Sábado, 1 de agosto de 2026
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El presupuesto europeo 2028-2034 abre la batalla entre capitales

La Unión Europea toma posiciones de cara a su presupuesto. Mientras el Parlamento ha aprobado una ampliación por encima de los dos billones de euros, la presión se traslada a la Comisión Europea y al Consejo. Como explica el corresponsal en Bruselas Nacho Alarcón la presidencia chipriota y Costa buscan obligar a las capitales a avanzar en las negociaciones del próximo marco financiero plurianual, con el objetivo de lograr un acuerdo en diciembre.

Nacho Alarcón Nacho Alarcón 29 de abril de 2026
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El Parlamento Europeo vota a favor de subir el gasto en el próximo MFP 2028-2034. | © Unión Europea 2026 - Fuente : PE
El Parlamento Europeo vota a favor de subir el gasto en el próximo MFP 2028-2034. | © Unión Europea 2026 - Fuente : PE
António Costa, presidente del Consejo Europeo, tiene un objetivo claro: concluir las negociaciones del próximo marco financiero plurianual, el presupuesto de la Unión Europea que se prolonga durante varios ejercicios, antes de que termine el año. A pesar de que las conversaciones han avanzado muy poco, fuentes comunitarias y diplomáticas explicaron durante la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que se celebró en Nicosia (Chipre) el viernes 24 de abril que ese sigue siendo, a día de hoy, el objetivo de Costa, de la presidencia chipriota, que concluye en julio, y de la presidencia irlandesa, que le sucederá.

La cumbre en Chipre era un "hito importante", en palabras de Costa, porque el portugués estaba decidido a obligar a los jefes de Estado y de Gobierno a que se sentaran a discutir sobre el próximo MFP, que se prolongará de 2028 a 2034. Pero el encuentro fue un recordatorio de por qué los líderes tienen tan poco apetito por abordar el asunto: cada uno cavó un poco más la trinchera en la que se mantiene su delegación.

"Hay cosas, sacrificios, órdagos, cesiones y faroles que solamente pueden salir de una persona: del jefe de Estado o de Gobierno"
Los líderes han aplazado esta discusión y el particular "momento de la verdad" de las negociaciones durante un tiempo. La última vez fue durante la cumbre formal del Consejo Europeo de marzo. Mientras tanto, a nivel técnico, las capitales sí que han abordado el asunto, lo han trabajado y han hecho avances: pocos, pero algunos. Sin embargo, en la Unión Europea los niveles técnicos tienen sus límites. Hay cosas, sacrificios, órdagos, cesiones y faroles que solamente pueden salir de una persona: del jefe de Estado o de Gobierno. Ese límite —el de que hay ciertos movimientos que solamente puede hacer la figura con mayor legitimidad política de un país, aquel que es directamente responsable ante los ciudadanos— casi siempre acaba llegando en las negociaciones.

Y, de alguna manera, Costa quería que los líderes empezaran a salir de sus trincheras, que estuvieran obligados a pasar del fogueo al intercambio de fuego a campo abierto. Porque es así como se desatasca una negociación paralizada a nivel técnico. Con los movimientos, acertados o equivocados, de los líderes, los funcionarios y diplomáticos pueden seguir avanzando. Si los jefes no asumen riesgos, lo único que se hace es seguir cavando la trinchera.

Alemania, Países Bajos y la batalla por el tamaño del presupuesto europeo

En Chipre fue eso lo que ocurrió. Países Bajos y Alemania marcaron claramente su posición negociadora, pidiendo recortes en la Política Agraria Común (PAC) y rechazando por completo cualquier intento de aumentar el tamaño del próximo MFP para abordar las nuevas prioridades que tiene la Unión Europea, como son la defensa o la competitividad. "Europa debe arreglárselas con el dinero que tenemos", explicó Friedrich Merz, canciller alemán. La postura de La Haya o Berlín no es que no se deban financiar esas nuevas prioridades. Son precisamente estas capitales las que más piden destinar dinero a esos nuevos objetivos, pero sacándolo de otro sitio que no sea su bolsillo, es decir, obteniéndolo de otras partidas. No es nada nuevo: alemanes y neerlandeses llevan ya mucho tiempo hablando de la "modernización" del MFP como sinónimo de recorte de una partida que les parece elefantiásica y anticuada, como es la PAC. Hablan de ello desde mucho antes de que la defensa y la competitividad fueran las dos palabras de moda en Bruselas.

