"En las calles de Diaspar, siempre era de día, y jamás llegaba la oscuridad", es una cita de La ciudad y las estrellas. Su autor, el británico Arthur C. Clarke, imaginó, en 1956, cuando publicó aquella ficción, a
una ciudad tan idílica como eterna, sin fisuras, una donde la luz fuese perpetua, y donde el tiempo y la naturaleza estuviesen domesticados.
Aquella imagen, tan perfecta como inquietante, aún sirve para entender la pulsión de quienes hoy sueñan con reinventar el planeta: la consolidación de un mundo (para los billonarios) sin sombras, sin incertidumbre, gobernado por la geometría del capital y las fantasías de las inteligencias artificiales. En esa claridad postiza se inscribe Praxis, la empresa estadounidense que quiso comprar Groenlandia para transformarla en el laboratorio de un futuro privatizado (o presente utópico), pero que terminó convirtiendo a la gran isla dependiente del reino danés en uno de los objetivos expansionistas más ambiciosos de la Administración de Donald Trump.
"El impulso siempre ha sido el mismo: inventar paraísos utópicos que prometan libertad y desarrollo, pero que en realidad funcionen como refugios fiscales y laboratorios tecnológicos"
No es una novedad, por supuesto, que las élites actuales busquen la creación de su propio Diaspar: un territorio sin la incomodidad de los gobiernos, ni la intromisión de las leyes y de la transparencia. Desde los enclaves caribeños, como Cuba, Bahamas o Panamá, hasta las mecas financieras de hoy, el impulso siempre ha sido el mismo: inventar paraísos utópicos que prometan libertad y desarrollo, pero que en realidad funcionen como refugios fiscales y laboratorios tecnológicos, donde lo único intocable sea el privilegio de los habitantes (y gobernantes).
Sobre lo mismo, ya nos advertía Aldous Huxley en Un mundo feliz, donde la perfección se construía sobre la cuestionable idea de que todo, absolutamente todo, debería estar programado, tanto las luces como las sombras.
Se trataba de un mundo regido por un gran Estado mundial capaz de manipular la reproducción humana para garantizar el funcionamiento de los ciudadanos con base en su inamovible e incuestionable clase social.
La crítica social que hace esa obra, sobre la búsqueda de sociedades tan perfectas como ultramanipuladas, es tan vigente ahora como cuando vio la luz en 1932.
Al respecto, geografías como la de la actual Groenlandia se ofrecen como escenarios idealizados al más puro estilo de Clarke o Huxley, en los que, detrás de la utopía, aparecen siempre las viejas obsesiones de las élites: escapar de la regulación, blindar fortunas, y, sobre todo, convertir al mundo entero en una suerte de archipiélago de ciudades-estado privadas. En aquellas utopías, la idea de felicidad resultaba tan efímera como objetable. La cuestión, en el mundo hiperdigitalizado y megatecnológico en el que vivimos, es si esas utopías pueden (finalmente) materializarse o no, y, sobre todo, saber cuál es el precio real a pagar por esa vida tan artificial que prometen.
¿Qué es Praxis y quiénes están detrás de "la primera nación digital del mundo"?
Este proyecto tecnolibertario nacido en Silicon Valley ha sido uno de los catalizadores del obsesivo interés de Trump por Groenlandia, y su objetivo es el proponer a la isla como un nuevo modelo basado en ciudades-estado digitales. Esta organización, autoproclamada como "la primera nación digital del mundo", se presenta como una nación sin territorio que busca crear enclaves autónomos con leyes propias y economías sustentadas en el blockchain y la inteligencia artificial. Hasta hace un par de años, estaba constituida por cuatrocientos socios; hoy, hablamos de más de 150.000. Y, lo más importante:
el valor que tiene la empresa es de 1.117 billones de dólares (960 mil millones de euros).
"El propósito de los tecnolibertarios fue el de expandir su promesa de crear un modelo de ciudades libres (sin regulación fiscal y gubernamental) por todo el mundo"
Resulta que, en 2024, cuatro de sus miembros hicieron un viaje a Nuuk (la capital groenlandesa) para hacer una propuesta de compra de ese territorio, promoviendo así su independencia económica de Dinamarca, mediante una ingente inversión de capital privado. Además, presentaron un proyecto de desarrollo urbano y tecnológico sin precedentes. ¿El objetivo? A la par de la adquisición de la gran isla de origen vikingo, el propósito de los tecnolibertarios fue el de expandir su promesa de crear un modelo de ciudades libres (sin regulación fiscal y gubernamental) por todo el mundo. Y su idea fue muy clara: transformar al planeta en una constelación de enclaves soberanos, donde la innovación tecnológica y financiera sustituyan a la política tradicional. En pocas palabras, este caso se convirtió en una versión muy actualizada del eterno debate entre las tesis de Francis Fukuyama y de Samuel Huntington acerca del idealismo más liberal frente al realismo tradicional. Los formatos y los actores suelen cambiar, pero las ideas centrales se mantienen.
Ahora bien, ¿quiénes son los nombres que están detrás de Praxis? El fundador es Dreyden Brown, un californiano milenial nacido en la década de los noventa del siglo pasado (no hay, hasta el momento, una fuente seria que diga con certeza cuál fue su año de nacimiento). Según lo cuenta el periodista Jorge Richter en un vídeo del diario El Confidencial, tras la victoria de Joe Biden en 2020,
el mismo Brown aseguró que Estados Unidos ya era "un Estado fallido", y fue entonces cuando decidió crear esta comunidad para millonarios digitales del mundo.
