos seleccionados por la Comisión Europea en marzo de 2025, siete se localizan en España. Dos son de tungsteno, dos de litio, uno de cobalto-níquel y dos de cobre y reciclaje. Pero a diferencia de Portugal, que ya exporta litio, o de los países nórdicos con infraestructura minera consolidada, España carece de capacidad operativa pese a su tradición histórica en wolframio.

"España posee reservas de 32.000 toneladas métricas según el USGS y alberga dos de los tres proyectos europeos reconocidos como estratégicos"
El tungsteno representa la oportunidad más concreta. España posee reservas de 32.000 toneladas métricas según el USGS y alberga dos de los tres proyectos europeos reconocidos como estratégicos. El yacimiento de El Moto, en Ciudad Real, podría suministrar el 20% de la demanda europea en su primera fase. El litio presenta un panorama más complejo. El proyecto de Cáceres, segundo mayor depósito europeo en roca dura, está condicionado por una fuerte movilización ciudadana desde 2017, agravada por la proximidad al casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad. El desplome del precio internacional, que cayó de 78.000 a menos de 15.000 dólares por tonelada, ha añadido incertidumbre económica al rechazo social. En tierras raras, los estudios europeos concluyen que no existen depósitos económicamente viables en la península ibérica.


A estas limitaciones se suma la incertidumbre regulatoria. El Plan de Acción 2025-2029, primer programa nacional de exploración minera en medio siglo carece de dotación presupuestaria específica. Las competencias mineras, distribuidas entre Estado y comunidades autónomas, generan un marco fragmentado que ralentiza los procedimientos. Con todo, el principal desafío no es extractivo sino industrial. Sin capacidad de procesamiento, España podría limitarse a exportar materia prima sin transformar.

Autonomía estratégica: un horizonte incierto

La cuestión del acceso a minerales críticos se ha consolidado como eje vertebrador de la política exterior y la política industrial de las grandes potencias en el siglo XXI. Para Estados Unidos, lo que está en juego es la capacidad de mantener su hegemonía industrial en un contexto que él mismo contribuyó a crear. La interdependencia que durante décadas se presentó como signo de globalización exitosa, se revela ahora como vulnerabilidad estructural, y corregirla exige plazos que la polarización política y la alternancia de prioridades entre administraciones difícilmente garantizan. China, por contraste, ha demostrado lo que significa pensar a largo plazo. Tres décadas de inversión sostenida en capacidad de refinado, sus adquisiciones estratégicas en el exterior y su desarrollo de infraestructuras de conexión le han permitido dominar no solo la extracción sino toda la cadena de valor, desde el mineral en bruto hasta el componente terminado.

"Para la Unión Europea, el desafío consiste en reducir dependencias acumuladas durante décadas en un contexto donde el unilateralismo de la Administración Trump debilita su posición negociadora"
Para la Unión Europea, el desafío consiste en reducir dependencias acumuladas durante décadas en un contexto donde el unilateralismo de la Administración Trump debilita su posición negociadora. La guerra en Ucrania ha añadido urgencia al diagnóstico, mientras China sigue controlando los insumos que la transición verde europea necesita. El CRMA y el Plan RESourceEU representan avances institucionales significativos, pero su éxito dependerá de la capacidad para traducir compromisos financieros en capacidades industriales operativas a la velocidad que exige el contexto geopolítico. El caso español ilustra las dificultades de esta traducción a escala nacional. La coyuntura ofrece oportunidades reales en tungsteno y, con más dificultades, en litio. Pero las inercias administrativas y la fragmentación competencial amenazan con cerrar la ventana antes de que llegue a materializarse. El país necesita no solo agilizar procedimientos, sino definir si aspira a exportar materia prima o a captar el valor del procesamiento donde se genera mayor valor añadido. Y debe hacerlo en un contexto de inestabilidad política y con una tradición limitada de pensamiento estratégico como Estado.


En el plano global, todo apunta a la persistencia de una competición de alta intensidad por el acceso a minerales críticos, con episodios de escalada y distensión determinados por la dinámica entre Estados Unidos y China. De ahí que la autonomía estratégica requiera inversiones sostenidas, marcos regulatorios estables y una visión de largo plazo que trascienda los ciclos electorales. Pero la autonomía es también una cuestión de autopercepción. Europa no podrá actuar como potencia en este ámbito mientras siga concibiéndose como un espacio de regulación o un mercado antes que como un actor con proyecto geopolítico propio en la competición global por los recursos.

Este artículo incorpora información del informe sobre stocks estratégicos de materiales críticos del Observatoire de la sécurité des flux et des matières énergétiques, coordinado por IRIS con la colaboración de Enerdata y Cassini, y respaldado por la DGRIS del Ministerio de las Fuerzas Armadas de Francia.
Darío Salinas Palacios
Darío Salinas Palacios
Cofundador de Kartex Risk
Es doctor en Geopolítica (Université Paris 8, Instituto Francés de Geopolítica), cofundador de Kartex Risk y embajador del Pacto Climático de la UE.
Kevin Kucholtz
Kevin Kucholtz
Profesor de comercio internacional e investigador para Cassini Spain
Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III de Madrid y licenciado en Economía por la University of Dallas. Imparte docencia en comercio internacional y colabora como investigador con Cassini Spain. Su trabajo está enfocado principalmente en el análisis de la política exterior de Estados Unidos.
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