"Son precisamente estas capitales las que más piden destinar dinero a esos nuevos objetivos, pero sacándolo de otro sitio que no sea su bolsillo"
La propuesta de la Comisión Europea plantea un presupuesto de 1,7 billones de euros entre 2028 y 2034, el equivalente a un 1,26% de la renta nacional bruta. Para los llamados "frugales" —los países que no quieren ver aumentado el presupuesto de la Unión—, esa cifra es inaceptable, ya que el actual MFP representa el 1,13% de la RNB. Este baile de cifras, sin embargo, tiene truco: la realidad es que, si se descuenta de esa cifra el pago de la deuda común de programas como el Fondo de Recuperación, también llamado Next Generation EU, el instrumento que se creó para reactivar la economía tras el coronavirus, y que se eleva hasta el entorno de los 21.000 millones de euros al año, el tamaño del MFP se queda solamente en el 1,15%. España solicita elevarlo hasta el 2% de la RNB, pero son muchos los Estados miembros alineados con Alemania y Países Bajos, entre los que se encuentran los sospechosos habituales del club nórdico, como Suecia, Dinamarca o Finlandia.

Además, el Ejecutivo comunitario planteó una "modernización" del presupuesto con sobres nacionales en los que cada Estado miembro tiene un mayor nivel de decisión sobre dónde situar los fondos europeos, siguiendo el modelo del Next Generation EU. Esta medida tiene en pie de guerra a las regiones, a algunos Estados miembros y a una parte importante de la Eurocámara.

"Sin ellos, la elección es dura. O aumentar las contribuciones nacionales o reducir la capacidad de gasto"
Ursula von der Leyen - Presidenta de la Comisión Europea
Una vía de salida al bloqueo respecto al montante del MFP pasa por dos fórmulas. La primera es refinanciar parte de la deuda y alargar el periodo de devolución, lo que reduciría la carga anual, una opción que se discutió en Nicosia hace dos semanas. La otra pasa por nuevos recursos propios, es decir, "impuestos" que van directamente a alimentar el MFP. Esta es una idea de la que se lleva hablando mucho tiempo, que es algo divisiva, pero que fuentes comunitarias apuntan que puede ser indispensable si se quiere romper el bloqueo. "Sin ellos, la elección es dura. O aumentar las contribuciones nacionales o reducir la capacidad de gasto, lo que significaría menos Europa exactamente cuando es necesaria más Europa", defendió Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

Costa y la presidencia chipriota buscan seguir metiendo presión a los líderes, y el siguiente punto del plan es presentar durante la cumbre de junio lo que en el argot bruselense se llama una negobox, una caja de negociación con todas las partidas, cifras, contribuciones y pagos, el verdadero terreno de batalla donde cada capital empieza a pelear por cada euro y por cada prioridad. El objetivo de diciembre de 2026 no es un capricho. Los líderes europeos quieren tener un acuerdo antes de que se acerquen las elecciones presidenciales francesas de 2027, preocupados por quién ocupará el palacio del Elíseo a partir de entonces. Y aunque las trincheras son profundas, muchas fuentes coinciden en que hay una voluntad real por avanzar y lograr el acuerdo a tiempo.
Nacho Alarcón
Nacho Alarcón
Corresponsal en Bruselas y experto en política europea
Corresponsal en Bruselas de 'El Confidencial' y autor de la 'newsletter' de asuntos europeos Nexo Europa. Premio de periodismo europeo Salvador de Mariaga 2024.
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