Además de este joven emprendedor, también destaca el nombre de Charlie Callinan, cofundador de Praxis. No hay mucha información pública acerca de él, salvo que es economista y que ha trabajado en proyectos de innovación tecnológica, así como en fondos de inversión. En Silicon Valley ha participado en startups y capitales de riesgo. También está David Weinreb, vicepresidente de la organización. Él fue fundador de la Howard Hughes Holdings Inc. (una empresa dedicada a crear desarrollos inmobiliarios de gran escala, enfocada en el urbanismo moderno y a la integración de servicios dentro de los inmuebles. Cabe destacar que
la sede de esa corporación está en Woodlands, Texas, donde muchos millonarios mexicanos tienen fuertes inversiones inmobiliarias).
Además de ellos, distintas fuentes, como el vídeo de Richter en El Confidencial, destacan que dentro de Praxis hay muchos inversores de Silicon Valley (no todos con nombres públicos). Se estima que la organización ha recibido más de quinientos millones de dólares de financiamiento de fondos de riesgo y empresarios tecnológicos, y entre ellos aparece el nombre de Peter Thiel (cofundador de PayPal y Palantir).
"Se estima que la organización ha recibido más de quinientos millones de dólares de financiamiento de fondos de riesgo y empresarios tecnológicos, y entre ellos aparece el nombre de Peter Thiel"
Por otra parte, hay otro nombre clave: Ken Howery, otro cofundador de PayPal y amigo cercano de Elon Musk. Como parte de su ofensiva contra la Unión Europea y en la agresiva propuesta de compra de Groenlandia, Donald Trump lo nombró embajador en Dinamarca. Desde luego, Howery asumió el cargo en medio de las fuertes tensiones con Copenhague, defendiendo "la necesidad absoluta" de que Estados Unidos se haga con el territorio groenlandés, argumentando motivos de "seguridad nacional" y para "frenar la influencia china global". En pocas palabras, su perfil corporativo queda enmarcado perfectamente en la lógica ultralibertaria y de los objetivos de Praxis: es un embajador que no solo representa a Washington, sino también al ethos de Silicon Valley, es decir, un lugar donde las fronteras entre el Estado y la empresa están prácticamente diluidas.
¿Más nombres? Como empresas figuran Arch Lending (un fondo de inversión en productos financieros para activos alternativos y Web3. Praxis es su primera gran apuesta tecnológica), GEM Digital (una firma de inversión en activos con sede en Bahamas. Es conocida por comprometer grandes montos en proyectos cripto. Con Praxis se comprometió con la mayor parte del financiamiento —hasta quinientos millones de dólares—), y Manifold Trading (un hedge fund cuantitativo especializado en criptomonedas). De igual forma, figuran Dan Romero (cofundador y CEO de Farcaster, una red social descentralizada basada en blockchain. Es ejecutivo de Coinbase, y tiene una amplia trayectoria en el mundo cripto), y Max Novendstern (cofundador de Worldcoin. Fue CEO de esa
startup, pero luego fundó un nuevo proyecto de inversión llamado Blackrock for the new economy).
Groenlandia: ¿un capricho trumpista o una tierra llena de recursos bajo el hielo?
Groenlandia no solo se convirtió en un capricho trumpista, sino en una pieza clave del convulso actual tablero geopolítico. Praxis la puso sobre el escritorio del despacho de Donald Trump y ahora su anexión se ha convertido en el símbolo del expansionismo bélico (junto a Venezuela), al tiempo que alimenta la promesa de un futuro cada vez más privatizado.
"La idea de que la adquisición (por la vía comercial o bélica) de Groenlandia responde a intereses de seguridad y de balance geopolítico pierde fuerza ante la hipótesis de los recursos naturales"
Darío Salinas Palacios y Thomas Cattin, ahondan, en una pieza publicada en este medio, las razones de peso que tiene la actual Administración estadounidense para hacerse con Groenlandia.
La más importante es el acceso a recursos de altísimo valor. De acuerdo con ellos,
ese enclave dependiente de Dinamarca, alberga 25 de los 34 minerales considerados críticos por la Unión Europea, incluyendo tierras raras, grafito, cobalto y cobre. Las reservas de tierras raras allí, estimadas en 1,5 millones de toneladas, son comparables a las de Estados Unidos y superiores a las de Canadá. Es decir, la idea de que la adquisición (por la vía comercial o bélica) de Groenlandia responde a intereses de seguridad y de balance geopolítico (debido al crecimiento de la influencia china en el mundo), pierde fuerza ante la hipótesis de los recursos naturales (exactamente como sucede con Venezuela).
Además, debido al deshielo en el Ártico, producto del calentamiento global (concepto ante el que Trump se ha mostrado contrario en múltiples ocasiones), se han abierto nuevas rutas que facilitan el comercio por los mares del gélido norte. También este fenómeno hace que, vía esas nuevas rutas, el acceso hacia yacimientos minerales sea más fácil, algo que, hasta hace pocos años, resultaba inaccesible.
Finalmente, ante la pregunta: ¿es Groenlandia un capricho trumpista, o una tierra llena de recursos bajo el hielo? La respuesta es "ambas". Y Praxis es el nombre clave para entender cómo es que la gran isla gélida del mundo se ha convertido en una pieza imprescindible en la reconfiguración del mapa geopolítico.